APUNTES SOBRE LA EVOLUCIÓN Y CARACTERÍSTICAS FUNCIONALES DE LOS LAGARES DE MÁLAGA (parte I)

           Hasta bien entrado el siglo XX, el lagar de vino fue la construcción dispersa más habitual de las comarcas de la Axarquía, Los Montes y el Valle del Guadalhorce, conformando un paisaje agrario de rasgos y características singulares. Sin embargo, estas edificaciones tradicionales se han visto afectadas por la profunda desestructuración económica y cultural que desde la década de los sesenta arrastra las zonas rurales inmediatas a Málaga. El conjunto de los lagares adolece de un avanzado proceso de abandono, o en su defecto, ha sufrido agresivas rehabilitaciones a otros usos, desfigurando de forma irreversible la fisionomía de los inmuebles. Mayoría son ya los que están en ruinas o han sustituido sus elementos constructivos vernáculos por otros de factura contemporánea.

Por otra parte, no se puede obviar el avance del urbanismo que viven las zonas próximas a la ciudad y la franja más inmediata a la costa. El inevitable desarrollo de infraestructuras viarias, zonas residenciales y polígonos industriales propicia la demolición de históricas explotaciones agrícolas, escasamente documentadas y estudiadas, y, por ende, carentes de cualquier tipo de protección.

En este sentido, las siguientes líneas tratarán de señalar algunas de las características evolutivas y tipológicas de los lagares, fruto de un trabajo que tiene por objeto conocer el patrimonio agrario y la arquitectura tradicional de las tierras que rodean la capital. Este estudio se ciñe al territorio que ocupa el término municipal de Málaga y sus colindantes, que son Torremolinos, Alhaurín de la Torre, Cártama, Álmogía, Casabermeja, Colmenar, Comares, El Borge, Moclinejo, Totalán y Rincón de la Victoria.

Es necesario señalar que el trabajo aquí expuesto es la versión preprint del artículo publicado por el autor en la revista ARQUEOLOGÍA Y TERRITORIO del departamento de Prehistoria y Arqueología y el departamento de Historia Medieval y CC. TT. Historiográficas de la Universidad de Granada. Debido a la extensión del mismo, el texto se ha dividido en dos partes y publicado en dos entradas.

 

EVOLUCIÓN DEL LAGAR

Al igual que la viña, los lagares diseminados en los parajes montuosos próximos a la ciudad de Málaga han estado presentes, al menos, desde el siglo IX, en estrecha relación con las comunidades mozárabes allí existentes. De esta antigüedad da testimonio yacimientos arqueológicos como la fortaleza de Marmuyas, en Comares, donde se pudo documentar la presencia de una primitiva lagareta labrada en la roca. Sin embargo, las referencias directas que se tienen de este tipo de edificaciones son en la práctica inexistentes durante la etapa musulmana, siendo solo las alusiones, principalmente durante época nazarí, sobre la presencia de viñas y el consumo de vino de Málaga, señal de su indefectible presencia.

Habría que esperar a las fuentes castellanas de finales del siglo XV para tener noticias más concretas de estas edificaciones, aunque estas tampoco son muy prolijas en detalles. En este sentido, la documentación generada tras las conquistas de tierras al reino de Granada aporta algunos datos significativos, como los libros de repartimientos de las tierras de Ronda, un emplazamiento quizá no tan próximo a las comarcas analizadas, pero del que se pueden extraer conclusiones de interés. Aquí se menciona el reparto entre nuevos colonos de algunos lagares urbanos, así: “Las casas que eran del jurado García Rubíncon vn establo que está debaxo de la dicha casa, e con la casylla del lagar, dieron a Sancho de Çelis,”, “está vna puerta cerrada e vn postigo de vn lagar que se dió a Trebiño e a Diego de Medina, jurado”, “Junto con ella está vn postigo de vn lagar: queda con las dichas casas. Sin embargo, por lo ambiguo del contexto es difícil confirmar que se trate de un lagar construido durante el periodo nazarí o si, por el contrario, se trataba de edificaciones de nueva planta que se volvieron a repartir, pero en cualquier caso evidencia su presencia en momentos tan tempranos como 1485-1491.

En los repartimientos de las tierras de Málaga no aparecen referencias a lagares, sin embargo, sí que se otorgan permisos para el establecimiento de nuevas bodegas de vino, algunas de ellas en las mezquitas de alquerías como Benagalbón, quizá por la idoneidad de estos sitios por su condición de espacios amplios y bien situados en los poblados. Estas primitivas bodegas situadas dentro de las poblaciones debían tener asociados un lugar para la pisa y prensado, pues en la producción tradicional del vino local el proceso de extracción del mosto y su posterior fermentación se realizaba bajo el mismo techo. Ejemplos urbanos que cumplan estas características se pueden encontrar aún en distintas poblaciones de la actual Axarquía, como la lagareta de calle Puente, en pleno casco antiguo de Salares. Su configuración se desarrolla como un espacio de planta rectangular de pequeñas dimensiones, suficiente para las labores de la pisa, prensado, albergar un pozuelo de decantación y algunas botas de vino. Aunque su estructura está integrada dentro de una vivienda, la lagareta es independiente a esta, pues su acceso se realiza a través de la calle. En cuanto a sus aparejos, estos se limitaban a una viga de mano anclada a la pared mediante vírgenes.

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Lagareta en el pueblo de Salares

            Es así como la expansión de la industria del vino crece durante el siglo XVI mediante la roturación y desmonte de tierras comunales, y para comienzos del siglo XVII se observa un crecimiento de nuevos propietarios de pequeña y mediana entidad, todo ello amparado por un cabildo municipal que veía en los nuevos plantíos una importante fuente de ingresos por las concesiones de licencias. Aparejado a estas fincas se construyeron las primeras edificaciones de nueva planta o reaprovechando antiguas edificaciones de época nazarí, a juzgar por las descripciones realizadas en el Libro de Composiciones de Felipe II conservado en el Archivo Municipal de Málaga.

            Atendiendo al trabajo de campo realizado, estos lagares diseminados debieron ser construcciones sencillas donde predominaba la planta de dos naves con torre de contrapeso, cocina, cuadras y, en algunos casos, una primera planta con alcoba y trojes, como se observa en el lagar o molino de Santillán, cuya licencia de construcción se registra en 1495. Este singular ejemplo de construcción documentada en la primera fase castellana ha sufrido sucesivas ampliaciones realizadas durante los siglos siguientes, pero cabe pensar que los muros maestros de la nave del lagar y el tinajero, realizados con técnica de tapial con cajones de 80 x 45 x 120cms, pudieran corresponder a la estructura original.

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Lagar de Santillán, actual término de Rincón de la Victoria.

            Aunque algo más tardío, este modelo se repite de nuevo en otra edificación situada en Almogía. Se trata del lagar de Monticelli, documentado a mediados del siglo XVII gracias a una fecha incisa en la bodega del propio lagar, con el añadido que esta fecha pudiera señalar solo una reforma. En cualquier caso, vuelve a aparecer un lagar de dos naves de 27m. x10 m. con muros maestros de tapia, solo que, en esta ocasión, se trata de una técnica diferente de arquitectura con tierra, ya que en vez de cajones se utilizan tongadas corridas de lado a lado del muro. A la construcción principal se le adosan tiempo después dos cuerpos en perpendicular con 5 x 10 ms, dejando una planta en forma de C que permite un patio de laboreo en el centro.

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Lagar de Monticelli, Almogía

             Son estos lagares del siglo XVI y XVII de aspecto sobrio, pues no otorgan espacio a ornamentación alguna salvo, quizá, en las torres de contrapeso, decoradas con listeles de ladrillos horizontales y remates con formas básicas como semicírculos. Sus paredes revestidas con cal blanca, a la almagra o añil, carecen de las pinturas murales que empezarán a hacerse más comunes en el siglo siguiente. Sus vanos, abiertos al SE, son pequeños y desordenados, haciendo que el interior se conserve fresco y oscuro, siendo esta una manera de huir de la climatología exterior, ayudando al mismo tiempo a mantener una temperatura constante en la bodega. Algunos casos de lagares simples de dos naves con muros de tapia se detectan en Ahumada, Corachilla, Carvajal, Polanquito, Charrangueras, Loberas y Arias entre otros, todos ellos dentro del término municipal de Málaga. Un análisis más exhaustivo de estos lagares de dos naves podría acercar a conclusiones más firmes sobre la tipología y características de la arquitectura rural de los siglos XVI y XVII.

