Batanes de papel en el Guadalmedina: El molino de Inca y Horadado.

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A escasos kilómetros de Ciudad Jardín aún podemos observar en la ribera del Guadalmedina los dos batanes de papel que existían en la ciudad Málaga. Estos batanes, conocidos como Molino del Inca y Molino Horadado, realizaban un papel de tipo estraza a base de fibras procedentes de trapos. Para entender la importancia de esta industria, baste decir que la estraza era imprescindible para el soporte y envoltorio de las cajas de pasas que se producían en el término.

Sobre el origen de estos molinos sabemos que uno de ellos, el de Inca, fue construido por José de Inca en la primera década del siglo XVIII, y aunque no dispongo de datos concretos de Horadado, bien es cierto que debió ser anterior al otro, ya que daría nombre al pago donde están situados. El lugar elegido para su construcción contaba siempre con agua incluso en las épocas más secas del año, requisito para una industria que carece de temporadas.

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El molino o batán de Inca pasaría a manos del colegio de Clérigos Menores de Santo Tomás, realizando papel con una producción estimada a mediados de siglo de 3300 reales de vellón. Por lo que respecta a Horadado, este siguió funcionando en manos particulares como Doña Teresa Gallardo, además, a este batán se le añadiría un molino harinero, muy escasos también en la ciudad. Horadado, de menor tamaño, producía 1100 reales de vellón anuales en papel.

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Torre de cubillos del molino Horadado

El destino de ambos batanes cambiaría con la construcción del conocido acueducto de San Telmo, cuya captación de agua estaría inmediata a estos edificios. En 1786 se construyen seis de los doce molinos proyectados de San Telmo y el Consulado, que estaba a cargo de las aguas del  nuevo acueducto, arrendaría Horadado e Inca. Inmediatamente empiezan a aparecer problemas con los pagos del arrendamiento y para el año 1800, ante la paralización por pleitos y discusiones, Horadado acabó arruinado y demolido. Poco después le llegaría el turno a Inca, que terminaría desligándose del acueducto, aunque por suerte este aún permanece en pié como testigo de aquella época.

Uno de los molinos de San Telmo.

Uno de los molinos de San Telmo.

Más complejo es determinar el sistema que utilizaron estos batanes, ya que como hemos visto, hace tiempo que dejaron de producir papel de estraza y su estado actual de ruina y soterramiento por el río (y la autovía) hace complejo imaginar su funcionamiento, pero intentemos ver que sistema pudieron emplear describiendo un batan de papel de la época.

Modelo de batán de trapos extraido de la famosa obra XXI Libros de los Ingenios y Máquinas de Juanelo Turriano.

Modelo de batán de trapos extraído de la famosa obra XXI Libros de los Ingenios y Máquinas de Juanelo Turriano.

El trapo era la materia prima fundamental para elaborar papel y su costo era bastante elevado. Para obtener trapos se recurría a la importación de ropas viejas traídas desde todas partes imaginables, como la misma provincia, Génova o las antiguas colonias americanas, llegando a convertirse en un negocio estratégico y de importancia. Era una materia cara y escasa, y su carencia crónica sería motivo de la búsqueda de nuevas fibras que sustituyeran el trapo, hasta que se llegó a la madera como materia prima en el siglo XIX.

Los batanes hidráulicos de mazos destinados a la fabricación de papel empezaron a generalizarse a partir del siglo XII. De este siglo en adelante los mazos evolucionaron dando diferentes acabados a las hojas de papel, sin embargo, los procedimientos básicos permanecen.

La primera operación que se realizaba para la obtención del papel consistía en el escogido y clasificación de los trapos, dejándose los mejores para la fabricación de los mejores papeles, y los peores para el papel de estraza o la estracilla. Hay que tener en cuenta que en el empleo de agua no sólo era importante por su cantidad, también por su calidad. Un agua con demasiados sedimentos o tierras daría un papel con una tonalidad más oscura, de ahí, que por la poca calidad del agua del río Guadalmedina fuera imposible obtener un papel blanco.

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Cuando la cantidad de tejidos almacenados era suficiente, estos se echaban a un pilón llamado pudridero, donde se le añadía agua para así facilitar una fermentación que duraba un periodo de 5 o 6 semanas. Como dato anecdótico, la graduación de esta fermentación era tal que podía quemar la mano si se metía en este caldo. No hay que decir que esta operación desprendía unos olores bastante desagradables, por lo que estos molinos deberían estar en lugares apartados.

Una vez fermentados los trapos se procedía a trocearlos para facilitar su majado con los mazos. Estos mazos eran accionados mediante una rueda hidráulica vertical con paletas movida por agua corriente de una acequia. Su eje estaría erizado de levas que levantaban los mazos de madera que a su vez golpeaban unas tinas donde se depositaría la materia prima. En el caso del Molino Horadado encontramos una torre de cubillos de tres paradas con unos interesantes recubrimientos cerámicos hechos a medida, por lo que nos puede hacer pensar que el sistema sería de rodeznos horizontales y la disposición de las levas sería diferente. Por desgracia, la completa desaparición de su estructura nos impide hacer un análisis más detallado. En el molino de Inca no se aprecia torre de cubillos, por lo que podemos pensar en una rueda vertical como máquina hidráulica.

Cubillos de Horadado

Cubillos de Horadado

A partir del siglo XVII los mazos llegan a un alto grado de especialización, llegándose a utilizar tres tipos diferenciados en el proceso:

Mazos de madera de punta afilada para deshilachar, otros de madera de punta roma y con clavos para moler y un tercer tipo, también de madera pero de punta roma, cuya función sería la de homogeneizar la pasta, desconocemos si los molinos de Inca y Horadado llegaron a tener estos grupos de mazos o sus sistema era más primitivo.

El tiempo empleado en majar los trapos rondaba entre las 6 y 12 horas, y si el sistema era de tres mazos se empleaba el doble de tiempo.

Una vez obtenida la pasta, el sistema de cuajado para la obtención del papel era bastante sencillo. En un molde rectangular y con rejilla se echaba la pulpa obtenida, esta pasta escurrida y ya con la forma del molde se transfería sobre un fieltro, intercalando de este modo una cantidad de hojas y fieltros, hasta completar una posta que se compone de 261 pliegos de papel. Finalizando el proceso, se prensaban las hojas con sus fieltros y se llevaban a un secadero natural.

Cárcavos u orificios de salida de agua.

Cárcavos u orificios de salida de agua.

Podemos imaginar que este sería el proceso llevado a cabo en estos batanes del Guadalmedina.

En cuanto a su obra, el molino de Inca estaba compuesto por dos naves de planta rectangular  paralelas y una tercera en su lateral. Su fábrica es de mampuestos gruesos de la zona con algunas verdugadas de ladrillos macizos  y ripios que equilibran la construcción.

También encontramos aparejos de ladrillos en los cárcavos de salida de agua y en las cadenas formadas en las esquinas de la construcción. Unas interesantes bóvedas de cañón con una cubierta a dos aguas de simple mortero de cal cierra la construcción.

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Es digno mencionar el detalle de los arcos que comunican las naves, con un interesante extradós alrededor de los mismos, única concesión al ornamento, pero a su vez, tan curiosos de ver en un edificio de uso industrial.

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En el caso de Horadado, como ya hemos comentado, su demolición nos impide ver como debió ser este edificio, aunque por el arranque de una bóveda se puede apreciar que debió tener características similares al anterior, si bien es cierto que la mampostería tiene una ejecución diferente. Lo único que queda en pié es la recia torre de tres paradas de cubillos que ni el Guadalmedina en sus peores riadas ha sido capaz de llevarse. Puede apreciarse que uno de los cubillos es un añadido posterior a la obra original, quizá correspondiente a aquel molino harinero mencionado anteriormente.

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Pieza cerámica recubriendo uno de los cubillos de Horadado.

Como siempre, otro edificio cargado de historia aparece abandonado y bandalizado. Es evidente que la peculiaridad, factura, dedicación e historia de los molinos de Inca y Horadado otorga a sus construcciones un gran valor como patrimonio preindustrial. La carencia de cualquier protección una vez más se hace patente con un simple vistazo, ya no nos sorprende. Durante la construcción de la autovía los desechos y sobrantes de hormigón fueron volcados sobre los arcos del molino de Inca, las plantas crecen entre los mampuestos haciendo cada vez las grietas más grandes, las pintadas cubren el interior de las bóvedas, ya se ha perdido una de sus naves y no hay visos de actuación sobre estas construcciónes. Por otra parte cabe preguntarse ¿qué implica una protección? sólo hay que observar como el emblemático acueducto de San Telmo, declarado B.I.C. y cuyo recorrido comparte paisaje con los batanes, carece de cualquier plan de conservación y acondicionamiento para su visita, ¿qué podemos esperar de las administraciones sobre estos “humildes” batanes? y si estos batanes están incluidos en el conjunto B.I.C. otorgado al acueducto, tanto más evidente que en materia de patrimonio, aún queda mucho que hacer en Málaga.

