Batanes de papel en el Guadalmedina: El molino de Inca y Horadado.

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A escasos kilómetros de Ciudad Jardín aún podemos observar en la ribera del Guadalmedina los dos batanes de papel que existían en la ciudad Málaga. Estos batanes, conocidos como Molino del Inca y Molino Horadado, realizaban un papel de tipo estraza a base de fibras procedentes de trapos. Para entender la importancia de esta industria, baste decir que la estraza era imprescindible para el soporte y envoltorio de las cajas de pasas que se producían en el término.

Sobre el origen de estos molinos sabemos que uno de ellos, el de Inca, fue construido por José de Inca en la primera década del siglo XVIII, y aunque no dispongo de datos concretos de Horadado, bien es cierto que debió ser anterior al otro, ya que daría nombre al pago donde están situados. El lugar elegido para su construcción contaba siempre con agua incluso en las épocas más secas del año, requisito para una industria que carece de temporadas.

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El molino o batán de Inca pasaría a manos del colegio de Clérigos Menores de Santo Tomás, realizando papel con una producción estimada a mediados de siglo de 3300 reales de vellón. Por lo que respecta a Horadado, este siguió funcionando en manos particulares como Doña Teresa Gallardo, además, a este batán se le añadiría un molino harinero, muy escasos también en la ciudad. Horadado, de menor tamaño, producía 1100 reales de vellón anuales en papel.

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Torre de cubillos del molino Horadado

El destino de ambos batanes cambiaría con la construcción del conocido acueducto de San Telmo, cuya captación de agua estaría inmediata a estos edificios. En 1786 se construyen seis de los doce molinos proyectados de San Telmo y el Consulado, que estaba a cargo de las aguas del  nuevo acueducto, arrendaría Horadado e Inca. Inmediatamente empiezan a aparecer problemas con los pagos del arrendamiento y para el año 1800, ante la paralización por pleitos y discusiones, Horadado acabó arruinado y demolido. Poco después le llegaría el turno a Inca, que terminaría desligándose del acueducto, aunque por suerte este aún permanece en pié como testigo de aquella época.

Uno de los molinos de San Telmo.

Uno de los molinos de San Telmo.

Más complejo es determinar el sistema que utilizaron estos batanes, ya que como hemos visto, hace tiempo que dejaron de producir papel de estraza y su estado actual de ruina y soterramiento por el río (y la autovía) hace complejo imaginar su funcionamiento, pero intentemos ver que sistema pudieron emplear describiendo un batan de papel de la época.

Modelo de batán de trapos extraido de la famosa obra XXI Libros de los Ingenios y Máquinas de Juanelo Turriano.

Modelo de batán de trapos extraído de la famosa obra XXI Libros de los Ingenios y Máquinas de Juanelo Turriano.

El trapo era la materia prima fundamental para elaborar papel y su costo era bastante elevado. Para obtener trapos se recurría a la importación de ropas viejas traídas desde todas partes imaginables, como la misma provincia, Génova o las antiguas colonias americanas, llegando a convertirse en un negocio estratégico y de importancia. Era una materia cara y escasa, y su carencia crónica sería motivo de la búsqueda de nuevas fibras que sustituyeran el trapo, hasta que se llegó a la madera como materia prima en el siglo XIX.

Los batanes hidráulicos de mazos destinados a la fabricación de papel empezaron a generalizarse a partir del siglo XII. De este siglo en adelante los mazos evolucionaron dando diferentes acabados a las hojas de papel, sin embargo, los procedimientos básicos permanecen.

La primera operación que se realizaba para la obtención del papel consistía en el escogido y clasificación de los trapos, dejándose los mejores para la fabricación de los mejores papeles, y los peores para el papel de estraza o la estracilla. Hay que tener en cuenta que en el empleo de agua no sólo era importante por su cantidad, también por su calidad. Un agua con demasiados sedimentos o tierras daría un papel con una tonalidad más oscura, de ahí, que por la poca calidad del agua del río Guadalmedina fuera imposible obtener un papel blanco.

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Cuando la cantidad de tejidos almacenados era suficiente, estos se echaban a un pilón llamado pudridero, donde se le añadía agua para así facilitar una fermentación que duraba un periodo de 5 o 6 semanas. Como dato anecdótico, la graduación de esta fermentación era tal que podía quemar la mano si se metía en este caldo. No hay que decir que esta operación desprendía unos olores bastante desagradables, por lo que estos molinos deberían estar en lugares apartados.

Una vez fermentados los trapos se procedía a trocearlos para facilitar su majado con los mazos. Estos mazos eran accionados mediante una rueda hidráulica vertical con paletas movida por agua corriente de una acequia. Su eje estaría erizado de levas que levantaban los mazos de madera que a su vez golpeaban unas tinas donde se depositaría la materia prima. En el caso del Molino Horadado encontramos una torre de cubillos de tres paradas con unos interesantes recubrimientos cerámicos hechos a medida, por lo que nos puede hacer pensar que el sistema sería de rodeznos horizontales y la disposición de las levas sería diferente. Por desgracia, la completa desaparición de su estructura nos impide hacer un análisis más detallado. En el molino de Inca no se aprecia torre de cubillos, por lo que podemos pensar en una rueda vertical como máquina hidráulica.

Cubillos de Horadado

Cubillos de Horadado

A partir del siglo XVII los mazos llegan a un alto grado de especialización, llegándose a utilizar tres tipos diferenciados en el proceso:

Mazos de madera de punta afilada para deshilachar, otros de madera de punta roma y con clavos para moler y un tercer tipo, también de madera pero de punta roma, cuya función sería la de homogeneizar la pasta, desconocemos si los molinos de Inca y Horadado llegaron a tener estos grupos de mazos o sus sistema era más primitivo.

El tiempo empleado en majar los trapos rondaba entre las 6 y 12 horas, y si el sistema era de tres mazos se empleaba el doble de tiempo.

Una vez obtenida la pasta, el sistema de cuajado para la obtención del papel era bastante sencillo. En un molde rectangular y con rejilla se echaba la pulpa obtenida, esta pasta escurrida y ya con la forma del molde se transfería sobre un fieltro, intercalando de este modo una cantidad de hojas y fieltros, hasta completar una posta que se compone de 261 pliegos de papel. Finalizando el proceso, se prensaban las hojas con sus fieltros y se llevaban a un secadero natural.

Cárcavos u orificios de salida de agua.

Cárcavos u orificios de salida de agua.

Podemos imaginar que este sería el proceso llevado a cabo en estos batanes del Guadalmedina.

En cuanto a su obra, el molino de Inca estaba compuesto por dos naves de planta rectangular  paralelas y una tercera en su lateral. Su fábrica es de mampuestos gruesos de la zona con algunas verdugadas de ladrillos macizos  y ripios que equilibran la construcción.

También encontramos aparejos de ladrillos en los cárcavos de salida de agua y en las cadenas formadas en las esquinas de la construcción. Unas interesantes bóvedas de cañón con una cubierta a dos aguas de simple mortero de cal cierra la construcción.

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Es digno mencionar el detalle de los arcos que comunican las naves, con un interesante extradós alrededor de los mismos, única concesión al ornamento, pero a su vez, tan curiosos de ver en un edificio de uso industrial.

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En el caso de Horadado, como ya hemos comentado, su demolición nos impide ver como debió ser este edificio, aunque por el arranque de una bóveda se puede apreciar que debió tener características similares al anterior, si bien es cierto que la mampostería tiene una ejecución diferente. Lo único que queda en pié es la recia torre de tres paradas de cubillos que ni el Guadalmedina en sus peores riadas ha sido capaz de llevarse. Puede apreciarse que uno de los cubillos es un añadido posterior a la obra original, quizá correspondiente a aquel molino harinero mencionado anteriormente.

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Pieza cerámica recubriendo uno de los cubillos de Horadado.