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Lagar de Loberas, partido de Santo Pitar, Málaga

            En el siglo XVIII la oferta de productos vitivinícolas desarrollaría la economía y la integración de Málaga en el comercio internacional, hasta el punto de convertirla en una rica región periférica durante la Edad Moderna. Después de los altibajos comerciales de la segunda mitad del siglo XVII, el siglo XVIII aparece como un periodo donde la exportación de vinos recobra fuerzas. De este periodo se constata también la aparición de los primeros extranjeros atraídos por el comercio, fruto de ello ha quedado una variada toponimia de apellidos europeos adaptados al habla local, como el lagar del Lince por Linch, lo Brun por Broune, Pro por Protzen, Bitambé por Wittemberg, Cuti por Quilty, Garbey por Galwey etc. Autores como Medina Conde ofrecen algunos datos sobre producciones y exportaciones, permitiendo conocer de forma sucinta la situación del vino y, de forma extensiva, la de los viñedos y lagares. Comenta el autor que entre 1765 y 1769 se produjeron en el término 2.845.695 @ de vino, de las cuales algo más de la mitad fueron exportados a países extranjeros, una cifra, y ello sin contar con el negocio de la pasa, que indica que la actividad viticultora en el XVIII era el principal motor económico de la ciudad y de la Axarquía original.

            En arreglo a este auge del comercio exportador, en este siglo se observa al mismo tiempo un desarrollo arquitectónico y cambio en los modos de construir de las zonas rurales. Es necesario señalar en este punto que establecer evoluciones cronológicas en la arquitectura tradicional es un ejercicio orientativo y no exacto, pues, como en la propia arquitectura culta, los estilos se solapan, conviven y se mezclan durante tiempos indefinidos. Diversos factores pueden incidir en el resultado final de una obra de forma independiente a su tiempo, como la capacidad económica y gustos del promotor, los materiales constructivos disponibles, el reaprovechamiento de estructuras anteriores que obliguen a adaptar un determinado modelo, etc. En consecuencia, estas especificaciones sobre la evolución de las construcciones rurales se basan en percepciones generales tomadas a través del trabajo de campo. La documentación es también en este periodo de gran ayuda por su abundancia, es el caso del Catastro de Ensenada, que facilita la tarea de análisis de esta arquitectura anónima a través de las descripciones y declaraciones contenidas en sus Respuestas Particulares. Un volcado de su contenido arroja 1254 declaraciones de casas de campo con lagar en todo el antiguo término de Málaga donde se indican el número de naves, tinajas, plantas altas, corrales, pajares, caballerizas y otras dependencias de las casas de las zonas rurales.

            Ya sea por reforma integral del edificio o por construcción de nueva planta, en el siglo XVIII se observa que los inmuebles abandonan la sobriedad del periodo anterior para dejarse influenciar por un barroco pasado por el tamiz de lo popular, por lo que no termina de haber grandes muestras de ostentación arquitectónica, salvo quizá, en el desarrollo de grandes volúmenes constructivos. Por otra parte, en los ejemplos de edificaciones planificadas por propietarios con gran capacidad económica se puede entrever que las dependencias y espacios, además de mayor volumen, cobran una separación más marcada de los usos residenciales y productivos, por lo que en este aspecto también se evoluciona con respecto a la etapa anterior. Ejemplos modelo de estos nuevos lagares son el lagar de Las Parras, el lagar de Almendrales, lagar de Lo Muñoz, lagar de Pro Alto y, por supuesto, Jotrón, máximo exponente de este momento.

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Lagar de Las Parras, partido de Jaboneros, Málaga

             Estos ejemplos mencionados cuentan con patio central en torno al cual se desarrolla las dependencias, y en el caso de Almendrales, el perímetro del patio está recorrido por sencillos arcos escarzanos de ladrillo, como si de un claustro se tratara. El acceso a estos patios se practica o bien mediante un camino que comunica desde la puerta principal, atravesando para ello la crujía de una nave, o bien mediante de forma directa con un portón levantado en un lateral con formas decorativas mixtilíneas y jarrones cerámicos en su parte superior.

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Pasillo de laboreo, lagar de Cea, arroyo Jaboneros

            En este siglo los vanos se ordenan de forma racional por las fachadas y al mismo tiempo, su tamaño se alarga dejando entrar la luz al interior de las estancias principales, no así para otras dependencias de servicio como cuadras y pajares. Aunque es probable que los cierres de forja también fueran propios del siglo anterior, empiezan a ser más frecuentes balconadas con formas abombadas sobre las puertas principales y rematadas por un tejaroz. También desarrolla la rejería de forja para cierre de vanos a base de cuadrillos y una sencilla decoración en forma de flor en el cruce de los hierros.  El estado de abandono de la mayoría de estos lagares ha propiciado que los elementos de hierro hayan sido expoliados para su reventa, pero debieron existir otros ornamentos en la fachada como cruces, soportes de canalones, tiradores de portones, cerraduras, aldabas, tachuelas de portones etc.

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Cruz rematando el acceso a la finca de San Cayetano, partido de Santa Catalina

            En los tejados empiezan a aparecer las tejas vidriadas combinándose a dos colores en las cumbreras, es decir, la hilera que remata el tejado y lo divide en dos faldones, y en canalones de evacuación. Los colores habituales eran el verde, azul y ocre en diferentes tonalidades que se conseguía cociendo las tejas y aplicando una mezcla de alcoholes y distintos tipos de óxidos mezclados con plomo o albayalde. Pocos son los tejados que se han conservado de este siglo, pues el cambio de cubiertas era una tarea que se debía realizar cada cierto tiempo por podredumbre de las vigas y alfajías.

            Las capillas y oratorios de las fincas privadas eran puntos de reunión y del campesinado que vivía alejado de las iglesias parroquiales o de las ermitas rurales, estas últimas escasas en número y situadas en zonas, por lo general, retiradas. El mantenimiento y funcionamiento de estos lugares, casi siempre, situados en la finca principal del lugar, corría a cargo del propietario de la heredad donde se ubicaba. Un interesante documento fechado en el año 1667 relativo a la capilla de Chinchilla, pago de Chaperas, término municipal de Málaga, aporta datos sobre el modo de administrar una capilla del lagar. Las misas se celebrarían los domingos, donde se reunirían los vecinos del pago para escuchar al sacerdote oficiante. Este recibía a cambio de sus servicios comida, una jumenta y unos honorarios acordados y pagados por el propietario de Chinchilla. El hecho es que es incuestionable que en estas capillas rurales la participación de los vecinos en los oficios religiosos suponía la ritualización de las relaciones sociales y de expresión de la pertenencia a un espacio común, pero, por otra parte, también era lugar donde el gran propietario demostraba su capacidad como ente aglutinador de la vecindad y su potencial económico, y esto se puede observar a través de su arquitectura, pues estas dependencias, anexas o exentas del edificio principal, eran unas construcciones donde se daba una licencia creativa y artística que apenas aparecía en el resto del lagar. Estas capillas suelen rematarse con espadañas o antepechos con decoración mixtilínea en su fachada principal, también existen ejemplos donde toda la capilla aparece decorada con pinturas murales de tipo geométrico, que indican un figurado despiece de sillares de colores llamativos, además de hornacinas, pequeñas pilas de mármol labrado para albergar el agua bendita o incluso pequeños y sencillos retablos de madera.

            Estos espacios suelen tener una planta rectangular y de pequeñas dimensiones, entre los ejemplos documentados destacan la capilla de lo Muñoz, en el partido de Jaboneros, término de Málaga. Se trata de una capilla exenta de planta rectangular y fábrica de mampostería decorada con antepecho en su fachada principal, pinturas murales de tipo geométrico y un arco rebajado en el vano de acceso, también es reseñable la capilla del lagar de Las Ave Marías, de características similares y con pinturas murales simulando ladrillo fingido, y por último,  la capilla del lagar de La Campana, erigida con cajones de tapia con verdugadas a tres bandas de ladrillo, como elemento ornamental reseñable, cuenta con una gran espadaña rematada a dos aguas.

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Capilla lagar de La Campana, partido de Jaboneros, Málaga

            El pilar o fuente es otro elemento remarcable en la composición general de estas fincas, tendente también a ser objeto de ornamentación, quizá por el gran valor que goza el agua en el imaginario rural. Sin la fuente o pilar la vida en los hábitats rurales no sería posible, pues esta otorga no solo agua, sino frescor en una región donde el clima cuenta con veranos calurosos. Esta importancia dada se refleja en la configuración de los pilares situados en el ruedo o ejido del lagar, en ocasiones bajo una pérgola que reforzaba la sensación de frescura. Estas se componían por el propio pilar, un receptáculo de obra de fábrica de ladrillo y mortero de cal hidráulica. El agua caía por un surtidor que podía estar rematados con mascarones de hierro o una decoración de azulejería.

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Mascarón lagar de la Tercia, partido de Jaboneros, Málaga

            El elemento más llamativo del pilar lo otorgaba el frontal de la fuente, de composición libre, pero por lo general coincidente con el remate de la propia torre de contrapeso. Entre los más habituales están los de arco de círculo, triangular o entrecortado, encima de estos frontones se documenta la presencia en grupos de tres de piñas, jarros cerámicos o, en los casos más humildes, macetas. También se documenta la decoración con pinturas murales a la almagra con incisiones en algunos casos, como en el lagar de Caldete, Almogía, y la Fuente de las Parras Viejas, en Casabermeja.

