APUNTES SOBRE LA EVOLUCIÓN Y CARACTERÍSTICAS FUNCIONALES DE LOS LAGARES DE MÁLAGA (parte I)

           Hasta bien entrado el siglo XX, el lagar de vino fue la construcción dispersa más habitual de las comarcas de la Axarquía, Los Montes y el Valle del Guadalhorce, conformando un paisaje agrario de rasgos y características singulares. Sin embargo, estas edificaciones tradicionales se han visto afectadas por la profunda desestructuración económica y cultural que desde la década de los sesenta arrastra las zonas rurales inmediatas a Málaga. El conjunto de los lagares adolece de un avanzado proceso de abandono, o en su defecto, ha sufrido agresivas rehabilitaciones a otros usos, desfigurando de forma irreversible la fisionomía de los inmuebles. Mayoría son ya los que están en ruinas o han sustituido sus elementos constructivos vernáculos por otros de factura contemporánea.

Por otra parte, no se puede obviar el avance del urbanismo que viven las zonas próximas a la ciudad y la franja más inmediata a la costa. El inevitable desarrollo de infraestructuras viarias, zonas residenciales y polígonos industriales propicia la demolición de históricas explotaciones agrícolas, escasamente documentadas y estudiadas, y, por ende, carentes de cualquier tipo de protección.

En este sentido, las siguientes líneas tratarán de señalar algunas de las características evolutivas y tipológicas de los lagares, fruto de un trabajo que tiene por objeto conocer el patrimonio agrario y la arquitectura tradicional de las tierras que rodean la capital. Este estudio se ciñe al territorio que ocupa el término municipal de Málaga y sus colindantes, que son Torremolinos, Alhaurín de la Torre, Cártama, Álmogía, Casabermeja, Colmenar, Comares, El Borge, Moclinejo, Totalán y Rincón de la Victoria.

Es necesario señalar que el trabajo aquí expuesto es la versión preprint del artículo publicado por el autor en la revista ARQUEOLOGÍA Y TERRITORIO del departamento de Prehistoria y Arqueología y el departamento de Historia Medieval y CC. TT. Historiográficas de la Universidad de Granada. Debido a la extensión del mismo, el texto se ha dividido en dos partes y publicado en dos entradas.

 

EVOLUCIÓN DEL LAGAR

Al igual que la viña, los lagares diseminados en los parajes montuosos próximos a la ciudad de Málaga han estado presentes, al menos, desde el siglo IX, en estrecha relación con las comunidades mozárabes allí existentes. De esta antigüedad da testimonio yacimientos arqueológicos como la fortaleza de Marmuyas, en Comares, donde se pudo documentar la presencia de una primitiva lagareta labrada en la roca. Sin embargo, las referencias directas que se tienen de este tipo de edificaciones son en la práctica inexistentes durante la etapa musulmana, siendo solo las alusiones, principalmente durante época nazarí, sobre la presencia de viñas y el consumo de vino de Málaga, señal de su indefectible presencia.

Habría que esperar a las fuentes castellanas de finales del siglo XV para tener noticias más concretas de estas edificaciones, aunque estas tampoco son muy prolijas en detalles. En este sentido, la documentación generada tras las conquistas de tierras al reino de Granada aporta algunos datos significativos, como los libros de repartimientos de las tierras de Ronda, un emplazamiento quizá no tan próximo a las comarcas analizadas, pero del que se pueden extraer conclusiones de interés. Aquí se menciona el reparto entre nuevos colonos de algunos lagares urbanos, así: “Las casas que eran del jurado García Rubíncon vn establo que está debaxo de la dicha casa, e con la casylla del lagar, dieron a Sancho de Çelis,”, “está vna puerta cerrada e vn postigo de vn lagar que se dió a Trebiño e a Diego de Medina, jurado”, “Junto con ella está vn postigo de vn lagar: queda con las dichas casas. Sin embargo, por lo ambiguo del contexto es difícil confirmar que se trate de un lagar construido durante el periodo nazarí o si, por el contrario, se trataba de edificaciones de nueva planta que se volvieron a repartir, pero en cualquier caso evidencia su presencia en momentos tan tempranos como 1485-1491.

En los repartimientos de las tierras de Málaga no aparecen referencias a lagares, sin embargo, sí que se otorgan permisos para el establecimiento de nuevas bodegas de vino, algunas de ellas en las mezquitas de alquerías como Benagalbón, quizá por la idoneidad de estos sitios por su condición de espacios amplios y bien situados en los poblados. Estas primitivas bodegas situadas dentro de las poblaciones debían tener asociados un lugar para la pisa y prensado, pues en la producción tradicional del vino local el proceso de extracción del mosto y su posterior fermentación se realizaba bajo el mismo techo. Ejemplos urbanos que cumplan estas características se pueden encontrar aún en distintas poblaciones de la actual Axarquía, como la lagareta de calle Puente, en pleno casco antiguo de Salares. Su configuración se desarrolla como un espacio de planta rectangular de pequeñas dimensiones, suficiente para las labores de la pisa, prensado, albergar un pozuelo de decantación y algunas botas de vino. Aunque su estructura está integrada dentro de una vivienda, la lagareta es independiente a esta, pues su acceso se realiza a través de la calle. En cuanto a sus aparejos, estos se limitaban a una viga de mano anclada a la pared mediante vírgenes.

Foto 1

Lagareta en el pueblo de Salares

            Es así como la expansión de la industria del vino crece durante el siglo XVI mediante la roturación y desmonte de tierras comunales, y para comienzos del siglo XVII se observa un crecimiento de nuevos propietarios de pequeña y mediana entidad, todo ello amparado por un cabildo municipal que veía en los nuevos plantíos una importante fuente de ingresos por las concesiones de licencias. Aparejado a estas fincas se construyeron las primeras edificaciones de nueva planta o reaprovechando antiguas edificaciones de época nazarí, a juzgar por las descripciones realizadas en el Libro de Composiciones de Felipe II conservado en el Archivo Municipal de Málaga.

            Atendiendo al trabajo de campo realizado, estos lagares diseminados debieron ser construcciones sencillas donde predominaba la planta de dos naves con torre de contrapeso, cocina, cuadras y, en algunos casos, una primera planta con alcoba y trojes, como se observa en el lagar o molino de Santillán, cuya licencia de construcción se registra en 1495. Este singular ejemplo de construcción documentada en la primera fase castellana ha sufrido sucesivas ampliaciones realizadas durante los siglos siguientes, pero cabe pensar que los muros maestros de la nave del lagar y el tinajero, realizados con técnica de tapial con cajones de 80 x 45 x 120cms, pudieran corresponder a la estructura original.

foto 2

Lagar de Santillán, actual término de Rincón de la Victoria.

            Aunque algo más tardío, este modelo se repite de nuevo en otra edificación situada en Almogía. Se trata del lagar de Monticelli, documentado a mediados del siglo XVII gracias a una fecha incisa en la bodega del propio lagar, con el añadido que esta fecha pudiera señalar solo una reforma. En cualquier caso, vuelve a aparecer un lagar de dos naves de 27m. x10 m. con muros maestros de tapia, solo que, en esta ocasión, se trata de una técnica diferente de arquitectura con tierra, ya que en vez de cajones se utilizan tongadas corridas de lado a lado del muro. A la construcción principal se le adosan tiempo después dos cuerpos en perpendicular con 5 x 10 ms, dejando una planta en forma de C que permite un patio de laboreo en el centro.

foto 3

Lagar de Monticelli, Almogía

             Son estos lagares del siglo XVI y XVII de aspecto sobrio, pues no otorgan espacio a ornamentación alguna salvo, quizá, en las torres de contrapeso, decoradas con listeles de ladrillos horizontales y remates con formas básicas como semicírculos. Sus paredes revestidas con cal blanca, a la almagra o añil, carecen de las pinturas murales que empezarán a hacerse más comunes en el siglo siguiente. Sus vanos, abiertos al SE, son pequeños y desordenados, haciendo que el interior se conserve fresco y oscuro, siendo esta una manera de huir de la climatología exterior, ayudando al mismo tiempo a mantener una temperatura constante en la bodega. Algunos casos de lagares simples de dos naves con muros de tapia se detectan en Ahumada, Corachilla, Carvajal, Polanquito, Charrangueras, Loberas y Arias entre otros, todos ellos dentro del término municipal de Málaga. Un análisis más exhaustivo de estos lagares de dos naves podría acercar a conclusiones más firmes sobre la tipología y características de la arquitectura rural de los siglos XVI y XVII.

foto 4

Lagar de Loberas, partido de Santo Pitar, Málaga

            En el siglo XVIII la oferta de productos vitivinícolas desarrollaría la economía y la integración de Málaga en el comercio internacional, hasta el punto de convertirla en una rica región periférica durante la Edad Moderna. Después de los altibajos comerciales de la segunda mitad del siglo XVII, el siglo XVIII aparece como un periodo donde la exportación de vinos recobra fuerzas. De este periodo se constata también la aparición de los primeros extranjeros atraídos por el comercio, fruto de ello ha quedado una variada toponimia de apellidos europeos adaptados al habla local, como el lagar del Lince por Linch, lo Brun por Broune, Pro por Protzen, Bitambé por Wittemberg, Cuti por Quilty, Garbey por Galwey etc. Autores como Medina Conde ofrecen algunos datos sobre producciones y exportaciones, permitiendo conocer de forma sucinta la situación del vino y, de forma extensiva, la de los viñedos y lagares. Comenta el autor que entre 1765 y 1769 se produjeron en el término 2.845.695 @ de vino, de las cuales algo más de la mitad fueron exportados a países extranjeros, una cifra, y ello sin contar con el negocio de la pasa, que indica que la actividad viticultora en el XVIII era el principal motor económico de la ciudad y de la Axarquía original.

            En arreglo a este auge del comercio exportador, en este siglo se observa al mismo tiempo un desarrollo arquitectónico y cambio en los modos de construir de las zonas rurales. Es necesario señalar en este punto que establecer evoluciones cronológicas en la arquitectura tradicional es un ejercicio orientativo y no exacto, pues, como en la propia arquitectura culta, los estilos se solapan, conviven y se mezclan durante tiempos indefinidos. Diversos factores pueden incidir en el resultado final de una obra de forma independiente a su tiempo, como la capacidad económica y gustos del promotor, los materiales constructivos disponibles, el reaprovechamiento de estructuras anteriores que obliguen a adaptar un determinado modelo, etc. En consecuencia, estas especificaciones sobre la evolución de las construcciones rurales se basan en percepciones generales tomadas a través del trabajo de campo. La documentación es también en este periodo de gran ayuda por su abundancia, es el caso del Catastro de Ensenada, que facilita la tarea de análisis de esta arquitectura anónima a través de las descripciones y declaraciones contenidas en sus Respuestas Particulares. Un volcado de su contenido arroja 1254 declaraciones de casas de campo con lagar en todo el antiguo término de Málaga donde se indican el número de naves, tinajas, plantas altas, corrales, pajares, caballerizas y otras dependencias de las casas de las zonas rurales.