Como siempre, otro edificio cargado de historia aparece abandonado y bandalizado. Es evidente que la peculiaridad, factura, dedicación e historia de los molinos de Inca y Horadado otorga a sus construcciones un gran valor como patrimonio preindustrial. La carencia de cualquier protección una vez más se hace patente con un simple vistazo, ya no nos sorprende. Durante la construcción de la autovía los desechos y sobrantes de hormigón fueron volcados sobre los arcos del molino de Inca, las plantas crecen entre los mampuestos haciendo cada vez las grietas más grandes, las pintadas cubren el interior de las bóvedas, ya se ha perdido una de sus naves y no hay visos de actuación sobre estas construcciónes. Por otra parte cabe preguntarse ¿qué implica una protección? sólo hay que observar como el emblemático acueducto de San Telmo, declarado B.I.C. y cuyo recorrido comparte paisaje con los batanes, carece de cualquier plan de conservación y acondicionamiento para su visita, ¿qué podemos esperar de las administraciones sobre estos “humildes” batanes? y si estos batanes están incluidos en el conjunto B.I.C. otorgado al acueducto, tanto más evidente que en materia de patrimonio, aún queda mucho que hacer en Málaga.

 

Bibliografía:

  • La Industria papelera en tiempos de la Industrialización Malagueña, José Carlos Balmaceda. Artículo disponible aquí.
  • Fábricas hidráulicas Españolas. Gonzalez Tascón, I. CEHOPU.
  • XXI Libros de los Ingenios y Maquinas, Pseudo Juanelo Turriano edición facsimil.
  • Catastro de Ensenada, libros de respuestas particulares de Málaga. Archivo Municipal de Málaga.

 

El lagar de Cerrado Victoria.

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Situado en una de las laderas del Cerro de la Matanza, partido rural del arroyo Jaboneros, este lagar era un curioso ejemplo de explotación agrícola en los Montes de Málaga por su histórica localización y por ser una de las fincas más grandes del entorno. Aunque de momento desconocemos datos anteriores al siglo XVIII, sabemos gracias al Catastro de Ensenada (para la ciudad de Málaga, año 1753) que este inmueble adscrito a la división parroquial del Sagrario era una de las innumerables propiedades del convento de Nuestra Señora de la Victoria.

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Según dicha descripción, Cerrado de Victoria o Hacienda de la Victoria era un lagar con horno, caballerizas, despensa, cinco salas altas (que nos hablan de una construcción de importancia), lagar de pisar con viga de husillo y una bodega de 35 tinajas de tipo morisco con 2000@ de capacidad (32.200 litros de vino), calculándose un valor total de la construcción de 275 reales de vellón, además de una capilla donde estaría una imagen de la virgen María realizada en madera y que por fortuna, se conserva, aunque eso, sí, un poco desfigurada tras unas “restauraciones” llevadas a cabo en 1940.

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Tras la restauración, la imagen quedó muy desmejorada. Foto por cortesía de Ignacio Krauel.

La hacienda contaba en aquel siglo XVIII con una de las pocas almazaras de aceites de los montes, ya que albergaba una pequeña molineta con un mortero de piedra movido a caballo. Para el prensado del aceite se utilizaba la misma viga de husillo del lagar de vino, cosa poco frecuente y extraña, ya que por mucho cuidado y limpieza que se dispusiera, la mezcla de productos alteraría notablemente sus sabores.

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Vista general del lagar antes de la reforestación de esta parte de los Montes en 1960. Foto cortesía Ignacio Krauel.

En cuanto a sus tierras agregadas, Cerrado de Victoria contaba con una pieza de secano de 12 fanegas de mediana calidad dedicadas al cereal “de pan llevar”, tierras estas, que fueron cedidas a favor del convento por Maria Teresa de Priego, vecina de Málaga, y por ello, las monjas del lagar realizaban una misa cantada además de dos días de honras al año.

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Tierras inmediatas a Cerrado Victoria, ya reforestadas.

En lo referente a sus viñas, la Hacienda de la Victoria tenía 36 obradas de diferentes calidades (una obrada puede contener hasta 500 cepas) y una pieza de seis fanegas inútiles por naturaleza. Sin lugar a dudas, el orgullo de la Hacienda de la Victoria sería una inmensa parcela de 250 fanegas sembradas con distintos árboles que lindaría con los lagares de Garavía (sic) y Milla, sembrada con 900 olivos y 330 acebuches, 1050 almendros, 780 encinas y 36 algarrobos, además de higueras, cerezos, perales, naranjos, cidros, limones, cipreses etc.

Estas parcelas estarían arrendadas a Pedro Melendez, que las explotaría por una cuantía de 225 reales de vellón y con la obligación de entregar cargas de uvas y otros pagos en especie.
Llama poderosamente la atención que al consultar el pliego catastral de Pedro Melendez la cuantía del arrendamiento varía sensiblemente, ya que este último declara pagar una cifra más elevada que la antes mencionada, además, se obvian las huertas regadas del lagar, objeto también de imposición fiscal. Aquí podemos ver el típico caso de ocultación intencionada, ya que por la naturaleza fiscal de estas averiguaciones no era raro que los propietarios declararan cifras inferiores a las reales y se “olvidaran” declarar algunos bienes raíces, a Dios rogando y la cartera vigilando.

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Las viñas se perdieron tras la crisis filoxérica de 1877, dejándo un campo yermo y deforestado. Cabras pastando en la inmediación del lagar alrededor de los años 1940-50. Foto Ignacio Krauel.

El Cerrado Victoria o Hacienda de la Victoría continuaría en manos eclesiásticas hasta las desamortizaciones de Mendizábal en 1836, cuando se incautaron gran cantidad de fincas rústicas y se demolieron muchos de los conventos de la ciudad, incluido el de Nuestra Señora de la Victoria, en este sentido, en los padrones municipales de 1840 y siguientes ya encontramos a un seglar, Don Juan Barrionuevo, que iniciaría una línea sucesoria de propietarios.

El lagar sufriría años más tarde como tantos otros la llegada de la plaga de la filoxera de 1877 y la crisis finisecular que asoló los campos, dando como resultado una agricultura de bajo rendimiento económico.

Finalmente, ya en el siglo XX, durante la repoblación forestal de la Cuenca del Guadalmedina los terrenos fueron expropiados a Pedro Barrionuevo Ruiz-Soldado a finales de la década de los 50.

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Pliego de expropiación de fincas para la reforestación de la cuenca del Guadalmedina.

Es en este momento cuando se borran tantos siglos de historia, ya que el edificio fue expoliado de forma salvaje, se arrancaron las rejerías y los suelos, se cortaron las viguerías y la obra terminó por desplomarse en cuestión de pocos años.DSC09933

Si nos centramos en el edificio, este era de planta cerrada rectangular (18m x 9 m aprox) dividida en tres naves, y con dos naves perpendiculares (14m x 5 m aprox.) en cada extremo del rectángulo, a esta planta planificada y ordenada se le irían adosando construcciones de menor calidad como tinados y un aprisco de animales que posiblemente le daría su nombre de “cerrado”.

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Localización, fuente: https://goo.gl/maps/W47LP

La Hacienda Victoria es un edificio cuya construcción arroja muchas incógnitas, ya que un estudio más pausado de su obra nos muestra que las naves centrales están realizadas con tapia o tierra prensada y zócalos de piedra, y que a estas se le adosaron las naves laterales donde se ubican el lagar y la capilla citados ya en los documentos del siglo XVIII. ¿Era este edificio de tapia una construcción primitiva? Y si es así ¿De qué época es? queda ahí la pregunta.

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Muros de tapia en la estructura principal del edificio.

Dejando a un lado estos muros centrales de tapia, los paramentos del resto del edificio aparecen con un aparejo de hiladas de ladrillos con cajoneras de mampostería trabados con tierra estabilizada con cal. En las construcciones destinadas a ganados aparece un aparejo irregular a piedra seca y ripios.

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Los suelos, viguerías, cubiertas y otros elementos constructivos fueron expoliados tiempo atrás, por lo que poco podemos decir de ellos, aunque por fotos antiguas sabemos que las cumbreras del tejado tenían las características tejas vidriadas a varios colores.

La fachada principal aparece orientada al SO y sus vanos se distribuían de forma ordenada, destaca aquí una espadaña de aparejo de ladrillo con un vano cerrado con un arco de medio punto. DSC06097

Debajo de esta espadaña estaba la capilla, que contaba con un arco de ladrillo enmarcado en un alfiz y molduras en los estribos, actualmente desaparecido, también destaca un ojo de buey y una hornacina donde supuestamente estaría colocada la imagen de madera.

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Detrás de este grupito de muchachas que celebra su comunión, podemos apreciar la capilla del lagar, hoy prácticamente desaparecida. Foto Ignacio Krauel.