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Pilar en el lagar de Rovira el Viejo, Vuelta Grande, Málaga

           En el siglo XIX el paisaje rural conoció una serie de evoluciones en su gran mayoría adversas a su buen desarrollo, teniendo como resultado final la crisis y posterior desestructuración del sector agrícola de secano. Este siglo no tuvo un buen comienzo, la invasión napoleónica hizo que muchos de los propietarios abandonaran sus inmuebles y heredades de las zonas urbanas y rurales, por lo que con el tiempo estas acabaron arruinándose y perdiendo gran parte de su valor, creándose a continuación un mercado de compraventa de propiedades abandonadas. Sin embargo, la agricultura seguía siendo el principal sector económico de la región, absorbiendo el 45 por ciento de la mano de obra activa, aunque en su gran mayoría bajo la forma de trabajo temporal.  Es a partir de los años 60 de este siglo cuando se observa que los cultivos de secano tradicionales y orientados a la exportación como el vino y los frutos secos empiezan ser objeto de un lento declinar frente a otros cultivos de raíz tropical, como la caña de azúcar, remolacha, chirimoyos, cítricos, etc. Esta pérdida de fuerza en el secano pudo ser motivada entre otros factores, por la falta de innovación e inversión en los sembrados y sus productos derivados. Este hecho ya lo señalarían autores del cambio de siglo como Bartholomé Ghiara, que en su obra La Vinificación mediante el empleo exclusivo de la asepsia industrial denunciaría el escaso cuidado que ponían los productores de vino en el cuidado de la calidad y buen nombre de sus productos. Finalmente, a esta situación de decadencia se le uniría en 1877 la llegada de la filoxera, un insecto parásito de la vid procedente de Norteamérica y que llegaría por estas tierras a través de unas viñas sembradas en el lagar de la Indiana, término de Moclinejo. La enfermedad, que secaba la planta en un periodo corto de tiempo, arrasaría los cultivos de montes ante la indefensión genética de las viñas autóctonas.

            El ocaso del cultivo de secano se dejaría notar de forma visible en la arquitectura rural, pues en el siglo XIX parece que la construcción de nuevos lagares similares a los del periodo anterior sufre un estancamiento. Si se analizan los padrones realizados desde el año 1834 hasta el año 1896 evidencia que la propiedad en Los Montes, lejos de concentrarse, como así ocurría en la vega del Guadalhorce, tendía a la fragmentación casi minifundista. Dos ejemplos singulares por lo ilustrativo del proceso están en las fincas de Lo Milla y Lo Brun, ambos en el partido de Jaboneros, término de Málaga. Sumando todas las piezas de tierras ambos propietarios poseían algo más de 600 ha de tierras cultivadas e incultas, sin embargo, avanzado un siglo, estas mismas propiedades se fragmentan en doce y diez partes respectivamente. Este ejemplo aportado no indica más que dos casos concretos en un territorio tan amplio como la comarca de Los Montes, y, por lo tanto, no puede ser concluyente, pero lo cierto es que siguiendo estos mismos padrones del XIX, sumado al trabajo de campo, se observa la fragmentación generalizada de los antiguos lagares y una proliferación de casas de escasa entidad con lagareta.

            Siguiendo la línea expuesta, son pocos los lagares de nueva planta que se han podido documentar en este periodo, por lo que no es posible extraer patrones que los que los engloben, y las pequeñas casas con lagareta más bien encajarían en otra tipología de construcción campesina, pues la elaboración de vino no ocupa la actividad principal de la explotación agrícola. Por el contrario, si se documentan aquellas que se benefician de reformas, son el lagar de Torrijos, y el lagar de los Negros durante los años 1843 y 1821 respectivamente.

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Lagar de Los Negros, Santa Catalina, Málaga

 

           Estos ejemplos, aunque escasos en número, son de interés para el análisis de este periodo, pues las Respuestas Generales indican que son construcciones de “cuerpo pequeño”, entendiéndose que las reformas de la primera mitad del XIX modificarían el aspecto general de la construcción. Estos dos lagares tienen un aspecto similar ya que ambos presentan planta de dos naves de tamaño muy similar (aprox 15 x 7m.) Las construcciones cuentan con una segunda altura con balcón central de forja apareciendo el resto de los vanos distribuidos de forma ordenada y simétrica por la fachada. Su fábrica es íntegra de mampostería con ladrillos en los quicios de los vanos. Los edificios tornan de nuevo a la sobriedad y la sencillez de líneas, libres de pinturas murales y las decoraciones de líneas quebradas y curvas del barroco popular, hasta el punto de que la torre de contrapeso, habitual elemento constructivo rematado con ornamentos, se integra en el cuerpo principal de la construcción sin concesión alguna a la decoración. Se impone también el blanco en las fachadas, aunque las pinturas a la almagra y con añil siguen haciendo acto de presencia. Ambas construcciones cuentan con un pequeño ruedo o ejido frente al edificio y un poyo de mampostería rematada con baldosas de mazaríes corrido en toda la línea de fachada, un emparrado ofrece sombra al descanso en estos poyos. El pilar se resuelve con frontal sencillo y caños simples, aunque en ambos ejemplos existen sendas placas de mármol tallado donde se indica una fecha de construcción.

            Aunque no puede corroborarse su fecha de construcción, ejemplos similares a los descritos aparecen en el partido de Jaboneros como el lagar de Cea o el lagar del Sevillano, en el partido de Gálica, todos ellos incluidos dentro del término de Málaga.

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Lagar del Sevillano, Partido de Jaboneros, Málaga.

BIBLIOGRAFÍA

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El lagar de Cerrado Victoria.

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Situado en una de las laderas del Cerro de la Matanza, partido rural del arroyo Jaboneros, este lagar era un curioso ejemplo de explotación agrícola en los Montes de Málaga por su histórica localización y por ser una de las fincas más grandes del entorno. Aunque de momento desconocemos datos anteriores al siglo XVIII, sabemos gracias al Catastro de Ensenada (para la ciudad de Málaga, año 1753) que este inmueble adscrito a la división parroquial del Sagrario era una de las innumerables propiedades del convento de Nuestra Señora de la Victoria.

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Según dicha descripción, Cerrado de Victoria o Hacienda de la Victoria era un lagar con horno, caballerizas, despensa, cinco salas altas (que nos hablan de una construcción de importancia), lagar de pisar con viga de husillo y una bodega de 35 tinajas de tipo morisco con 2000@ de capacidad (32.200 litros de vino), calculándose un valor total de la construcción de 275 reales de vellón, además de una capilla donde estaría una imagen de la virgen María realizada en madera y que por fortuna, se conserva, aunque eso, sí, un poco desfigurada tras unas “restauraciones” llevadas a cabo en 1940.

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Tras la restauración, la imagen quedó muy desmejorada. Foto por cortesía de Ignacio Krauel.

La hacienda contaba en aquel siglo XVIII con una de las pocas almazaras de aceites de los montes, ya que albergaba una pequeña molineta con un mortero de piedra movido a caballo. Para el prensado del aceite se utilizaba la misma viga de husillo del lagar de vino, cosa poco frecuente y extraña, ya que por mucho cuidado y limpieza que se dispusiera, la mezcla de productos alteraría notablemente sus sabores.

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Vista general del lagar antes de la reforestación de esta parte de los Montes en 1960. Foto cortesía Ignacio Krauel.

En cuanto a sus tierras agregadas, Cerrado de Victoria contaba con una pieza de secano de 12 fanegas de mediana calidad dedicadas al cereal “de pan llevar”, tierras estas, que fueron cedidas a favor del convento por Maria Teresa de Priego, vecina de Málaga, y por ello, las monjas del lagar realizaban una misa cantada además de dos días de honras al año.

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Tierras inmediatas a Cerrado Victoria, ya reforestadas.

En lo referente a sus viñas, la Hacienda de la Victoria tenía 36 obradas de diferentes calidades (una obrada puede contener hasta 500 cepas) y una pieza de seis fanegas inútiles por naturaleza. Sin lugar a dudas, el orgullo de la Hacienda de la Victoria sería una inmensa parcela de 250 fanegas sembradas con distintos árboles que lindaría con los lagares de Garavía (sic) y Milla, sembrada con 900 olivos y 330 acebuches, 1050 almendros, 780 encinas y 36 algarrobos, además de higueras, cerezos, perales, naranjos, cidros, limones, cipreses etc.