            Ya sea por reforma integral del edificio o por construcción de nueva planta, en el siglo XVIII se observa que los inmuebles abandonan la sobriedad del periodo anterior para dejarse influenciar por un barroco pasado por el tamiz de lo popular, por lo que no termina de haber grandes muestras de ostentación arquitectónica, salvo quizá, en el desarrollo de grandes volúmenes constructivos. Por otra parte, en los ejemplos de edificaciones planificadas por propietarios con gran capacidad económica se puede entrever que las dependencias y espacios, además de mayor volumen, cobran una separación más marcada de los usos residenciales y productivos, por lo que en este aspecto también se evoluciona con respecto a la etapa anterior. Ejemplos modelo de estos nuevos lagares son el lagar de Las Parras, el lagar de Almendrales, lagar de Lo Muñoz, lagar de Pro Alto y, por supuesto, Jotrón, máximo exponente de este momento.

foto 5

Lagar de Las Parras, partido de Jaboneros, Málaga

             Estos ejemplos mencionados cuentan con patio central en torno al cual se desarrolla las dependencias, y en el caso de Almendrales, el perímetro del patio está recorrido por sencillos arcos escarzanos de ladrillo, como si de un claustro se tratara. El acceso a estos patios se practica o bien mediante un camino que comunica desde la puerta principal, atravesando para ello la crujía de una nave, o bien mediante de forma directa con un portón levantado en un lateral con formas decorativas mixtilíneas y jarrones cerámicos en su parte superior.

foto 6

Pasillo de laboreo, lagar de Cea, arroyo Jaboneros

            En este siglo los vanos se ordenan de forma racional por las fachadas y al mismo tiempo, su tamaño se alarga dejando entrar la luz al interior de las estancias principales, no así para otras dependencias de servicio como cuadras y pajares. Aunque es probable que los cierres de forja también fueran propios del siglo anterior, empiezan a ser más frecuentes balconadas con formas abombadas sobre las puertas principales y rematadas por un tejaroz. También desarrolla la rejería de forja para cierre de vanos a base de cuadrillos y una sencilla decoración en forma de flor en el cruce de los hierros.  El estado de abandono de la mayoría de estos lagares ha propiciado que los elementos de hierro hayan sido expoliados para su reventa, pero debieron existir otros ornamentos en la fachada como cruces, soportes de canalones, tiradores de portones, cerraduras, aldabas, tachuelas de portones etc.

foto 7

Cruz rematando el acceso a la finca de San Cayetano, partido de Santa Catalina

            En los tejados empiezan a aparecer las tejas vidriadas combinándose a dos colores en las cumbreras, es decir, la hilera que remata el tejado y lo divide en dos faldones, y en canalones de evacuación. Los colores habituales eran el verde, azul y ocre en diferentes tonalidades que se conseguía cociendo las tejas y aplicando una mezcla de alcoholes y distintos tipos de óxidos mezclados con plomo o albayalde. Pocos son los tejados que se han conservado de este siglo, pues el cambio de cubiertas era una tarea que se debía realizar cada cierto tiempo por podredumbre de las vigas y alfajías.

            Las capillas y oratorios de las fincas privadas eran puntos de reunión y del campesinado que vivía alejado de las iglesias parroquiales o de las ermitas rurales, estas últimas escasas en número y situadas en zonas, por lo general, retiradas. El mantenimiento y funcionamiento de estos lugares, casi siempre, situados en la finca principal del lugar, corría a cargo del propietario de la heredad donde se ubicaba. Un interesante documento fechado en el año 1667 relativo a la capilla de Chinchilla, pago de Chaperas, término municipal de Málaga, aporta datos sobre el modo de administrar una capilla del lagar. Las misas se celebrarían los domingos, donde se reunirían los vecinos del pago para escuchar al sacerdote oficiante. Este recibía a cambio de sus servicios comida, una jumenta y unos honorarios acordados y pagados por el propietario de Chinchilla. El hecho es que es incuestionable que en estas capillas rurales la participación de los vecinos en los oficios religiosos suponía la ritualización de las relaciones sociales y de expresión de la pertenencia a un espacio común, pero, por otra parte, también era lugar donde el gran propietario demostraba su capacidad como ente aglutinador de la vecindad y su potencial económico, y esto se puede observar a través de su arquitectura, pues estas dependencias, anexas o exentas del edificio principal, eran unas construcciones donde se daba una licencia creativa y artística que apenas aparecía en el resto del lagar. Estas capillas suelen rematarse con espadañas o antepechos con decoración mixtilínea en su fachada principal, también existen ejemplos donde toda la capilla aparece decorada con pinturas murales de tipo geométrico, que indican un figurado despiece de sillares de colores llamativos, además de hornacinas, pequeñas pilas de mármol labrado para albergar el agua bendita o incluso pequeños y sencillos retablos de madera.

            Estos espacios suelen tener una planta rectangular y de pequeñas dimensiones, entre los ejemplos documentados destacan la capilla de lo Muñoz, en el partido de Jaboneros, término de Málaga. Se trata de una capilla exenta de planta rectangular y fábrica de mampostería decorada con antepecho en su fachada principal, pinturas murales de tipo geométrico y un arco rebajado en el vano de acceso, también es reseñable la capilla del lagar de Las Ave Marías, de características similares y con pinturas murales simulando ladrillo fingido, y por último,  la capilla del lagar de La Campana, erigida con cajones de tapia con verdugadas a tres bandas de ladrillo, como elemento ornamental reseñable, cuenta con una gran espadaña rematada a dos aguas.

foto 8

Capilla lagar de La Campana, partido de Jaboneros, Málaga

            El pilar o fuente es otro elemento remarcable en la composición general de estas fincas, tendente también a ser objeto de ornamentación, quizá por el gran valor que goza el agua en el imaginario rural. Sin la fuente o pilar la vida en los hábitats rurales no sería posible, pues esta otorga no solo agua, sino frescor en una región donde el clima cuenta con veranos calurosos. Esta importancia dada se refleja en la configuración de los pilares situados en el ruedo o ejido del lagar, en ocasiones bajo una pérgola que reforzaba la sensación de frescura. Estas se componían por el propio pilar, un receptáculo de obra de fábrica de ladrillo y mortero de cal hidráulica. El agua caía por un surtidor que podía estar rematados con mascarones de hierro o una decoración de azulejería.

foto 9

Mascarón lagar de la Tercia, partido de Jaboneros, Málaga

            El elemento más llamativo del pilar lo otorgaba el frontal de la fuente, de composición libre, pero por lo general coincidente con el remate de la propia torre de contrapeso. Entre los más habituales están los de arco de círculo, triangular o entrecortado, encima de estos frontones se documenta la presencia en grupos de tres de piñas, jarros cerámicos o, en los casos más humildes, macetas. También se documenta la decoración con pinturas murales a la almagra con incisiones en algunos casos, como en el lagar de Caldete, Almogía, y la Fuente de las Parras Viejas, en Casabermeja.

foto 10

Pilar en el lagar de Rovira el Viejo, Vuelta Grande, Málaga

           En el siglo XIX el paisaje rural conoció una serie de evoluciones en su gran mayoría adversas a su buen desarrollo, teniendo como resultado final la crisis y posterior desestructuración del sector agrícola de secano. Este siglo no tuvo un buen comienzo, la invasión napoleónica hizo que muchos de los propietarios abandonaran sus inmuebles y heredades de las zonas urbanas y rurales, por lo que con el tiempo estas acabaron arruinándose y perdiendo gran parte de su valor, creándose a continuación un mercado de compraventa de propiedades abandonadas. Sin embargo, la agricultura seguía siendo el principal sector económico de la región, absorbiendo el 45 por ciento de la mano de obra activa, aunque en su gran mayoría bajo la forma de trabajo temporal.  Es a partir de los años 60 de este siglo cuando se observa que los cultivos de secano tradicionales y orientados a la exportación como el vino y los frutos secos empiezan ser objeto de un lento declinar frente a otros cultivos de raíz tropical, como la caña de azúcar, remolacha, chirimoyos, cítricos, etc. Esta pérdida de fuerza en el secano pudo ser motivada entre otros factores, por la falta de innovación e inversión en los sembrados y sus productos derivados. Este hecho ya lo señalarían autores del cambio de siglo como Bartholomé Ghiara, que en su obra La Vinificación mediante el empleo exclusivo de la asepsia industrial denunciaría el escaso cuidado que ponían los productores de vino en el cuidado de la calidad y buen nombre de sus productos. Finalmente, a esta situación de decadencia se le uniría en 1877 la llegada de la filoxera, un insecto parásito de la vid procedente de Norteamérica y que llegaría por estas tierras a través de unas viñas sembradas en el lagar de la Indiana, término de Moclinejo. La enfermedad, que secaba la planta en un periodo corto de tiempo, arrasaría los cultivos de montes ante la indefensión genética de las viñas autóctonas.

            El ocaso del cultivo de secano se dejaría notar de forma visible en la arquitectura rural, pues en el siglo XIX parece que la construcción de nuevos lagares similares a los del periodo anterior sufre un estancamiento. Si se analizan los padrones realizados desde el año 1834 hasta el año 1896 evidencia que la propiedad en Los Montes, lejos de concentrarse, como así ocurría en la vega del Guadalhorce, tendía a la fragmentación casi minifundista. Dos ejemplos singulares por lo ilustrativo del proceso están en las fincas de Lo Milla y Lo Brun, ambos en el partido de Jaboneros, término de Málaga. Sumando todas las piezas de tierras ambos propietarios poseían algo más de 600 ha de tierras cultivadas e incultas, sin embargo, avanzado un siglo, estas mismas propiedades se fragmentan en doce y diez partes respectivamente. Este ejemplo aportado no indica más que dos casos concretos en un territorio tan amplio como la comarca de Los Montes, y, por lo tanto, no puede ser concluyente, pero lo cierto es que siguiendo estos mismos padrones del XIX, sumado al trabajo de campo, se observa la fragmentación generalizada de los antiguos lagares y una proliferación de casas de escasa entidad con lagareta.