En el otro extremo de esta fachada se encontraba un precioso surtidor con cubierta compuesta de tres planos y una cornisa adornada con molduras, todo ello pintado originalmente de almagra, además, una alberca de riego donde también se ha aplicado almagra para evitar la eutrofización de las aguas.

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En esta curiosa foto sacada desde una ventana se puede apreciar el surtidor de aguas, también desaparecido por el desplome de ese ala del edificio. Foto Ignacio Krauel.

En este ala del edificio aparece la torre de contrapeso integrada y de la que apenas quedan unos restos que sobresalen del suelo.

En el interior del edificio encontramos la nave donde estaría la sala principal con la cocina y su caramanchón o campana y donde en tiempos primitivos debió estar la viga de husillo, del resto de estancias, al encontrarse en un estado muy ruinoso poco se puede decir, aunque con seguridad en la nave paralela debió estar la bodega con las tinajas y en las salas altas el señorío del lagar.

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interior de la primera nave, al fondo, el caramanchón o campana de la cocina. Foto cortesía de Ignacio Krauel.

En la parte trasera con orientación NE aparece el cercado de animales, con los tinados, zahúrdas y gallineros, todos ellos con muros de mampostería irregular, destacan los canales de evacuación de los orines.

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Para finalizar, el lagar contaba con huertas regadas por un sistema de atarjeas, atanores cerámicos, alcubillas y distribuidores que traían el agua desde una corta situada en una torrentera cercana. En algún momento de la historia del lagar, ladera abajo se nivelaron nuevos bancales de huertas, regadas con un sistema independiente de atarjeas y albercas emparradas con agua traída desde el arroyo de Los Llanes, estos bancales recibirían la denominación de Huerta Nueva.

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Alberca del Huerto Nuevo, junto al arroyo Jaboneros, pilares para emparrado.

El curso alto y medio del arroyo Jaboneros cuenta con un abanico de construcciones históricas con una gran carga etnográfica semejantes a Cerrado Victoria, y aunque abandonadas en su mayoría, se han conservado en un estado aceptable, pero ¿Por cuánto tiempo? Las administraciones han mostrado una sensibilidad nula por la conservación de este patrimonio cultural tan importante, trabando su adecuada restauración o en el peor de los casos, instando a los propietarios a demoler estas viejas construcciones por peligro de desplome. Por desgracia, Cerrado Victoria ya es un caso perdido, pero ¿Qué pasará con Lo Cea, Sevillano, La Campana, Urbano, Maroto, Lo Muñoz…?DSC00050

Historia y arquitectura del lagar de Cela, evolución de una alquería medieval.

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Paisaje del partido de Cela, Moclinejo.

El 3 de noviembre de 1493 los repartidores, con el bachiller Serrano a la cabeza, llegaron por un camino rodeado de barrancos y cortados hasta una pequeña alquería situada en la cabecera del arroyo Granadilla, cerca de Moclinejo. Se trataba de la alquería de Salim o Çilim, más tarde conocida bajo su nombre castellanizado de Çela, Zela o Cela. A pesar de que el lugar estaba enmarcado en una loma escondida y de fácil defensa, los repartidores no encontraron más que construcciones arruinadas, casas caídas y solares, pues sus antiguos moradores decidieron incendiar y abandonar la aldea durante la conquista cristiana de Málaga. Contaría Cela, según la documentación que nos ha llegado de mano de los repartidores, de algunas casas distribuidas en dos calles aceradas, una mezquita, una fuente bien surtida de agua, un ejido y un molino de aceite en la parte más baja de la alquería, no hay constancia sin embargo, de la característica torre de defensa con la que si contaban otras alquerías inmediatas como Granadilla, Juncares, Simientes, Totalán, Olías, Gálica o Macharagazpar.

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Panorámica del lagar de Cela, supuesto lugar donde se ubicaba la antigua alquería musulmana.

Después de un infructuoso intento de repoblación, en 1494 la alquería se volvió a repartir a nuevos moradores junto con lotes de viñas, almendrales, morales, perales y manzanos. Según actas del Cabildo de Málaga aportadas por Agustina Aguilar, archivera del AHMM, el siglo XVI sería una época de gran actividad en la alquería de Cela y sus alrededores. Leñadores, carboneros y viñeros trabajarán estas tierras transformando un paisaje agreste y con grandes manchas de bosque virgen en un lugar cultivado y domesticado, aunque bien es cierto que en ocasiones se haría de forma caótica, ya que son muchas las quejas recogidas por la tala desordenada y ocupación ilegal para la siembra de viñas en tierras públicas. Por otro lado, los pobladores de Cela también se vieron afectados por las pestes, el merodeo de animales salvajes (lobos e incluso osos) o los violentos levantamientos moriscos, como el de 1568, que casi terminaron por despoblar la alquería, ya que los campos y bosques inmediatos a Cela se volvieron extremadamente peligrosos. Desde luego no fueron tiempos fáciles.

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Fachada principal del lagar de Cela.

 Durante el siglo XVII, la comarca se beneficia de la expansión de la vid, reflejándose en la presencia de pequeños y medianos propietarios cada vez más prósperos. En este sentido, a finales de siglo José Francisco Guerrero Chavarino, natural de Málaga y propietario por aquel entonces de Cela y sus tierras, recibe por orden y gracia de Carlos II el título de marqués, como agradecimiento por su decidida contribución económica a la defensa de la plaza de Ceuta, que andaba sitiada por fuerzas marroquíes en 1694. Por ironías del destino, este abnegado súbdito de su Católica Majestad, tomará por nombre del marquesado aquel antropónimo de origen árabe; marqués de Çela.

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Declaración de Doña Catalina Chacón, marquesa de Cela. Catastro de Ensenada, Libro de Hacendados. AHMM.

Las averiguaciones fiscales realizadas para el catastro de Ensenada (En Málaga, año 1753), nos muestran, casi como una fotografía, los cultivos, edificios y titulares del marquesado de Cela.

Según esta documentación, el marquesado de Cela, cuya titularidad recaía en ese momento en la viuda Doña Catalina Chacón, estaba constituido por una casa de campo con cuarto bajo, dos salas, cocina, bodega, 44 tinajas con un total de 6.000 @ de capacidad, caballeriza, pajar y un pequeño lagar sin prensa de viga. A continuación, aparece un molino de aceite (que de nuevo, gracias a Agustina Aguilar sabemos de su existencia desde al menos 1564) en el que en tiempos de molienda una mula tiraba de día y de noche una sola piedra. Además, el mayorazgo de Cela contaba con una parcela de regadío regada con agua de “pie” con dos celemines de primera calidad, con 19 naranjos, 18 morales, 5 álamos, y 3 duraznos, seguían las propiedades con doce fanegas de secano de segunda y tercera calidad, que producía una cosecha de trigo o cebada al año, siendo necesarios dos de descanso, además de otros cultivos de secanos como 50 olivos y 150 almendros crecidos y plantones. Finalmente, 120 obradas de viñas de secano, de primera, segunda y tercera calidad. A todo ello hay que sumarle un interesante listado de casas y tiendas en la ciudad, que a mi pesar, no puedo enumerar aquí por no venir al caso. Esta descripción nos muestra una explotación agrícola donde el aceite, el grano y la almendra ocupaban un puesto tan importante como el vino.

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De aquel huerto sembrado de naranjos, duraznos y morales poco queda en el paisaje de Cela. 

Sin entretenernos demasiado, es interesante mencionar que en la linde sur de Cela aparece descrito otro mayorazgo ligado al partido de Cela, se trata del condado de Villa-Alcazar de Sirga.

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Vista de Cela de abajo.

Entre sus propiedades aparece un magnifico lagar con salas altas, prensa de vigas y 43 tinajas con 2000 @ de capacidad, también una pequeña huerta de naranjos chinos, naranjos agrios y limones, 70 fanegas de secano, otra pieza de tierra con olivos, higueras, almendros, alcornoques, nogales, perales, limones y naranjos. En cuanto a viñas, Cela de abajo, como así se conocía, contaba con 100 obradas de primera, segunda y tercera calidad. Por desgracia, actualmente este impresionante lagar se encuentra en un estado de conservación lamentable, una verdadera pérdida para el patrimonio cultural de Moclinejo.