 

Bibliografía:

  • La Industria papelera en tiempos de la Industrialización Malagueña, José Carlos Balmaceda. Artículo disponible aquí.
  • Fábricas hidráulicas Españolas. Gonzalez Tascón, I. CEHOPU.
  • XXI Libros de los Ingenios y Maquinas, Pseudo Juanelo Turriano edición facsimil.
  • Catastro de Ensenada, libros de respuestas particulares de Málaga. Archivo Municipal de Málaga.

 

El lagar de Cerrado Victoria.

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Situado en una de las laderas del Cerro de la Matanza, partido rural del arroyo Jaboneros, este lagar era un curioso ejemplo de explotación agrícola en los Montes de Málaga por su histórica localización y por ser una de las fincas más grandes del entorno. Aunque de momento desconocemos datos anteriores al siglo XVIII, sabemos gracias al Catastro de Ensenada (para la ciudad de Málaga, año 1753) que este inmueble adscrito a la división parroquial del Sagrario era una de las innumerables propiedades del convento de Nuestra Señora de la Victoria.

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Según dicha descripción, Cerrado de Victoria o Hacienda de la Victoria era un lagar con horno, caballerizas, despensa, cinco salas altas (que nos hablan de una construcción de importancia), lagar de pisar con viga de husillo y una bodega de 35 tinajas de tipo morisco con 2000@ de capacidad (32.200 litros de vino), calculándose un valor total de la construcción de 275 reales de vellón, además de una capilla donde estaría una imagen de la virgen María realizada en madera y que por fortuna, se conserva, aunque eso, sí, un poco desfigurada tras unas “restauraciones” llevadas a cabo en 1940.

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Tras la restauración, la imagen quedó muy desmejorada. Foto por cortesía de Ignacio Krauel.

La hacienda contaba en aquel siglo XVIII con una de las pocas almazaras de aceites de los montes, ya que albergaba una pequeña molineta con un mortero de piedra movido a caballo. Para el prensado del aceite se utilizaba la misma viga de husillo del lagar de vino, cosa poco frecuente y extraña, ya que por mucho cuidado y limpieza que se dispusiera, la mezcla de productos alteraría notablemente sus sabores.

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Vista general del lagar antes de la reforestación de esta parte de los Montes en 1960. Foto cortesía Ignacio Krauel.

En cuanto a sus tierras agregadas, Cerrado de Victoria contaba con una pieza de secano de 12 fanegas de mediana calidad dedicadas al cereal “de pan llevar”, tierras estas, que fueron cedidas a favor del convento por Maria Teresa de Priego, vecina de Málaga, y por ello, las monjas del lagar realizaban una misa cantada además de dos días de honras al año.

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Tierras inmediatas a Cerrado Victoria, ya reforestadas.

En lo referente a sus viñas, la Hacienda de la Victoria tenía 36 obradas de diferentes calidades (una obrada puede contener hasta 500 cepas) y una pieza de seis fanegas inútiles por naturaleza. Sin lugar a dudas, el orgullo de la Hacienda de la Victoria sería una inmensa parcela de 250 fanegas sembradas con distintos árboles que lindaría con los lagares de Garavía (sic) y Milla, sembrada con 900 olivos y 330 acebuches, 1050 almendros, 780 encinas y 36 algarrobos, además de higueras, cerezos, perales, naranjos, cidros, limones, cipreses etc.

Estas parcelas estarían arrendadas a Pedro Melendez, que las explotaría por una cuantía de 225 reales de vellón y con la obligación de entregar cargas de uvas y otros pagos en especie.
Llama poderosamente la atención que al consultar el pliego catastral de Pedro Melendez la cuantía del arrendamiento varía sensiblemente, ya que este último declara pagar una cifra más elevada que la antes mencionada, además, se obvian las huertas regadas del lagar, objeto también de imposición fiscal. Aquí podemos ver el típico caso de ocultación intencionada, ya que por la naturaleza fiscal de estas averiguaciones no era raro que los propietarios declararan cifras inferiores a las reales y se “olvidaran” declarar algunos bienes raíces, a Dios rogando y la cartera vigilando.

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Las viñas se perdieron tras la crisis filoxérica de 1877, dejándo un campo yermo y deforestado. Cabras pastando en la inmediación del lagar alrededor de los años 1940-50. Foto Ignacio Krauel.

El Cerrado Victoria o Hacienda de la Victoría continuaría en manos eclesiásticas hasta las desamortizaciones de Mendizábal en 1836, cuando se incautaron gran cantidad de fincas rústicas y se demolieron muchos de los conventos de la ciudad, incluido el de Nuestra Señora de la Victoria, en este sentido, en los padrones municipales de 1840 y siguientes ya encontramos a un seglar, Don Juan Barrionuevo, que iniciaría una línea sucesoria de propietarios.

El lagar sufriría años más tarde como tantos otros la llegada de la plaga de la filoxera de 1877 y la crisis finisecular que asoló los campos, dando como resultado una agricultura de bajo rendimiento económico.

Finalmente, ya en el siglo XX, durante la repoblación forestal de la Cuenca del Guadalmedina los terrenos fueron expropiados a Pedro Barrionuevo Ruiz-Soldado a finales de la década de los 50.

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Pliego de expropiación de fincas para la reforestación de la cuenca del Guadalmedina.

Es en este momento cuando se borran tantos siglos de historia, ya que el edificio fue expoliado de forma salvaje, se arrancaron las rejerías y los suelos, se cortaron las viguerías y la obra terminó por desplomarse en cuestión de pocos años.DSC09933

Si nos centramos en el edificio, este era de planta cerrada rectangular (18m x 9 m aprox) dividida en tres naves, y con dos naves perpendiculares (14m x 5 m aprox.) en cada extremo del rectángulo, a esta planta planificada y ordenada se le irían adosando construcciones de menor calidad como tinados y un aprisco de animales que posiblemente le daría su nombre de “cerrado”.

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Localización, fuente: https://goo.gl/maps/W47LP

La Hacienda Victoria es un edificio cuya construcción arroja muchas incógnitas, ya que un estudio más pausado de su obra nos muestra que las naves centrales están realizadas con tapia o tierra prensada y zócalos de piedra, y que a estas se le adosaron las naves laterales donde se ubican el lagar y la capilla citados ya en los documentos del siglo XVIII. ¿Era este edificio de tapia una construcción primitiva? Y si es así ¿De qué época es? queda ahí la pregunta.

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Muros de tapia en la estructura principal del edificio.

Dejando a un lado estos muros centrales de tapia, los paramentos del resto del edificio aparecen con un aparejo de hiladas de ladrillos con cajoneras de mampostería trabados con tierra estabilizada con cal. En las construcciones destinadas a ganados aparece un aparejo irregular a piedra seca y ripios.

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Los suelos, viguerías, cubiertas y otros elementos constructivos fueron expoliados tiempo atrás, por lo que poco podemos decir de ellos, aunque por fotos antiguas sabemos que las cumbreras del tejado tenían las características tejas vidriadas a varios colores.

La fachada principal aparece orientada al SO y sus vanos se distribuían de forma ordenada, destaca aquí una espadaña de aparejo de ladrillo con un vano cerrado con un arco de medio punto. DSC06097

Debajo de esta espadaña estaba la capilla, que contaba con un arco de ladrillo enmarcado en un alfiz y molduras en los estribos, actualmente desaparecido, también destaca un ojo de buey y una hornacina donde supuestamente estaría colocada la imagen de madera.

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Detrás de este grupito de muchachas que celebra su comunión, podemos apreciar la capilla del lagar, hoy prácticamente desaparecida. Foto Ignacio Krauel.

En el otro extremo de esta fachada se encontraba un precioso surtidor con cubierta compuesta de tres planos y una cornisa adornada con molduras, todo ello pintado originalmente de almagra, además, una alberca de riego donde también se ha aplicado almagra para evitar la eutrofización de las aguas.

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En esta curiosa foto sacada desde una ventana se puede apreciar el surtidor de aguas, también desaparecido por el desplome de ese ala del edificio. Foto Ignacio Krauel.

En este ala del edificio aparece la torre de contrapeso integrada y de la que apenas quedan unos restos que sobresalen del suelo.

En el interior del edificio encontramos la nave donde estaría la sala principal con la cocina y su caramanchón o campana y donde en tiempos primitivos debió estar la viga de husillo, del resto de estancias, al encontrarse en un estado muy ruinoso poco se puede decir, aunque con seguridad en la nave paralela debió estar la bodega con las tinajas y en las salas altas el señorío del lagar.

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interior de la primera nave, al fondo, el caramanchón o campana de la cocina. Foto cortesía de Ignacio Krauel.

En la parte trasera con orientación NE aparece el cercado de animales, con los tinados, zahúrdas y gallineros, todos ellos con muros de mampostería irregular, destacan los canales de evacuación de los orines.