            Siguiendo la línea expuesta, son pocos los lagares de nueva planta que se han podido documentar en este periodo, por lo que no es posible extraer patrones que los que los engloben, y las pequeñas casas con lagareta más bien encajarían en otra tipología de construcción campesina, pues la elaboración de vino no ocupa la actividad principal de la explotación agrícola. Por el contrario, si se documentan aquellas que se benefician de reformas, son el lagar de Torrijos, y el lagar de los Negros durante los años 1843 y 1821 respectivamente.

foto 11

Lagar de Los Negros, Santa Catalina, Málaga

 

           Estos ejemplos, aunque escasos en número, son de interés para el análisis de este periodo, pues las Respuestas Generales indican que son construcciones de “cuerpo pequeño”, entendiéndose que las reformas de la primera mitad del XIX modificarían el aspecto general de la construcción. Estos dos lagares tienen un aspecto similar ya que ambos presentan planta de dos naves de tamaño muy similar (aprox 15 x 7m.) Las construcciones cuentan con una segunda altura con balcón central de forja apareciendo el resto de los vanos distribuidos de forma ordenada y simétrica por la fachada. Su fábrica es íntegra de mampostería con ladrillos en los quicios de los vanos. Los edificios tornan de nuevo a la sobriedad y la sencillez de líneas, libres de pinturas murales y las decoraciones de líneas quebradas y curvas del barroco popular, hasta el punto de que la torre de contrapeso, habitual elemento constructivo rematado con ornamentos, se integra en el cuerpo principal de la construcción sin concesión alguna a la decoración. Se impone también el blanco en las fachadas, aunque las pinturas a la almagra y con añil siguen haciendo acto de presencia. Ambas construcciones cuentan con un pequeño ruedo o ejido frente al edificio y un poyo de mampostería rematada con baldosas de mazaríes corrido en toda la línea de fachada, un emparrado ofrece sombra al descanso en estos poyos. El pilar se resuelve con frontal sencillo y caños simples, aunque en ambos ejemplos existen sendas placas de mármol tallado donde se indica una fecha de construcción.

            Aunque no puede corroborarse su fecha de construcción, ejemplos similares a los descritos aparecen en el partido de Jaboneros como el lagar de Cea o el lagar del Sevillano, en el partido de Gálica, todos ellos incluidos dentro del término de Málaga.

foto 12

Lagar del Sevillano, Partido de Jaboneros, Málaga.

BIBLIOGRAFÍA

ABBADI M. (1965) Las fiestas profanas y religiosas en el Reino de Granada, Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, Granada, XIV, 1965, pp 89-96.

BLANCO SEPÚLVEDA, R. (1997): Un modelo de hábitat rural: el lagar de Los Montes de Málaga. Málaga, España. Ed. Biblioteca Popular Malagueña, 1997.

BEJARANO ROBLES, F. (1985): Los Repartimientos de Málaga I. Málaga, España. Ed. Ayuntamiento de Málaga, 1985.

FLORIDO TRUJILLO, G. (2005): El paisaje y la organización del espacio rural: una lectura desde el patrimonio construido en la comarca guipuzcoana de Debabarrena. Cuadernos Geográficos 37,2005, pp. 59-88.

GHIARA, B. (1917): La vinificación mediante el empleo exclusivo de la asepsia industrial Málaga, España. Bartholomé Ghiara, 1917.

LÓPEZ DE COCA CASTAÑER, J. E. (1977): El repartimiento de Vélez Málaga, Cuadernos de Historia, Anexos de Hispania 7, 1977, pp. 357-439.

MATA CARRIAZO (de), J. (1954): Asiento de las cosas de Ronda. Conquista y Repartimiento de la ciudad por los Reyes Católicos (1485-1491), Miscelánea de estudios árabes y hebraicos. Sección Árabe-islam 3, 1954, pp. 1-139.

MEDINA CONDE, C. (1792): Disertación en recomendación y defensa del famoso vino malagueño, Pero Ximén y modo de formarlo, Málaga, España. Colegio de San Telmo, 1954.

Ministerio de Fomento, Instituto Geográfico Nacional (IGN), visor web mapas antiguos. Recuperado de: http://www.ign.es/web/mapasantiguos/#map=5/-1669792.36/4163881.14/0

MORALES MUÑOZ, M. (1983): Economía y sociedad en la Málaga del siglo XIX. Málaga, España. Ed. CEDMA.

MUÑOZ MARTÍN, M. (2006): Familias Malagueñas para recordar. Málaga, España. Edición propia.

QUINTANA TORET, F.J. (1985): Los orígenes históricos de la viticultura malagueña, Baética nº8, 1985, pp 393-403.

RIU RIU, M. (1985): El gran aljibe subterráneo de Marmuyas (Comares, Málaga), Universidad de Barcelona. Extraído de: http://rodin.uca.es/xmlui/bitstream/handle/10498/10623/17217313.pdf?sequence=1

Anuncios

Batanes de papel en el Guadalmedina: El molino de Inca y Horadado.

DSC01459

A escasos kilómetros de Ciudad Jardín aún podemos observar en la ribera del Guadalmedina los dos batanes de papel que existían en la ciudad Málaga. Estos batanes, conocidos como Molino del Inca y Molino Horadado, realizaban un papel de tipo estraza a base de fibras procedentes de trapos. Para entender la importancia de esta industria, baste decir que la estraza era imprescindible para el soporte y envoltorio de las cajas de pasas que se producían en el término.

Sobre el origen de estos molinos sabemos que uno de ellos, el de Inca, fue construido por José de Inca en la primera década del siglo XVIII, y aunque no dispongo de datos concretos de Horadado, bien es cierto que debió ser anterior al otro, ya que daría nombre al pago donde están situados. El lugar elegido para su construcción contaba siempre con agua incluso en las épocas más secas del año, requisito para una industria que carece de temporadas.

DSC01424

El molino o batán de Inca pasaría a manos del colegio de Clérigos Menores de Santo Tomás, realizando papel con una producción estimada a mediados de siglo de 3300 reales de vellón. Por lo que respecta a Horadado, este siguió funcionando en manos particulares como Doña Teresa Gallardo, además, a este batán se le añadiría un molino harinero, muy escasos también en la ciudad. Horadado, de menor tamaño, producía 1100 reales de vellón anuales en papel.

DSC01458

Torre de cubillos del molino Horadado

El destino de ambos batanes cambiaría con la construcción del conocido acueducto de San Telmo, cuya captación de agua estaría inmediata a estos edificios. En 1786 se construyen seis de los doce molinos proyectados de San Telmo y el Consulado, que estaba a cargo de las aguas del  nuevo acueducto, arrendaría Horadado e Inca. Inmediatamente empiezan a aparecer problemas con los pagos del arrendamiento y para el año 1800, ante la paralización por pleitos y discusiones, Horadado acabó arruinado y demolido. Poco después le llegaría el turno a Inca, que terminaría desligándose del acueducto, aunque por suerte este aún permanece en pié como testigo de aquella época.

Uno de los molinos de San Telmo.

Uno de los molinos de San Telmo.

Más complejo es determinar el sistema que utilizaron estos batanes, ya que como hemos visto, hace tiempo que dejaron de producir papel de estraza y su estado actual de ruina y soterramiento por el río (y la autovía) hace complejo imaginar su funcionamiento, pero intentemos ver que sistema pudieron emplear describiendo un batan de papel de la época.

Modelo de batán de trapos extraido de la famosa obra XXI Libros de los Ingenios y Máquinas de Juanelo Turriano.

Modelo de batán de trapos extraído de la famosa obra XXI Libros de los Ingenios y Máquinas de Juanelo Turriano.

El trapo era la materia prima fundamental para elaborar papel y su costo era bastante elevado. Para obtener trapos se recurría a la importación de ropas viejas traídas desde todas partes imaginables, como la misma provincia, Génova o las antiguas colonias americanas, llegando a convertirse en un negocio estratégico y de importancia. Era una materia cara y escasa, y su carencia crónica sería motivo de la búsqueda de nuevas fibras que sustituyeran el trapo, hasta que se llegó a la madera como materia prima en el siglo XIX.

Los batanes hidráulicos de mazos destinados a la fabricación de papel empezaron a generalizarse a partir del siglo XII. De este siglo en adelante los mazos evolucionaron dando diferentes acabados a las hojas de papel, sin embargo, los procedimientos básicos permanecen.

La primera operación que se realizaba para la obtención del papel consistía en el escogido y clasificación de los trapos, dejándose los mejores para la fabricación de los mejores papeles, y los peores para el papel de estraza o la estracilla. Hay que tener en cuenta que en el empleo de agua no sólo era importante por su cantidad, también por su calidad. Un agua con demasiados sedimentos o tierras daría un papel con una tonalidad más oscura, de ahí, que por la poca calidad del agua del río Guadalmedina fuera imposible obtener un papel blanco.

DSC01631

Cuando la cantidad de tejidos almacenados era suficiente, estos se echaban a un pilón llamado pudridero, donde se le añadía agua para así facilitar una fermentación que duraba un periodo de 5 o 6 semanas. Como dato anecdótico, la graduación de esta fermentación era tal que podía quemar la mano si se metía en este caldo. No hay que decir que esta operación desprendía unos olores bastante desagradables, por lo que estos molinos deberían estar en lugares apartados.

Una vez fermentados los trapos se procedía a trocearlos para facilitar su majado con los mazos. Estos mazos eran accionados mediante una rueda hidráulica vertical con paletas movida por agua corriente de una acequia. Su eje estaría erizado de levas que levantaban los mazos de madera que a su vez golpeaban unas tinas donde se depositaría la materia prima. En el caso del Molino Horadado encontramos una torre de cubillos de tres paradas con unos interesantes recubrimientos cerámicos hechos a medida, por lo que nos puede hacer pensar que el sistema sería de rodeznos horizontales y la disposición de las levas sería diferente. Por desgracia, la completa desaparición de su estructura nos impide hacer un análisis más detallado. En el molino de Inca no se aprecia torre de cubillos, por lo que podemos pensar en una rueda vertical como máquina hidráulica.

Cubillos de Horadado

Cubillos de Horadado

A partir del siglo XVII los mazos llegan a un alto grado de especialización, llegándose a utilizar tres tipos diferenciados en el proceso:

Mazos de madera de punta afilada para deshilachar, otros de madera de punta roma y con clavos para moler y un tercer tipo, también de madera pero de punta roma, cuya función sería la de homogeneizar la pasta, desconocemos si los molinos de Inca y Horadado llegaron a tener estos grupos de mazos o sus sistema era más primitivo.