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Viñas

Como es lógico, la historia de las tierras de Cela continúa a lo largo del siglo XIX, apareciendo en censos y padrones sin mayores sobresaltos ni datos relevantes. Con la llegada de la filoxera a Moclinejo en 1877 y los duros golpes asestados a la agricultura de la región durante el siglo XX, los históricos lagares de Cela terminaron por abandonarse, sumándose, como no, a ese creciente listado de patrimonio olvidado y en peligro de desaparecer.

88201359 El Lagar de Cela aparece con planta rectangular orientada al SO, donde un patio cerrado, con acceso desde el SO, se sitúa en el centro del edificio. La vivienda (cocina y dormitorios señoriales) ocupan la construcción principal del conjunto. El resto de estancias destinadas a usos agrícolas y habitación de trabajadores se disponen en las restantes piezas, menores y de peor calidad. En el patio se puede apreciar la construcción de varias piezas desordenadas, posteriores al plan original. Finalmente, algunas casillas de servicios (cabrerizas, zahurdas, etc) aparecen diseminadas por el campo inmediato.

planta rectangular de Cela de arriba. Fuente.

planta rectangular de Cela de arriba.  Fuente.

No hay que olvidar la almazara, de planta rectangular y situada frente a la fachada principal del edificio. Su estado está bastante deteriorado, por lo que a simple vista hay poco que decir de este molino. En las inmediaciones de Cela aún se puede apreciar las piedras desgastadas y desechadas.

Aspecto exterior de la almazara

Aspecto exterior de la almazara

Sus materiales son los característicos de la zona, es decir, muros de mampuestos de pizarra reforzados con cadenas y verdugadas de ladrillos. También se pueden apreciar muros de tapia y adobes con paja, pero siempre en construcciones adosadas y de menor calidad. Suelos de mazaríes en el interior de las piezas y enchinado en el patio central conforman los suelos. En los forjados y cubiertas aparecen los típicos rollos de madera y entrevigado de cañizo, y sobre ellos, la torta de tierra cruda. Nada nuevo en nuestra arquitectura popular. Hay que mencionar que a simple vista no se aprecian estructuras reutilizadas de la antigua alquería. 

Detalle de la fachada de la vivienda.

Detalle de la fachada de la vivienda.

Adobes empleados en el interior de la vivienda, poco frecuentes en la arquitectura popular de Los Montes.

Adobes empleados en el interior de la vivienda, poco frecuentes en la arquitectura popular de Los Montes.

Muros de mampostería y cubiertas de rollos de madera

Muros de mampostería y cubiertas de rollos de madera.

Los aleros, de doble hilada de ladrillo macizo dispuesto a tizón, aparecen enfoscados y pintados de bermejo.

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Se aprecian incisiones y pinturas murales de tipo geométrico y arquitectura simulada, tanto en las fachadas de la vivienda como en los muros del patio central, coloreadas con bermejo, añil, ocre y neutro.Los motivos varían en el patio central, donde predomina el ladrillo simulado coloreados con diferentes pigmentos. Este tipo de pinturas nos trasladan a unas fechas entre finales del siglo XVII y mediados de siglo XVIII, momento en el que debieron acometerse reformas de importancia, quizá coincidente a la concesión del marquesado en el año 1694.DSC02444

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Los aleros.

Por definición, el alero es la prolongación en voladizo de un tejado para proteger los paramentos o muros de la lluvia y otros factores climáticos, y además, su estructura ayuda a equilibrar el conjunto de la obra. Pero más allá del punto de vista técnico, el alero en las construcciones rurales es un sutil reflejo de las tradiciones estéticas y culturales amasadas durante siglos, adaptadas sabiamente a las condiciones que ofrece un determinado lugar. Sin embargo, por el propio carácter utilitario y humilde de la arquitectura que nos ocupa y la implantación de nuevas técnicas y materiales hemos visto desaparecer gran parte de este legado etnográfico en las últimas décadas. El alero de la arquitectura popular y tradicional realizado con ladrillos y tejas en distintos aparejos da como resultado vuelos que nos hablan de la calidad de la construcción y sus influencias, aunque en nuestros montes y vegas no encontramos los elaborados aparejos de otras latitudes de la península, vamos a realizar un pequeño resumen por aquellas tipologías más comunes; observar estos humildes aleros, es observar técnicas artesanales y adaptación.

DSC01948Para realizar el alero se utiliza normalmente el ladrillo macizo cerámico colocados a soga, tizón o pico, en hiladas simples, dobles o triples y asentados sobre tierra estabilizada con muy poca cal, aunque tampoco es raro ver morteros de arena y proporciones más ricas en cal. En otros casos pueden encontrarse aleros más elaborados con aparejo de tejas. En la foto superior sección de un alero en el lagar de Cotrina. DSC03634Empezando por los aparejos más sencillos, en esta primera foto observamos la hilada simple con ladrillo colocado a tizón. Lagar en Chapera la baja.

DSC09933Otro ejemplo de alero en hilada simple, lagar Los Negros, antiguo partido de Vallejeras.

DSC03439En este cortijo de Alhaurín el Grande encontramos una infrecuente moldura de la que prácticamente no queda nada cubriendo un alero de hilada simple, mostrándonos a un propietario con capacidad económica y preocupado por la estética del edificio, en algunos paramentos del edificio aparecen restos de pinturas murales. DSC05227Detalles de tejas vidriadas sobre alero de hilada simple, dispuestas como protección para una balconada.

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Pasando a un aparejo más elaborado, en este lagar de Los Montes vemos como se añade una segunda hilera. El mal estado del muro nos permite ver la colocación de las hiladas de ladrillos.

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En esta foto detalle de un lagar de Moclinejo se aprecia la doble hilada coloreadas con almagra, respecto a las tejas, estas aparecen macizadas con mortero de cal para evitar que el viento las levante y genere las consecuentes goteras.

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Relativamente menos abundantes, también podemos encontrar los aleros dispuestos a pico de gorrión como este de Pizarra. En esta construcción bien cuidada aún se mantiene la canalización vidriada, desaparecida ya en muchos de los lagares de la provincia.

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Aparejo de pico de gorrión alternado con hilada simple de ladrillo en un cortijo de Casabermeja.

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En este lagar de Totalán aparece conjugado, en un alero estupendamente conservado, dos hiladas a pico de gorrión encerradas entre dos a tizón.

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Triple hilada en un cortijo de Sierra de Yeguas.

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Pasamos del aparejo de ladrillos macizos a la teja. Hilada a teja simple en Casabermeja.

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En este otro alero, un poco más complejo, se aprecia la utilización de tejas alternadas con ladrillos, creando una curiosa y poco frecuente decoración en el conjunto.

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En el cortijo de Casapalma aparecen canecillos en el alero, muy poco usual en la arquitectura tradicional de nuestros campos.

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Los aleros realizados en madera son los menos utilizados en la arquitectura popular y tradicional de nuestra geografía, y cuando aparece, se limita prácticamente a los balcones. Quizá el motivo sea que la madera empezó a ser un material caro a partir del siglo XVIII por la escasez derivada de la deforestación, aunque lo cierto es que más allá de suposiciones no hay nada asegurado sobre este aspecto. A finales del siglo XIX estos aleros realizados en madera aparecen con fuerza en las viviendas de importancia.

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Esta moldura de un cortijo de finales del siglo XIX nos muestra que con la llegada de los nuevos materiales y técnicas la tipología de aleros se diversificó abriendo aún más el abanico, pero alejándose poco a poco de las adaptaciones vernáculas de la construcción.

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Mención especial a la práctica inexistencia de antepechos como este del partido de Almendrales, apareciendo ya en la arquitectura de finales del XIX y principios del XX.

Los lagares pintados.

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Apuntes y muestrario de pinturas murales en los lagares de Málaga. 

 Aunque parece que la costumbre de decorar las fachadas con pinturas murales entronca con la artesanía mudéjar, es a partir del siglo XVIII cuando encontramos una verdadera explosión decorativa en las iglesias, casas y palacetes de la pujante Málaga comercial del momento. Según fases, encontramos que los tipos de decoraciones fueron evolucionando desde los motivos geométricos de principio de siglo, la arquitectura simulada de mediados y las volutas, rocallas y alegorías de finales de centuria. La técnica empleada en estas pinturas corresponde a la de mezzo-fresco, esta se elabora con distintas capas de morteros de cal dispuestas de mayor a menor espesor. Sobre la última capa ,aún casi fresca, se trazan incisiones que marcan los contornos de un dibujo que será coloreado con una aguada de cal con la pigmentación oportuna. Los principales colores que podemos encontrar son el bermejo, añil, neutro y ocre.

