Una fábrica hidráulica de cubo: molino de Montosa

El régimen de lluvias escasas e irregulares y la orografía accidentada de Málaga oriental, explica el éxito del sistema hidráulico de cubo en la Axarquía. Basta con liberar el agua acumulada en un depósito vertical de cinco a diez metros de altura para imprimir movimiento a las palas de un rodezno. Con este elemental procedimiento se obtiene la misma fuerza que con otros sistemas, pero con una cantidad mucho menor de agua, además, esta máquina ofrece un mantenimiento muy económico, ya que su versión más sencilla carece de engranajes de linterna como los empleados en las clásicas ruedas verticales o azudas, donde las roturas de los cajales son frecuentes. Desde que empezaron a popularizarse en los siglos XV-XVI, los molinos harineros de cubo de la Axarquía tuvieron escasa competencia tecnológica, pues las tahonas tiradas por fuerza animal y los pequeños molinos de mano eran las únicas alternativas presentes en la zona. Fue con la tímida aparición a finales del siglo XIX de maquinaria a vapor en instalaciones como San Isidro en Vélez-Málaga, y más adelante, la incorporación masiva de motores diésel y eléctricos, cuando estos sistemas hidráulicos se mostraron obsoletos, entrando en una etapa de decadencia irreversible.

Las fábricas hidráulicas de cubo han llegado hasta nuestros días en un estado variado de conservación, al carecer de utilidad, sus propietarios procedieron a reformarlos como viviendas o directamente las desmantelaron o abandonaron. Aun así, hay algunos casos que por simple olvido o tras una decidida restauración se han conservado en un aceptable estado.

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Molino próximo al nacimiento del Guadalmedina, Antequera

 El molino de Montosa

Esta fábrica de cubo situada en Sedella recibe su nombre por el último propietario y molinero, Antonio Montosa Palacios, aunque tradicionalmente también ha sido conocido por los habitantes del pueblo como Molino Alto, ya que se encuentra en la ladera de una colina cercana al núcleo urbano. Sin descartar una antigüedad mayor, encontramos una referencia de este molino en el año 1752, con las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada. Aquí se indica que este molino movido por agua y de un solo juego de piedras, es el único existente en el pueblo, siendo propiedad de Don Julián de Aro.

Durante el siglo XIX, el molino seguía trabajando por la creciente demanda de harinas debido al aumento significativo de la población, y es aquí cuando se abre un segundo molturador harinero en el pueblo, posiblemente una tahona localizada en el núcleo urbano. La aparición de un nuevo molino contrasta con el déficit de trigo y cebada que venía arrastrando el pueblo de Sedella, acentuado por el crecimiento demográfico. La agricultura local era totalmente incapaz de proporcionar los cereales necesarios y había que recurrir a la importación con arriería desde zonas productoras como Alhama de Granada, circunstancias que aún se mantendrían a comienzos de los años 40 del siglo XX.

Más adelante, la fuerte emigración causada por la crisis post-filoxérica y la importación de harinas industriales procedentes de Vélez-Málaga, provocaron que entre los años 1955 y 1960 el obsoleto molino de Montosa cerrara definitivamente, quedando abandonado y en proceso de paulatina ruina, hasta que en julio de 1994, el Ayuntamiento de Sedella decidiera comprar el inmueble a sus últimos propietarios y procediera a su restauración.

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Molino Alto o de Montosa, Sedella

El edificio está asentado sobre un afloramiento esquistoso de una ladera situada al norte del pueblo de Sedella. Su planta conforma un rectángulo de 15m. de largo por 4 m. de ancho, la orientación de la construcción es sur-sureste. En su fachada delantera aparecen con distribución irregular seis vanos a distintos niveles, correspondiendo uno al cárcavo de evacuación, elaborado con un arco rebajado de ladrillos macizos. Los restantes vanos, acceso y ventanas, se ejecutan con dintel de madera. Destacan unos retranqueamientos del muro a lo largo de la fachada. Los muros del edificio están elaborados con fábrica de mampostería del lugar con aparejo irregular, donde se alterna la piedra con ripios cerámicos, no apreciándose el uso del ladrillo macizo más que en el arco del cárcavo. El mortero original de la obra debió tener las proporciones tradicionales en la zona, esto es, cuatro paladas de arena escasamente cribada por una de cal apagada. El revestimiento original de las paredes ha sido picado y sustituido por otro ejecutado con cemento moderno y pintura plástica.