El tiempo empleado en majar los trapos rondaba entre las 6 y 12 horas, y si el sistema era de tres mazos se empleaba el doble de tiempo.

Una vez obtenida la pasta, el sistema de cuajado para la obtención del papel era bastante sencillo. En un molde rectangular y con rejilla se echaba la pulpa obtenida, esta pasta escurrida y ya con la forma del molde se transfería sobre un fieltro, intercalando de este modo una cantidad de hojas y fieltros, hasta completar una posta que se compone de 261 pliegos de papel. Finalizando el proceso, se prensaban las hojas con sus fieltros y se llevaban a un secadero natural.

Cárcavos u orificios de salida de agua.

Cárcavos u orificios de salida de agua.

Podemos imaginar que este sería el proceso llevado a cabo en estos batanes del Guadalmedina.

En cuanto a su obra, el molino de Inca estaba compuesto por dos naves de planta rectangular  paralelas y una tercera en su lateral. Su fábrica es de mampuestos gruesos de la zona con algunas verdugadas de ladrillos macizos  y ripios que equilibran la construcción.

También encontramos aparejos de ladrillos en los cárcavos de salida de agua y en las cadenas formadas en las esquinas de la construcción. Unas interesantes bóvedas de cañón con una cubierta a dos aguas de simple mortero de cal cierra la construcción.

DSC01433

Es digno mencionar el detalle de los arcos que comunican las naves, con un interesante extradós alrededor de los mismos, única concesión al ornamento, pero a su vez, tan curiosos de ver en un edificio de uso industrial.

DSC01432

En el caso de Horadado, como ya hemos comentado, su demolición nos impide ver como debió ser este edificio, aunque por el arranque de una bóveda se puede apreciar que debió tener características similares al anterior, si bien es cierto que la mampostería tiene una ejecución diferente. Lo único que queda en pié es la recia torre de tres paradas de cubillos que ni el Guadalmedina en sus peores riadas ha sido capaz de llevarse. Puede apreciarse que uno de los cubillos es un añadido posterior a la obra original, quizá correspondiente a aquel molino harinero mencionado anteriormente.

DSC01451

Pieza cerámica recubriendo uno de los cubillos de Horadado.

Como siempre, otro edificio cargado de historia aparece abandonado y bandalizado. Es evidente que la peculiaridad, factura, dedicación e historia de los molinos de Inca y Horadado otorga a sus construcciones un gran valor como patrimonio preindustrial. La carencia de cualquier protección una vez más se hace patente con un simple vistazo, ya no nos sorprende. Durante la construcción de la autovía los desechos y sobrantes de hormigón fueron volcados sobre los arcos del molino de Inca, las plantas crecen entre los mampuestos haciendo cada vez las grietas más grandes, las pintadas cubren el interior de las bóvedas, ya se ha perdido una de sus naves y no hay visos de actuación sobre estas construcciónes. Por otra parte cabe preguntarse ¿qué implica una protección? sólo hay que observar como el emblemático acueducto de San Telmo, declarado B.I.C. y cuyo recorrido comparte paisaje con los batanes, carece de cualquier plan de conservación y acondicionamiento para su visita, ¿qué podemos esperar de las administraciones sobre estos “humildes” batanes? y si estos batanes están incluidos en el conjunto B.I.C. otorgado al acueducto, tanto más evidente que en materia de patrimonio, aún queda mucho que hacer en Málaga.

 

Bibliografía:

  • La Industria papelera en tiempos de la Industrialización Malagueña, José Carlos Balmaceda. Artículo disponible aquí.
  • Fábricas hidráulicas Españolas. Gonzalez Tascón, I. CEHOPU.
  • XXI Libros de los Ingenios y Maquinas, Pseudo Juanelo Turriano edición facsimil.
  • Catastro de Ensenada, libros de respuestas particulares de Málaga. Archivo Municipal de Málaga.

 

El lagar de Cerrado Victoria.

DSC09932

Situado en una de las laderas del Cerro de la Matanza, partido rural del arroyo Jaboneros, este lagar era un curioso ejemplo de explotación agrícola en los Montes de Málaga por su histórica localización y por ser una de las fincas más grandes del entorno. Aunque de momento desconocemos datos anteriores al siglo XVIII, sabemos gracias al Catastro de Ensenada (para la ciudad de Málaga, año 1753) que este inmueble adscrito a la división parroquial del Sagrario era una de las innumerables propiedades del convento de Nuestra Señora de la Victoria.

10448610_903224226390853_1602128664598044863_o

Según dicha descripción, Cerrado de Victoria o Hacienda de la Victoria era un lagar con horno, caballerizas, despensa, cinco salas altas (que nos hablan de una construcción de importancia), lagar de pisar con viga de husillo y una bodega de 35 tinajas de tipo morisco con 2000@ de capacidad (32.200 litros de vino), calculándose un valor total de la construcción de 275 reales de vellón, además de una capilla donde estaría una imagen de la virgen María realizada en madera y que por fortuna, se conserva, aunque eso, sí, un poco desfigurada tras unas “restauraciones” llevadas a cabo en 1940.

11733690_1467756090189939_1126884619_o

Tras la restauración, la imagen quedó muy desmejorada. Foto por cortesía de Ignacio Krauel.

La hacienda contaba en aquel siglo XVIII con una de las pocas almazaras de aceites de los montes, ya que albergaba una pequeña molineta con un mortero de piedra movido a caballo. Para el prensado del aceite se utilizaba la misma viga de husillo del lagar de vino, cosa poco frecuente y extraña, ya que por mucho cuidado y limpieza que se dispusiera, la mezcla de productos alteraría notablemente sus sabores.

1492285_1464910430474505_5991924554195046849_o

Vista general del lagar antes de la reforestación de esta parte de los Montes en 1960. Foto cortesía Ignacio Krauel.

En cuanto a sus tierras agregadas, Cerrado de Victoria contaba con una pieza de secano de 12 fanegas de mediana calidad dedicadas al cereal “de pan llevar”, tierras estas, que fueron cedidas a favor del convento por Maria Teresa de Priego, vecina de Málaga, y por ello, las monjas del lagar realizaban una misa cantada además de dos días de honras al año.

DSC06269

Tierras inmediatas a Cerrado Victoria, ya reforestadas.

En lo referente a sus viñas, la Hacienda de la Victoria tenía 36 obradas de diferentes calidades (una obrada puede contener hasta 500 cepas) y una pieza de seis fanegas inútiles por naturaleza. Sin lugar a dudas, el orgullo de la Hacienda de la Victoria sería una inmensa parcela de 250 fanegas sembradas con distintos árboles que lindaría con los lagares de Garavía (sic) y Milla, sembrada con 900 olivos y 330 acebuches, 1050 almendros, 780 encinas y 36 algarrobos, además de higueras, cerezos, perales, naranjos, cidros, limones, cipreses etc.

Estas parcelas estarían arrendadas a Pedro Melendez, que las explotaría por una cuantía de 225 reales de vellón y con la obligación de entregar cargas de uvas y otros pagos en especie.
Llama poderosamente la atención que al consultar el pliego catastral de Pedro Melendez la cuantía del arrendamiento varía sensiblemente, ya que este último declara pagar una cifra más elevada que la antes mencionada, además, se obvian las huertas regadas del lagar, objeto también de imposición fiscal. Aquí podemos ver el típico caso de ocultación intencionada, ya que por la naturaleza fiscal de estas averiguaciones no era raro que los propietarios declararan cifras inferiores a las reales y se “olvidaran” declarar algunos bienes raíces, a Dios rogando y la cartera vigilando.

11713077_1467754730190075_1011027192_o

Las viñas se perdieron tras la crisis filoxérica de 1877, dejándo un campo yermo y deforestado. Cabras pastando en la inmediación del lagar alrededor de los años 1940-50. Foto Ignacio Krauel.

El Cerrado Victoria o Hacienda de la Victoría continuaría en manos eclesiásticas hasta las desamortizaciones de Mendizábal en 1836, cuando se incautaron gran cantidad de fincas rústicas y se demolieron muchos de los conventos de la ciudad, incluido el de Nuestra Señora de la Victoria, en este sentido, en los padrones municipales de 1840 y siguientes ya encontramos a un seglar, Don Juan Barrionuevo, que iniciaría una línea sucesoria de propietarios.

El lagar sufriría años más tarde como tantos otros la llegada de la plaga de la filoxera de 1877 y la crisis finisecular que asoló los campos, dando como resultado una agricultura de bajo rendimiento económico.

Finalmente, ya en el siglo XX, durante la repoblación forestal de la Cuenca del Guadalmedina los terrenos fueron expropiados a Pedro Barrionuevo Ruiz-Soldado a finales de la década de los 50.

plano expropiacion 001

Pliego de expropiación de fincas para la reforestación de la cuenca del Guadalmedina.

Es en este momento cuando se borran tantos siglos de historia, ya que el edificio fue expoliado de forma salvaje, se arrancaron las rejerías y los suelos, se cortaron las viguerías y la obra terminó por desplomarse en cuestión de pocos años.DSC09933

Si nos centramos en el edificio, este era de planta cerrada rectangular (18m x 9 m aprox) dividida en tres naves, y con dos naves perpendiculares (14m x 5 m aprox.) en cada extremo del rectángulo, a esta planta planificada y ordenada se le irían adosando construcciones de menor calidad como tinados y un aprisco de animales que posiblemente le daría su nombre de “cerrado”.

Cerrado Victoria Alvaro

Localización, fuente: https://goo.gl/maps/W47LP

La Hacienda Victoria es un edificio cuya construcción arroja muchas incógnitas, ya que un estudio más pausado de su obra nos muestra que las naves centrales están realizadas con tapia o tierra prensada y zócalos de piedra, y que a estas se le adosaron las naves laterales donde se ubican el lagar y la capilla citados ya en los documentos del siglo XVIII. ¿Era este edificio de tapia una construcción primitiva? Y si es así ¿De qué época es? queda ahí la pregunta.

DSC06118

Muros de tapia en la estructura principal del edificio.

Dejando a un lado estos muros centrales de tapia, los paramentos del resto del edificio aparecen con un aparejo de hiladas de ladrillos con cajoneras de mampostería trabados con tierra estabilizada con cal. En las construcciones destinadas a ganados aparece un aparejo irregular a piedra seca y ripios.