Los lagares y cortijos de nuestros campos no escaparon a esta moda, la burguesía comercial que florecía en el siglo XVIII decoraron sus residencias rurales con estas alegres pinturas, alejándonos del tópico de los cortijos blancos inmaculados que aparecen en el imaginario popular. Hay que decir que estos trabajos eran verdaderas obras de artesanía y requerían de manos muy especializadas que se desplazaban hasta unos lagares situados en predios aislados, quedando por saber los talleres y artesanos que se dedicaron a estos trabajos y que por el momento permanecen en el anonimato.

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Por acuerdo alcanzado en pleno en el Ayuntamiento de Málaga  alcanzado el 27 de septiembre de 2007 todos aquellos edificios que cuenten con este tipo de decoraciones deberán ser catalogados, además deberá promoverse su restauración y conservación, claro está que esto es lo que marca el acuerdo y otra cosa es la realidad, si difícilmente se cumple en el centro de Málaga mucho menos se hace en los recónditos partidos rurales de nuestro término municipal. Aún así, peor destino corren aquellas ubicadas en otros pueblos de la provincia, donde no se contempla su protección.

Estamos perdiendo un legado artístico singular de nuestra sociedad en el más triste de los desconocimientos y su solución de momento es bastante compleja. Baste decir que en la mayoría de los casos son edificios prácticamente incomunicados o con difícil acceso, dificultando una posible salida económica que haga viable su conservación y mantenimiento, por otro lado, actualmente el medio rural se encuentra en una tortuosa situación de crisis económica que dificulta cualquier planteamiento empresarial.

Muchas de las pinturas siguen aún ocultas bajo capas de cal por lo que se desconoce el alcance total de este fenómeno del siglo dieciocho, dándose la curiosidad que en el momento que estos lagares entran en estado de ruina y se desprenden las capas de cal posteriores en el tiempo (siglo XIX y XX) es cuando podemos apreciar su tesoro escondido.

Sirva este pequeño muestreo de pinturas para dar a conocer a los lectores otro trozo de Málaga que se nos va. Sirva también como foro de soluciones a esta pérdida tan dolorosa, ya que con la resignación no se consigue nada.

Mención especial al blog Pinturas Murales de Málaga por su fantástica labor de divulgación en materia de pinturas murales.

Muestrario de pinturas ubicadas en lagares del término municipal de Málaga y aledaños:

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El cortijo-palacio de Villanueva de Cauche.

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Villanueva de Cauche es una pequeña pedanía próxima a Antequera situada en el corredor natural que ofrece Las Pedrizas. Con una posición predominante, este lugar ha sido una zona habitada desde tiempos remotos, y como prueba contundente, muy próximo a la pedanía encontramos el famoso yacimiento romano de Arastipi o Cauche el Viejo.

Sin embargo el poblado actual tiene su origen en el castillo medieval que vigilaba la estratégica zona, y al que andando el tiempo se le irían agregando las casillas de servicios y de trabajadores dependientes del señor feudal. Ya en plena Edad Moderna, concretamente en el año 1679, Carlos II creo por Real Decreto el Marquesado de Cauche a favor de Pedro de Arreses y Aspillaga, VII señor del Castillo de Cauche

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Blasones nobiliarios en el interior del palacio.

La economía de la Villanueva del Castillo de Cauche, como se conocía por aquel tiempo, se basaba en la producción y venta de excedente de trigo, cebada, garbanzos y maíz, completado con cabañas de ganado vacuno, lanar y cabrío, y es seguro que a finales del XIX  y principios del XX la producción de aceite cobrara importancia en la zona, dejándonos como testigo de aquella actividad olivarera una maravillosa almazara. Un molino hidráulico de cubo y rodezno, próximo a la población, realizaba la molienda de los cereales y leguminosas.

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En la foto se aprecia los muros de la vivienda realizados con tapia y sillares bien labrados en la estructura del cubo.

Mención aparte merece este molino hidráulico de Cauche. El edificio está realizado con sillares reutilizados procedentes del yacimiento romano, y además también se aprecia obra de tapia en la vivienda del molino, muy característica en las construcciones populares del contorno. Por lo que respecta a los cubos, estos se encuentran realizados con piezas de cerámica que otorgan estanqueidad a la canalización. Sobre la disposición de estos canales vemos una solución atípica, ya que caen en diagonal, algo raro de ver en este tipo de estructuras hidráulicas. Por desgracia, este molino, pieza casi única en la provincia de Málaga por su fábrica y composición, se encuentra ahogado por la autovía y en un estado lamentable de conservación.

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Incomprensible estado de abandono de este molino fabricado con sillares romanos procedentes del inmediato yacimiento de Arastipi.

Volviendo al cortijo-palacio, parece ser que en el año 1849 un incendio arrasó el castillo, aunque seguramente por aquel tiempo el edificio estaría bastante transformado fruto de siglos de modificaciones, aún así sobre sus muros calcinados se volvió a levantar el palacio encalado que hoy en día conocemos. La zona de vivienda, cocina y servicios está configurada alrededor de un gran patio central con fuente, y en otro patio anejo aparecen almacenes, construcciones destinadas a los animales y la almazara. Adosada, la impresionante iglesia capilla con torre, donde se aprecian fácilmente estelas romanas reutilizadas, completa el conjunto. La fachada principal aparece con un portón de acceso rematado por un frontis muy singular. De aquel castillo medieval queda de forma visible una torre de planta cuadrada y unos gruesos muros encalados que dan buena cuenta de un pasado militar.

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Fachada principal del cortijo-palacio. Al fondo, la torre de la capilla.

Entre los históricos propietarios de Villanueva de Cauche encontramos a un conocido linaje de la comarca de Antequera, ya que a finales del XVIII el marquesado de Cauche recayó sobre Vicente Domingo Pareja Obregón y Galvez, que ostentaba los títulos de III Conde de la Sierra de la Camorra, Gentil Hombre de Cámara de su Majestad, Maestrante de la Real de Sevilla, Alcaide Perpetuo del Castillo y Fortaleza de Archidona, Teniente Alférez Mayor de dicha ciudad por el Santo Tribunal de la Inquisición, y casado con Isabel María de los Remedios de Rojas Teruel de Arrese Quesada y Toledo, heredera del Marquesado de Cauche.

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En cuanto a la aldea, esta se compone de un total de 35 casas alrededor de tres calles y que por suerte aún conserva un genuino aire andaluz apenas desfigurado por zócalos de azulejos o por pinturas que rompan la armonía del blanco. Estas casas albergaban a los trabajadores dependientes del marquesado, que alojados en régimen feudal pagaban una escasa cantidad de dinero junto a gallina o gallina y media por casa al marqués. Este régimen se mantuvo vigente hasta que en año 2002 mueren las últimas marquesas de Cauche, Carmen y Teresa Rojas Arrese, pasando entonces el patrimonio del marquesado a manos de su sobrino Jose Luís Moreno de Rojas, administrándolos por medio de una sociedad.

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Calles como esta de “Málaga” conservan aún un genuino sabor andaluz que cada vez se ve menos en nuestros pueblos y aldeas.

Aunque en un principio la situación pudiera parecer anacrónica (y de hecho Cauche se considera el último feudo existente en Europa) los inquilinos salían beneficiados al pagar tan exigua cantidad. Actualmente el alquiler y titularidad de las viviendas, administrado por José Luis Moreno de Rojas, camina por otros cauces, pero eso se nos escapa de la temática.

Una de las estelas romanas reutilizadas en la torre de la capilla.

Una de las estelas romanas reutilizadas en la torre de la capilla.

La situación actual del cortijo de Cauche es otra historia. Declarado Bien de Interés cultural por la Junta de Andalucía, el edificio tras estos últimos años ha sufrido un intenso abandono y una falta de cuidados notable. Las cubiertas han empezado a desmoronarse y las goteras abundan, situación que anuncia un deterioro acelerado en los próximos años

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En el patio de laboreo y la capilla la situación ya se hace evidente, aunque se ha intentado mitigar ciertos desperfectos con parches mínimos, parte de un almacén se ha venido abajo dejando entrever su elaborada cubierta de rollos y cañizo, aunque más grave parece la situación de la capilla, cuya cúpula se ha perdido, siendo restaurada de prisa y corriendo con bloques de cemento que desfiguran la estructura. Mantener un edificio de estas características es caro, pero si se abandona restaurarlo lo es más.