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Para finalizar, el lagar contaba con huertas regadas por un sistema de atarjeas, atanores cerámicos, alcubillas y distribuidores que traían el agua desde una corta situada en una torrentera cercana. En algún momento de la historia del lagar, ladera abajo se nivelaron nuevos bancales de huertas, regadas con un sistema independiente de atarjeas y albercas emparradas con agua traída desde el arroyo de Los Llanes, estos bancales recibirían la denominación de Huerta Nueva.

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Alberca del Huerto Nuevo, junto al arroyo Jaboneros, pilares para emparrado.

El curso alto y medio del arroyo Jaboneros cuenta con un abanico de construcciones históricas con una gran carga etnográfica semejantes a Cerrado Victoria, y aunque abandonadas en su mayoría, se han conservado en un estado aceptable, pero ¿Por cuánto tiempo? Las administraciones han mostrado una sensibilidad nula por la conservación de este patrimonio cultural tan importante, trabando su adecuada restauración o en el peor de los casos, instando a los propietarios a demoler estas viejas construcciones por peligro de desplome. Por desgracia, Cerrado Victoria ya es un caso perdido, pero ¿Qué pasará con Lo Cea, Sevillano, La Campana, Urbano, Maroto, Lo Muñoz…?DSC00050

Historia y arquitectura del lagar de Cela, evolución de una alquería medieval.

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Paisaje del partido de Cela, Moclinejo.

El 3 de noviembre de 1493 los repartidores, con el bachiller Serrano a la cabeza, llegaron por un camino rodeado de barrancos y cortados hasta una pequeña alquería situada en la cabecera del arroyo Granadilla, cerca de Moclinejo. Se trataba de la alquería de Salim o Çilim, más tarde conocida bajo su nombre castellanizado de Çela, Zela o Cela. A pesar de que el lugar estaba enmarcado en una loma escondida y de fácil defensa, los repartidores no encontraron más que construcciones arruinadas, casas caídas y solares, pues sus antiguos moradores decidieron incendiar y abandonar la aldea durante la conquista cristiana de Málaga. Contaría Cela, según la documentación que nos ha llegado de mano de los repartidores, de algunas casas distribuidas en dos calles aceradas, una mezquita, una fuente bien surtida de agua, un ejido y un molino de aceite en la parte más baja de la alquería, no hay constancia sin embargo, de la característica torre de defensa con la que si contaban otras alquerías inmediatas como Granadilla, Juncares, Simientes, Totalán, Olías, Gálica o Macharagazpar.

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Panorámica del lagar de Cela, supuesto lugar donde se ubicaba la antigua alquería musulmana.

Después de un infructuoso intento de repoblación, en 1494 la alquería se volvió a repartir a nuevos moradores junto con lotes de viñas, almendrales, morales, perales y manzanos. Según actas del Cabildo de Málaga aportadas por Agustina Aguilar, archivera del AHMM, el siglo XVI sería una época de gran actividad en la alquería de Cela y sus alrededores. Leñadores, carboneros y viñeros trabajarán estas tierras transformando un paisaje agreste y con grandes manchas de bosque virgen en un lugar cultivado y domesticado, aunque bien es cierto que en ocasiones se haría de forma caótica, ya que son muchas las quejas recogidas por la tala desordenada y ocupación ilegal para la siembra de viñas en tierras públicas. Por otro lado, los pobladores de Cela también se vieron afectados por las pestes, el merodeo de animales salvajes (lobos e incluso osos) o los violentos levantamientos moriscos, como el de 1568, que casi terminaron por despoblar la alquería, ya que los campos y bosques inmediatos a Cela se volvieron extremadamente peligrosos. Desde luego no fueron tiempos fáciles.

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Fachada principal del lagar de Cela.

 Durante el siglo XVII, la comarca se beneficia de la expansión de la vid, reflejándose en la presencia de pequeños y medianos propietarios cada vez más prósperos. En este sentido, a finales de siglo José Francisco Guerrero Chavarino, natural de Málaga y propietario por aquel entonces de Cela y sus tierras, recibe por orden y gracia de Carlos II el título de marqués, como agradecimiento por su decidida contribución económica a la defensa de la plaza de Ceuta, que andaba sitiada por fuerzas marroquíes en 1694. Por ironías del destino, este abnegado súbdito de su Católica Majestad, tomará por nombre del marquesado aquel antropónimo de origen árabe; marqués de Çela.

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Declaración de Doña Catalina Chacón, marquesa de Cela. Catastro de Ensenada, Libro de Hacendados. AHMM.

Las averiguaciones fiscales realizadas para el catastro de Ensenada (En Málaga, año 1753), nos muestran, casi como una fotografía, los cultivos, edificios y titulares del marquesado de Cela.

Según esta documentación, el marquesado de Cela, cuya titularidad recaía en ese momento en la viuda Doña Catalina Chacón, estaba constituido por una casa de campo con cuarto bajo, dos salas, cocina, bodega, 44 tinajas con un total de 6.000 @ de capacidad, caballeriza, pajar y un pequeño lagar sin prensa de viga. A continuación, aparece un molino de aceite (que de nuevo, gracias a Agustina Aguilar sabemos de su existencia desde al menos 1564) en el que en tiempos de molienda una mula tiraba de día y de noche una sola piedra. Además, el mayorazgo de Cela contaba con una parcela de regadío regada con agua de “pie” con dos celemines de primera calidad, con 19 naranjos, 18 morales, 5 álamos, y 3 duraznos, seguían las propiedades con doce fanegas de secano de segunda y tercera calidad, que producía una cosecha de trigo o cebada al año, siendo necesarios dos de descanso, además de otros cultivos de secanos como 50 olivos y 150 almendros crecidos y plantones. Finalmente, 120 obradas de viñas de secano, de primera, segunda y tercera calidad. A todo ello hay que sumarle un interesante listado de casas y tiendas en la ciudad, que a mi pesar, no puedo enumerar aquí por no venir al caso. Esta descripción nos muestra una explotación agrícola donde el aceite, el grano y la almendra ocupaban un puesto tan importante como el vino.

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De aquel huerto sembrado de naranjos, duraznos y morales poco queda en el paisaje de Cela. 

Sin entretenernos demasiado, es interesante mencionar que en la linde sur de Cela aparece descrito otro mayorazgo ligado al partido de Cela, se trata del condado de Villa-Alcazar de Sirga.

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Vista de Cela de abajo.

Entre sus propiedades aparece un magnifico lagar con salas altas, prensa de vigas y 43 tinajas con 2000 @ de capacidad, también una pequeña huerta de naranjos chinos, naranjos agrios y limones, 70 fanegas de secano, otra pieza de tierra con olivos, higueras, almendros, alcornoques, nogales, perales, limones y naranjos. En cuanto a viñas, Cela de abajo, como así se conocía, contaba con 100 obradas de primera, segunda y tercera calidad. Por desgracia, actualmente este impresionante lagar se encuentra en un estado de conservación lamentable, una verdadera pérdida para el patrimonio cultural de Moclinejo.

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Viñas

Como es lógico, la historia de las tierras de Cela continúa a lo largo del siglo XIX, apareciendo en censos y padrones sin mayores sobresaltos ni datos relevantes. Con la llegada de la filoxera a Moclinejo en 1877 y los duros golpes asestados a la agricultura de la región durante el siglo XX, los históricos lagares de Cela terminaron por abandonarse, sumándose, como no, a ese creciente listado de patrimonio olvidado y en peligro de desaparecer.

88201359 El Lagar de Cela aparece con planta rectangular orientada al SO, donde un patio cerrado, con acceso desde el SO, se sitúa en el centro del edificio. La vivienda (cocina y dormitorios señoriales) ocupan la construcción principal del conjunto. El resto de estancias destinadas a usos agrícolas y habitación de trabajadores se disponen en las restantes piezas, menores y de peor calidad. En el patio se puede apreciar la construcción de varias piezas desordenadas, posteriores al plan original. Finalmente, algunas casillas de servicios (cabrerizas, zahurdas, etc) aparecen diseminadas por el campo inmediato.

planta rectangular de Cela de arriba. Fuente.

planta rectangular de Cela de arriba.  Fuente.

No hay que olvidar la almazara, de planta rectangular y situada frente a la fachada principal del edificio. Su estado está bastante deteriorado, por lo que a simple vista hay poco que decir de este molino. En las inmediaciones de Cela aún se puede apreciar las piedras desgastadas y desechadas.

Aspecto exterior de la almazara

Aspecto exterior de la almazara

Sus materiales son los característicos de la zona, es decir, muros de mampuestos de pizarra reforzados con cadenas y verdugadas de ladrillos. También se pueden apreciar muros de tapia y adobes con paja, pero siempre en construcciones adosadas y de menor calidad. Suelos de mazaríes en el interior de las piezas y enchinado en el patio central conforman los suelos. En los forjados y cubiertas aparecen los típicos rollos de madera y entrevigado de cañizo, y sobre ellos, la torta de tierra cruda. Nada nuevo en nuestra arquitectura popular. Hay que mencionar que a simple vista no se aprecian estructuras reutilizadas de la antigua alquería. 