DSC06099

Los suelos, viguerías, cubiertas y otros elementos constructivos fueron expoliados tiempo atrás, por lo que poco podemos decir de ellos, aunque por fotos antiguas sabemos que las cumbreras del tejado tenían las características tejas vidriadas a varios colores.

La fachada principal aparece orientada al SO y sus vanos se distribuían de forma ordenada, destaca aquí una espadaña de aparejo de ladrillo con un vano cerrado con un arco de medio punto. DSC06097

Debajo de esta espadaña estaba la capilla, que contaba con un arco de ladrillo enmarcado en un alfiz y molduras en los estribos, actualmente desaparecido, también destaca un ojo de buey y una hornacina donde supuestamente estaría colocada la imagen de madera.

11727955_1467753466856868_819845343_o

Detrás de este grupito de muchachas que celebra su comunión, podemos apreciar la capilla del lagar, hoy prácticamente desaparecida. Foto Ignacio Krauel.

En el otro extremo de esta fachada se encontraba un precioso surtidor con cubierta compuesta de tres planos y una cornisa adornada con molduras, todo ello pintado originalmente de almagra, además, una alberca de riego donde también se ha aplicado almagra para evitar la eutrofización de las aguas.

10466960_1464910577141157_8376523867720655876_o

En esta curiosa foto sacada desde una ventana se puede apreciar el surtidor de aguas, también desaparecido por el desplome de ese ala del edificio. Foto Ignacio Krauel.

En este ala del edificio aparece la torre de contrapeso integrada y de la que apenas quedan unos restos que sobresalen del suelo.

En el interior del edificio encontramos la nave donde estaría la sala principal con la cocina y su caramanchón o campana y donde en tiempos primitivos debió estar la viga de husillo, del resto de estancias, al encontrarse en un estado muy ruinoso poco se puede decir, aunque con seguridad en la nave paralela debió estar la bodega con las tinajas y en las salas altas el señorío del lagar.

11725147_1467753110190237_1751880339_o

interior de la primera nave, al fondo, el caramanchón o campana de la cocina. Foto cortesía de Ignacio Krauel.

En la parte trasera con orientación NE aparece el cercado de animales, con los tinados, zahúrdas y gallineros, todos ellos con muros de mampostería irregular, destacan los canales de evacuación de los orines.

DSC06157

Para finalizar, el lagar contaba con huertas regadas por un sistema de atarjeas, atanores cerámicos, alcubillas y distribuidores que traían el agua desde una corta situada en una torrentera cercana. En algún momento de la historia del lagar, ladera abajo se nivelaron nuevos bancales de huertas, regadas con un sistema independiente de atarjeas y albercas emparradas con agua traída desde el arroyo de Los Llanes, estos bancales recibirían la denominación de Huerta Nueva.

DSC06181

Alberca del Huerto Nuevo, junto al arroyo Jaboneros, pilares para emparrado.

El curso alto y medio del arroyo Jaboneros cuenta con un abanico de construcciones históricas con una gran carga etnográfica semejantes a Cerrado Victoria, y aunque abandonadas en su mayoría, se han conservado en un estado aceptable, pero ¿Por cuánto tiempo? Las administraciones han mostrado una sensibilidad nula por la conservación de este patrimonio cultural tan importante, trabando su adecuada restauración o en el peor de los casos, instando a los propietarios a demoler estas viejas construcciones por peligro de desplome. Por desgracia, Cerrado Victoria ya es un caso perdido, pero ¿Qué pasará con Lo Cea, Sevillano, La Campana, Urbano, Maroto, Lo Muñoz…?DSC00050

Historia y arquitectura del lagar de Cela, evolución de una alquería medieval.

DSC02430

Paisaje del partido de Cela, Moclinejo.

El 3 de noviembre de 1493 los repartidores, con el bachiller Serrano a la cabeza, llegaron por un camino rodeado de barrancos y cortados hasta una pequeña alquería situada en la cabecera del arroyo Granadilla, cerca de Moclinejo. Se trataba de la alquería de Salim o Çilim, más tarde conocida bajo su nombre castellanizado de Çela, Zela o Cela. A pesar de que el lugar estaba enmarcado en una loma escondida y de fácil defensa, los repartidores no encontraron más que construcciones arruinadas, casas caídas y solares, pues sus antiguos moradores decidieron incendiar y abandonar la aldea durante la conquista cristiana de Málaga. Contaría Cela, según la documentación que nos ha llegado de mano de los repartidores, de algunas casas distribuidas en dos calles aceradas, una mezquita, una fuente bien surtida de agua, un ejido y un molino de aceite en la parte más baja de la alquería, no hay constancia sin embargo, de la característica torre de defensa con la que si contaban otras alquerías inmediatas como Granadilla, Juncares, Simientes, Totalán, Olías, Gálica o Macharagazpar.

DSC02432

Panorámica del lagar de Cela, supuesto lugar donde se ubicaba la antigua alquería musulmana.

Después de un infructuoso intento de repoblación, en 1494 la alquería se volvió a repartir a nuevos moradores junto con lotes de viñas, almendrales, morales, perales y manzanos. Según actas del Cabildo de Málaga aportadas por Agustina Aguilar, archivera del AHMM, el siglo XVI sería una época de gran actividad en la alquería de Cela y sus alrededores. Leñadores, carboneros y viñeros trabajarán estas tierras transformando un paisaje agreste y con grandes manchas de bosque virgen en un lugar cultivado y domesticado, aunque bien es cierto que en ocasiones se haría de forma caótica, ya que son muchas las quejas recogidas por la tala desordenada y ocupación ilegal para la siembra de viñas en tierras públicas. Por otro lado, los pobladores de Cela también se vieron afectados por las pestes, el merodeo de animales salvajes (lobos e incluso osos) o los violentos levantamientos moriscos, como el de 1568, que casi terminaron por despoblar la alquería, ya que los campos y bosques inmediatos a Cela se volvieron extremadamente peligrosos. Desde luego no fueron tiempos fáciles.

DSC02450

Fachada principal del lagar de Cela.

 Durante el siglo XVII, la comarca se beneficia de la expansión de la vid, reflejándose en la presencia de pequeños y medianos propietarios cada vez más prósperos. En este sentido, a finales de siglo José Francisco Guerrero Chavarino, natural de Málaga y propietario por aquel entonces de Cela y sus tierras, recibe por orden y gracia de Carlos II el título de marqués, como agradecimiento por su decidida contribución económica a la defensa de la plaza de Ceuta, que andaba sitiada por fuerzas marroquíes en 1694. Por ironías del destino, este abnegado súbdito de su Católica Majestad, tomará por nombre del marquesado aquel antropónimo de origen árabe; marqués de Çela.

DSC03705

Declaración de Doña Catalina Chacón, marquesa de Cela. Catastro de Ensenada, Libro de Hacendados. AHMM.

Las averiguaciones fiscales realizadas para el catastro de Ensenada (En Málaga, año 1753), nos muestran, casi como una fotografía, los cultivos, edificios y titulares del marquesado de Cela.

Según esta documentación, el marquesado de Cela, cuya titularidad recaía en ese momento en la viuda Doña Catalina Chacón, estaba constituido por una casa de campo con cuarto bajo, dos salas, cocina, bodega, 44 tinajas con un total de 6.000 @ de capacidad, caballeriza, pajar y un pequeño lagar sin prensa de viga. A continuación, aparece un molino de aceite (que de nuevo, gracias a Agustina Aguilar sabemos de su existencia desde al menos 1564) en el que en tiempos de molienda una mula tiraba de día y de noche una sola piedra. Además, el mayorazgo de Cela contaba con una parcela de regadío regada con agua de “pie” con dos celemines de primera calidad, con 19 naranjos, 18 morales, 5 álamos, y 3 duraznos, seguían las propiedades con doce fanegas de secano de segunda y tercera calidad, que producía una cosecha de trigo o cebada al año, siendo necesarios dos de descanso, además de otros cultivos de secanos como 50 olivos y 150 almendros crecidos y plantones. Finalmente, 120 obradas de viñas de secano, de primera, segunda y tercera calidad. A todo ello hay que sumarle un interesante listado de casas y tiendas en la ciudad, que a mi pesar, no puedo enumerar aquí por no venir al caso. Esta descripción nos muestra una explotación agrícola donde el aceite, el grano y la almendra ocupaban un puesto tan importante como el vino.

DSC02525

De aquel huerto sembrado de naranjos, duraznos y morales poco queda en el paisaje de Cela. 

Sin entretenernos demasiado, es interesante mencionar que en la linde sur de Cela aparece descrito otro mayorazgo ligado al partido de Cela, se trata del condado de Villa-Alcazar de Sirga.

DSC02530

Vista de Cela de abajo.

Entre sus propiedades aparece un magnifico lagar con salas altas, prensa de vigas y 43 tinajas con 2000 @ de capacidad, también una pequeña huerta de naranjos chinos, naranjos agrios y limones, 70 fanegas de secano, otra pieza de tierra con olivos, higueras, almendros, alcornoques, nogales, perales, limones y naranjos. En cuanto a viñas, Cela de abajo, como así se conocía, contaba con 100 obradas de primera, segunda y tercera calidad. Por desgracia, actualmente este impresionante lagar se encuentra en un estado de conservación lamentable, una verdadera pérdida para el patrimonio cultural de Moclinejo.

DSC02533

Viñas

Como es lógico, la historia de las tierras de Cela continúa a lo largo del siglo XIX, apareciendo en censos y padrones sin mayores sobresaltos ni datos relevantes. Con la llegada de la filoxera a Moclinejo en 1877 y los duros golpes asestados a la agricultura de la región durante el siglo XX, los históricos lagares de Cela terminaron por abandonarse, sumándose, como no, a ese creciente listado de patrimonio olvidado y en peligro de desaparecer.

88201359 El Lagar de Cela aparece con planta rectangular orientada al SO, donde un patio cerrado, con acceso desde el SO, se sitúa en el centro del edificio. La vivienda (cocina y dormitorios señoriales) ocupan la construcción principal del conjunto. El resto de estancias destinadas a usos agrícolas y habitación de trabajadores se disponen en las restantes piezas, menores y de peor calidad. En el patio se puede apreciar la construcción de varias piezas desordenadas, posteriores al plan original. Finalmente, algunas casillas de servicios (cabrerizas, zahurdas, etc) aparecen diseminadas por el campo inmediato.

planta rectangular de Cela de arriba. Fuente.

planta rectangular de Cela de arriba.  Fuente.

