Los aleros.

Por definición, el alero es la prolongación en voladizo de un tejado para proteger los paramentos o muros de la lluvia y otros factores climáticos, y además, su estructura ayuda a equilibrar el conjunto de la obra. Pero más allá del punto de vista técnico, el alero en las construcciones rurales es un sutil reflejo de las tradiciones estéticas y culturales amasadas durante siglos, adaptadas sabiamente a las condiciones que ofrece un determinado lugar. Sin embargo, por el propio carácter utilitario y humilde de la arquitectura que nos ocupa y la implantación de nuevas técnicas y materiales hemos visto desaparecer gran parte de este legado etnográfico en las últimas décadas. El alero de la arquitectura popular y tradicional realizado con ladrillos y tejas en distintos aparejos da como resultado vuelos que nos hablan de la calidad de la construcción y sus influencias, aunque en nuestros montes y vegas no encontramos los elaborados aparejos de otras latitudes de la península, vamos a realizar un pequeño resumen por aquellas tipologías más comunes; observar estos humildes aleros, es observar técnicas artesanales y adaptación.

DSC01948Para realizar el alero se utiliza normalmente el ladrillo macizo cerámico colocados a soga, tizón o pico, en hiladas simples, dobles o triples y asentados sobre tierra estabilizada con muy poca cal, aunque tampoco es raro ver morteros de arena y proporciones más ricas en cal. En otros casos pueden encontrarse aleros más elaborados con aparejo de tejas. En la foto superior sección de un alero en el lagar de Cotrina. DSC03634Empezando por los aparejos más sencillos, en esta primera foto observamos la hilada simple con ladrillo colocado a tizón. Lagar en Chapera la baja.

DSC09933Otro ejemplo de alero en hilada simple, lagar Los Negros, antiguo partido de Vallejeras.

DSC03439En este cortijo de Alhaurín el Grande encontramos una infrecuente moldura de la que prácticamente no queda nada cubriendo un alero de hilada simple, mostrándonos a un propietario con capacidad económica y preocupado por la estética del edificio, en algunos paramentos del edificio aparecen restos de pinturas murales. DSC05227Detalles de tejas vidriadas sobre alero de hilada simple, dispuestas como protección para una balconada.

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Pasando a un aparejo más elaborado, en este lagar de Los Montes vemos como se añade una segunda hilera. El mal estado del muro nos permite ver la colocación de las hiladas de ladrillos.

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En esta foto detalle de un lagar de Moclinejo se aprecia la doble hilada coloreadas con almagra, respecto a las tejas, estas aparecen macizadas con mortero de cal para evitar que el viento las levante y genere las consecuentes goteras.

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Relativamente menos abundantes, también podemos encontrar los aleros dispuestos a pico de gorrión como este de Pizarra. En esta construcción bien cuidada aún se mantiene la canalización vidriada, desaparecida ya en muchos de los lagares de la provincia.

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Aparejo de pico de gorrión alternado con hilada simple de ladrillo en un cortijo de Casabermeja.

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En este lagar de Totalán aparece conjugado, en un alero estupendamente conservado, dos hiladas a pico de gorrión encerradas entre dos a tizón.

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Triple hilada en un cortijo de Sierra de Yeguas.

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Pasamos del aparejo de ladrillos macizos a la teja. Hilada a teja simple en Casabermeja.

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En este otro alero, un poco más complejo, se aprecia la utilización de tejas alternadas con ladrillos, creando una curiosa y poco frecuente decoración en el conjunto.

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En el cortijo de Casapalma aparecen canecillos en el alero, muy poco usual en la arquitectura tradicional de nuestros campos.

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Los aleros realizados en madera son los menos utilizados en la arquitectura popular y tradicional de nuestra geografía, y cuando aparece, se limita prácticamente a los balcones. Quizá el motivo sea que la madera empezó a ser un material caro a partir del siglo XVIII por la escasez derivada de la deforestación, aunque lo cierto es que más allá de suposiciones no hay nada asegurado sobre este aspecto. A finales del siglo XIX estos aleros realizados en madera aparecen con fuerza en las viviendas de importancia.

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Esta moldura de un cortijo de finales del siglo XIX nos muestra que con la llegada de los nuevos materiales y técnicas la tipología de aleros se diversificó abriendo aún más el abanico, pero alejándose poco a poco de las adaptaciones vernáculas de la construcción.

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Mención especial a la práctica inexistencia de antepechos como este del partido de Almendrales, apareciendo ya en la arquitectura de finales del XIX y principios del XX.

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