Detalle de la fachada de la vivienda.

Detalle de la fachada de la vivienda.

Adobes empleados en el interior de la vivienda, poco frecuentes en la arquitectura popular de Los Montes.

Adobes empleados en el interior de la vivienda, poco frecuentes en la arquitectura popular de Los Montes.

Muros de mampostería y cubiertas de rollos de madera

Muros de mampostería y cubiertas de rollos de madera.

Los aleros, de doble hilada de ladrillo macizo dispuesto a tizón, aparecen enfoscados y pintados de bermejo.

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Se aprecian incisiones y pinturas murales de tipo geométrico y arquitectura simulada, tanto en las fachadas de la vivienda como en los muros del patio central, coloreadas con bermejo, añil, ocre y neutro.Los motivos varían en el patio central, donde predomina el ladrillo simulado coloreados con diferentes pigmentos. Este tipo de pinturas nos trasladan a unas fechas entre finales del siglo XVII y mediados de siglo XVIII, momento en el que debieron acometerse reformas de importancia, quizá coincidente a la concesión del marquesado en el año 1694.DSC02444

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Los aleros.

Por definición, el alero es la prolongación en voladizo de un tejado para proteger los paramentos o muros de la lluvia y otros factores climáticos, y además, su estructura ayuda a equilibrar el conjunto de la obra. Pero más allá del punto de vista técnico, el alero en las construcciones rurales es un sutil reflejo de las tradiciones estéticas y culturales amasadas durante siglos, adaptadas sabiamente a las condiciones que ofrece un determinado lugar. Sin embargo, por el propio carácter utilitario y humilde de la arquitectura que nos ocupa y la implantación de nuevas técnicas y materiales hemos visto desaparecer gran parte de este legado etnográfico en las últimas décadas. El alero de la arquitectura popular y tradicional realizado con ladrillos y tejas en distintos aparejos da como resultado vuelos que nos hablan de la calidad de la construcción y sus influencias, aunque en nuestros montes y vegas no encontramos los elaborados aparejos de otras latitudes de la península, vamos a realizar un pequeño resumen por aquellas tipologías más comunes; observar estos humildes aleros, es observar técnicas artesanales y adaptación.

DSC01948Para realizar el alero se utiliza normalmente el ladrillo macizo cerámico colocados a soga, tizón o pico, en hiladas simples, dobles o triples y asentados sobre tierra estabilizada con muy poca cal, aunque tampoco es raro ver morteros de arena y proporciones más ricas en cal. En otros casos pueden encontrarse aleros más elaborados con aparejo de tejas. En la foto superior sección de un alero en el lagar de Cotrina. DSC03634Empezando por los aparejos más sencillos, en esta primera foto observamos la hilada simple con ladrillo colocado a tizón. Lagar en Chapera la baja.

DSC09933Otro ejemplo de alero en hilada simple, lagar Los Negros, antiguo partido de Vallejeras.

DSC03439En este cortijo de Alhaurín el Grande encontramos una infrecuente moldura de la que prácticamente no queda nada cubriendo un alero de hilada simple, mostrándonos a un propietario con capacidad económica y preocupado por la estética del edificio, en algunos paramentos del edificio aparecen restos de pinturas murales. DSC05227Detalles de tejas vidriadas sobre alero de hilada simple, dispuestas como protección para una balconada.

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Pasando a un aparejo más elaborado, en este lagar de Los Montes vemos como se añade una segunda hilera. El mal estado del muro nos permite ver la colocación de las hiladas de ladrillos.

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En esta foto detalle de un lagar de Moclinejo se aprecia la doble hilada coloreadas con almagra, respecto a las tejas, estas aparecen macizadas con mortero de cal para evitar que el viento las levante y genere las consecuentes goteras.

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Relativamente menos abundantes, también podemos encontrar los aleros dispuestos a pico de gorrión como este de Pizarra. En esta construcción bien cuidada aún se mantiene la canalización vidriada, desaparecida ya en muchos de los lagares de la provincia.

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Aparejo de pico de gorrión alternado con hilada simple de ladrillo en un cortijo de Casabermeja.

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En este lagar de Totalán aparece conjugado, en un alero estupendamente conservado, dos hiladas a pico de gorrión encerradas entre dos a tizón.

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Triple hilada en un cortijo de Sierra de Yeguas.

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Pasamos del aparejo de ladrillos macizos a la teja. Hilada a teja simple en Casabermeja.

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En este otro alero, un poco más complejo, se aprecia la utilización de tejas alternadas con ladrillos, creando una curiosa y poco frecuente decoración en el conjunto.

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En el cortijo de Casapalma aparecen canecillos en el alero, muy poco usual en la arquitectura tradicional de nuestros campos.

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Los aleros realizados en madera son los menos utilizados en la arquitectura popular y tradicional de nuestra geografía, y cuando aparece, se limita prácticamente a los balcones. Quizá el motivo sea que la madera empezó a ser un material caro a partir del siglo XVIII por la escasez derivada de la deforestación, aunque lo cierto es que más allá de suposiciones no hay nada asegurado sobre este aspecto. A finales del siglo XIX estos aleros realizados en madera aparecen con fuerza en las viviendas de importancia.

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Esta moldura de un cortijo de finales del siglo XIX nos muestra que con la llegada de los nuevos materiales y técnicas la tipología de aleros se diversificó abriendo aún más el abanico, pero alejándose poco a poco de las adaptaciones vernáculas de la construcción.

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Mención especial a la práctica inexistencia de antepechos como este del partido de Almendrales, apareciendo ya en la arquitectura de finales del XIX y principios del XX.

Los lagares pintados.

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Apuntes y muestrario de pinturas murales en los lagares de Málaga. 

 Aunque parece que la costumbre de decorar las fachadas con pinturas murales entronca con la artesanía mudéjar, es a partir del siglo XVIII cuando encontramos una verdadera explosión decorativa en las iglesias, casas y palacetes de la pujante Málaga comercial del momento. Según fases, encontramos que los tipos de decoraciones fueron evolucionando desde los motivos geométricos de principio de siglo, la arquitectura simulada de mediados y las volutas, rocallas y alegorías de finales de centuria. La técnica empleada en estas pinturas corresponde a la de mezzo-fresco, esta se elabora con distintas capas de morteros de cal dispuestas de mayor a menor espesor. Sobre la última capa ,aún casi fresca, se trazan incisiones que marcan los contornos de un dibujo que será coloreado con una aguada de cal con la pigmentación oportuna. Los principales colores que podemos encontrar son el bermejo, añil, neutro y ocre.

Los lagares y cortijos de nuestros campos no escaparon a esta moda, la burguesía comercial que florecía en el siglo XVIII decoraron sus residencias rurales con estas alegres pinturas, alejándonos del tópico de los cortijos blancos inmaculados que aparecen en el imaginario popular. Hay que decir que estos trabajos eran verdaderas obras de artesanía y requerían de manos muy especializadas que se desplazaban hasta unos lagares situados en predios aislados, quedando por saber los talleres y artesanos que se dedicaron a estos trabajos y que por el momento permanecen en el anonimato.

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Por acuerdo alcanzado en pleno en el Ayuntamiento de Málaga  alcanzado el 27 de septiembre de 2007 todos aquellos edificios que cuenten con este tipo de decoraciones deberán ser catalogados, además deberá promoverse su restauración y conservación, claro está que esto es lo que marca el acuerdo y otra cosa es la realidad, si difícilmente se cumple en el centro de Málaga mucho menos se hace en los recónditos partidos rurales de nuestro término municipal. Aún así, peor destino corren aquellas ubicadas en otros pueblos de la provincia, donde no se contempla su protección.

Estamos perdiendo un legado artístico singular de nuestra sociedad en el más triste de los desconocimientos y su solución de momento es bastante compleja. Baste decir que en la mayoría de los casos son edificios prácticamente incomunicados o con difícil acceso, dificultando una posible salida económica que haga viable su conservación y mantenimiento, por otro lado, actualmente el medio rural se encuentra en una tortuosa situación de crisis económica que dificulta cualquier planteamiento empresarial.

Muchas de las pinturas siguen aún ocultas bajo capas de cal por lo que se desconoce el alcance total de este fenómeno del siglo dieciocho, dándose la curiosidad que en el momento que estos lagares entran en estado de ruina y se desprenden las capas de cal posteriores en el tiempo (siglo XIX y XX) es cuando podemos apreciar su tesoro escondido.

Sirva este pequeño muestreo de pinturas para dar a conocer a los lectores otro trozo de Málaga que se nos va. Sirva también como foro de soluciones a esta pérdida tan dolorosa, ya que con la resignación no se consigue nada.

Mención especial al blog Pinturas Murales de Málaga por su fantástica labor de divulgación en materia de pinturas murales.