No hay que olvidar la almazara, de planta rectangular y situada frente a la fachada principal del edificio. Su estado está bastante deteriorado, por lo que a simple vista hay poco que decir de este molino. En las inmediaciones de Cela aún se puede apreciar las piedras desgastadas y desechadas.

Aspecto exterior de la almazara

Aspecto exterior de la almazara

Sus materiales son los característicos de la zona, es decir, muros de mampuestos de pizarra reforzados con cadenas y verdugadas de ladrillos. También se pueden apreciar muros de tapia y adobes con paja, pero siempre en construcciones adosadas y de menor calidad. Suelos de mazaríes en el interior de las piezas y enchinado en el patio central conforman los suelos. En los forjados y cubiertas aparecen los típicos rollos de madera y entrevigado de cañizo, y sobre ellos, la torta de tierra cruda. Nada nuevo en nuestra arquitectura popular. Hay que mencionar que a simple vista no se aprecian estructuras reutilizadas de la antigua alquería. 

Detalle de la fachada de la vivienda.

Detalle de la fachada de la vivienda.

Adobes empleados en el interior de la vivienda, poco frecuentes en la arquitectura popular de Los Montes.

Adobes empleados en el interior de la vivienda, poco frecuentes en la arquitectura popular de Los Montes.

Muros de mampostería y cubiertas de rollos de madera

Muros de mampostería y cubiertas de rollos de madera.

Los aleros, de doble hilada de ladrillo macizo dispuesto a tizón, aparecen enfoscados y pintados de bermejo.

DSC02448

Se aprecian incisiones y pinturas murales de tipo geométrico y arquitectura simulada, tanto en las fachadas de la vivienda como en los muros del patio central, coloreadas con bermejo, añil, ocre y neutro.Los motivos varían en el patio central, donde predomina el ladrillo simulado coloreados con diferentes pigmentos. Este tipo de pinturas nos trasladan a unas fechas entre finales del siglo XVII y mediados de siglo XVIII, momento en el que debieron acometerse reformas de importancia, quizá coincidente a la concesión del marquesado en el año 1694.DSC02444

DSC02438

Los aleros.

Por definición, el alero es la prolongación en voladizo de un tejado para proteger los paramentos o muros de la lluvia y otros factores climáticos, y además, su estructura ayuda a equilibrar el conjunto de la obra. Pero más allá del punto de vista técnico, el alero en las construcciones rurales es un sutil reflejo de las tradiciones estéticas y culturales amasadas durante siglos, adaptadas sabiamente a las condiciones que ofrece un determinado lugar. Sin embargo, por el propio carácter utilitario y humilde de la arquitectura que nos ocupa y la implantación de nuevas técnicas y materiales hemos visto desaparecer gran parte de este legado etnográfico en las últimas décadas. El alero de la arquitectura popular y tradicional realizado con ladrillos y tejas en distintos aparejos da como resultado vuelos que nos hablan de la calidad de la construcción y sus influencias, aunque en nuestros montes y vegas no encontramos los elaborados aparejos de otras latitudes de la península, vamos a realizar un pequeño resumen por aquellas tipologías más comunes; observar estos humildes aleros, es observar técnicas artesanales y adaptación.

DSC01948Para realizar el alero se utiliza normalmente el ladrillo macizo cerámico colocados a soga, tizón o pico, en hiladas simples, dobles o triples y asentados sobre tierra estabilizada con muy poca cal, aunque tampoco es raro ver morteros de arena y proporciones más ricas en cal. En otros casos pueden encontrarse aleros más elaborados con aparejo de tejas. En la foto superior sección de un alero en el lagar de Cotrina. DSC03634Empezando por los aparejos más sencillos, en esta primera foto observamos la hilada simple con ladrillo colocado a tizón. Lagar en Chapera la baja.

DSC09933Otro ejemplo de alero en hilada simple, lagar Los Negros, antiguo partido de Vallejeras.

DSC03439En este cortijo de Alhaurín el Grande encontramos una infrecuente moldura de la que prácticamente no queda nada cubriendo un alero de hilada simple, mostrándonos a un propietario con capacidad económica y preocupado por la estética del edificio, en algunos paramentos del edificio aparecen restos de pinturas murales. DSC05227Detalles de tejas vidriadas sobre alero de hilada simple, dispuestas como protección para una balconada.

IMG_5773

Pasando a un aparejo más elaborado, en este lagar de Los Montes vemos como se añade una segunda hilera. El mal estado del muro nos permite ver la colocación de las hiladas de ladrillos.

DSC02448

En esta foto detalle de un lagar de Moclinejo se aprecia la doble hilada coloreadas con almagra, respecto a las tejas, estas aparecen macizadas con mortero de cal para evitar que el viento las levante y genere las consecuentes goteras.

IMG_5637

Relativamente menos abundantes, también podemos encontrar los aleros dispuestos a pico de gorrión como este de Pizarra. En esta construcción bien cuidada aún se mantiene la canalización vidriada, desaparecida ya en muchos de los lagares de la provincia.

DSC05062

Aparejo de pico de gorrión alternado con hilada simple de ladrillo en un cortijo de Casabermeja.

DSC04478

En este lagar de Totalán aparece conjugado, en un alero estupendamente conservado, dos hiladas a pico de gorrión encerradas entre dos a tizón.

DSC01208

Triple hilada en un cortijo de Sierra de Yeguas.

DSC05097

Pasamos del aparejo de ladrillos macizos a la teja. Hilada a teja simple en Casabermeja.

B_r5iRSWYAIui_n

En este otro alero, un poco más complejo, se aprecia la utilización de tejas alternadas con ladrillos, creando una curiosa y poco frecuente decoración en el conjunto.

11151020_882317565148186_4578928199005319436_n

En el cortijo de Casapalma aparecen canecillos en el alero, muy poco usual en la arquitectura tradicional de nuestros campos.

DSC00999

Los aleros realizados en madera son los menos utilizados en la arquitectura popular y tradicional de nuestra geografía, y cuando aparece, se limita prácticamente a los balcones. Quizá el motivo sea que la madera empezó a ser un material caro a partir del siglo XVIII por la escasez derivada de la deforestación, aunque lo cierto es que más allá de suposiciones no hay nada asegurado sobre este aspecto. A finales del siglo XIX estos aleros realizados en madera aparecen con fuerza en las viviendas de importancia.

DSC03468

Esta moldura de un cortijo de finales del siglo XIX nos muestra que con la llegada de los nuevos materiales y técnicas la tipología de aleros se diversificó abriendo aún más el abanico, pero alejándose poco a poco de las adaptaciones vernáculas de la construcción.

DSC05392

Mención especial a la práctica inexistencia de antepechos como este del partido de Almendrales, apareciendo ya en la arquitectura de finales del XIX y principios del XX.

Los lagares pintados.

DSC02447

Apuntes y muestrario de pinturas murales en los lagares de Málaga. 

 Aunque parece que la costumbre de decorar las fachadas con pinturas murales entronca con la artesanía mudéjar, es a partir del siglo XVIII cuando encontramos una verdadera explosión decorativa en las iglesias, casas y palacetes de la pujante Málaga comercial del momento. Según fases, encontramos que los tipos de decoraciones fueron evolucionando desde los motivos geométricos de principio de siglo, la arquitectura simulada de mediados y las volutas, rocallas y alegorías de finales de centuria. La técnica empleada en estas pinturas corresponde a la de mezzo-fresco, esta se elabora con distintas capas de morteros de cal dispuestas de mayor a menor espesor. Sobre la última capa ,aún casi fresca, se trazan incisiones que marcan los contornos de un dibujo que será coloreado con una aguada de cal con la pigmentación oportuna. Los principales colores que podemos encontrar son el bermejo, añil, neutro y ocre.

Los lagares y cortijos de nuestros campos no escaparon a esta moda, la burguesía comercial que florecía en el siglo XVIII decoraron sus residencias rurales con estas alegres pinturas, alejándonos del tópico de los cortijos blancos inmaculados que aparecen en el imaginario popular. Hay que decir que estos trabajos eran verdaderas obras de artesanía y requerían de manos muy especializadas que se desplazaban hasta unos lagares situados en predios aislados, quedando por saber los talleres y artesanos que se dedicaron a estos trabajos y que por el momento permanecen en el anonimato.

DSC02274

Por acuerdo alcanzado en pleno en el Ayuntamiento de Málaga  alcanzado el 27 de septiembre de 2007 todos aquellos edificios que cuenten con este tipo de decoraciones deberán ser catalogados, además deberá promoverse su restauración y conservación, claro está que esto es lo que marca el acuerdo y otra cosa es la realidad, si difícilmente se cumple en el centro de Málaga mucho menos se hace en los recónditos partidos rurales de nuestro término municipal. Aún así, peor destino corren aquellas ubicadas en otros pueblos de la provincia, donde no se contempla su protección.

Estamos perdiendo un legado artístico singular de nuestra sociedad en el más triste de los desconocimientos y su solución de momento es bastante compleja. Baste decir que en la mayoría de los casos son edificios prácticamente incomunicados o con difícil acceso, dificultando una posible salida económica que haga viable su conservación y mantenimiento, por otro lado, actualmente el medio rural se encuentra en una tortuosa situación de crisis económica que dificulta cualquier planteamiento empresarial.

Muchas de las pinturas siguen aún ocultas bajo capas de cal por lo que se desconoce el alcance total de este fenómeno del siglo dieciocho, dándose la curiosidad que en el momento que estos lagares entran en estado de ruina y se desprenden las capas de cal posteriores en el tiempo (siglo XIX y XX) es cuando podemos apreciar su tesoro escondido.

Sirva este pequeño muestreo de pinturas para dar a conocer a los lectores otro trozo de Málaga que se nos va. Sirva también como foro de soluciones a esta pérdida tan dolorosa, ya que con la resignación no se consigue nada.

Mención especial al blog Pinturas Murales de Málaga por su fantástica labor de divulgación en materia de pinturas murales.

Muestrario de pinturas ubicadas en lagares del término municipal de Málaga y aledaños:

DSC02438

DSC00474

DSC04096DSC00547DSC03703

11206675_10153406747184636_1076123788073243523_o11233582_878276132218996_4533368403685110435_oDSC02444No olvides visitar nuestro grupo Facebook o nuestra cuenta twitter

El cortijo-palacio de Villanueva de Cauche.

DSC01036

Villanueva de Cauche es una pequeña pedanía próxima a Antequera situada en el corredor natural que ofrece Las Pedrizas. Con una posición predominante, este lugar ha sido una zona habitada desde tiempos remotos, y como prueba contundente, muy próximo a la pedanía encontramos el famoso yacimiento romano de Arastipi o Cauche el Viejo.