Estas parcelas estarían arrendadas a Pedro Melendez, que las explotaría por una cuantía de 225 reales de vellón y con la obligación de entregar cargas de uvas y otros pagos en especie.
Llama poderosamente la atención que al consultar el pliego catastral de Pedro Melendez la cuantía del arrendamiento varía sensiblemente, ya que este último declara pagar una cifra más elevada que la antes mencionada, además, se obvian las huertas regadas del lagar, objeto también de imposición fiscal. Aquí podemos ver el típico caso de ocultación intencionada, ya que por la naturaleza fiscal de estas averiguaciones no era raro que los propietarios declararan cifras inferiores a las reales y se “olvidaran” declarar algunos bienes raíces, a Dios rogando y la cartera vigilando.

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Las viñas se perdieron tras la crisis filoxérica de 1877, dejándo un campo yermo y deforestado. Cabras pastando en la inmediación del lagar alrededor de los años 1940-50. Foto Ignacio Krauel.

El Cerrado Victoria o Hacienda de la Victoría continuaría en manos eclesiásticas hasta las desamortizaciones de Mendizábal en 1836, cuando se incautaron gran cantidad de fincas rústicas y se demolieron muchos de los conventos de la ciudad, incluido el de Nuestra Señora de la Victoria, en este sentido, en los padrones municipales de 1840 y siguientes ya encontramos a un seglar, Don Juan Barrionuevo, que iniciaría una línea sucesoria de propietarios.

El lagar sufriría años más tarde como tantos otros la llegada de la plaga de la filoxera de 1877 y la crisis finisecular que asoló los campos, dando como resultado una agricultura de bajo rendimiento económico.

Finalmente, ya en el siglo XX, durante la repoblación forestal de la Cuenca del Guadalmedina los terrenos fueron expropiados a Pedro Barrionuevo Ruiz-Soldado a finales de la década de los 50.

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Pliego de expropiación de fincas para la reforestación de la cuenca del Guadalmedina.

Es en este momento cuando se borran tantos siglos de historia, ya que el edificio fue expoliado de forma salvaje, se arrancaron las rejerías y los suelos, se cortaron las viguerías y la obra terminó por desplomarse en cuestión de pocos años.DSC09933

Si nos centramos en el edificio, este era de planta cerrada rectangular (18m x 9 m aprox) dividida en tres naves, y con dos naves perpendiculares (14m x 5 m aprox.) en cada extremo del rectángulo, a esta planta planificada y ordenada se le irían adosando construcciones de menor calidad como tinados y un aprisco de animales que posiblemente le daría su nombre de “cerrado”.

Cerrado Victoria Alvaro

Localización, fuente: https://goo.gl/maps/W47LP

La Hacienda Victoria es un edificio cuya construcción arroja muchas incógnitas, ya que un estudio más pausado de su obra nos muestra que las naves centrales están realizadas con tapia o tierra prensada y zócalos de piedra, y que a estas se le adosaron las naves laterales donde se ubican el lagar y la capilla citados ya en los documentos del siglo XVIII. ¿Era este edificio de tapia una construcción primitiva? Y si es así ¿De qué época es? queda ahí la pregunta.

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Muros de tapia en la estructura principal del edificio.

Dejando a un lado estos muros centrales de tapia, los paramentos del resto del edificio aparecen con un aparejo de hiladas de ladrillos con cajoneras de mampostería trabados con tierra estabilizada con cal. En las construcciones destinadas a ganados aparece un aparejo irregular a piedra seca y ripios.

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Los suelos, viguerías, cubiertas y otros elementos constructivos fueron expoliados tiempo atrás, por lo que poco podemos decir de ellos, aunque por fotos antiguas sabemos que las cumbreras del tejado tenían las características tejas vidriadas a varios colores.

La fachada principal aparece orientada al SO y sus vanos se distribuían de forma ordenada, destaca aquí una espadaña de aparejo de ladrillo con un vano cerrado con un arco de medio punto. DSC06097

Debajo de esta espadaña estaba la capilla, que contaba con un arco de ladrillo enmarcado en un alfiz y molduras en los estribos, actualmente desaparecido, también destaca un ojo de buey y una hornacina donde supuestamente estaría colocada la imagen de madera.

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Detrás de este grupito de muchachas que celebra su comunión, podemos apreciar la capilla del lagar, hoy prácticamente desaparecida. Foto Ignacio Krauel.

En el otro extremo de esta fachada se encontraba un precioso surtidor con cubierta compuesta de tres planos y una cornisa adornada con molduras, todo ello pintado originalmente de almagra, además, una alberca de riego donde también se ha aplicado almagra para evitar la eutrofización de las aguas.

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En esta curiosa foto sacada desde una ventana se puede apreciar el surtidor de aguas, también desaparecido por el desplome de ese ala del edificio. Foto Ignacio Krauel.

En este ala del edificio aparece la torre de contrapeso integrada y de la que apenas quedan unos restos que sobresalen del suelo.

En el interior del edificio encontramos la nave donde estaría la sala principal con la cocina y su caramanchón o campana y donde en tiempos primitivos debió estar la viga de husillo, del resto de estancias, al encontrarse en un estado muy ruinoso poco se puede decir, aunque con seguridad en la nave paralela debió estar la bodega con las tinajas y en las salas altas el señorío del lagar.

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interior de la primera nave, al fondo, el caramanchón o campana de la cocina. Foto cortesía de Ignacio Krauel.

En la parte trasera con orientación NE aparece el cercado de animales, con los tinados, zahúrdas y gallineros, todos ellos con muros de mampostería irregular, destacan los canales de evacuación de los orines.

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Para finalizar, el lagar contaba con huertas regadas por un sistema de atarjeas, atanores cerámicos, alcubillas y distribuidores que traían el agua desde una corta situada en una torrentera cercana. En algún momento de la historia del lagar, ladera abajo se nivelaron nuevos bancales de huertas, regadas con un sistema independiente de atarjeas y albercas emparradas con agua traída desde el arroyo de Los Llanes, estos bancales recibirían la denominación de Huerta Nueva.

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Alberca del Huerto Nuevo, junto al arroyo Jaboneros, pilares para emparrado.

El curso alto y medio del arroyo Jaboneros cuenta con un abanico de construcciones históricas con una gran carga etnográfica semejantes a Cerrado Victoria, y aunque abandonadas en su mayoría, se han conservado en un estado aceptable, pero ¿Por cuánto tiempo? Las administraciones han mostrado una sensibilidad nula por la conservación de este patrimonio cultural tan importante, trabando su adecuada restauración o en el peor de los casos, instando a los propietarios a demoler estas viejas construcciones por peligro de desplome. Por desgracia, Cerrado Victoria ya es un caso perdido, pero ¿Qué pasará con Lo Cea, Sevillano, La Campana, Urbano, Maroto, Lo Muñoz…?DSC00050

La alegoría perdida de Jotrón.

Mucho se ha escrito del lagar de Jotrón, y no es para menos, pues representa uno de los primeros modelos de residencia veraniega de la burguesía comercial malagueña. Aunque la antigüedad de este edificio es mayor, este enorme lagar situado junto al arroyo de Los Frailes, en pleno corazón del P.N. Montes de Málaga, aparece referenciado en el Catastro de Ensenada y sus revisiones de 1771. Se describe para la época como una casa con finca, con una extensión de 120 obradas destinadas a viñas, 200 olivos, 10 almendros, 12 higueras, 20 fanegas para cereales, 20 colmenas para miel, un huerto de frutales y un gran encinar dedicado a la producción de bellotas, y por si fuera poco, andando el siglo XIX esta explotación aumentaría significativamente de tamaño. Estamos hablando sin lugar a dudas de una de las fincas más importantes de estos pagos, a la altura del lagar de las Avemarías o Almendrales, pero no podemos entender Jotrón sin explicar la historia de uno de sus más insignes inquilinos, Juan Bautista Maury.

Lagar de Jotrón, fachada principal.

Lagar de Jotrón, fachada principal.

La familia.

Juan Bautista Maury (1740-1804), fue un comerciante nacido en Olorón, Francia. Su trayectoria profesional fue tomada por los malagueños del momento como modelo de éxito empresarial, y es que este joven inmigrante empezó siendo aprendiz de mercader de ropas a los 12 años, pero pronto iría escalando puestos al calor de la bonanza económica de aquellos años, hasta tal punto que en 1784 lo vemos como promotor y socio fundador de la Compañía de Caracas de Málaga, y en 1791 ya estaba al frente de su propia compañía comercial “Juan Bautista Maury, hermanos y Cía”. Al morir, había dejado una herencia de 800.000 reales de vellón, una estupenda posición social a sus hijos (que seguirían con el negocio comercial) e importantes propiedades en la ciudad y el campo.

Uno de sus hijos, Jose María Maury,  llegó a ser un reconocido poeta. Fuente fotográfica.

Uno de sus hijos, Jose María Maury, llegó a ser un reconocido poeta. Fuente fotográfica.