Muestrario de pinturas ubicadas en lagares del término municipal de Málaga y aledaños:

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La alegoría perdida de Jotrón.

Mucho se ha escrito del lagar de Jotrón, y no es para menos, pues representa uno de los primeros modelos de residencia veraniega de la burguesía comercial malagueña. Aunque la antigüedad de este edificio es mayor, este enorme lagar situado junto al arroyo de Los Frailes, en pleno corazón del P.N. Montes de Málaga, aparece referenciado en el Catastro de Ensenada y sus revisiones de 1771. Se describe para la época como una casa con finca, con una extensión de 120 obradas destinadas a viñas, 200 olivos, 10 almendros, 12 higueras, 20 fanegas para cereales, 20 colmenas para miel, un huerto de frutales y un gran encinar dedicado a la producción de bellotas, y por si fuera poco, andando el siglo XIX esta explotación aumentaría significativamente de tamaño. Estamos hablando sin lugar a dudas de una de las fincas más importantes de estos pagos, a la altura del lagar de las Avemarías o Almendrales, pero no podemos entender Jotrón sin explicar la historia de uno de sus más insignes inquilinos, Juan Bautista Maury.

Lagar de Jotrón, fachada principal.

Lagar de Jotrón, fachada principal.

La familia.

Juan Bautista Maury (1740-1804), fue un comerciante nacido en Olorón, Francia. Su trayectoria profesional fue tomada por los malagueños del momento como modelo de éxito empresarial, y es que este joven inmigrante empezó siendo aprendiz de mercader de ropas a los 12 años, pero pronto iría escalando puestos al calor de la bonanza económica de aquellos años, hasta tal punto que en 1784 lo vemos como promotor y socio fundador de la Compañía de Caracas de Málaga, y en 1791 ya estaba al frente de su propia compañía comercial “Juan Bautista Maury, hermanos y Cía”. Al morir, había dejado una herencia de 800.000 reales de vellón, una estupenda posición social a sus hijos (que seguirían con el negocio comercial) e importantes propiedades en la ciudad y el campo.

Uno de sus hijos, Jose María Maury,  llegó a ser un reconocido poeta. Fuente fotográfica.

Uno de sus hijos, Jose María Maury, llegó a ser un reconocido poeta. Fuente fotográfica.

Pasada la Guerra de Independencia, los bienes raíces de la familia Maury fueron expropiados, pues como comerciantes descendientes de franceses se situaron en el punto de mira de los sentimientos revanchistas de la población local. Su famosa casa de la Alameda, una finca junto al hospital de San Lázaro y otra de regadío en Torremolinos pasaron a manos españolas, sin embargo, Jotrón siguió ligado por el momento a la familia Maury.

Arquitectura del lagar.

La descripción más amplia de la finca la encontramos en el testamento postmortem de Juan Bautista, ya que ahí se describe y contabiliza la construcción, el lagar, el huerto, los aperos, las barricas destinadas al vino, muebles y un largo etc. aportándonos interesantes datos sobre el patrimonio mueble e inmueble de la burguesía malagueña de finales del XVIII. Como curiosidad, dentro de la explotación lo más valorado son las tinajas de barro y las barricas de vino, con una tasación de unos 17.000 rs v., y la viga del lagar, con una tasación de 3.500 reales de vellón. Estos datos, basados en los completísimos estudios de Mª Begoña Villar García sobre la familia Maury, arrojan también la posibilidad de que el aspecto conocido de Jotrón se deba a unas reformas llevadas a cabo alrededor de 1775, pues hay que recordar que el edificio ya existía tiempo atrás.

Pocos son los restos que van quedando de este enorme lagar.

Pocos son los restos que van quedando de este enorme lagar.

En cuanto al edificio en sí, es de planta cuadrangular de 37×30 ms. aprox. con un gran patio interior, a diferencia de otros lagares de nuestros hinterland, Jotrón aparece construido como fruto de una planificación arquitectónica, pues su planta y sus salas presentan un correcto orden y  división de funcionalidades. Su fábrica está realizada con los materiales de la típica construcción de Los Montes, mampostería para los muros, ladrillos en verdugadas, cadenas y jambas, y un mortero de barro pobre en cal, que si aparece con mayor prodigalidad en enfoscados y enjalbegados. Las viguerías de forjados están realizadas en cuartones de madera, y por desgracia, poco podemos decir de su cubierta y suelos, ya que se han perdido en su totalidad. El edificio contaba con las instalaciones propias de un lagar de montes; bodega, lagar de pisar y viga de husillo, tinajas para la fermentación, pajar, almacenes, cocina, señorío para los propietarios e incluso una capilla. Mención especial a un horno enorme que posiblemente fue utilizado para la fabricación de ladrillos.

La fachada aparece con una distribución ordenada de grandes vanos, como es característico en una construcción noble como esta, donde el esparcimiento ocupaba una posición tan importante como la producción de vino. La torre de contrapeso, de unos 15 metros aprox de altura y situada en el lado este del edificio, cuenta con un preciosa terminación mixtilínea de líneas barrocas, rematado todo ello por tres jarras de cerámica.

Hay quien sostiene que el edificio fue diseñado por el propio Martín del Aldehuela, artífice entre otras obras del Acueducto de San Telmo, y en cierto modo podemos observar que el remate de su torre de contrapeso recuerda a la decoración de las fuentes como la de Calle Los Cristos o la desaparecida de Fuente Olletas, pero la verdad es que difícilmente podemos afirmar tal relación, ya que no existen evidencias documentales de ello.

Comparativa de la Fuente Olletas y la torre de contrapeso.

Comparativa de la Fuente Olleta y la torre de contrapeso. Foto de Fuente Olleta. 

Las pinturas murales.

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Alegoría de Jotrón, olvidada en el altillo de un conocido museo.

Como sabemos, durante el siglo XVIII fue costumbre extendida decorar los paramentos de los edificios con pinturas que hacían alusiones religiosas, mitológicas, heráldicas o simplemente simulaba elementos arquitectónicos o geométricos. Al parecer tal moda pudo estar incentivada por los descubrimientos de Herculano y Pompeya en la década de 1740, cuyas pinturas revolucionaron el mundo de las artes decorativas del XVIII.  Los lagares pudientes de Los Montes no escaparon a esta moda y muchas de sus fachadas y capillas se adornaron con estas alegres pinturas, legado que por desgracia se están perdiendo irremediablemente en el más triste de los anonimatos. Queda aún mucho por saber del mundo de las pinturas murales en la Málaga del XVIII, y en concreto su difusión en Los Montes, pues la gran mayoría de estas pinturas no se encuentran ni catalogadas, y mucho menos se sabe de sus autores y talleres artísticos.

Detalle de la cabeza.

Detalle de la cabeza.

Jotrón también contaba con una serie de pinturas murales repartidas en sus paramentos. De autoría desconocida, tres alegorías y unas guirnaldas decoraban la fachada principal y la torre de contrapeso del lagar.

En la fachada principal y situadas a media altura, aparecían enfrentadas dos alegorías, cada una a un lado del vano de acceso. Representadas por dos figuras femeninas la primera de ellas, desaparecida por la ruina del edificio, vestía un gorro frigio y portaba una canasta con frutas, la otra, que por suerte fue retirada y restaurada por el equipo dirigido por Estrella Arcos Von Haartman en el año 1996,  se presenta sosteniendo un cántaro que vierte agua y vistiendo una túnica. Ambas alegorías estaban unidas por una guirnalda, también desaparecida por el derrumbe del muro.

La tercera figura, que estaba en un estado aceptable en el año 1996,  representaba a un Mercurio con un caduceo, símbolo ligado al comercio y con seguridad a la profesión de la familia Maury. Por desgracia el Mercurio ha desaparecido por completo en los últimos años, vislumbrándose a duras penas el caduceo con las serpientes.

Del Mercurio a duras penas es visible una parte del caduceo.

Estado lamentable del Mercurio.

La simbología de las figuras no está en absoluto clara, aunque es posible que hicieran referencia a la fertilidad, la riqueza y el comercio antes que a las estaciones del año como se ha llegado a sugerir.

La alegoría del cántaro de agua

La figura femenina, coloreada en tonos rojizos y sombreados, aparece vestida con una túnica y sosteniendo en su mano izquierda un cántaro que vierte agua, su mano derecha recoge con delicadeza la túnica. La cabeza girada a su derecha, luce un peinado adornado con cintas.

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Según Estrella Arcos la alegoría, al igual que las otras desaparecidas, está realizada en mezzo fresco, esta técnica se aplica sobre la clásica secuencia “intonaco” y “arricio”  (revocos superpuestos y de diferente granulometría), el contorno de la figura se marcaba o rasgaba cuando el revoco estaba aún fresco sobre un modelo de dibujo prediseñado. Cuando el  revoco endurecía, se coloreaba en seco con pigmentos mezclados con una aguada de cal para asegurar su fijación, el pigmento rojo o almagra se sacaba del óxido de hierro. Esta técnica ofrecía una mayor elasticidad a la hora de realizar figuras humanas, pues permitía sombreados y la fácil corrección de errores, el mal estado de la parte inferior de la pintura hizo imposible la conservación de las piernas de la alegoría.