Durante el abandono de la instalación se perdió gran parte de su cubierta, siendo necesario durante la restauración cambiar la totalidad de ella. La cubierta, de un agua, descansa sobre viguería de cuartones de madera nueva que reemplazan a los rollos de roble, madera común en las carpinterías tradicionales del lugar. Sobre las vigas aparece fijado con clavos el tableado de madera barnizada, y sobre este, las tejas árabes. No existe recuerdo sobre si la cubierta original se encontraba protegida por la típica torta o alcatifa de tierra cribada que se aplicaba entre el tableado y el tejado. El alero rematado con un listel de ladrillos macizos dispuestos a tizón y una superposición a doble teja conforma el único elemento decorativo del conjunto.

Ya en el interior del molino encontramos una distribución en planta baja y altillo de madera. La planta baja cuenta con una sala principal con un pequeño hogar. En esta sala se realizaban tareas de diversa índole, como por ejemplo, el peso con romana de los sacos de cereal. Sin salir de esta planta, a una altura de 1,44 m. y accediendo por una pequeña escalera de obra y con cuatro escalones, se encuentra la sala de molturación. Toda la planta baja cuenta con la solería original de mazaríes de 28×28 cms. En un segundo nivel hay un altillo utilizado como almacén de cereales, elaborado con una madera barnizada que sustituye al original.

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Interior del molino

 

Hidraúlicas

El molino de Montosa cuenta con todos los elementos hidráulicos característicos de un sistema de cubo: presa, caz, cubo y rodezno. En general, los únicos materiales empleados en su ejecución son mampuestos de la zona y mortero de cal. Siguiendo el recorrido que realiza el agua a su paso por el molino, el primer elemento que se encuentra es la presa. Esta está situada en la parte trasera del molino y a una altura superior respecto a este de diez metros aproximados. Aquí se embalsan las aguas acequiadas desde el arroyo Encinar, que brota en las rocas calizas de Sierra Tejeda. La presa original conformaba un polígono irregular horadado sobre el suelo de esquistos. Sin ningún tipo de revestimiento en el fondo ni en paredes, la única obra que aparecía era un pequeño muro que contenía la compuerta de comunicación con el caz del molino. Actualmente la presa tiene un revestimiento de cemento para evitar pérdidas.

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El siguiente componente que encontramos es el caz. Esta canalización de 17,92 m. de largo tenía por función llevar el agua desde la presa hasta el cubo manteniendo la altura de aquella, pues hay que recordar que presa y molino se encuentran a niveles distintos de altura. El caz contaba con un aliviadero para controlar el caudal de aguas y evitar que rebosaran, actualmente desaparecido tras las reformas. La estructura también cuenta con mechinales, huecos utilizados para evacuar las perjudiciales filtraciones en el interior de la obra. Todo ello está realizado con la misma fábrica que el resto del edificio, aunque se evidencia una abundante utilización de cemento en la restauración.

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Caz del molino

El caz desemboca en el cubo. Este es un depósito vertical con forma de cilindro cuya misión es suministrar agua a presión al rodezno. El códice de hidráulicas atribuido históricamente a Juanelo Turriano y escrito en la segunda mitad del siglo XVI, 21 libros de los ingenios y máquinas, explica en el capítulo undécimo como debían elaborarse estos cubos para obtener los mejores resultados, ya que volumen y presión hidrostática jugaban una importante relación. El autor especifica que estos cubos debían tener una altura mínima de 30 palmos castellanos (6,26 m.), la boca o entrada debía tener una proporción de cuatro partes y la salida inferior una cuarta parte. En cuanto al espesor de las paredes del cubo, se aconseja tener una relación de una cuarta parte del diámetro del conducto. Recalca el códice la importancia de usar mortero y mampostería, además de la necesidad de insertar mechinales.