Pasada la Guerra de Independencia, los bienes raíces de la familia Maury fueron expropiados, pues como comerciantes descendientes de franceses se situaron en el punto de mira de los sentimientos revanchistas de la población local. Su famosa casa de la Alameda, una finca junto al hospital de San Lázaro y otra de regadío en Torremolinos pasaron a manos españolas, sin embargo, Jotrón siguió ligado por el momento a la familia Maury.

Arquitectura del lagar.

La descripción más amplia de la finca la encontramos en el testamento postmortem de Juan Bautista, ya que ahí se describe y contabiliza la construcción, el lagar, el huerto, los aperos, las barricas destinadas al vino, muebles y un largo etc. aportándonos interesantes datos sobre el patrimonio mueble e inmueble de la burguesía malagueña de finales del XVIII. Como curiosidad, dentro de la explotación lo más valorado son las tinajas de barro y las barricas de vino, con una tasación de unos 17.000 rs v., y la viga del lagar, con una tasación de 3.500 reales de vellón. Estos datos, basados en los completísimos estudios de Mª Begoña Villar García sobre la familia Maury, arrojan también la posibilidad de que el aspecto conocido de Jotrón se deba a unas reformas llevadas a cabo alrededor de 1775, pues hay que recordar que el edificio ya existía tiempo atrás.

Pocos son los restos que van quedando de este enorme lagar.

Pocos son los restos que van quedando de este enorme lagar.

En cuanto al edificio en sí, es de planta cuadrangular de 37×30 ms. aprox. con un gran patio interior, a diferencia de otros lagares de nuestros hinterland, Jotrón aparece construido como fruto de una planificación arquitectónica, pues su planta y sus salas presentan un correcto orden y  división de funcionalidades. Su fábrica está realizada con los materiales de la típica construcción de Los Montes, mampostería para los muros, ladrillos en verdugadas, cadenas y jambas, y un mortero de barro pobre en cal, que si aparece con mayor prodigalidad en enfoscados y enjalbegados. Las viguerías de forjados están realizadas en cuartones de madera, y por desgracia, poco podemos decir de su cubierta y suelos, ya que se han perdido en su totalidad. El edificio contaba con las instalaciones propias de un lagar de montes; bodega, lagar de pisar y viga de husillo, tinajas para la fermentación, pajar, almacenes, cocina, señorío para los propietarios e incluso una capilla. Mención especial a un horno enorme que posiblemente fue utilizado para la fabricación de ladrillos.

La fachada aparece con una distribución ordenada de grandes vanos, como es característico en una construcción noble como esta, donde el esparcimiento ocupaba una posición tan importante como la producción de vino. La torre de contrapeso, de unos 15 metros aprox de altura y situada en el lado este del edificio, cuenta con un preciosa terminación mixtilínea de líneas barrocas, rematado todo ello por tres jarras de cerámica.

Hay quien sostiene que el edificio fue diseñado por el propio Martín del Aldehuela, artífice entre otras obras del Acueducto de San Telmo, y en cierto modo podemos observar que el remate de su torre de contrapeso recuerda a la decoración de las fuentes como la de Calle Los Cristos o la desaparecida de Fuente Olletas, pero la verdad es que difícilmente podemos afirmar tal relación, ya que no existen evidencias documentales de ello.

Comparativa de la Fuente Olletas y la torre de contrapeso.

Comparativa de la Fuente Olleta y la torre de contrapeso. Foto de Fuente Olleta. 

Las pinturas murales.

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Alegoría de Jotrón, olvidada en el altillo de un conocido museo.

Como sabemos, durante el siglo XVIII fue costumbre extendida decorar los paramentos de los edificios con pinturas que hacían alusiones religiosas, mitológicas, heráldicas o simplemente simulaba elementos arquitectónicos o geométricos. Al parecer tal moda pudo estar incentivada por los descubrimientos de Herculano y Pompeya en la década de 1740, cuyas pinturas revolucionaron el mundo de las artes decorativas del XVIII.  Los lagares pudientes de Los Montes no escaparon a esta moda y muchas de sus fachadas y capillas se adornaron con estas alegres pinturas, legado que por desgracia se están perdiendo irremediablemente en el más triste de los anonimatos. Queda aún mucho por saber del mundo de las pinturas murales en la Málaga del XVIII, y en concreto su difusión en Los Montes, pues la gran mayoría de estas pinturas no se encuentran ni catalogadas, y mucho menos se sabe de sus autores y talleres artísticos.

Detalle de la cabeza.

Detalle de la cabeza.

Jotrón también contaba con una serie de pinturas murales repartidas en sus paramentos. De autoría desconocida, tres alegorías y unas guirnaldas decoraban la fachada principal y la torre de contrapeso del lagar.

En la fachada principal y situadas a media altura, aparecían enfrentadas dos alegorías, cada una a un lado del vano de acceso. Representadas por dos figuras femeninas la primera de ellas, desaparecida por la ruina del edificio, vestía un gorro frigio y portaba una canasta con frutas, la otra, que por suerte fue retirada y restaurada por el equipo dirigido por Estrella Arcos Von Haartman en el año 1996,  se presenta sosteniendo un cántaro que vierte agua y vistiendo una túnica. Ambas alegorías estaban unidas por una guirnalda, también desaparecida por el derrumbe del muro.

La tercera figura, que estaba en un estado aceptable en el año 1996,  representaba a un Mercurio con un caduceo, símbolo ligado al comercio y con seguridad a la profesión de la familia Maury. Por desgracia el Mercurio ha desaparecido por completo en los últimos años, vislumbrándose a duras penas el caduceo con las serpientes.

Del Mercurio a duras penas es visible una parte del caduceo.

Estado lamentable del Mercurio.

La simbología de las figuras no está en absoluto clara, aunque es posible que hicieran referencia a la fertilidad, la riqueza y el comercio antes que a las estaciones del año como se ha llegado a sugerir.

La alegoría del cántaro de agua

La figura femenina, coloreada en tonos rojizos y sombreados, aparece vestida con una túnica y sosteniendo en su mano izquierda un cántaro que vierte agua, su mano derecha recoge con delicadeza la túnica. La cabeza girada a su derecha, luce un peinado adornado con cintas.

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Según Estrella Arcos la alegoría, al igual que las otras desaparecidas, está realizada en mezzo fresco, esta técnica se aplica sobre la clásica secuencia “intonaco” y “arricio”  (revocos superpuestos y de diferente granulometría), el contorno de la figura se marcaba o rasgaba cuando el revoco estaba aún fresco sobre un modelo de dibujo prediseñado. Cuando el  revoco endurecía, se coloreaba en seco con pigmentos mezclados con una aguada de cal para asegurar su fijación, el pigmento rojo o almagra se sacaba del óxido de hierro. Esta técnica ofrecía una mayor elasticidad a la hora de realizar figuras humanas, pues permitía sombreados y la fácil corrección de errores, el mal estado de la parte inferior de la pintura hizo imposible la conservación de las piernas de la alegoría.

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Detalle de las cintas, donde es perfectamente visible las incisiones sobre el revoco y las tonalidades de la almagra.

Incomprensiblemente la pintura se encuentra guardada en un altillo fuera de la vista del público general. Despues de la trabajosa labor de recuperación y restauración no se entiende que esta interesante alegoría duerma el sueño de los justos sin ocupar un merecido lugar en el Museo de Artes Populares de Málaga o en el museo etnográfico de Torrijos. Por ahí está, olvidada, testigo mudo de una época de la que poco a poco va quedando menos.

Las fotos de las pinturas pertenecen al archivo personal.

Fuentes:

Catastro de Ensenada, Libros de Hacendados. AMM. Leg 95-110.

– Villar García, Mª. B. El lagar de Jotrón, testimonio simbólico de la movilidad social de un comerciante francés instalado en la Málaga del XVIII. 

– Muñoz Martín, M. De Viñedo a Pinar, El Parque Natural Montes de Málaga.

Las norias de rosario

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Unos de los elementos rurales menos valorados y que más pasan desapercibidos son las norias que abundan en los distintos arroyos y torrenteras de la provincia malagueña.

Existen multitud de tipos de sistemas empleados a la hora de obtener agua o para emplazarla a niveles más altos. Cuando hablamos de norias, a todos se nos viene a la cabeza las famosas azudas y ñoras, norias de ruedas vitruvianas movidas por la fuerza del agua, pero de estas por desgracia contamos pocas en la provincia (algún ejemplo hay y ya hablaremos de ella). Estas azudas o ñoras son más propias de ríos abundantes y continuos en caudal como el Guadalquivir, donde podemos encontrar el conocido ejemplo de la Albolafia de Córdoba.

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En los cauces de Málaga, por contra, se hacía un mayor uso de las norias de sangre o tiradas por fuerza animal, en concreto, las de tipo “rosario”. Este sistema se extendió durante la Edad Media y permitía extraer agua de manera fácil, barata y segura, de ahí su popularidad. El nombre de rosario proviene del sistema de extracción, consistente en unas sogas equipadas con cangilones o arcaduces (un cazo de cerámica) y su parecido a los rosarios de rezo. Los ejemplos que van quedando pueden ubicarse perfectamente en los S XVII y XVIII, pero al ser tan difíciles de datar a simple vista, muchas de ellas se pueden remontar a tiempos mas antiguos.