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Detalle de las cintas, donde es perfectamente visible las incisiones sobre el revoco y las tonalidades de la almagra.

Incomprensiblemente la pintura se encuentra guardada en un altillo fuera de la vista del público general. Despues de la trabajosa labor de recuperación y restauración no se entiende que esta interesante alegoría duerma el sueño de los justos sin ocupar un merecido lugar en el Museo de Artes Populares de Málaga o en el museo etnográfico de Torrijos. Por ahí está, olvidada, testigo mudo de una época de la que poco a poco va quedando menos.

Las fotos de las pinturas pertenecen al archivo personal.

Fuentes:

Catastro de Ensenada, Libros de Hacendados. AMM. Leg 95-110.

– Villar García, Mª. B. El lagar de Jotrón, testimonio simbólico de la movilidad social de un comerciante francés instalado en la Málaga del XVIII. 

– Muñoz Martín, M. De Viñedo a Pinar, El Parque Natural Montes de Málaga.

Cortijo de La Robla

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En Almogía, tierra de latifundios y secano, de medianerías y colonatos, aún persisten en pie impresionantes ejemplos de explotaciones agrarias propias de otros tiempos. Cortijos como Pacheco, El Campillo, San Ignacio o el Almendro, se nos presentan como grandes edificaciones rurales dedicadas principalmente al cereal, el olivo y la ganadería, aunque no faltaron cultivos asociados como la viña y los cítricos.

Como no podía ser de otra manera, estos edificios populares están construidos con materiales del entorno, predomina el muro de mampuestos de pizarra rojiza, los morteros se elaboraban principalmente de barro, y en los edificios de mayor poderío se empleaba el ladrillo macizo. Las cubiertas y forjados se realizaban con la técnica tradicional de rollos de madera, cañizo y torta arcillosa. Como nota curiosa, parece ser que la cal por la zona era un producto muy apreciado para la construcción (más de lo habitual) ya que la litología del lugar no es pródiga en piedras calizas. La única manera de conseguir esta materia prima sin tener que recurrir a la importación consistía en merodear los arroyos en busca de bolos calizos arrastrados por las aguas, encareciéndose lógicamente el producto.

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Estos edificios cuentan con cabrerizas, almazaras, tinaos, graneros, molinos, lagares e incluso cascareros para secar la piel de los cítricos, pero también eran residencia eventual de propietarios absentistas, y por lo tanto aparecen salas nobles y en algunos casos unas torres miradores que más parecen amenazantes símbolos de poder y dominio que concesiones a la estética y armonía del edificio.

Es el caso del cortijo de la Robla, construido a finales del siglo XIX por la familia Castell- Luna, desde 1940 es propiedad de la familia Antunez, omnipresentes terratenientes de la zona Almogía-Álora. El edificio es de elaborada factura, con abundante ornamentación y de un difuso estilo regionalista. La portada de acceso da a un gran patio empedrado destinado al laboreo, donde se distribuye la zona noble y su torre mirador, la gañanería, el pilón y la zona dedicada a la ganadería, aún en uso.

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De la zona noble destaca la torre de planta cuadrangular de tres cuerpos con vanos rematados en arcos rebajados. En el cuerpo más bajo se encuentra la puerta de acceso al interior de la vivienda, en el segundo cuerpo aparece un balcón principal flanqueando por dos blasones de la familia Catell- Luna y por último, en el tercer cuerpo aparece una ventana enrejada enmarcada bajo un curioso arco pintado en bermejo. El tejado es a cuatro aguas con tejas árabes y las tejas de la hilera están vidriadas azules y blancas.

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Por desgracia, el interior de la vivienda se encuentra muy deteriorado y gran parte de los forjados se han desplomado amenazando la estabilidad del edificio, pero se pueden apreciar suelos hidráulicos  producidos en Málaga por Hijos de J. Ramos y una gran variedad de molduras en los salones.

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Sin embargo, el forjado de algunas de las alas del edificio ha vencido.

 En la gañanería aparece una interesante bóveda de cañón realizada con ladrillos tochos de 30x13x3cms., mortero de cal, y recubierta por una capa de tierra que le da continuidad para el piso superior. No está clara la finalidad de la estancia, pudiendo haberse utilizado en su día como bodega o como cocina de los trabajadores, ya que se puede apreciar un horno cegado en unas de las paredes. Por desgracia la ruina del edificio ha afectado esta bóveda y hoy solo podemos encontrar parte de ella.

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Bóveda de cañón de la gañanería

 

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Detalle de la rotura de la bóveda

De la zona de corrales y tinaos, utilizada aún para la estabulación del vecino cortijo El Campillo, solo destaca una arquería compuesta por tres arcos de medio punto

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Pozo surtido por un arroyo cercano al cortijo de La Robla

Finalmente, el conjunto se surtía de agua potable a través de una canalización de atanores, que cuenta con una alcubilla a poca distancia del edificio. Más abajo, encontramos un gran pozo y abrevadero para dar de beber a los animales.

Como siempre decimos, no podemos permitirnos el lujo de perder este bien catalogado por la Junta de Andalucía en un medio rural cada vez más carente de patrimonio, no podemos conformarnos con inventariar, documentar y despues lamentarnos por la perdida de patrimonio, la elegante factura del edificio permitiría su recuperación para iniciativas turísticas ligadas a actividades ecológicas o para una agricultura orientada a productos de calidad con evidentes beneficios para la zona, ejemplos para ilustrar soluciones de este tipo no faltan, pero también somos conscientes que la inversión privada se hace difícil con una legislación anquilosada, rígida y opresiva en la mayoría de los casos. Las iniciativas particulares o empresariales huyen ante los problemas administrativos que se deben enfrentar solo por el mero hecho de restaurar el edificio, de esta problemática se pueden hacer varias lecturas ¿Cuáles son las soluciones?

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Si deseas saber más:

La arquitectura tradicional y otras estructuras de interés singular, Aproximación al Inventario Etnográfico de siete pueblos del Valle del Guadalhorce 2004-2005,  Loringuillo Millán, M.E. 2008.

Twitter: @Lagycor

Facebook: https://www.facebook.com/groups/lagaresycortijos/

Las norias de rosario

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Unos de los elementos rurales menos valorados y que más pasan desapercibidos son las norias que abundan en los distintos arroyos y torrenteras de la provincia malagueña.

Existen multitud de tipos de sistemas empleados a la hora de obtener agua o para emplazarla a niveles más altos. Cuando hablamos de norias, a todos se nos viene a la cabeza las famosas azudas y ñoras, norias de ruedas vitruvianas movidas por la fuerza del agua, pero de estas por desgracia contamos pocas en la provincia (algún ejemplo hay y ya hablaremos de ella). Estas azudas o ñoras son más propias de ríos abundantes y continuos en caudal como el Guadalquivir, donde podemos encontrar el conocido ejemplo de la Albolafia de Córdoba.

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En los cauces de Málaga, por contra, se hacía un mayor uso de las norias de sangre o tiradas por fuerza animal, en concreto, las de tipo “rosario”. Este sistema se extendió durante la Edad Media y permitía extraer agua de manera fácil, barata y segura, de ahí su popularidad. El nombre de rosario proviene del sistema de extracción, consistente en unas sogas equipadas con cangilones o arcaduces (un cazo de cerámica) y su parecido a los rosarios de rezo. Los ejemplos que van quedando pueden ubicarse perfectamente en los S XVII y XVIII, pero al ser tan difíciles de datar a simple vista, muchas de ellas se pueden remontar a tiempos mas antiguos.

El agua sacada de estas norias se podía emplear en dar riego a huertas y jardines, poner en funcionamiento un molino hidráulico o simplemente dar de beber a las bestias, pero veamos algunos ejemplos de cerca y como funcionaban.

Noria de Orozco de Arriba. Esta noria de rosario, tiene unos peculiares contrafuertes con arcos insertados de ladrillos. La fábrica del edificio está realizada principalmente de mampostería. A diferencia de otros edificios contemporáneos y de la zona, se observa el empleo de mortero de cal en sus muros, puesto que el continuo contacto con el agua haría peligroso el uso de barro. Está situada junto al arroyo de la Culebra, lugar de toma de agua del acueducto de la Trinidad (S XVI).  Por desgracia y fuera de foto, la mitad de la noria se ha perdido por la fuerza del arroyo.