Se observa que el cubo de Montosa con una altura de 8m. aproximados, su fábrica de mampostería y mortero, el uso de mechinales y las proporciones de entrada y evacuación cumple con las indicaciones del códice, además destaca el aumento del grosor del cubo en gradiente, a fin de reforzar la estructura de la presión ejercida por el agua. Esta coincidencia entre códice y construcción demuestra que el molino debió ejecutarse por algún alarife que conocía bien las técnicas hidráulicas, por lo que la obra es producto de la autoconstrucción, quedando por saber la procedencia y grado de difusión de los conocimientos en técnica hidráulica, además del desarrollo del oficio de constructor de estos sistemas en la comarca de la Axarquía.

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Torre donde está situado el cubo

El ciclo del agua termina cuando ésta es liberada a través del saetín o saetía, una canaleta de madera que recoge el agua de la parte más baja del cubo y la proyecta a presión contra el rodezno. Conviene que el saetín no apunte al rodezno de forma perpendicular, sino con cierta inclinación sobre las palas para imprimir una mayor fuerza de movimiento, como así sucede en el caso estudiado. Se observa también que el saetín se regulaba manualmente mediante una pequeña tapadera, en la actualidad desaparecida.

El siguiente elemento analizado es el rodezno, este es una rueda horizontal que mueve de manera solidaria la piedra corredera a través de un eje de hierro. El libro 21 libros de los ingenios y máquinas indica que la proporción ideal de estos rodeznos debe ser de 2 m. de diámetro, pero estas medidas presentarían problemas de torsión en el sistema, encontrándose que la gran mayoría de rodeznos de la península Ibérica tienen unas medidas comprendidas entre 0,80m. y 1,5m. de diámetro. En el caso de Montosa es difícil calcular el diámetro del rodezno ya que todas las palas o álabes se encuentran podridos y partidos por el proceso de abandono sufrido, pero cabe suponer una medida que sobrepasaría escasamente 1m. El rodezno tenía 8 álabes de madera, recogidos con un cercillo o fleje de hierro para evitar que estas trabajen en falso. El eje del sistema está elaborado en dos piezas, una de madera llamada maza y situada en la parte más baja, y otra de hierro llamada palahierro, ambas unidas por abrazaderas conocidas por el nombre de sortijas, diseñadas para facilitar el recambio de las dos piezas. El eje estaba unido a la piedra corredera mediante una pieza de enganche llamada lavija.

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Rodezno

El agua sale finalmente a través del cárcavo, una abertura al exterior de 1,40m. de anchura cuyas paredes se encuentran recubiertas de sedimentaciones calcáreas procedentes de siglos de salpicaduras de agua. Una canalización llamada socaz lleva el agua a la acequia principal, que serpentea ladera abajo regando las distintas huertas que se encuentran a su paso. Es interesante mencionar que en la acequia de Sedella se mantiene la arcaica figura del regador o regante, un cargo relacionado con la difícil gestión del agua y que hunde sus raíces en el mundo rural musulmán. Este operario pagado por la comunidad, controla el buen uso de la acequia, de la que molino y huertas se aprovechan. El regador estaba encargado de distribuir según un orden establecido las horas de riegos en las huertas y los cortes para abastecer la presa del molino, que se hacía al caer la tarde. Este cargo servía también para dirimir pequeños pleitos que pudieran surgir entre aquellos que hacían uso del agua.