Sin embargo el poblado actual tiene su origen en el castillo medieval que vigilaba la estratégica zona, y al que andando el tiempo se le irían agregando las casillas de servicios y de trabajadores dependientes del señor feudal. Ya en plena Edad Moderna, concretamente en el año 1679, Carlos II creo por Real Decreto el Marquesado de Cauche a favor de Pedro de Arreses y Aspillaga, VII señor del Castillo de Cauche

DSC01173

Blasones nobiliarios en el interior del palacio.

La economía de la Villanueva del Castillo de Cauche, como se conocía por aquel tiempo, se basaba en la producción y venta de excedente de trigo, cebada, garbanzos y maíz, completado con cabañas de ganado vacuno, lanar y cabrío, y es seguro que a finales del XIX  y principios del XX la producción de aceite cobrara importancia en la zona, dejándonos como testigo de aquella actividad olivarera una maravillosa almazara. Un molino hidráulico de cubo y rodezno, próximo a la población, realizaba la molienda de los cereales y leguminosas.

DSC01043

En la foto se aprecia los muros de la vivienda realizados con tapia y sillares bien labrados en la estructura del cubo.

Mención aparte merece este molino hidráulico de Cauche. El edificio está realizado con sillares reutilizados procedentes del yacimiento romano, y además también se aprecia obra de tapia en la vivienda del molino, muy característica en las construcciones populares del contorno. Por lo que respecta a los cubos, estos se encuentran realizados con piezas de cerámica que otorgan estanqueidad a la canalización. Sobre la disposición de estos canales vemos una solución atípica, ya que caen en diagonal, algo raro de ver en este tipo de estructuras hidráulicas. Por desgracia, este molino, pieza casi única en la provincia de Málaga por su fábrica y composición, se encuentra ahogado por la autovía y en un estado lamentable de conservación.

DSC01076

Incomprensible estado de abandono de este molino fabricado con sillares romanos procedentes del inmediato yacimiento de Arastipi.

Volviendo al cortijo-palacio, parece ser que en el año 1849 un incendio arrasó el castillo, aunque seguramente por aquel tiempo el edificio estaría bastante transformado fruto de siglos de modificaciones, aún así sobre sus muros calcinados se volvió a levantar el palacio encalado que hoy en día conocemos. La zona de vivienda, cocina y servicios está configurada alrededor de un gran patio central con fuente, y en otro patio anejo aparecen almacenes, construcciones destinadas a los animales y la almazara. Adosada, la impresionante iglesia capilla con torre, donde se aprecian fácilmente estelas romanas reutilizadas, completa el conjunto. La fachada principal aparece con un portón de acceso rematado por un frontis muy singular. De aquel castillo medieval queda de forma visible una torre de planta cuadrada y unos gruesos muros encalados que dan buena cuenta de un pasado militar.

DSC01163

Fachada principal del cortijo-palacio. Al fondo, la torre de la capilla.

Entre los históricos propietarios de Villanueva de Cauche encontramos a un conocido linaje de la comarca de Antequera, ya que a finales del XVIII el marquesado de Cauche recayó sobre Vicente Domingo Pareja Obregón y Galvez, que ostentaba los títulos de III Conde de la Sierra de la Camorra, Gentil Hombre de Cámara de su Majestad, Maestrante de la Real de Sevilla, Alcaide Perpetuo del Castillo y Fortaleza de Archidona, Teniente Alférez Mayor de dicha ciudad por el Santo Tribunal de la Inquisición, y casado con Isabel María de los Remedios de Rojas Teruel de Arrese Quesada y Toledo, heredera del Marquesado de Cauche.

DSC00935

En cuanto a la aldea, esta se compone de un total de 35 casas alrededor de tres calles y que por suerte aún conserva un genuino aire andaluz apenas desfigurado por zócalos de azulejos o por pinturas que rompan la armonía del blanco. Estas casas albergaban a los trabajadores dependientes del marquesado, que alojados en régimen feudal pagaban una escasa cantidad de dinero junto a gallina o gallina y media por casa al marqués. Este régimen se mantuvo vigente hasta que en año 2002 mueren las últimas marquesas de Cauche, Carmen y Teresa Rojas Arrese, pasando entonces el patrimonio del marquesado a manos de su sobrino Jose Luís Moreno de Rojas, administrándolos por medio de una sociedad.

DSC00954

Calles como esta de “Málaga” conservan aún un genuino sabor andaluz que cada vez se ve menos en nuestros pueblos y aldeas.

Aunque en un principio la situación pudiera parecer anacrónica (y de hecho Cauche se considera el último feudo existente en Europa) los inquilinos salían beneficiados al pagar tan exigua cantidad. Actualmente el alquiler y titularidad de las viviendas, administrado por José Luis Moreno de Rojas, camina por otros cauces, pero eso se nos escapa de la temática.

Una de las estelas romanas reutilizadas en la torre de la capilla.

Una de las estelas romanas reutilizadas en la torre de la capilla.

La situación actual del cortijo de Cauche es otra historia. Declarado Bien de Interés cultural por la Junta de Andalucía, el edificio tras estos últimos años ha sufrido un intenso abandono y una falta de cuidados notable. Las cubiertas han empezado a desmoronarse y las goteras abundan, situación que anuncia un deterioro acelerado en los próximos años

DSC01164

En el patio de laboreo y la capilla la situación ya se hace evidente, aunque se ha intentado mitigar ciertos desperfectos con parches mínimos, parte de un almacén se ha venido abajo dejando entrever su elaborada cubierta de rollos y cañizo, aunque más grave parece la situación de la capilla, cuya cúpula se ha perdido, siendo restaurada de prisa y corriendo con bloques de cemento que desfiguran la estructura. Mantener un edificio de estas características es caro, pero si se abandona restaurarlo lo es más.

Este Bien de Interés Cultural engrosa la lista de patrimonio que se pierde, y en este caso no se puede alegar insostenibilidad económica. Su situación inmejorable en las inmediaciones de la autovía y a poca distancia de Antequera, Casabermeja o Málaga, su idílico entorno y una historia que lo impregna todo, hacen de este lugar un sitio perfecto para negocios dedicados al turismo, el ocio o la hostelería, reactivándose así una zona ciertamente deprimida, pero como siempre, cuando se actúe será demasiado tarde. DSC00961

Ruta por los lagares del Chaperas, en los Montes de Málaga.

El pasado domingo día 12 hicimos junto con Cultopía Gestión Cultural nuestra primera ruta senderista visitando algunos lagares en el curso del Chaperas, en los Montes. Hablamos un poco de todo, historia, arquitectura y la producción de vino y aceite. Muchas gracias por participar y dar tan buena acogida a este proyecto, y al Lagar de Torrijos por su atención y sus migas. Por si quereis apuntaros a la próxima, repetiremos el próximo día 10 de mayo. ¡Os esperamos!. 10463622_864303800282896_2083859787156925621_o11146469_10153340628359636_2779435057390120167_o11148540_10153340629774636_7983298260801722241_o

Año europeo del patrimonio industrial y técnico: Los talleres malagueños

11067842_860595480653728_2121311957_o

Al observar el patrimonio arquitectónico popular y vernáculo del mundo rural inevitablemente toparemos tarde o temprano con otro tipo de patrimonio íntimamente ligado a este y que también está despertando un creciente interés en las últimas décadas, estamos hablando del patrimonio industrial y técnico.

Y es que estamos de enhorabuena, el Parlamento Europeo ha declarado este año 2015 como Año del Patrimonio Industrial y Técnico, aunque la iniciativa nació en un encuentro de diversas asociaciones europeas en defensa del patrimonio industrial en Calais (Francia) en el año 2009, el primer paso firme se realizó en el 2012 con la realización de un Memorandum que pretendía unificar las actuaciones en la salvaguarda y divulgación de nuestro legado fabril. Para ello fue necesaria una intensa actividad, donde Málaga, ha participado de forma activa gracias a la actuación de distintas personas y asociaciones como la conocida Asociación en Defensa de las Chimeneas, que ha hecho y está haciendo un trabajo tan grande como la propia chimenea de Los Guindos.

11136396_861311430582133_1247071798_o

En definitiva, lo que se persigue es alcanzar una protección adecuada por parte de las autoridades e instituciones de aquellos elementos que formaron parte de los distintos periodos de la industrialización europea, y que el público aprecie un legado de importantísimo valor cultural, histórico, económico y científico que contribuyó a que todos los países acortaran distancias en pos de una sociedad europea interrelacionada que tantos beneficios nos ha traído, y que en los tiempos que corren, no está de más recordar.

Para poner nuestro grano de arena en este Año del Patrimonio Industrial, vamos a realizar un pequeño repaso del contexto agrícola y algunos de los talleres malagueños que se dedicaron entre otras actividades a la fabricación de prensas, molinos, bombines, norias de fundición y utillaje agrícola en general, y que contribuyeron decididamente a la mecanización del campo.

11122229_861348153911794_1794034092_o

Modelo de catálogo. Prensa de palanca.

La mecanización de la agricultura

Hablar de la mecanización de la agricultura andaluza de finales del siglo XIX y principios del XX es asunto complejo y difícil de tratar, ya que a día de hoy siguen existiendo grandes lagunas y una falta de análisis del impacto que tuvieron los talleres industriales sobre la producción agrícola, sin embargo, poco a poco recientes estudios relacionados con la evolución del campo andaluz van demostrando que el mito establecido por la historiografía tradicional de un sector primario atrasado, primitivo y falto de mecanización es completamente falso, tampoco es cuestión de pintar un paisaje optimista pues también nos llevaría a un camino equivocado, pero si es cierto que la Andalucía de aquella época era capaz de desarrollar una agricultura orientada al mercado nacional e internacional, capaz de competir con ventaja en el sector agroalimentario europeo y americano y ello se debió, entre otros muchos factores, a la presencia de maquinaria capaz de optimizar rendimientos y abaratar costes. La remolacha azucarera granadina, los vinos de Jerez o Montilla, las pasas y el vino de Málaga, la caña de azúcar en la costa malagueño-granadina, o la uva almeriense son algunos de los sectores que supieron desenvolverse con éxito a finales del XIX a pesar de las insalvables limitaciones del medio (no, Andalucía no es una tierra fértil ni abundante), la escasez de abonos y algunas trabas impuestas desde el gobierno central en las que no vamos a entrar.