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Noria de Orozco

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Detalle de un contrafuerte con su arco integrado

 

 

 

 

 

 

 

En este dibujo de planta y alzado de la noria de Orozco se aprecia el sencillo sistema de rosario tirado por fuerza animal o sangre. Los cangilones recogen el agua y la vierten en una canalización o atarjea situada en la parte alta de la noria para ser conducida a los huertos y bancales de regadío. El arroyo de la Culebra pasa gran parte del año seco o con muy poca corriente, pero eso no impide que por las capas freáticas siga fluyendo un caudal que permita poner en funcionamiento la noria. 

Noria Orozco

Dibujo realizado por Lagares y Cortijos

Otro ejemplo parecido a Orozco lo encontramos en esta gigantesca noria de mampostería situada en el cauce del Guadalmedina. A parte de los contrafuertes, aquí se pueden apreciar los mechinales o huecos de vaciado de aguas, tan perjudiciales para la obra. Hay que resaltar que el interior de la estructura está compuesto de tierra apelmazada, elemento constructivo barato y estable, buena prueba de ello es que después de dos siglos la noria sigue en pie.

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Noria del Guadalmedina. Esta imponente noria casi parece una atalaya que vigíla el curso del río

Noria de La Campana, con cadenas de ladrillos.

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Noria con cadenas de ladrillos en sus esquinas.

El pozo de la noria es el elemento principal. Por aquí discurre el rosario de cangilones movido por fuerza animal mediante un sencillo sistema de engranajes o bigarras. Los contrafuertes de arcos que jalonan el pozo refuerzan los muros de mampostería.

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El sistema era movido por un animal enganchado a una collera. Tirado por burro (no tengo constancia del uso de mulos) el proceso de extracción podía durar turnos de sol a sol, siempre guiado y vigilado por la persona a cargo de la noria.

En el extremo más bajo del pozo había que colocar otra bigarra para que el rosario hiciera con normalidad el giro completo. (ver dibujo) Para las frecuentes reparaciones en muchos casos encontramos accesos al fondo del pozo de la noria, como esta en el arroyo Jaboneros.

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Escalera de acceso a la parte inferior de la noria

Las norias iban asociadas a una red de atarjeas y acequias para posibilitar el riego de huertas y bancales. En algunas huertas podemos encontrar verdaderos ejemplos de ingeniería, donde se levantan pasos elevados para salvar torrenteras y arroyos. No hay que dejar de recordar que estas obras estaban promovidas por propietarios que cargaban con el peso de los gastos de la construcción, dato que hace que estas construcciones tengan una carga más de interés.

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Paso en Huerta de Segura, Jaboneros.

Esta mina de Pro Bajo no está relacionada directamente con su noria, pero los alrededores de este impresionante lagar (ya colgaremos un día fotos de él) están plagados de túneles, atarjeas y minas relacionados con el riego.

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Interior de la mina de riego de Pro Bajo

Estas construcciones se situaban en los márgenes de los arroyos, pues esto garantizaba el acceso al agua. Las avenidas e inundaciones propios de nuestros cursos fluviales y en no pocos casos, la mano del hombre, están haciendo desaparecer para siempre estos interesantes ingenios de tradición medieval de nuestra provincia.

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Imágenes de Lagares y Cortijos. Estas imágenes se difunden para uso didáctico. Citen y hagan buen uso de ellas.

Las obras hidráulicas en los partidos rurales de Málaga.

DSC09913A comienzos del siglo XVI el Cabildo de Málaga proyectó la canalización de agua desde Arroyo de la Culebra y Almendral del Rey, en las inmediaciones de la actual Colonia Santa Inés. Este acueducto, conocido como Aguas de la Trinidad, pretendía acabar con la dependencia de los pozos de época musulmana que bebían del alto nivel freático del Guadalmedina, que además de ser insuficientes para surtir a una población de 15.000 habitantes, eran una peligrosa fuente de epidemias y enfermedades. Esta obra, de gran interés sanitario e higiénico, no estuvo a la altura de las necesidades y las condiciones de salubridad siguieron empeorando durante los siglos XVI y XVII.

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Acueducto de Aguas de la Trinidad, a su paso por Castañón de Mena.

Es en 1726, al calor de las reformas borbónicas, cuando Felipe V da su consentimiento al proyecto de traída de agua desde Fuente del Rey en Churriana, contando con el decidido apoyo del gobernador de Málaga, Don Jerónimo Solís. Pero la iniciativa se paraliza en 1733. Las dificultades que ocasionaba el costoso cruce del acueducto por el rio Guadalhorce y algunos intereses particulares terminaron por malograr el proyecto, dejando como testimonio un sólido pero inconcluso acueducto que atraviesa la mencionada vega. La situación higiénica seguía siendo desastrosa y la población clamaba por una pronta solución.

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Acueducto de Fuente del Rey a su paso por la barriada de Zapata

Finalmente, el problema se subsana de forma definitiva entre 1782-1786 con la construcción del famoso acueducto de San Telmo. Este acueducto, pagado con las aportaciones personales de Molina Lario primero y del Consulado de Málaga después, trajo un caudal abundante de agua a la capital además de un suministro adecuado de harina gracias a los molinos asociados. Málaga se transformaría en aquel núcleo moderno y dinámico que sería durante el siglo XIX.

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Acueducto de San Telmo, obra de Martín de Aldehuela.

Con este breve resumen de las intervenciones en materia hidráulica, observamos que las actuaciones administrativas y de los grandes grupos económicos, aunque ineficaces en muchas ocasiones, fueron fundamentales para llevar a cabo los distintos proyectos que se sucedieron a lo largo de la Edad Moderna. Construir y mantener un acueducto es una tarea que requiere de grandes sumas de dinero y de constantes cuidados que sólo determinados entes pueden llevar a buen puerto.

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Alcubilla de la aldea de Cotrina. Partido de Venta Larga

Sin embargo, el panorama en los partidos rurales de Málaga era distinto al de la capital. El alejamiento de las explotaciones agrícolas con respecto a la ciudad y la dispersión de la población hacían que cada cortijo y hacienda solucionase de manera particular el necesario suministro de agua para las actividades agrícolas, y por lógica, la existencia de un nucleo lo decidía la presencia de un yacimiento de agua cercano.

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Acueducto del cortijo Almendrales.

La geología pizarrosa que predomina en los partidos rurales de Málaga, tan beneficiosa para el cultivo de la vid, presenta la desventaja de tener una baja permeabilidad, generando unos yacimientos de escaso e irregular caudal de agua, así que se hace necesario aparejar una infraestructura que palie la situación con minas, albercas, alcubillas etc.

Hay un gran abanico de adaptaciones en el modo de suministrar agua en los cortijos, haciendas y lagares de los partidos rurales, aún así se repiten unas constantes que pueden ser analizadas.

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Alcubilla entre adelfas, partido de Verdiales.

En primer lugar tenemos la mina de agua. La mina es un túnel horizontal de grosor y profundidad variable que se orada en la roca en busca de las filtraciones de agua, unas veces con más éxito que otras. El ejemplo de la mina del cortijo Olivera en Campanillas, consta de hasta tres intentos de minado. Esta mina tiene la altura mínima para que entre una persona y realice operaciones de limpia de sedimentos. Puede llegar a alcanzar profundidades considerables si tenemos en cuenta que son estructuras de uso particular. Un ejemplo interesante es la mina del lagar El Ángel, de 14 metros de profundidad y en forma de Y. En los meses de verano, cuando proliferan los insectos y el agua pierde calidad, era costumbre echar un terrón de cal viva en el agua con el objetivo de purificarla para consumo humano.

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Dos de los tres intentos de minado.

El agua de la mina se reconduce mediante embudo hacia los atanores. El atanor es una tubería de barro cocido que debe su nombre a un largo linaje etimológico que se remonta al acadio tinuru, testigo lingüístico de la sempiterna necesidad de agua. Estas piezas cerámicas de diámetro variable según necesidades (alrededor de 10-15 cm para consumo particular) se machihembraban formando una canalización protegida a su vez por una atarjea o cajón de mampostería y ladrillo que daba solidez y estabilidad.

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Restos de una atarjea y sus atanores.

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Depósitos sedimentarios en el interior de un atanor.

El desnivel que se le otorgaba a la canalización para que corriera el agua era un complicado juego entre presión y sedimentación, pues si el agua fluía a demasiada velocidad podía dañar los atanores y si caía de manera relajada propiciaba la sedimentación de lodos. La obra maestra malagueña de canalización con atanores la encontramos en el Acueducto de San Telmo, donde gran parte de sus 11 km de recorrido tiene un desnivel de 8.6 cm cada 100 m.

El depósito de limos y cales en los atanores era un problema de difícil solución ya que era imposible acceder al interior de la canalización. La opción más utilizada se presentaba con las alcubillas. Estas alcubillas eran arquetas que jalonaban el recorrido de la tubería con la función de atrapar los depósitos que se arrastraban mediante un pequeño salto de agua.

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Alcubilla en Campanillas.

