Año europeo del patrimonio industrial y técnico: Los talleres malagueños

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Al observar el patrimonio arquitectónico popular y vernáculo del mundo rural inevitablemente toparemos tarde o temprano con otro tipo de patrimonio íntimamente ligado a este y que también está despertando un creciente interés en las últimas décadas, estamos hablando del patrimonio industrial y técnico.

Y es que estamos de enhorabuena, el Parlamento Europeo ha declarado este año 2015 como Año del Patrimonio Industrial y Técnico, aunque la iniciativa nació en un encuentro de diversas asociaciones europeas en defensa del patrimonio industrial en Calais (Francia) en el año 2009, el primer paso firme se realizó en el 2012 con la realización de un Memorandum que pretendía unificar las actuaciones en la salvaguarda y divulgación de nuestro legado fabril. Para ello fue necesaria una intensa actividad, donde Málaga, ha participado de forma activa gracias a la actuación de distintas personas y asociaciones como la conocida Asociación en Defensa de las Chimeneas, que ha hecho y está haciendo un trabajo tan grande como la propia chimenea de Los Guindos.

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En definitiva, lo que se persigue es alcanzar una protección adecuada por parte de las autoridades e instituciones de aquellos elementos que formaron parte de los distintos periodos de la industrialización europea, y que el público aprecie un legado de importantísimo valor cultural, histórico, económico y científico que contribuyó a que todos los países acortaran distancias en pos de una sociedad europea interrelacionada que tantos beneficios nos ha traído, y que en los tiempos que corren, no está de más recordar.

Para poner nuestro grano de arena en este Año del Patrimonio Industrial, vamos a realizar un pequeño repaso del contexto agrícola y algunos de los talleres malagueños que se dedicaron entre otras actividades a la fabricación de prensas, molinos, bombines, norias de fundición y utillaje agrícola en general, y que contribuyeron decididamente a la mecanización del campo.

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Modelo de catálogo. Prensa de palanca.

La mecanización de la agricultura

Hablar de la mecanización de la agricultura andaluza de finales del siglo XIX y principios del XX es asunto complejo y difícil de tratar, ya que a día de hoy siguen existiendo grandes lagunas y una falta de análisis del impacto que tuvieron los talleres industriales sobre la producción agrícola, sin embargo, poco a poco recientes estudios relacionados con la evolución del campo andaluz van demostrando que el mito establecido por la historiografía tradicional de un sector primario atrasado, primitivo y falto de mecanización es completamente falso, tampoco es cuestión de pintar un paisaje optimista pues también nos llevaría a un camino equivocado, pero si es cierto que la Andalucía de aquella época era capaz de desarrollar una agricultura orientada al mercado nacional e internacional, capaz de competir con ventaja en el sector agroalimentario europeo y americano y ello se debió, entre otros muchos factores, a la presencia de maquinaria capaz de optimizar rendimientos y abaratar costes. La remolacha azucarera granadina, los vinos de Jerez o Montilla, las pasas y el vino de Málaga, la caña de azúcar en la costa malagueño-granadina, o la uva almeriense son algunos de los sectores que supieron desenvolverse con éxito a finales del XIX a pesar de las insalvables limitaciones del medio (no, Andalucía no es una tierra fértil ni abundante), la escasez de abonos y algunas trabas impuestas desde el gobierno central en las que no vamos a entrar.

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Modelo de catálogo. Prensa de engranaje

Quiero insistir en la idea de que el sector primario del momento no fue un sector modelo ni moderno, ya que de forma paralela a esta exitosa mercantilización de la agricultura la sociedad del momento vivía en continuas crisis de subsistencia, abundantes fueron las revueltas y revoluciones entre el XIX y el XX donde el campesinado pedía pan y justicia.

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Talleres Trigueros, operarios trabajando con bombines hidráulicos. (catálogo de fábrica, 1908)

Centrándonos en lo que nos interesa, al calor de esta mercantilización de la agricultura aparecieron entre mediados del XIX y principios del XX un amplio abanico de fundiciones y talleres dedicados a la producción de utillaje agrícola en general y que configuraron una importante industrialización en Andalucía, latente pero en lenta decadencia hasta que la insensata autarquía de los años 40 del siglo XX acabó con todo el sector, debido a la imposibilidad de importar las tan necesarias piezas y tecnología de Europa para una dinámica modernización acorde a los tiempos.

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Arado de vertedera elaborado en metal.

 Algunos de los talleres ferreteros y fundiciones de Málaga

Desde mediados del XIX, bajo el nombre genérico de fundiciones aparecen en Málaga un buen número de talleres que fabricaban a partir de lingotes y planchas de hierro o bronce una gran gama de utillaje agrícola (además de otros productos que no trataremos por salirse de la temática), especialmente prensas e instalaciones completas para molinos aceiteros, harineros, lagares y otras fábricas relacionadas con el sector agroalimentario. No podemos dejar de lado otras piezas y herramientas como pesas, norias, bombas de riego, romanas y básculas, arados y todo aquello que esté relacionado con el mundo agrícola y estuviera elaborado en metal.

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Plano de la Málaga industrial. Facilitado por la Asociación en Defensa de las Chimeneas,.