Las piedras de moltura

La sala de molturación cuenta con la clásica disposición de las piedras de moler. Apoyadas sobre un banco de obra se encuentra la piedra inferior, solera, y la superior, corredera. Las muelas que se encuentran actualmente en el molino tienen un diámetro de 1,30m. y son de tipo La Ferté Expositión, piedras artificiales elaboradas con un conglomerado de sílex procedentes del pueblo francés La Ferté-sous-Juarre. Estas piedras sustituyeron en las últimas décadas de vida de estos molinos a las tradicionales de cantera elaboradas en piedra almendrilla, una roca calcárea que se desgastaba fácilmente. El transporte de las piedras hasta el pueblo de Sedella se realizaba por fuerza de brazos, pues hasta la llegada del camino asfaltado en los años 40 del siglo XX, las vías de comunicación apenas eran aptas para la arriería. Las piedras cuentan en sus caras interiores con unos canales labrados o arroyos para triturar el grano. Estos arroyos recorrían de forma radial la muela y siguiendo el sentido de giro del rodezno. Debido al desgaste, los arroyos debían ser labrados de nuevo cada cierto tiempo, y para ello, el molinero contaba con la ayuda de la cabria, grúa abatible que permitía levantar las piedras y voltearlas. En el caso de Montosa, la cabria se encuentra en perfecto estado y como detalle, cuenta con el arriostramiento que le ofrece un madero anclado en los muros de carga del edificio. Fruto del expolio, casi la totalidad de las piezas y herramientas fundamentales en el proceso de molturación desaparecieron tras el cierre definitivo del molino.

La tolva, donde se vaciaban los sacos de cereales, el levador de las piedras, que permitía regular el grosor de la harina, o el guardapolvo, una funda de madera que colocada encima de las piedras evitaba que durante la molienda la harina se esparciera, son algunos de los ejemplos que se echan en falta.

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Resumen preprint procedente del artículo publicado en la revista SAC de Vélez, publicado en el año 2015. Si te interesa consultar el artículo completo puedes verlo en este enlaceSOCIEDAD / 14 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD DE AMIGOS DE LA CULTURA DE VÉLEZ-MÁLAGA / 2015

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Las estufas de pasas

El sistema de pasificación en toldos o paseros presentaba una serie de inconvenientes. En primer lugar, entrados los meses de otoño el proceso de secado se podía ver afectado por la presencia de lluvias o la disminución de horas de sol. Por otra parte, el método tradicional de soleo requería un tiempo de algo más de dos semanas para obtener el producto deseado, pudiendo ser esto un serio contratiempo en las explotaciones que contaban con una gran cantidad de viñas. Para evitar la ruina de la cosecha o reducir los tiempos de producción, en las fincas agrícolas dedicadas a la pasa solían contar con unas instalaciones conocidas como estufas, llegando a ser su presencia tan difundida en el paisaje de viñas de La Axarquía como lo fueron los propios paseros.

                Aunque existen ligeras variantes, por lo general las estufas se caracterizan por ser un recinto cubierto con una caldera en su interior. El funcionamiento era sencillo, una vez repartidas las cargas de uva en estanterías, se caldeaba el lugar quemando carbón mineral con el fin de desecar el fruto. En torno a un día, se obtenía una pasa aceptable para la comercialización, aunque esta era considerada de menor calidad que la pasa soleada.

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Estufa en el valle del Guadalhorce

                En cuanto a la descripción arquitectónica de las estufas, estas se definen por ser una edificación de factura sencilla con escasas particularidades. Suelen localizarse en las inmediaciones de la casa de campo y los paseros, su planta es rectangular o cuadrangular, de una sola altura, con una cubierta de tejado a uno o dos planos y un solo vano de acceso para lograr el mayor aislamiento posible en el interior. Respecto a los materiales y técnicas empleadas en la construcción, son los mismos que se utilizan en la arquitectura tradicional de cada comarca, por lo general, mampostería trabada con barro o mortero de cal para los muros, y cañizos, alcatifa de tierra y tejas cerámicas para la cubierta.

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Dibujo de estufa tradicional de La Axarquía

                La caldera, pieza principal de la instalación, se resuelve con una obra de mampostería o ladrillos cerámicos tanto para el hogar como para el conducto de salida de humos. Esta ocupa una posición central en la estancia a fin de irradiar el calor a todos los lados de forma homogénea, aunque también puede situarse en alguna de las esquinas. En cuanto a las estanterías, sus baldas ocupaban el perímetro de la sala, superpuestas en grupos de tres o cuatro. Las más primitivas se confeccionaban con cañizos o zarzos atados con hiscales o con simples tablones, algo más evolucionadas son las baldas confeccionadas con mallas de alambre y marco de madera.