El agua sacada de estas norias se podía emplear en dar riego a huertas y jardines, poner en funcionamiento un molino hidráulico o simplemente dar de beber a las bestias, pero veamos algunos ejemplos de cerca y como funcionaban.

Noria de Orozco de Arriba. Esta noria de rosario, tiene unos peculiares contrafuertes con arcos insertados de ladrillos. La fábrica del edificio está realizada principalmente de mampostería. A diferencia de otros edificios contemporáneos y de la zona, se observa el empleo de mortero de cal en sus muros, puesto que el continuo contacto con el agua haría peligroso el uso de barro. Está situada junto al arroyo de la Culebra, lugar de toma de agua del acueducto de la Trinidad (S XVI).  Por desgracia y fuera de foto, la mitad de la noria se ha perdido por la fuerza del arroyo.

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Noria de Orozco

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Detalle de un contrafuerte con su arco integrado

 

 

 

 

 

 

 

En este dibujo de planta y alzado de la noria de Orozco se aprecia el sencillo sistema de rosario tirado por fuerza animal o sangre. Los cangilones recogen el agua y la vierten en una canalización o atarjea situada en la parte alta de la noria para ser conducida a los huertos y bancales de regadío. El arroyo de la Culebra pasa gran parte del año seco o con muy poca corriente, pero eso no impide que por las capas freáticas siga fluyendo un caudal que permita poner en funcionamiento la noria. 

Noria Orozco

Dibujo realizado por Lagares y Cortijos

Otro ejemplo parecido a Orozco lo encontramos en esta gigantesca noria de mampostería situada en el cauce del Guadalmedina. A parte de los contrafuertes, aquí se pueden apreciar los mechinales o huecos de vaciado de aguas, tan perjudiciales para la obra. Hay que resaltar que el interior de la estructura está compuesto de tierra apelmazada, elemento constructivo barato y estable, buena prueba de ello es que después de dos siglos la noria sigue en pie.

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Noria del Guadalmedina. Esta imponente noria casi parece una atalaya que vigíla el curso del río

Noria de La Campana, con cadenas de ladrillos.

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Noria con cadenas de ladrillos en sus esquinas.

El pozo de la noria es el elemento principal. Por aquí discurre el rosario de cangilones movido por fuerza animal mediante un sencillo sistema de engranajes o bigarras. Los contrafuertes de arcos que jalonan el pozo refuerzan los muros de mampostería.

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El sistema era movido por un animal enganchado a una collera. Tirado por burro (no tengo constancia del uso de mulos) el proceso de extracción podía durar turnos de sol a sol, siempre guiado y vigilado por la persona a cargo de la noria.

En el extremo más bajo del pozo había que colocar otra bigarra para que el rosario hiciera con normalidad el giro completo. (ver dibujo) Para las frecuentes reparaciones en muchos casos encontramos accesos al fondo del pozo de la noria, como esta en el arroyo Jaboneros.

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Escalera de acceso a la parte inferior de la noria

Las norias iban asociadas a una red de atarjeas y acequias para posibilitar el riego de huertas y bancales. En algunas huertas podemos encontrar verdaderos ejemplos de ingeniería, donde se levantan pasos elevados para salvar torrenteras y arroyos. No hay que dejar de recordar que estas obras estaban promovidas por propietarios que cargaban con el peso de los gastos de la construcción, dato que hace que estas construcciones tengan una carga más de interés.

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Paso en Huerta de Segura, Jaboneros.

Esta mina de Pro Bajo no está relacionada directamente con su noria, pero los alrededores de este impresionante lagar (ya colgaremos un día fotos de él) están plagados de túneles, atarjeas y minas relacionados con el riego.

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Interior de la mina de riego de Pro Bajo

Estas construcciones se situaban en los márgenes de los arroyos, pues esto garantizaba el acceso al agua. Las avenidas e inundaciones propios de nuestros cursos fluviales y en no pocos casos, la mano del hombre, están haciendo desaparecer para siempre estos interesantes ingenios de tradición medieval de nuestra provincia.

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Imágenes de Lagares y Cortijos. Estas imágenes se difunden para uso didáctico. Citen y hagan buen uso de ellas.

Las obras hidráulicas en los partidos rurales de Málaga.

DSC09913A comienzos del siglo XVI el Cabildo de Málaga proyectó la canalización de agua desde Arroyo de la Culebra y Almendral del Rey, en las inmediaciones de la actual Colonia Santa Inés. Este acueducto, conocido como Aguas de la Trinidad, pretendía acabar con la dependencia de los pozos de época musulmana que bebían del alto nivel freático del Guadalmedina, que además de ser insuficientes para surtir a una población de 15.000 habitantes, eran una peligrosa fuente de epidemias y enfermedades. Esta obra, de gran interés sanitario e higiénico, no estuvo a la altura de las necesidades y las condiciones de salubridad siguieron empeorando durante los siglos XVI y XVII.

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Acueducto de Aguas de la Trinidad, a su paso por Castañón de Mena.

Es en 1726, al calor de las reformas borbónicas, cuando Felipe V da su consentimiento al proyecto de traída de agua desde Fuente del Rey en Churriana, contando con el decidido apoyo del gobernador de Málaga, Don Jerónimo Solís. Pero la iniciativa se paraliza en 1733. Las dificultades que ocasionaba el costoso cruce del acueducto por el rio Guadalhorce y algunos intereses particulares terminaron por malograr el proyecto, dejando como testimonio un sólido pero inconcluso acueducto que atraviesa la mencionada vega. La situación higiénica seguía siendo desastrosa y la población clamaba por una pronta solución.

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Acueducto de Fuente del Rey a su paso por la barriada de Zapata

Finalmente, el problema se subsana de forma definitiva entre 1782-1786 con la construcción del famoso acueducto de San Telmo. Este acueducto, pagado con las aportaciones personales de Molina Lario primero y del Consulado de Málaga después, trajo un caudal abundante de agua a la capital además de un suministro adecuado de harina gracias a los molinos asociados. Málaga se transformaría en aquel núcleo moderno y dinámico que sería durante el siglo XIX.

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Acueducto de San Telmo, obra de Martín de Aldehuela.

Con este breve resumen de las intervenciones en materia hidráulica, observamos que las actuaciones administrativas y de los grandes grupos económicos, aunque ineficaces en muchas ocasiones, fueron fundamentales para llevar a cabo los distintos proyectos que se sucedieron a lo largo de la Edad Moderna. Construir y mantener un acueducto es una tarea que requiere de grandes sumas de dinero y de constantes cuidados que sólo determinados entes pueden llevar a buen puerto.

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Alcubilla de la aldea de Cotrina. Partido de Venta Larga

Sin embargo, el panorama en los partidos rurales de Málaga era distinto al de la capital. El alejamiento de las explotaciones agrícolas con respecto a la ciudad y la dispersión de la población hacían que cada cortijo y hacienda solucionase de manera particular el necesario suministro de agua para las actividades agrícolas, y por lógica, la existencia de un nucleo lo decidía la presencia de un yacimiento de agua cercano.

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Acueducto del cortijo Almendrales.

La geología pizarrosa que predomina en los partidos rurales de Málaga, tan beneficiosa para el cultivo de la vid, presenta la desventaja de tener una baja permeabilidad, generando unos yacimientos de escaso e irregular caudal de agua, así que se hace necesario aparejar una infraestructura que palie la situación con minas, albercas, alcubillas etc.

Hay un gran abanico de adaptaciones en el modo de suministrar agua en los cortijos, haciendas y lagares de los partidos rurales, aún así se repiten unas constantes que pueden ser analizadas.

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Alcubilla entre adelfas, partido de Verdiales.

En primer lugar tenemos la mina de agua. La mina es un túnel horizontal de grosor y profundidad variable que se orada en la roca en busca de las filtraciones de agua, unas veces con más éxito que otras. El ejemplo de la mina del cortijo Olivera en Campanillas, consta de hasta tres intentos de minado. Esta mina tiene la altura mínima para que entre una persona y realice operaciones de limpia de sedimentos. Puede llegar a alcanzar profundidades considerables si tenemos en cuenta que son estructuras de uso particular. Un ejemplo interesante es la mina del lagar El Ángel, de 14 metros de profundidad y en forma de Y. En los meses de verano, cuando proliferan los insectos y el agua pierde calidad, era costumbre echar un terrón de cal viva en el agua con el objetivo de purificarla para consumo humano.

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Dos de los tres intentos de minado.