La construcción de estas alcubillas era de naturaleza dispar. Las más elaboradas tenían forma de cilindro de 1.5 – 2 m de alto con cúpula, línea de imposta hecha de ladrillo a modo de ornamentación y un pequeño vano para acceder, otras eran una tosca covacha de mampostería con su correspondiente vano y las más simples se resolvían con una orza semienterrada y tapada con una laja de piedra.
En todas ellas el sistema era el mismo. Por un lado entraba el agua a cierta altura, se sedimentaban los arrastres en el fondo de la alcubilla y el agua limpia salía por otro lado continuando su camino. Cada cierto tiempo un operario limpiaba de limos e impurezas el fondo de la alcubilla.

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Sistema de sedimentación en el interior de una alcubilla.

En el tramo final del recorrido estaba la fuente o pilón.

IMG_5462La fuente se encontraba junto a la vivienda y era la construcción más estilizada de todo el cortijo, lagar o hacienda, a juego muchas veces con el remate de la torre de contrapeso del lagar. Presentaba generalmente un pilón adosado y una terminación mixtilínea con remates cerámicos o de piedra labrada, pero al fin y al cabo estas eran de composición libre (mascarones en los caños, placas conmemorativas y variedad en los materiales constructivos empleados).

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Mascarón en el caño de una fuente.

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Detrás de la fuente o pilón podía encontrarse una alberca para uso agrícola que se llenaba con el agua sobrante de la fuente. En algunos casos como en el ya desaparecido lagar de Cristobal Herrera en el arroyo Gálica, se cubría la alberca con una pérgola para evitar la excesiva evaporación. De mampostería, ladrillos, mazaríes y mortero de cal estas albercas se elaboraban con gran técnica, siendo el único elemento constructivo que se mantiene intacto en muchos de estos edificios abandonados.

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Alberca en el lagar de Cristobal Herrera en el arroyo Gálica. Cortesía de Carlos Sanchez

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Alberca en el partido de Vuelta Larga.

 

 

 

 

 

La diferencia de la alberca con el aljibe es que el agua de este se destina para consumo humano y por ello se encuentra a cubierto de la meteorología, pero su presencia es escasa en los partidos de Los Montes, no así en los de la Vega del Guadalhorce.

Si quiere saber más:

⋅ Davó Díaz P. J. (1986) El Acueducto de San Telmo.

⋅ Camacho Martinez R. Los problemas del agua en el siglo XVIII: El Acueducto de San Telmo y su valoración actual.

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Los forjados milenarios de Málaga.

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Hace 11.000 años aparecieron en Oriente Próximo unas extrañas casas de planta rectangular que la Humanidad jamás había visto hasta entonces. Estas casas alargadas y de muros de adobe se mostraron como una evolución de las chozas circulares características hasta el momento. La planta rectangular permitía, entre otras cosas, añadir construcciones adosadas e interconectadas como corrales o almacenes, todo ello bajo una misma cubierta que facilitaba la vida diaria de las personas al poder realizar distintas tareas sin salir de la vivienda.
Pero a la vez esta planta rectangular presentó un reto arquitectónico para aquellos pobladores del neolítico. Había que cerrar la habitación con una cubierta distinta de aquel cónico entramado de ramas propio de las chozas, ya que esta solución no se amoldaba a las nuevas formas rectilíneas.

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Planta rectangular. Lagar de Jotrón.

El problema se solucionó al crear una cubierta plana utilizando viguetas de maderos desbastados con azuela de piedra y sobre ellos, un entrevigado de cañas que soportaba una torta de barro y estiércol secada al sol, rematado todo ello con un enlucido de arcilla blanca. Arreglado el problema de la cubierta era cuestión de tiempo que los habitantes de los primitivos asentamientos neolíticos se decidieran a echar un segundo nivel motivados por la escasez de espacio, ya que los poblados se configuraban con las casas amontonadas para mayor seguridad de los vecinos.
Esta cubierta de maderos, caña y barro pasó entonces a ser el forjado que sujetaba el segundo nivel, y con tan buenos resultados, que 11 milenios después seguimos viéndolo con pocas variantes en la arquitectura popular de todo el Mediterráneo y gran parte de Asia.

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En esencia los forjados empleados en los cortijos y lagares de Los Montes de Málaga presentan las mismas características que los utilizados en las prehistóricas casas, pero como es lógico, existen algunos elementos diferenciadores que la evolución técnica ha ido ofreciendo.Veamos entonces los tipos de forjados que se pueden encontrar en las construcciones tradicionales de Los Montes.
Al igual que ocurría con las pares de las cubiertas, las vigas de los forjados hacen acto de presencia en forma de rollos de álamo, encina y eucalipto toscamente desbastados para casas humildes. Los cuartones de pino, mejor labrados, aparecen formando parte de los forjados de viviendas más pudientes.
El paso del tiempo no perdona la vida de estas maderas, así que es normal encontrar reparaciones de viguerías, dejándonos en muchos casos una amalgama de vigas de distintos tipos en un mismo forjado.

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Sobre estas vigas iba el entrevigado. Este estaba constituido por elementos ligeros y que daban continuidad al forjado. Las cañas atadas con tomizas de esparto vienen siempre asociadas a los rollos de maderas. Los ladrillos sujetos con mortero y el tableado fijado con clavos aparecen con los cuartones.

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Vigas y viguetas con ladrillos a panderete.

Como siempre aviso, cada casa es un mundo, y así se constata en las soluciones que se dan al embellecimiento de la parte visible del forjado. Casi siempre aparece el tableado y los cuartones pintados de amarillo (no me pregunten la tonalidad) pero también se encuentra el uso de yeso en enfoscados planos o formando falsas bóvedas como la capilla, o zona de laboreo del lagar, de Cotrina, Málaga.

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Arriba, trampilla para facilitar el trabajo de la prensa del lagar.

La torta es el siguiente elemento a analizar, pues esta se coloca encima del entrevigado. Esta torta de barro y cal al igual que ocurría con las tejas, sirve de asiento a la solería del segundo piso, apareciendo indiscriminadamente en todas las casas aunque no faltan los ejemplos de uso de mortero de cal. En algunos casos podemos encontrar el empleo de elementos de poco peso, como panochas de maíz, integrados en la torta para aligerar la obra, pero estos ejemplos no son propios de la zona de estudio.

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Rollo, tableado con clavos, torta y mazaríes.

Estos forjados eran capaces de soportar grandes cargas, pues hay que recordar que los atrojes (graneros compartimentados por pequeños tabiques de un metro de altura) se encontraban en la parte superior de la vivienda y algunos de ellos alcanzaban una capacidad volumétrica de 10-12 fanegas de trigo o cebada, aparte de otros enseres de gran peso.

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Atroje para almacenar granos.

Finalmente la solería. En las plantas superiores aparece solería de mazaríes de pequeñas dimensiones. También es habitual encontrar unos preciosos suelos de lajas de piedra sedimentaria propia del lugar y fijadas en la misma torta. Otras salidas más sencillas son los emporlados de mortero (palabra derivada del cemento portland) o la utilización del mismo tableado del forjado como suelo. Los suelos de baldosas hidráulicas aparecen a finales del s. XIX hasta mediados del s. XX.
No quiero pasar al siguiente punto sin hablar de los suelos utilizados en las plantas inferiores, ya que estos presentan algunas particularidades.
Aparte de las lajas, emporlados y mazaríes, aparecen en las plantas inferiores suelos de enchinados. Algunos modelos de lagares tienen un patio interior destinado al trabajo y a la estabulación de animales. Este patio central se conectaba a la puerta principal mediante un camino que pasaba por el interior de la vivienda. Este camino se encontraba enchinado con cantos rodados de río, más propio para el paso de animales. Ello no excluye que se utilicen enchinados en otras habitaciones de la planta baja no destinadas a animales.

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Pasillo con enchinado para los animales.

Las escaleras que daban acceso a la segunda planta se presentan en dos tramos con escalones de mazaríes o ladrillos macizos protegidos por mamperlanes (listones de madera puestos en el borde del escalón).

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Mamperlanes en un lagar de Casabermeja.

Las barandillas de las escaleras se realizaban con la misma técnica que los tabiques de separación de las habitaciones y los atrojes, es decir, estructuras de listones de madera que sujetaban un entramado de cañizo, todo ello enfoscado en mortero de cal o yeso. En algunos casos más pudientes podemos encontrar barandillas elaboradas en su totalidad de madera, con un tosco cabezón tallado a modo de remate ornamental.

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La misma técnica empleada en los tabiques interiores.

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Detalle. Fijación de los listones.

Evidentemente en corrales y construcciones adosadas de menor calidad, las escaleras se fabricaban con otros materiales más económicos pero no exentos de encanto, como es esta pequeña escalera de acceso a la cámara alta o almacén en el partido de Chaperas.

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Pero el olvido de las técnicas tradicionales, la especulación urbanística que últimamente asola Los Montes, la falta de medidas protectoras de estos centenarios edificios y una administración ausente, harán que estos históricos forjados herederos de 11 milenios de tradición, sean dentro de poco sólo eso, Historia.

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