Este Bien de Interés Cultural engrosa la lista de patrimonio que se pierde, y en este caso no se puede alegar insostenibilidad económica. Su situación inmejorable en las inmediaciones de la autovía y a poca distancia de Antequera, Casabermeja o Málaga, su idílico entorno y una historia que lo impregna todo, hacen de este lugar un sitio perfecto para negocios dedicados al turismo, el ocio o la hostelería, reactivándose así una zona ciertamente deprimida, pero como siempre, cuando se actúe será demasiado tarde. DSC00961

Ruta por los lagares del Chaperas, en los Montes de Málaga.

El pasado domingo día 12 hicimos junto con Cultopía Gestión Cultural nuestra primera ruta senderista visitando algunos lagares en el curso del Chaperas, en los Montes. Hablamos un poco de todo, historia, arquitectura y la producción de vino y aceite. Muchas gracias por participar y dar tan buena acogida a este proyecto, y al Lagar de Torrijos por su atención y sus migas. Por si quereis apuntaros a la próxima, repetiremos el próximo día 10 de mayo. ¡Os esperamos!. 10463622_864303800282896_2083859787156925621_o11146469_10153340628359636_2779435057390120167_o11148540_10153340629774636_7983298260801722241_o

Año europeo del patrimonio industrial y técnico: Los talleres malagueños

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Al observar el patrimonio arquitectónico popular y vernáculo del mundo rural inevitablemente toparemos tarde o temprano con otro tipo de patrimonio íntimamente ligado a este y que también está despertando un creciente interés en las últimas décadas, estamos hablando del patrimonio industrial y técnico.

Y es que estamos de enhorabuena, el Parlamento Europeo ha declarado este año 2015 como Año del Patrimonio Industrial y Técnico, aunque la iniciativa nació en un encuentro de diversas asociaciones europeas en defensa del patrimonio industrial en Calais (Francia) en el año 2009, el primer paso firme se realizó en el 2012 con la realización de un Memorandum que pretendía unificar las actuaciones en la salvaguarda y divulgación de nuestro legado fabril. Para ello fue necesaria una intensa actividad, donde Málaga, ha participado de forma activa gracias a la actuación de distintas personas y asociaciones como la conocida Asociación en Defensa de las Chimeneas, que ha hecho y está haciendo un trabajo tan grande como la propia chimenea de Los Guindos.

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En definitiva, lo que se persigue es alcanzar una protección adecuada por parte de las autoridades e instituciones de aquellos elementos que formaron parte de los distintos periodos de la industrialización europea, y que el público aprecie un legado de importantísimo valor cultural, histórico, económico y científico que contribuyó a que todos los países acortaran distancias en pos de una sociedad europea interrelacionada que tantos beneficios nos ha traído, y que en los tiempos que corren, no está de más recordar.

Para poner nuestro grano de arena en este Año del Patrimonio Industrial, vamos a realizar un pequeño repaso del contexto agrícola y algunos de los talleres malagueños que se dedicaron entre otras actividades a la fabricación de prensas, molinos, bombines, norias de fundición y utillaje agrícola en general, y que contribuyeron decididamente a la mecanización del campo.

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Modelo de catálogo. Prensa de palanca.

La mecanización de la agricultura

Hablar de la mecanización de la agricultura andaluza de finales del siglo XIX y principios del XX es asunto complejo y difícil de tratar, ya que a día de hoy siguen existiendo grandes lagunas y una falta de análisis del impacto que tuvieron los talleres industriales sobre la producción agrícola, sin embargo, poco a poco recientes estudios relacionados con la evolución del campo andaluz van demostrando que el mito establecido por la historiografía tradicional de un sector primario atrasado, primitivo y falto de mecanización es completamente falso, tampoco es cuestión de pintar un paisaje optimista pues también nos llevaría a un camino equivocado, pero si es cierto que la Andalucía de aquella época era capaz de desarrollar una agricultura orientada al mercado nacional e internacional, capaz de competir con ventaja en el sector agroalimentario europeo y americano y ello se debió, entre otros muchos factores, a la presencia de maquinaria capaz de optimizar rendimientos y abaratar costes. La remolacha azucarera granadina, los vinos de Jerez o Montilla, las pasas y el vino de Málaga, la caña de azúcar en la costa malagueño-granadina, o la uva almeriense son algunos de los sectores que supieron desenvolverse con éxito a finales del XIX a pesar de las insalvables limitaciones del medio (no, Andalucía no es una tierra fértil ni abundante), la escasez de abonos y algunas trabas impuestas desde el gobierno central en las que no vamos a entrar.

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Modelo de catálogo. Prensa de engranaje

Quiero insistir en la idea de que el sector primario del momento no fue un sector modelo ni moderno, ya que de forma paralela a esta exitosa mercantilización de la agricultura la sociedad del momento vivía en continuas crisis de subsistencia, abundantes fueron las revueltas y revoluciones entre el XIX y el XX donde el campesinado pedía pan y justicia.

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Talleres Trigueros, operarios trabajando con bombines hidráulicos. (catálogo de fábrica, 1908)

Centrándonos en lo que nos interesa, al calor de esta mercantilización de la agricultura aparecieron entre mediados del XIX y principios del XX un amplio abanico de fundiciones y talleres dedicados a la producción de utillaje agrícola en general y que configuraron una importante industrialización en Andalucía, latente pero en lenta decadencia hasta que la insensata autarquía de los años 40 del siglo XX acabó con todo el sector, debido a la imposibilidad de importar las tan necesarias piezas y tecnología de Europa para una dinámica modernización acorde a los tiempos.

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Arado de vertedera elaborado en metal.

 Algunos de los talleres ferreteros y fundiciones de Málaga

Desde mediados del XIX, bajo el nombre genérico de fundiciones aparecen en Málaga un buen número de talleres que fabricaban a partir de lingotes y planchas de hierro o bronce una gran gama de utillaje agrícola (además de otros productos que no trataremos por salirse de la temática), especialmente prensas e instalaciones completas para molinos aceiteros, harineros, lagares y otras fábricas relacionadas con el sector agroalimentario. No podemos dejar de lado otras piezas y herramientas como pesas, norias, bombas de riego, romanas y básculas, arados y todo aquello que esté relacionado con el mundo agrícola y estuviera elaborado en metal.

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Plano de la Málaga industrial. Facilitado por la Asociación en Defensa de las Chimeneas,.

Aunque fueron los grandes talleres Giró y Heredia los que abrieron el sector industrial en la Málaga del primer tercio del XIX es a partir de 1880 cuando se observa una explosión de talleres ferreteros, entre los que destacan Trigueros, Eduardo Gaa, Herrero Puente, o la famosa Heaton, todos ellos talleres modernos equipados con hornos para refundir el metal y herramientas necesarias para trabajar el metal. Tras una etapa de pérdida de fuerzas a finales del XIX, relacionada con la crisis finisecular que afectó a toda Europa, vemos aparecer, añadidas a los ya existentes, otras nueve empresas. Aunque es justo decir que la época dorada de los talleres quedaron atrás, el siglo XX contó con una importante red de talleres y fábricas dedicadas a la producción de maquinaria, hasta que como se comentó líneas arriba, la autarquía franquista arrasó con un tejido industrial que daba ya síntomas de agotamiento.

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Altos hornos ” La Constancia”

Dejando a un lado el conocidísimo taller de Heredia, a continuación, algunos de los principales talleres ferreteros y fundiciones dedicados a la fabricación de utillaje agrícola y cuya maquinaria aún podemos encontrar abundantemente por los lagares y almazaras de Málaga. El listado y su descripción proceden del magnífico e indispensable trabajo publicado “Cien años de historia de las fábricas malagueñas” editado por Acento Andaluz.

Fundición Ruperto Heaton y Bradbury.

Abrió sus puertas en 1870 y no cerró hasta los años sesenta del siglo XX. Por sus puertas salían máquinas a vapor, calderas, bombas a vapor, bombas de riego, ruedas hidráulicas y turbinas, prensas hidráulicas, de engranaje y de palanca, molinos harineros y de azúcar, puentes, etc. Tras su cierre en los años 60 del siglo XX sus naves fueron alquiladas a los talleres Taillefer.