El agua de la mina se reconduce mediante embudo hacia los atanores. El atanor es una tubería de barro cocido que debe su nombre a un largo linaje etimológico que se remonta al acadio tinuru, testigo lingüístico de la sempiterna necesidad de agua. Estas piezas cerámicas de diámetro variable según necesidades (alrededor de 10-15 cm para consumo particular) se machihembraban formando una canalización protegida a su vez por una atarjea o cajón de mampostería y ladrillo que daba solidez y estabilidad.

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Restos de una atarjea y sus atanores.

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Depósitos sedimentarios en el interior de un atanor.

El desnivel que se le otorgaba a la canalización para que corriera el agua era un complicado juego entre presión y sedimentación, pues si el agua fluía a demasiada velocidad podía dañar los atanores y si caía de manera relajada propiciaba la sedimentación de lodos. La obra maestra malagueña de canalización con atanores la encontramos en el Acueducto de San Telmo, donde gran parte de sus 11 km de recorrido tiene un desnivel de 8.6 cm cada 100 m.

El depósito de limos y cales en los atanores era un problema de difícil solución ya que era imposible acceder al interior de la canalización. La opción más utilizada se presentaba con las alcubillas. Estas alcubillas eran arquetas que jalonaban el recorrido de la tubería con la función de atrapar los depósitos que se arrastraban mediante un pequeño salto de agua.

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Alcubilla en Campanillas.

La construcción de estas alcubillas era de naturaleza dispar. Las más elaboradas tenían forma de cilindro de 1.5 – 2 m de alto con cúpula, línea de imposta hecha de ladrillo a modo de ornamentación y un pequeño vano para acceder, otras eran una tosca covacha de mampostería con su correspondiente vano y las más simples se resolvían con una orza semienterrada y tapada con una laja de piedra.
En todas ellas el sistema era el mismo. Por un lado entraba el agua a cierta altura, se sedimentaban los arrastres en el fondo de la alcubilla y el agua limpia salía por otro lado continuando su camino. Cada cierto tiempo un operario limpiaba de limos e impurezas el fondo de la alcubilla.

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Sistema de sedimentación en el interior de una alcubilla.

En el tramo final del recorrido estaba la fuente o pilón.

IMG_5462La fuente se encontraba junto a la vivienda y era la construcción más estilizada de todo el cortijo, lagar o hacienda, a juego muchas veces con el remate de la torre de contrapeso del lagar. Presentaba generalmente un pilón adosado y una terminación mixtilínea con remates cerámicos o de piedra labrada, pero al fin y al cabo estas eran de composición libre (mascarones en los caños, placas conmemorativas y variedad en los materiales constructivos empleados).

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Mascarón en el caño de una fuente.

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Detrás de la fuente o pilón podía encontrarse una alberca para uso agrícola que se llenaba con el agua sobrante de la fuente. En algunos casos como en el ya desaparecido lagar de Cristobal Herrera en el arroyo Gálica, se cubría la alberca con una pérgola para evitar la excesiva evaporación. De mampostería, ladrillos, mazaríes y mortero de cal estas albercas se elaboraban con gran técnica, siendo el único elemento constructivo que se mantiene intacto en muchos de estos edificios abandonados.

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Alberca en el lagar de Cristobal Herrera en el arroyo Gálica. Cortesía de Carlos Sanchez

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Alberca en el partido de Vuelta Larga.

 

 

 

 

 

La diferencia de la alberca con el aljibe es que el agua de este se destina para consumo humano y por ello se encuentra a cubierto de la meteorología, pero su presencia es escasa en los partidos de Los Montes, no así en los de la Vega del Guadalhorce.

Si quiere saber más:

⋅ Davó Díaz P. J. (1986) El Acueducto de San Telmo.

⋅ Camacho Martinez R. Los problemas del agua en el siglo XVIII: El Acueducto de San Telmo y su valoración actual.

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Los forjados milenarios de Málaga.

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Hace 11.000 años aparecieron en Oriente Próximo unas extrañas casas de planta rectangular que la Humanidad jamás había visto hasta entonces. Estas casas alargadas y de muros de adobe se mostraron como una evolución de las chozas circulares características hasta el momento. La planta rectangular permitía, entre otras cosas, añadir construcciones adosadas e interconectadas como corrales o almacenes, todo ello bajo una misma cubierta que facilitaba la vida diaria de las personas al poder realizar distintas tareas sin salir de la vivienda.
Pero a la vez esta planta rectangular presentó un reto arquitectónico para aquellos pobladores del neolítico. Había que cerrar la habitación con una cubierta distinta de aquel cónico entramado de ramas propio de las chozas, ya que esta solución no se amoldaba a las nuevas formas rectilíneas.

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Planta rectangular. Lagar de Jotrón.

El problema se solucionó al crear una cubierta plana utilizando viguetas de maderos desbastados con azuela de piedra y sobre ellos, un entrevigado de cañas que soportaba una torta de barro y estiércol secada al sol, rematado todo ello con un enlucido de arcilla blanca. Arreglado el problema de la cubierta era cuestión de tiempo que los habitantes de los primitivos asentamientos neolíticos se decidieran a echar un segundo nivel motivados por la escasez de espacio, ya que los poblados se configuraban con las casas amontonadas para mayor seguridad de los vecinos.
Esta cubierta de maderos, caña y barro pasó entonces a ser el forjado que sujetaba el segundo nivel, y con tan buenos resultados, que 11 milenios después seguimos viéndolo con pocas variantes en la arquitectura popular de todo el Mediterráneo y gran parte de Asia.

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En esencia los forjados empleados en los cortijos y lagares de Los Montes de Málaga presentan las mismas características que los utilizados en las prehistóricas casas, pero como es lógico, existen algunos elementos diferenciadores que la evolución técnica ha ido ofreciendo.Veamos entonces los tipos de forjados que se pueden encontrar en las construcciones tradicionales de Los Montes.
Al igual que ocurría con las pares de las cubiertas, las vigas de los forjados hacen acto de presencia en forma de rollos de álamo, encina y eucalipto toscamente desbastados para casas humildes. Los cuartones de pino, mejor labrados, aparecen formando parte de los forjados de viviendas más pudientes.
El paso del tiempo no perdona la vida de estas maderas, así que es normal encontrar reparaciones de viguerías, dejándonos en muchos casos una amalgama de vigas de distintos tipos en un mismo forjado.

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Sobre estas vigas iba el entrevigado. Este estaba constituido por elementos ligeros y que daban continuidad al forjado. Las cañas atadas con tomizas de esparto vienen siempre asociadas a los rollos de maderas. Los ladrillos sujetos con mortero y el tableado fijado con clavos aparecen con los cuartones.

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Vigas y viguetas con ladrillos a panderete.

Como siempre aviso, cada casa es un mundo, y así se constata en las soluciones que se dan al embellecimiento de la parte visible del forjado. Casi siempre aparece el tableado y los cuartones pintados de amarillo (no me pregunten la tonalidad) pero también se encuentra el uso de yeso en enfoscados planos o formando falsas bóvedas como la capilla, o zona de laboreo del lagar, de Cotrina, Málaga.

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Arriba, trampilla para facilitar el trabajo de la prensa del lagar.

La torta es el siguiente elemento a analizar, pues esta se coloca encima del entrevigado. Esta torta de barro y cal al igual que ocurría con las tejas, sirve de asiento a la solería del segundo piso, apareciendo indiscriminadamente en todas las casas aunque no faltan los ejemplos de uso de mortero de cal. En algunos casos podemos encontrar el empleo de elementos de poco peso, como panochas de maíz, integrados en la torta para aligerar la obra, pero estos ejemplos no son propios de la zona de estudio.

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Rollo, tableado con clavos, torta y mazaríes.

Estos forjados eran capaces de soportar grandes cargas, pues hay que recordar que los atrojes (graneros compartimentados por pequeños tabiques de un metro de altura) se encontraban en la parte superior de la vivienda y algunos de ellos alcanzaban una capacidad volumétrica de 10-12 fanegas de trigo o cebada, aparte de otros enseres de gran peso.

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Atroje para almacenar granos.

Finalmente la solería. En las plantas superiores aparece solería de mazaríes de pequeñas dimensiones. También es habitual encontrar unos preciosos suelos de lajas de piedra sedimentaria propia del lugar y fijadas en la misma torta. Otras salidas más sencillas son los emporlados de mortero (palabra derivada del cemento portland) o la utilización del mismo tableado del forjado como suelo. Los suelos de baldosas hidráulicas aparecen a finales del s. XIX hasta mediados del s. XX.
No quiero pasar al siguiente punto sin hablar de los suelos utilizados en las plantas inferiores, ya que estos presentan algunas particularidades.
Aparte de las lajas, emporlados y mazaríes, aparecen en las plantas inferiores suelos de enchinados. Algunos modelos de lagares tienen un patio interior destinado al trabajo y a la estabulación de animales. Este patio central se conectaba a la puerta principal mediante un camino que pasaba por el interior de la vivienda. Este camino se encontraba enchinado con cantos rodados de río, más propio para el paso de animales. Ello no excluye que se utilicen enchinados en otras habitaciones de la planta baja no destinadas a animales.