Aunque fueron los grandes talleres Giró y Heredia los que abrieron el sector industrial en la Málaga del primer tercio del XIX es a partir de 1880 cuando se observa una explosión de talleres ferreteros, entre los que destacan Trigueros, Eduardo Gaa, Herrero Puente, o la famosa Heaton, todos ellos talleres modernos equipados con hornos para refundir el metal y herramientas necesarias para trabajar el metal. Tras una etapa de pérdida de fuerzas a finales del XIX, relacionada con la crisis finisecular que afectó a toda Europa, vemos aparecer, añadidas a los ya existentes, otras nueve empresas. Aunque es justo decir que la época dorada de los talleres quedaron atrás, el siglo XX contó con una importante red de talleres y fábricas dedicadas a la producción de maquinaria, hasta que como se comentó líneas arriba, la autarquía franquista arrasó con un tejido industrial que daba ya síntomas de agotamiento.

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Altos hornos ” La Constancia”

Dejando a un lado el conocidísimo taller de Heredia, a continuación, algunos de los principales talleres ferreteros y fundiciones dedicados a la fabricación de utillaje agrícola y cuya maquinaria aún podemos encontrar abundantemente por los lagares y almazaras de Málaga. El listado y su descripción proceden del magnífico e indispensable trabajo publicado “Cien años de historia de las fábricas malagueñas” editado por Acento Andaluz.

Fundición Ruperto Heaton y Bradbury.

Abrió sus puertas en 1870 y no cerró hasta los años sesenta del siglo XX. Por sus puertas salían máquinas a vapor, calderas, bombas a vapor, bombas de riego, ruedas hidráulicas y turbinas, prensas hidráulicas, de engranaje y de palanca, molinos harineros y de azúcar, puentes, etc. Tras su cierre en los años 60 del siglo XX sus naves fueron alquiladas a los talleres Taillefer.

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Fundición Trigueros.

Esta fundición abrió sus puertas en 1840 y estuvo trabajando hasta después de la I Guerra Mundial. Esta empresa estuvo reconocida por diversos premios y distinciones. La familia Trigueros siguió una política de permanente renovación tecnológica, como por ejemplo, que en 1870 dispusiera de una máquina a vapor vertical dotada de una bomba rotatoria Destriz, especialmente adecuada a los hornos de fundición. A partir de principios del siglo XX se especializa en molinos de aceite movidos por motores eléctricos, vapor o caballería, molinos hidráulicos, norias, bombas y calderas.

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Prensa de tornillo Trigueros.

Fundición Herrero Puente

Fue creada en 1870 por Antonio Herrero Puente y se mantuvo en funcionamiento hasta 1920. Dedicada a la fundición de hierro y bronce, llegó a convertirse en uno de los establecimientos más importantes del sector. Fabricaba y reparaba todo tipo de maquinaria aunque estaba especializada en utillaje agrícola, norias y molinos. De sus instalaciones salió la monumental farola que adornó la Plaza de la Constitución desde los primeros momentos del siglo XX hasta el año 65.

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 Fundición Cayetano Ramirez y Pedrosa.

La fundición fue creada en 1916 por dos maestros de taller de la empresa de Tomás Trigueros.Desde un principio se especializó en las construcciones mecánicas, destacando la fabricación de equipos completos para aceiteras y lagares. De sus puertas salieron un gran número de equipamientos completos para fábricas aceiteras. Su fundición estuvo en activo hasta tiempos muy recientes.

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Bombín hidráulico Cayetano Ramirez.

Pero la lista continúa, Orueta Hermanos, Eduardo Gaa, Enrique Fazzio, Talleres Benitez, Constructora andaluza, Talleres Martos y no hay que olvidar que la aparición de talleres no fue un fenómeno de Málaga capital, otros núcleos como Velez Málaga o Antequera contaron con sus propios talleres de maquinaria agrícola; hablamos de Mariano Bertrán de Lís, Manuel Alcaide y Luna Perez en Antequera, o Fundiciones Diego Diaz en Velez Málaga.

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En definitiva, la provincia malagueña (junto con otras provincias andaluzas) contó con un rico y variado abanico de talleres especializados en la fabricación de maquinaria agrícola que hizo posible la mercantilización competitiva en Europa. Incomprensiblemente de aquel tejido industrial poco queda ya en una comunidad autónoma que sigue dependiendo en buena medida de la exportación de la producción agroalimentaria teniendo que recurrir a la importación de maquinaria agrícola europea, pero no es tema a debatir aquí sobre lo descabellado de la situación, lo que si es cierto es que los campos de Málaga cuentan con una gran cantidad de maquinaria abandonada fruto de aquella época dorada, pasto del abandono y del expolio, y ya que perdimos el salto a la industrialización, al menos no nos permitamos el lujo de perder nuestra memoria y nuestro legado histórico.

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 – Las fotos procedentes del catálogo de Trigueros han sido facilitadas por la Asociación en Defensa de las chimeneas y el Patrimonio Industrial. 

Si quieres saber más: 

– Cien años de historia de las fábricas malagueñas (1830-1930) Santiago Ramos, A., Bonilla Estébanez I., Guzmán Valdivia A., Editorial Acento Andaluz.