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Fundición Trigueros.

Esta fundición abrió sus puertas en 1840 y estuvo trabajando hasta después de la I Guerra Mundial. Esta empresa estuvo reconocida por diversos premios y distinciones. La familia Trigueros siguió una política de permanente renovación tecnológica, como por ejemplo, que en 1870 dispusiera de una máquina a vapor vertical dotada de una bomba rotatoria Destriz, especialmente adecuada a los hornos de fundición. A partir de principios del siglo XX se especializa en molinos de aceite movidos por motores eléctricos, vapor o caballería, molinos hidráulicos, norias, bombas y calderas.

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Prensa de tornillo Trigueros.

Fundición Herrero Puente

Fue creada en 1870 por Antonio Herrero Puente y se mantuvo en funcionamiento hasta 1920. Dedicada a la fundición de hierro y bronce, llegó a convertirse en uno de los establecimientos más importantes del sector. Fabricaba y reparaba todo tipo de maquinaria aunque estaba especializada en utillaje agrícola, norias y molinos. De sus instalaciones salió la monumental farola que adornó la Plaza de la Constitución desde los primeros momentos del siglo XX hasta el año 65.

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 Fundición Cayetano Ramirez y Pedrosa.

La fundición fue creada en 1916 por dos maestros de taller de la empresa de Tomás Trigueros.Desde un principio se especializó en las construcciones mecánicas, destacando la fabricación de equipos completos para aceiteras y lagares. De sus puertas salieron un gran número de equipamientos completos para fábricas aceiteras. Su fundición estuvo en activo hasta tiempos muy recientes.

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Bombín hidráulico Cayetano Ramirez.

Pero la lista continúa, Orueta Hermanos, Eduardo Gaa, Enrique Fazzio, Talleres Benitez, Constructora andaluza, Talleres Martos y no hay que olvidar que la aparición de talleres no fue un fenómeno de Málaga capital, otros núcleos como Velez Málaga o Antequera contaron con sus propios talleres de maquinaria agrícola; hablamos de Mariano Bertrán de Lís, Manuel Alcaide y Luna Perez en Antequera, o Fundiciones Diego Diaz en Velez Málaga.

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En definitiva, la provincia malagueña (junto con otras provincias andaluzas) contó con un rico y variado abanico de talleres especializados en la fabricación de maquinaria agrícola que hizo posible la mercantilización competitiva en Europa. Incomprensiblemente de aquel tejido industrial poco queda ya en una comunidad autónoma que sigue dependiendo en buena medida de la exportación de la producción agroalimentaria teniendo que recurrir a la importación de maquinaria agrícola europea, pero no es tema a debatir aquí sobre lo descabellado de la situación, lo que si es cierto es que los campos de Málaga cuentan con una gran cantidad de maquinaria abandonada fruto de aquella época dorada, pasto del abandono y del expolio, y ya que perdimos el salto a la industrialización, al menos no nos permitamos el lujo de perder nuestra memoria y nuestro legado histórico.

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 – Las fotos procedentes del catálogo de Trigueros han sido facilitadas por la Asociación en Defensa de las chimeneas y el Patrimonio Industrial. 

Si quieres saber más: 

– Cien años de historia de las fábricas malagueñas (1830-1930) Santiago Ramos, A., Bonilla Estébanez I., Guzmán Valdivia A., Editorial Acento Andaluz. 

Ruta senderista: ” Los Montes de Málaga antes de la filoxera”

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Los Montes de Málaga, antes de ser parque natural, tuvieron vocación viticultora.  Desde la Edad Media hasta finales del siglo XIX las laderas de los Montes estuvieron sembradas de extensos viñedos, produciendo un vino cuya fama llegaría hasta la corte de los zares Rusia. Hoy en día cuesta imaginarse que los pinares que pueblan este agreste paisaje fue hace más de un siglo una tierra salpicada de parcelas labradas intensivamente, de lagares, de majestuosas casas señoriales y de pequeñas aldeas.

¿Pero cómo surgió todo esto? ¿Cómo era la vida y las casas de aquellas gentes? ¿Qué queda de todo aquello?

Fruto de aquel pasado agrícola nos ha quedado un patrimonio etnológico y arquitectónico hoy apenas conocido por los malagueños, en un agradable paseo siguiendo el curso del arroyo Chaperas visitaremos algunos lagares de los siglos XVIII y XIX haciendo una mirada distinta a la agricultura, la sociedad rural, la arquitectura popular y la crisis que acabó con un mundo tan viejo como los propios Montes.

Comenzaremos nuestra ruta visitando el Lagar de Torrijos, en pleno Parque Natural Montes de Málaga, un precioso edificio de la primera mitad del siglo XIX dedicado a una producción mixta de vino y aceite. La explotación alberga entre otros muchos elementos de interés una de las últimas prensas de vino tipo viga de la provincia, tinajas de fermentación y una interesante almazara de aceite. Seguiremos caminando por un sendero de fácil recorrido visitando y conociendo los restos de otros lagares como Benefique, Pacheco bajo, Santillana, Chinchilla y Serranillo. De vuelta, a las 14:00h. aquellos que lo deseen tendrán oportunidad de degustar en el lagar de Torrijos unas migas y un poco de vino dulce de la zona.

  •  ¡¡¡ESTRENAMOS el domingo 12 de abril !!!
  • RESERVA TUS PLAZAS en el 692.717.612 o en info@cultopia.es indicando tu nombre, el número de plazas que necesitas, y un teléfono de contacto
  • Precio: 6€/persona [sólo ruta], o 12€/persona [ruta y migas]
  • Punto de encuentro: A las 10:00 am, en el parking del Ecomuseo Lagar de Torrijos [Ctra. C-345 Málaga-Colmenar] Para acceder tomamos un carril que encontramos en la A-7000, pasado un kilómetro de la Fuente de la Reina, en sentido Málaga-Colmenar y a unos 20 kilómetros de la capital
  • Duración: aproximadamente de cuatro horas. Se recomienda ropa y calzado cómodos, y que vayan provistos de agua

Más información en Cultopía Gestión Cultural.

Contenidos e itinerario a cargo de Álvaro Amaya Ríos, historiador interesado en las explotaciones agrícolas de la Edad Moderna, ha realizado cursos de documentación y catalogación de arquitectura popular española. Actualmente realiza estudios en el catastro de Ensenada sobre la división administrativa del mundo rural malacitano en el siglo XVIII. Colabora con la Asociación Amigos Montes de Málaga en la preparación de un catálogo de arquitectura popular en Málaga, además, gestiona el grupo de divulgación “Lagares y Cortijos” en el blog, Facebook y Twitter .

La alegoría perdida de Jotrón.

Mucho se ha escrito del lagar de Jotrón, y no es para menos, pues representa uno de los primeros modelos de residencia veraniega de la burguesía comercial malagueña. Aunque la antigüedad de este edificio es mayor, este enorme lagar situado junto al arroyo de Los Frailes, en pleno corazón del P.N. Montes de Málaga, aparece referenciado en el Catastro de Ensenada y sus revisiones de 1771. Se describe para la época como una casa con finca, con una extensión de 120 obradas destinadas a viñas, 200 olivos, 10 almendros, 12 higueras, 20 fanegas para cereales, 20 colmenas para miel, un huerto de frutales y un gran encinar dedicado a la producción de bellotas, y por si fuera poco, andando el siglo XIX esta explotación aumentaría significativamente de tamaño. Estamos hablando sin lugar a dudas de una de las fincas más importantes de estos pagos, a la altura del lagar de las Avemarías o Almendrales, pero no podemos entender Jotrón sin explicar la historia de uno de sus más insignes inquilinos, Juan Bautista Maury.

Lagar de Jotrón, fachada principal.

Lagar de Jotrón, fachada principal.

La familia.

Juan Bautista Maury (1740-1804), fue un comerciante nacido en Olorón, Francia. Su trayectoria profesional fue tomada por los malagueños del momento como modelo de éxito empresarial, y es que este joven inmigrante empezó siendo aprendiz de mercader de ropas a los 12 años, pero pronto iría escalando puestos al calor de la bonanza económica de aquellos años, hasta tal punto que en 1784 lo vemos como promotor y socio fundador de la Compañía de Caracas de Málaga, y en 1791 ya estaba al frente de su propia compañía comercial “Juan Bautista Maury, hermanos y Cía”. Al morir, había dejado una herencia de 800.000 reales de vellón, una estupenda posición social a sus hijos (que seguirían con el negocio comercial) e importantes propiedades en la ciudad y el campo.