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Pasillo con enchinado para los animales.

Las escaleras que daban acceso a la segunda planta se presentan en dos tramos con escalones de mazaríes o ladrillos macizos protegidos por mamperlanes (listones de madera puestos en el borde del escalón).

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Mamperlanes en un lagar de Casabermeja.

Las barandillas de las escaleras se realizaban con la misma técnica que los tabiques de separación de las habitaciones y los atrojes, es decir, estructuras de listones de madera que sujetaban un entramado de cañizo, todo ello enfoscado en mortero de cal o yeso. En algunos casos más pudientes podemos encontrar barandillas elaboradas en su totalidad de madera, con un tosco cabezón tallado a modo de remate ornamental.

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La misma técnica empleada en los tabiques interiores.

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Detalle. Fijación de los listones.

Evidentemente en corrales y construcciones adosadas de menor calidad, las escaleras se fabricaban con otros materiales más económicos pero no exentos de encanto, como es esta pequeña escalera de acceso a la cámara alta o almacén en el partido de Chaperas.

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Pero el olvido de las técnicas tradicionales, la especulación urbanística que últimamente asola Los Montes, la falta de medidas protectoras de estos centenarios edificios y una administración ausente, harán que estos históricos forjados herederos de 11 milenios de tradición, sean dentro de poco sólo eso, Historia.

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Entre muros y tabiques del lagar.

 

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En el XVIII, cuando los productos manufacturados se elaboraban bajo las corporaciones gremiales, se seguía una estricta normativa técnica que fijaba las calidades y medidas de aquellos. Así podemos observar como ya mencionamos en la entrada anterior, que las tejas que se encuentran a lo largo y ancho del hinterland de Málaga responden casi siempre a unos determinados parámetros, y lo mismo ocurría con los ladrillos macizos y mazaríes empleados en los edificios. Parámetros que se venían arrastrando desde siglos atrás.

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El ordenamiento técnico del Gremio de cal, teja y ladrillo de Málaga proponía tres tipos de ladrillos: “Mahón”, “de la ciudad” y “fino para solería”, incluso llegaba a especificar la calidad de la pasta de barro necesaria para su elaboración bajo sanción económica por incumplimiento. Pero la realidad era bien otra, se producían más de tres tipos de ladrillos y solerías, incluso por encargo público, y el barro empleado en su fabricación se presentaba con distintos niveles de impurezas y granulometría, dando lugar a un variado abanico de productos.

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Los ladrillos se presentan bajo una gran variedad de medidas y características.

La cal aparecía con una regulación técnica más ligera, pues sólo se pedía que “estuviera regada y bien fecha” pero por el contrario, era una fuente de problemas en la ciudad ya que la naturaleza multiusos de este producto, la importante escasez de material combustible de la zona para los hornos caleros y un crecimiento demográfico que pedía cal a raudales, llegó a imponer al cabildo la necesidad de controlar con lupa las actividades de estos hornos caleros “…por ser tan notorio para el bien público de la ciudad y su tierra y para el ennoblecimiento de sus edificios…” dicen las actas capitulares del cabildo malagueño. La ubicación de estos hornos se encontraba en los extrarradios de la ciudad o dispersos por el campo cercano a la Sierra de Mijas, ya que allí era más fácil encontrar madera y materia prima para la cal.

DSC09992Entrados ya en el siglo XIX, el sistema artesanal de producción se mantuvo pero la aparición en escena de la fábrica de Santa Inés, con maquinarias de vapor capaces de producir grandes cantidades de ladrillos, tejas y solería, cambió definitivamente el modelo artesanal, y para 1890 era difícil competir con remesas diarias de 20.000 ladrillos. Por otro lado las caleras mantuvieron su producción tradicional, pero estas poco a poco fueron desapareciendo a lo largo del siglo XX con la llegada del cemento.
Estos materiales para construcción elaborados en la capital malagueña también eran consumidos en las edificaciones del patio trasero de la ciudad, Los Montes. Como es lógico, la edificación de los lagares y casas solariegas de estos pagos requerían de ladrillos y cal, amén de otros elementos más inmediatos de conseguir para levantar los muros.

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Marca de albañil en un muro del lagar de Los Arcones. cortesía de Carlos Sanchez Argüelles

La naturaleza de los materiales empleados es bastante limitada, pudiendo enmarcarse en dos tipos: Mampostería y tapia.
El material por antonomasia utilizado para levantar muros de contención y carga es la mampostería. Nuestros montes están plagados de afloramientos rocosos y por practicidad y economía, este material se encuentra omnipresente en la obra de los muros de casas de todas las condiciones sociales. La única diferencia que puede denotar un estatus económico más acomodado es el empleo de verdugadas de ladrillos macizos a una, dos o tres hiladas para equilibrar la irregularidad de las piedras, además aparece el ladrillo en estos muros de mampostería como remate en vanos de puertas y ventanas creando un característico abocinamiento que ya estudiaremos en su día. Se observa también el empleo de ladrillos en mechinales o cantimploras insertados para la evacuación de aguas en forma de triángulo a 3 ladrillos. Estos muros de mampostería aparecían siempre enfoscados y pintados con cal.

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Verdugadas a dos hileras en el lagar La Tercia

El grosor medio del muro es de 50-60cm utilizando en su elaboración un mortero de barro con una pequeña proporción en cal. Este mortero tan humilde aparece indiscriminadamente en edificios de distintas condiciones económicas, aunque no faltan ejemplos de uso de mortero de cal y arena en casos más modernos. La construcción a piedra seca se observa en construcciones menores y de escasa calidad como corrales, cochiqueras y tinados.
Se dan casos curiosos de reparaciones con tapia. Ante la longevidad de estos inmuebles era inevitable que en algún u otro momento los muros necesitaran de una inmediata reparación por peligro de desplome. Para ello el albañil realizaba una reconstrucción con técnica de tapial o tierra apisonada. Así se constata en ejemplos como Cerrado Victoria o Ave María, donde podemos ver pequeños parches de tapia insertados en el muro de mampostería.

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Tapia y mampostería en una reparación de Cerrado Victoria

Estas reparaciones nos enlaza con otra modalidad de construcción menos frecuente y relacionados con la naturaleza del terreno, como los preciosos ejemplos de Los Chanos y Chacón, en la linde entre Almogía y Casabermeja, zona donde predominan unas vetas de tierras óptimas para esta técnica. Hablamos de la tapia.

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En los casos que encontramos tapia, la tierra aparece poco cribada y reforzada con mampostería formando zócalos, verdugadas y esquinas, dando como resultado un sólido edificio capaz de mantenerse en pie durante décadas incluso después de haberse abandonado. El grosor del muro es de 50 cm (similar al de mampostería) y la altura del zócalo es de casi 1 metro. Era de vital importancia cubrir el resultado con un enfoscado a fin de evitar el contacto con el agua, gran enemigo de esta técnica. En algunas construcciones como el casi desaparecido Molino de Vareno en Totalán, se alternan los muros de tapia con los de mampostería.

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La temperatura se mantenía constante en el interior de estas casas de tapia. Perfecto para veranos calurosos.

Los muros que soportaban las armaduras de cubierta de par e hilera debían ser reforzados por tirantes de madera o en tiempos más modernos de hierro, lanzados de un extremo a otro de la crujía para contrarrestar el empuje que se ejercian sobre aquellos.

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Tirantes lanzados de un muro a otro para contrarrestar las fuerzas que ejercen la armadura de la cubierta

Por último los tabiques que separan las estancias y dormitorios interiores.
Predomina la utilización de cañizo dispuesto en horizontal y amarrado con tomizas de esparto a unas guías o listones de madera. Este cañizo se cubría con cal para generar una mayor continuidad en el entramado, dando como resultado una elaboración sencilla y eficaz de tabiquería. Las varetas de adelfas aparecen eventualmente sustituyendo a estos cañizos. Las rasillas a panderete, era otra solución constructiva habitual.

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Entramado de cañizos en tabiques de separación.

Hay que subrayar que estas modalidades se presentan como los casos más generales donde no faltan excepciones y ejemplos puntuales, además de que la evolución del arte de la albañilería a lo largo del siglo XX modificó con nuevos materiales y técnicas más modernas la presentación de los muros y tabiques de estos entrañables lagares.DSC09606

Hablando de muros y tabiques de lagares, De cal y canto y arena es un entretenido blog sobre el uso y aplicación práctica de materiales tradicionales en edificios históricos.

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Para saber más:

– Villas Tinoco S. Los gremios malagueños durante el reinado de Felipe V.

– Santiago Ramos A., Bonilla Estébanez I., Guzmán Valdivia A. Cien años de historia de las fábricas malagueñas.