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Sección de muro. Detalle del sistema de fijación de las baldas en los atanores

                El elemento de mayor singularidad de estas construcciones lo ofrece el sistema de fijación de las baldas a la pared, para ello, durante la construcción de los muros se insertaban y repartían de forma regular tubos cerámicos o atanores, dispuestos en horizontal y con uno de los extremos o boca dando al interior de la estancia. A continuación, sobre estos atanores se introducía una vara de madera que haría de sustento a la balda. Este sistema permite retirar las estanterías de forma sencilla y rápida para operar en el interior de la estufa. Otros sistemas más evolucionados se desarrollaban con estanterías abatibles mediante goznes, pudiendo aún encontrarse algunos ejemplos en el valle del Guadalhorce.

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Goznes para estanterías abatibles.

                A pesar del papel que jugaron y de su importancia en la cultura agrícola de incluso otras regiones, pues este sistema llegó a Alicante de manos de emigrantes malagueños a finales del siglo XIX (Fuster Montagud, 2015), el descenso de producción y los cambios en las técnicas dieron como resultado el abandono de las estufas. En la actualidad, la práctica totalidad de ellas están en ruinas o se han reconvertido a otros usos, siendo una parte de la cultura de la pasa olvidada y escasamente documentada, pasando desapercibida cuando se alude a los sistemas de producción agrícola de La Axarquía. Sería de interés que la reciente inclusión de los sistemas de producción de la pasa en el SIPAM de la FAO tenga como una de sus consecuencias  la promoción del estudio y preservación de los escasos ejemplos que quedan de estas construcciones tan características.

 

 

 

El lagar de Cerrado Victoria.

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Situado en una de las laderas del Cerro de la Matanza, partido rural del arroyo Jaboneros, este lagar era un curioso ejemplo de explotación agrícola en los Montes de Málaga por su histórica localización y por ser una de las fincas más grandes del entorno. Aunque de momento desconocemos datos anteriores al siglo XVIII, sabemos gracias al Catastro de Ensenada (para la ciudad de Málaga, año 1753) que este inmueble adscrito a la división parroquial del Sagrario era una de las innumerables propiedades del convento de Nuestra Señora de la Victoria.

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Según dicha descripción, Cerrado de Victoria o Hacienda de la Victoria era un lagar con horno, caballerizas, despensa, cinco salas altas (que nos hablan de una construcción de importancia), lagar de pisar con viga de husillo y una bodega de 35 tinajas de tipo morisco con 2000@ de capacidad (32.200 litros de vino), calculándose un valor total de la construcción de 275 reales de vellón, además de una capilla donde estaría una imagen de la virgen María realizada en madera y que por fortuna, se conserva, aunque eso, sí, un poco desfigurada tras unas “restauraciones” llevadas a cabo en 1940.

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Tras la restauración, la imagen quedó muy desmejorada. Foto por cortesía de Ignacio Krauel.

La hacienda contaba en aquel siglo XVIII con una de las pocas almazaras de aceites de los montes, ya que albergaba una pequeña molineta con un mortero de piedra movido a caballo. Para el prensado del aceite se utilizaba la misma viga de husillo del lagar de vino, cosa poco frecuente y extraña, ya que por mucho cuidado y limpieza que se dispusiera, la mezcla de productos alteraría notablemente sus sabores.

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Vista general del lagar antes de la reforestación de esta parte de los Montes en 1960. Foto cortesía Ignacio Krauel.

En cuanto a sus tierras agregadas, Cerrado de Victoria contaba con una pieza de secano de 12 fanegas de mediana calidad dedicadas al cereal “de pan llevar”, tierras estas, que fueron cedidas a favor del convento por Maria Teresa de Priego, vecina de Málaga, y por ello, las monjas del lagar realizaban una misa cantada además de dos días de honras al año.