Uno de sus hijos, Jose María Maury,  llegó a ser un reconocido poeta. Fuente fotográfica.

Uno de sus hijos, Jose María Maury, llegó a ser un reconocido poeta. Fuente fotográfica.

Pasada la Guerra de Independencia, los bienes raíces de la familia Maury fueron expropiados, pues como comerciantes descendientes de franceses se situaron en el punto de mira de los sentimientos revanchistas de la población local. Su famosa casa de la Alameda, una finca junto al hospital de San Lázaro y otra de regadío en Torremolinos pasaron a manos españolas, sin embargo, Jotrón siguió ligado por el momento a la familia Maury.

Arquitectura del lagar.

La descripción más amplia de la finca la encontramos en el testamento postmortem de Juan Bautista, ya que ahí se describe y contabiliza la construcción, el lagar, el huerto, los aperos, las barricas destinadas al vino, muebles y un largo etc. aportándonos interesantes datos sobre el patrimonio mueble e inmueble de la burguesía malagueña de finales del XVIII. Como curiosidad, dentro de la explotación lo más valorado son las tinajas de barro y las barricas de vino, con una tasación de unos 17.000 rs v., y la viga del lagar, con una tasación de 3.500 reales de vellón. Estos datos, basados en los completísimos estudios de Mª Begoña Villar García sobre la familia Maury, arrojan también la posibilidad de que el aspecto conocido de Jotrón se deba a unas reformas llevadas a cabo alrededor de 1775, pues hay que recordar que el edificio ya existía tiempo atrás.

Pocos son los restos que van quedando de este enorme lagar.

Pocos son los restos que van quedando de este enorme lagar.

En cuanto al edificio en sí, es de planta cuadrangular de 37×30 ms. aprox. con un gran patio interior, a diferencia de otros lagares de nuestros hinterland, Jotrón aparece construido como fruto de una planificación arquitectónica, pues su planta y sus salas presentan un correcto orden y  división de funcionalidades. Su fábrica está realizada con los materiales de la típica construcción de Los Montes, mampostería para los muros, ladrillos en verdugadas, cadenas y jambas, y un mortero de barro pobre en cal, que si aparece con mayor prodigalidad en enfoscados y enjalbegados. Las viguerías de forjados están realizadas en cuartones de madera, y por desgracia, poco podemos decir de su cubierta y suelos, ya que se han perdido en su totalidad. El edificio contaba con las instalaciones propias de un lagar de montes; bodega, lagar de pisar y viga de husillo, tinajas para la fermentación, pajar, almacenes, cocina, señorío para los propietarios e incluso una capilla. Mención especial a un horno enorme que posiblemente fue utilizado para la fabricación de ladrillos.

La fachada aparece con una distribución ordenada de grandes vanos, como es característico en una construcción noble como esta, donde el esparcimiento ocupaba una posición tan importante como la producción de vino. La torre de contrapeso, de unos 15 metros aprox de altura y situada en el lado este del edificio, cuenta con un preciosa terminación mixtilínea de líneas barrocas, rematado todo ello por tres jarras de cerámica.

Hay quien sostiene que el edificio fue diseñado por el propio Martín del Aldehuela, artífice entre otras obras del Acueducto de San Telmo, y en cierto modo podemos observar que el remate de su torre de contrapeso recuerda a la decoración de las fuentes como la de Calle Los Cristos o la desaparecida de Fuente Olletas, pero la verdad es que difícilmente podemos afirmar tal relación, ya que no existen evidencias documentales de ello.

Comparativa de la Fuente Olletas y la torre de contrapeso.

Comparativa de la Fuente Olleta y la torre de contrapeso. Foto de Fuente Olleta. 

Las pinturas murales.

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Alegoría de Jotrón, olvidada en el altillo de un conocido museo.

Como sabemos, durante el siglo XVIII fue costumbre extendida decorar los paramentos de los edificios con pinturas que hacían alusiones religiosas, mitológicas, heráldicas o simplemente simulaba elementos arquitectónicos o geométricos. Al parecer tal moda pudo estar incentivada por los descubrimientos de Herculano y Pompeya en la década de 1740, cuyas pinturas revolucionaron el mundo de las artes decorativas del XVIII.  Los lagares pudientes de Los Montes no escaparon a esta moda y muchas de sus fachadas y capillas se adornaron con estas alegres pinturas, legado que por desgracia se están perdiendo irremediablemente en el más triste de los anonimatos. Queda aún mucho por saber del mundo de las pinturas murales en la Málaga del XVIII, y en concreto su difusión en Los Montes, pues la gran mayoría de estas pinturas no se encuentran ni catalogadas, y mucho menos se sabe de sus autores y talleres artísticos.

Detalle de la cabeza.

Detalle de la cabeza.

Jotrón también contaba con una serie de pinturas murales repartidas en sus paramentos. De autoría desconocida, tres alegorías y unas guirnaldas decoraban la fachada principal y la torre de contrapeso del lagar.

En la fachada principal y situadas a media altura, aparecían enfrentadas dos alegorías, cada una a un lado del vano de acceso. Representadas por dos figuras femeninas la primera de ellas, desaparecida por la ruina del edificio, vestía un gorro frigio y portaba una canasta con frutas, la otra, que por suerte fue retirada y restaurada por el equipo dirigido por Estrella Arcos Von Haartman en el año 1996,  se presenta sosteniendo un cántaro que vierte agua y vistiendo una túnica. Ambas alegorías estaban unidas por una guirnalda, también desaparecida por el derrumbe del muro.

La tercera figura, que estaba en un estado aceptable en el año 1996,  representaba a un Mercurio con un caduceo, símbolo ligado al comercio y con seguridad a la profesión de la familia Maury. Por desgracia el Mercurio ha desaparecido por completo en los últimos años, vislumbrándose a duras penas el caduceo con las serpientes.

Del Mercurio a duras penas es visible una parte del caduceo.

Estado lamentable del Mercurio.

La simbología de las figuras no está en absoluto clara, aunque es posible que hicieran referencia a la fertilidad, la riqueza y el comercio antes que a las estaciones del año como se ha llegado a sugerir.

La alegoría del cántaro de agua

La figura femenina, coloreada en tonos rojizos y sombreados, aparece vestida con una túnica y sosteniendo en su mano izquierda un cántaro que vierte agua, su mano derecha recoge con delicadeza la túnica. La cabeza girada a su derecha, luce un peinado adornado con cintas.

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Según Estrella Arcos la alegoría, al igual que las otras desaparecidas, está realizada en mezzo fresco, esta técnica se aplica sobre la clásica secuencia “intonaco” y “arricio”  (revocos superpuestos y de diferente granulometría), el contorno de la figura se marcaba o rasgaba cuando el revoco estaba aún fresco sobre un modelo de dibujo prediseñado. Cuando el  revoco endurecía, se coloreaba en seco con pigmentos mezclados con una aguada de cal para asegurar su fijación, el pigmento rojo o almagra se sacaba del óxido de hierro. Esta técnica ofrecía una mayor elasticidad a la hora de realizar figuras humanas, pues permitía sombreados y la fácil corrección de errores, el mal estado de la parte inferior de la pintura hizo imposible la conservación de las piernas de la alegoría.

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Detalle de las cintas, donde es perfectamente visible las incisiones sobre el revoco y las tonalidades de la almagra.

Incomprensiblemente la pintura se encuentra guardada en un altillo fuera de la vista del público general. Despues de la trabajosa labor de recuperación y restauración no se entiende que esta interesante alegoría duerma el sueño de los justos sin ocupar un merecido lugar en el Museo de Artes Populares de Málaga o en el museo etnográfico de Torrijos. Por ahí está, olvidada, testigo mudo de una época de la que poco a poco va quedando menos.

Las fotos de las pinturas pertenecen al archivo personal.

Fuentes:

Catastro de Ensenada, Libros de Hacendados. AMM. Leg 95-110.

– Villar García, Mª. B. El lagar de Jotrón, testimonio simbólico de la movilidad social de un comerciante francés instalado en la Málaga del XVIII. 

– Muñoz Martín, M. De Viñedo a Pinar, El Parque Natural Montes de Málaga.