11122310_861349050578371_1821918676_o

Modelo de catálogo. Prensa de engranaje

Quiero insistir en la idea de que el sector primario del momento no fue un sector modelo ni moderno, ya que de forma paralela a esta exitosa mercantilización de la agricultura la sociedad del momento vivía en continuas crisis de subsistencia, abundantes fueron las revueltas y revoluciones entre el XIX y el XX donde el campesinado pedía pan y justicia.

11131077_861347927245150_1848324774_o

Talleres Trigueros, operarios trabajando con bombines hidráulicos. (catálogo de fábrica, 1908)

Centrándonos en lo que nos interesa, al calor de esta mercantilización de la agricultura aparecieron entre mediados del XIX y principios del XX un amplio abanico de fundiciones y talleres dedicados a la producción de utillaje agrícola en general y que configuraron una importante industrialización en Andalucía, latente pero en lenta decadencia hasta que la insensata autarquía de los años 40 del siglo XX acabó con todo el sector, debido a la imposibilidad de importar las tan necesarias piezas y tecnología de Europa para una dinámica modernización acorde a los tiempos.

DSC00521

Arado de vertedera elaborado en metal.

 Algunos de los talleres ferreteros y fundiciones de Málaga

Desde mediados del XIX, bajo el nombre genérico de fundiciones aparecen en Málaga un buen número de talleres que fabricaban a partir de lingotes y planchas de hierro o bronce una gran gama de utillaje agrícola (además de otros productos que no trataremos por salirse de la temática), especialmente prensas e instalaciones completas para molinos aceiteros, harineros, lagares y otras fábricas relacionadas con el sector agroalimentario. No podemos dejar de lado otras piezas y herramientas como pesas, norias, bombas de riego, romanas y básculas, arados y todo aquello que esté relacionado con el mundo agrícola y estuviera elaborado en metal.

11130787_861311767248766_1651268373_o

Plano de la Málaga industrial. Facilitado por la Asociación en Defensa de las Chimeneas,.

Aunque fueron los grandes talleres Giró y Heredia los que abrieron el sector industrial en la Málaga del primer tercio del XIX es a partir de 1880 cuando se observa una explosión de talleres ferreteros, entre los que destacan Trigueros, Eduardo Gaa, Herrero Puente, o la famosa Heaton, todos ellos talleres modernos equipados con hornos para refundir el metal y herramientas necesarias para trabajar el metal. Tras una etapa de pérdida de fuerzas a finales del XIX, relacionada con la crisis finisecular que afectó a toda Europa, vemos aparecer, añadidas a los ya existentes, otras nueve empresas. Aunque es justo decir que la época dorada de los talleres quedaron atrás, el siglo XX contó con una importante red de talleres y fábricas dedicadas a la producción de maquinaria, hasta que como se comentó líneas arriba, la autarquía franquista arrasó con un tejido industrial que daba ya síntomas de agotamiento.

11072307_854955924551017_760431202_n

Altos hornos ” La Constancia”

Dejando a un lado el conocidísimo taller de Heredia, a continuación, algunos de los principales talleres ferreteros y fundiciones dedicados a la fabricación de utillaje agrícola y cuya maquinaria aún podemos encontrar abundantemente por los lagares y almazaras de Málaga. El listado y su descripción proceden del magnífico e indispensable trabajo publicado “Cien años de historia de las fábricas malagueñas” editado por Acento Andaluz.

Fundición Ruperto Heaton y Bradbury.

Abrió sus puertas en 1870 y no cerró hasta los años sesenta del siglo XX. Por sus puertas salían máquinas a vapor, calderas, bombas a vapor, bombas de riego, ruedas hidráulicas y turbinas, prensas hidráulicas, de engranaje y de palanca, molinos harineros y de azúcar, puentes, etc. Tras su cierre en los años 60 del siglo XX sus naves fueron alquiladas a los talleres Taillefer.

11139488_861311947248748_1159357905_n

Fundición Trigueros.

Esta fundición abrió sus puertas en 1840 y estuvo trabajando hasta después de la I Guerra Mundial. Esta empresa estuvo reconocida por diversos premios y distinciones. La familia Trigueros siguió una política de permanente renovación tecnológica, como por ejemplo, que en 1870 dispusiera de una máquina a vapor vertical dotada de una bomba rotatoria Destriz, especialmente adecuada a los hornos de fundición. A partir de principios del siglo XX se especializa en molinos de aceite movidos por motores eléctricos, vapor o caballería, molinos hidráulicos, norias, bombas y calderas.

Imagen1

Prensa de tornillo Trigueros.

Fundición Herrero Puente

Fue creada en 1870 por Antonio Herrero Puente y se mantuvo en funcionamiento hasta 1920. Dedicada a la fundición de hierro y bronce, llegó a convertirse en uno de los establecimientos más importantes del sector. Fabricaba y reparaba todo tipo de maquinaria aunque estaba especializada en utillaje agrícola, norias y molinos. De sus instalaciones salió la monumental farola que adornó la Plaza de la Constitución desde los primeros momentos del siglo XX hasta el año 65.

 DSC_0663

 Fundición Cayetano Ramirez y Pedrosa.

La fundición fue creada en 1916 por dos maestros de taller de la empresa de Tomás Trigueros.Desde un principio se especializó en las construcciones mecánicas, destacando la fabricación de equipos completos para aceiteras y lagares. De sus puertas salieron un gran número de equipamientos completos para fábricas aceiteras. Su fundición estuvo en activo hasta tiempos muy recientes.

DSC09576

Bombín hidráulico Cayetano Ramirez.

Pero la lista continúa, Orueta Hermanos, Eduardo Gaa, Enrique Fazzio, Talleres Benitez, Constructora andaluza, Talleres Martos y no hay que olvidar que la aparición de talleres no fue un fenómeno de Málaga capital, otros núcleos como Velez Málaga o Antequera contaron con sus propios talleres de maquinaria agrícola; hablamos de Mariano Bertrán de Lís, Manuel Alcaide y Luna Perez en Antequera, o Fundiciones Diego Diaz en Velez Málaga.

DSC01147

En definitiva, la provincia malagueña (junto con otras provincias andaluzas) contó con un rico y variado abanico de talleres especializados en la fabricación de maquinaria agrícola que hizo posible la mercantilización competitiva en Europa. Incomprensiblemente de aquel tejido industrial poco queda ya en una comunidad autónoma que sigue dependiendo en buena medida de la exportación de la producción agroalimentaria teniendo que recurrir a la importación de maquinaria agrícola europea, pero no es tema a debatir aquí sobre lo descabellado de la situación, lo que si es cierto es que los campos de Málaga cuentan con una gran cantidad de maquinaria abandonada fruto de aquella época dorada, pasto del abandono y del expolio, y ya que perdimos el salto a la industrialización, al menos no nos permitamos el lujo de perder nuestra memoria y nuestro legado histórico.

DSC01022

 – Las fotos procedentes del catálogo de Trigueros han sido facilitadas por la Asociación en Defensa de las chimeneas y el Patrimonio Industrial. 

Si quieres saber más: 

– Cien años de historia de las fábricas malagueñas (1830-1930) Santiago Ramos, A., Bonilla Estébanez I., Guzmán Valdivia A., Editorial Acento Andaluz. 

Ruta senderista: ” Los Montes de Málaga antes de la filoxera”

Montes-Malaga-antes-filoxera

Los Montes de Málaga, antes de ser parque natural, tuvieron vocación viticultora.  Desde la Edad Media hasta finales del siglo XIX las laderas de los Montes estuvieron sembradas de extensos viñedos, produciendo un vino cuya fama llegaría hasta la corte de los zares Rusia. Hoy en día cuesta imaginarse que los pinares que pueblan este agreste paisaje fue hace más de un siglo una tierra salpicada de parcelas labradas intensivamente, de lagares, de majestuosas casas señoriales y de pequeñas aldeas.

¿Pero cómo surgió todo esto? ¿Cómo era la vida y las casas de aquellas gentes? ¿Qué queda de todo aquello?

Fruto de aquel pasado agrícola nos ha quedado un patrimonio etnológico y arquitectónico hoy apenas conocido por los malagueños, en un agradable paseo siguiendo el curso del arroyo Chaperas visitaremos algunos lagares de los siglos XVIII y XIX haciendo una mirada distinta a la agricultura, la sociedad rural, la arquitectura popular y la crisis que acabó con un mundo tan viejo como los propios Montes.

Comenzaremos nuestra ruta visitando el Lagar de Torrijos, en pleno Parque Natural Montes de Málaga, un precioso edificio de la primera mitad del siglo XIX dedicado a una producción mixta de vino y aceite. La explotación alberga entre otros muchos elementos de interés una de las últimas prensas de vino tipo viga de la provincia, tinajas de fermentación y una interesante almazara de aceite. Seguiremos caminando por un sendero de fácil recorrido visitando y conociendo los restos de otros lagares como Benefique, Pacheco bajo, Santillana, Chinchilla y Serranillo. De vuelta, a las 14:00h. aquellos que lo deseen tendrán oportunidad de degustar en el lagar de Torrijos unas migas y un poco de vino dulce de la zona.

  •  ¡¡¡ESTRENAMOS el domingo 12 de abril !!!
  • RESERVA TUS PLAZAS en el 692.717.612 o en info@cultopia.es indicando tu nombre, el número de plazas que necesitas, y un teléfono de contacto
  • Precio: 6€/persona [sólo ruta], o 12€/persona [ruta y migas]
  • Punto de encuentro: A las 10:00 am, en el parking del Ecomuseo Lagar de Torrijos [Ctra. C-345 Málaga-Colmenar] Para acceder tomamos un carril que encontramos en la A-7000, pasado un kilómetro de la Fuente de la Reina, en sentido Málaga-Colmenar y a unos 20 kilómetros de la capital
  • Duración: aproximadamente de cuatro horas. Se recomienda ropa y calzado cómodos, y que vayan provistos de agua

Más información en Cultopía Gestión Cultural.

Contenidos e itinerario a cargo de Álvaro Amaya Ríos, historiador interesado en las explotaciones agrícolas de la Edad Moderna, ha realizado cursos de documentación y catalogación de arquitectura popular española. Actualmente realiza estudios en el catastro de Ensenada sobre la división administrativa del mundo rural malacitano en el siglo XVIII. Colabora con la Asociación Amigos Montes de Málaga en la preparación de un catálogo de arquitectura popular en Málaga, además, gestiona el grupo de divulgación “Lagares y Cortijos” en el blog, Facebook y Twitter .