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Tierras inmediatas a Cerrado Victoria, ya reforestadas.

En lo referente a sus viñas, la Hacienda de la Victoria tenía 36 obradas de diferentes calidades (una obrada puede contener hasta 500 cepas) y una pieza de seis fanegas inútiles por naturaleza. Sin lugar a dudas, el orgullo de la Hacienda de la Victoria sería una inmensa parcela de 250 fanegas sembradas con distintos árboles que lindaría con los lagares de Garavía (sic) y Milla, sembrada con 900 olivos y 330 acebuches, 1050 almendros, 780 encinas y 36 algarrobos, además de higueras, cerezos, perales, naranjos, cidros, limones, cipreses etc.

Estas parcelas estarían arrendadas a Pedro Melendez, que las explotaría por una cuantía de 225 reales de vellón y con la obligación de entregar cargas de uvas y otros pagos en especie.
Llama poderosamente la atención que al consultar el pliego catastral de Pedro Melendez la cuantía del arrendamiento varía sensiblemente, ya que este último declara pagar una cifra más elevada que la antes mencionada, además, se obvian las huertas regadas del lagar, objeto también de imposición fiscal. Aquí podemos ver el típico caso de ocultación intencionada, ya que por la naturaleza fiscal de estas averiguaciones no era raro que los propietarios declararan cifras inferiores a las reales y se “olvidaran” declarar algunos bienes raíces, a Dios rogando y la cartera vigilando.

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Las viñas se perdieron tras la crisis filoxérica de 1877, dejándo un campo yermo y deforestado. Cabras pastando en la inmediación del lagar alrededor de los años 1940-50. Foto Ignacio Krauel.

El Cerrado Victoria o Hacienda de la Victoría continuaría en manos eclesiásticas hasta las desamortizaciones de Mendizábal en 1836, cuando se incautaron gran cantidad de fincas rústicas y se demolieron muchos de los conventos de la ciudad, incluido el de Nuestra Señora de la Victoria, en este sentido, en los padrones municipales de 1840 y siguientes ya encontramos a un seglar, Don Juan Barrionuevo, que iniciaría una línea sucesoria de propietarios.

El lagar sufriría años más tarde como tantos otros la llegada de la plaga de la filoxera de 1877 y la crisis finisecular que asoló los campos, dando como resultado una agricultura de bajo rendimiento económico.

Finalmente, ya en el siglo XX, durante la repoblación forestal de la Cuenca del Guadalmedina los terrenos fueron expropiados a Pedro Barrionuevo Ruiz-Soldado a finales de la década de los 50.

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Pliego de expropiación de fincas para la reforestación de la cuenca del Guadalmedina.

Es en este momento cuando se borran tantos siglos de historia, ya que el edificio fue expoliado de forma salvaje, se arrancaron las rejerías y los suelos, se cortaron las viguerías y la obra terminó por desplomarse en cuestión de pocos años.DSC09933

Si nos centramos en el edificio, este era de planta cerrada rectangular (18m x 9 m aprox) dividida en tres naves, y con dos naves perpendiculares (14m x 5 m aprox.) en cada extremo del rectángulo, a esta planta planificada y ordenada se le irían adosando construcciones de menor calidad como tinados y un aprisco de animales que posiblemente le daría su nombre de “cerrado”.

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Localización, fuente: https://goo.gl/maps/W47LP

La Hacienda Victoria es un edificio cuya construcción arroja muchas incógnitas, ya que un estudio más pausado de su obra nos muestra que las naves centrales están realizadas con tapia o tierra prensada y zócalos de piedra, y que a estas se le adosaron las naves laterales donde se ubican el lagar y la capilla citados ya en los documentos del siglo XVIII. ¿Era este edificio de tapia una construcción primitiva? Y si es así ¿De qué época es? queda ahí la pregunta.

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Muros de tapia en la estructura principal del edificio.

Dejando a un lado estos muros centrales de tapia, los paramentos del resto del edificio aparecen con un aparejo de hiladas de ladrillos con cajoneras de mampostería trabados con tierra estabilizada con cal. En las construcciones destinadas a ganados aparece un aparejo irregular a piedra seca y ripios.

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Los suelos, viguerías, cubiertas y otros elementos constructivos fueron expoliados tiempo atrás, por lo que poco podemos decir de ellos, aunque por fotos antiguas sabemos que las cumbreras del tejado tenían las características tejas vidriadas a varios colores.

La fachada principal aparece orientada al SO y sus vanos se distribuían de forma ordenada, destaca aquí una espadaña de aparejo de ladrillo con un vano cerrado con un arco de medio punto. DSC06097

Debajo de esta espadaña estaba la capilla, que contaba con un arco de ladrillo enmarcado en un alfiz y molduras en los estribos, actualmente desaparecido, también destaca un ojo de buey y una hornacina donde supuestamente estaría colocada la imagen de madera.

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Detrás de este grupito de muchachas que celebra su comunión, podemos apreciar la capilla del lagar, hoy prácticamente desaparecida. Foto Ignacio Krauel.

En el otro extremo de esta fachada se encontraba un precioso surtidor con cubierta compuesta de tres planos y una cornisa adornada con molduras, todo ello pintado originalmente de almagra, además, una alberca de riego donde también se ha aplicado almagra para evitar la eutrofización de las aguas.

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En esta curiosa foto sacada desde una ventana se puede apreciar el surtidor de aguas, también desaparecido por el desplome de ese ala del edificio. Foto Ignacio Krauel.

En este ala del edificio aparece la torre de contrapeso integrada y de la que apenas quedan unos restos que sobresalen del suelo.

En el interior del edificio encontramos la nave donde estaría la sala principal con la cocina y su caramanchón o campana y donde en tiempos primitivos debió estar la viga de husillo, del resto de estancias, al encontrarse en un estado muy ruinoso poco se puede decir, aunque con seguridad en la nave paralela debió estar la bodega con las tinajas y en las salas altas el señorío del lagar.

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interior de la primera nave, al fondo, el caramanchón o campana de la cocina. Foto cortesía de Ignacio Krauel.

En la parte trasera con orientación NE aparece el cercado de animales, con los tinados, zahúrdas y gallineros, todos ellos con muros de mampostería irregular, destacan los canales de evacuación de los orines.

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Para finalizar, el lagar contaba con huertas regadas por un sistema de atarjeas, atanores cerámicos, alcubillas y distribuidores que traían el agua desde una corta situada en una torrentera cercana. En algún momento de la historia del lagar, ladera abajo se nivelaron nuevos bancales de huertas, regadas con un sistema independiente de atarjeas y albercas emparradas con agua traída desde el arroyo de Los Llanes, estos bancales recibirían la denominación de Huerta Nueva.

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Alberca del Huerto Nuevo, junto al arroyo Jaboneros, pilares para emparrado.

El curso alto y medio del arroyo Jaboneros cuenta con un abanico de construcciones históricas con una gran carga etnográfica semejantes a Cerrado Victoria, y aunque abandonadas en su mayoría, se han conservado en un estado aceptable, pero ¿Por cuánto tiempo? Las administraciones han mostrado una sensibilidad nula por la conservación de este patrimonio cultural tan importante, trabando su adecuada restauración o en el peor de los casos, instando a los propietarios a demoler estas viejas construcciones por peligro de desplome. Por desgracia, Cerrado Victoria ya es un caso perdido, pero ¿Qué pasará con Lo Cea, Sevillano, La Campana, Urbano, Maroto, Lo Muñoz…?DSC00050

Los aleros.

Por definición, el alero es la prolongación en voladizo de un tejado para proteger los paramentos o muros de la lluvia y otros factores climáticos, y además, su estructura ayuda a equilibrar el conjunto de la obra. Pero más allá del punto de vista técnico, el alero en las construcciones rurales es un sutil reflejo de las tradiciones estéticas y culturales amasadas durante siglos, adaptadas sabiamente a las condiciones que ofrece un determinado lugar. Sin embargo, por el propio carácter utilitario y humilde de la arquitectura que nos ocupa y la implantación de nuevas técnicas y materiales hemos visto desaparecer gran parte de este legado etnográfico en las últimas décadas. El alero de la arquitectura popular y tradicional realizado con ladrillos y tejas en distintos aparejos da como resultado vuelos que nos hablan de la calidad de la construcción y sus influencias, aunque en nuestros montes y vegas no encontramos los elaborados aparejos de otras latitudes de la península, vamos a realizar un pequeño resumen por aquellas tipologías más comunes; observar estos humildes aleros, es observar técnicas artesanales y adaptación.

DSC01948Para realizar el alero se utiliza normalmente el ladrillo macizo cerámico colocados a soga, tizón o pico, en hiladas simples, dobles o triples y asentados sobre tierra estabilizada con muy poca cal, aunque tampoco es raro ver morteros de arena y proporciones más ricas en cal. En otros casos pueden encontrarse aleros más elaborados con aparejo de tejas. En la foto superior sección de un alero en el lagar de Cotrina. DSC03634Empezando por los aparejos más sencillos, en esta primera foto observamos la hilada simple con ladrillo colocado a tizón. Lagar en Chapera la baja.

DSC09933Otro ejemplo de alero en hilada simple, lagar Los Negros, antiguo partido de Vallejeras.

DSC03439En este cortijo de Alhaurín el Grande encontramos una infrecuente moldura de la que prácticamente no queda nada cubriendo un alero de hilada simple, mostrándonos a un propietario con capacidad económica y preocupado por la estética del edificio, en algunos paramentos del edificio aparecen restos de pinturas murales. DSC05227Detalles de tejas vidriadas sobre alero de hilada simple, dispuestas como protección para una balconada.

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Pasando a un aparejo más elaborado, en este lagar de Los Montes vemos como se añade una segunda hilera. El mal estado del muro nos permite ver la colocación de las hiladas de ladrillos.

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En esta foto detalle de un lagar de Moclinejo se aprecia la doble hilada coloreadas con almagra, respecto a las tejas, estas aparecen macizadas con mortero de cal para evitar que el viento las levante y genere las consecuentes goteras.

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Relativamente menos abundantes, también podemos encontrar los aleros dispuestos a pico de gorrión como este de Pizarra. En esta construcción bien cuidada aún se mantiene la canalización vidriada, desaparecida ya en muchos de los lagares de la provincia.

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Aparejo de pico de gorrión alternado con hilada simple de ladrillo en un cortijo de Casabermeja.

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En este lagar de Totalán aparece conjugado, en un alero estupendamente conservado, dos hiladas a pico de gorrión encerradas entre dos a tizón.

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Triple hilada en un cortijo de Sierra de Yeguas.

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Pasamos del aparejo de ladrillos macizos a la teja. Hilada a teja simple en Casabermeja.

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En este otro alero, un poco más complejo, se aprecia la utilización de tejas alternadas con ladrillos, creando una curiosa y poco frecuente decoración en el conjunto.

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En el cortijo de Casapalma aparecen canecillos en el alero, muy poco usual en la arquitectura tradicional de nuestros campos.

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Los aleros realizados en madera son los menos utilizados en la arquitectura popular y tradicional de nuestra geografía, y cuando aparece, se limita prácticamente a los balcones. Quizá el motivo sea que la madera empezó a ser un material caro a partir del siglo XVIII por la escasez derivada de la deforestación, aunque lo cierto es que más allá de suposiciones no hay nada asegurado sobre este aspecto. A finales del siglo XIX estos aleros realizados en madera aparecen con fuerza en las viviendas de importancia.

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Esta moldura de un cortijo de finales del siglo XIX nos muestra que con la llegada de los nuevos materiales y técnicas la tipología de aleros se diversificó abriendo aún más el abanico, pero alejándose poco a poco de las adaptaciones vernáculas de la construcción.

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Mención especial a la práctica inexistencia de antepechos como este del partido de Almendrales, apareciendo ya en la arquitectura de finales del XIX y principios del XX.