Año europeo del patrimonio industrial y técnico: Los talleres malagueños

11067842_860595480653728_2121311957_o

Al observar el patrimonio arquitectónico popular y vernáculo del mundo rural inevitablemente toparemos tarde o temprano con otro tipo de patrimonio íntimamente ligado a este y que también está despertando un creciente interés en las últimas décadas, estamos hablando del patrimonio industrial y técnico.

Y es que estamos de enhorabuena, el Parlamento Europeo ha declarado este año 2015 como Año del Patrimonio Industrial y Técnico, aunque la iniciativa nació en un encuentro de diversas asociaciones europeas en defensa del patrimonio industrial en Calais (Francia) en el año 2009, el primer paso firme se realizó en el 2012 con la realización de un Memorandum que pretendía unificar las actuaciones en la salvaguarda y divulgación de nuestro legado fabril. Para ello fue necesaria una intensa actividad, donde Málaga, ha participado de forma activa gracias a la actuación de distintas personas y asociaciones como la conocida Asociación en Defensa de las Chimeneas, que ha hecho y está haciendo un trabajo tan grande como la propia chimenea de Los Guindos.

11136396_861311430582133_1247071798_o

En definitiva, lo que se persigue es alcanzar una protección adecuada por parte de las autoridades e instituciones de aquellos elementos que formaron parte de los distintos periodos de la industrialización europea, y que el público aprecie un legado de importantísimo valor cultural, histórico, económico y científico que contribuyó a que todos los países acortaran distancias en pos de una sociedad europea interrelacionada que tantos beneficios nos ha traído, y que en los tiempos que corren, no está de más recordar.

Para poner nuestro grano de arena en este Año del Patrimonio Industrial, vamos a realizar un pequeño repaso del contexto agrícola y algunos de los talleres malagueños que se dedicaron entre otras actividades a la fabricación de prensas, molinos, bombines, norias de fundición y utillaje agrícola en general, y que contribuyeron decididamente a la mecanización del campo.

11122229_861348153911794_1794034092_o

Modelo de catálogo. Prensa de palanca.

La mecanización de la agricultura

Hablar de la mecanización de la agricultura andaluza de finales del siglo XIX y principios del XX es asunto complejo y difícil de tratar, ya que a día de hoy siguen existiendo grandes lagunas y una falta de análisis del impacto que tuvieron los talleres industriales sobre la producción agrícola, sin embargo, poco a poco recientes estudios relacionados con la evolución del campo andaluz van demostrando que el mito establecido por la historiografía tradicional de un sector primario atrasado, primitivo y falto de mecanización es completamente falso, tampoco es cuestión de pintar un paisaje optimista pues también nos llevaría a un camino equivocado, pero si es cierto que la Andalucía de aquella época era capaz de desarrollar una agricultura orientada al mercado nacional e internacional, capaz de competir con ventaja en el sector agroalimentario europeo y americano y ello se debió, entre otros muchos factores, a la presencia de maquinaria capaz de optimizar rendimientos y abaratar costes. La remolacha azucarera granadina, los vinos de Jerez o Montilla, las pasas y el vino de Málaga, la caña de azúcar en la costa malagueño-granadina, o la uva almeriense son algunos de los sectores que supieron desenvolverse con éxito a finales del XIX a pesar de las insalvables limitaciones del medio (no, Andalucía no es una tierra fértil ni abundante), la escasez de abonos y algunas trabas impuestas desde el gobierno central en las que no vamos a entrar.

11122310_861349050578371_1821918676_o

Modelo de catálogo. Prensa de engranaje

Quiero insistir en la idea de que el sector primario del momento no fue un sector modelo ni moderno, ya que de forma paralela a esta exitosa mercantilización de la agricultura la sociedad del momento vivía en continuas crisis de subsistencia, abundantes fueron las revueltas y revoluciones entre el XIX y el XX donde el campesinado pedía pan y justicia.

11131077_861347927245150_1848324774_o

Talleres Trigueros, operarios trabajando con bombines hidráulicos. (catálogo de fábrica, 1908)

Centrándonos en lo que nos interesa, al calor de esta mercantilización de la agricultura aparecieron entre mediados del XIX y principios del XX un amplio abanico de fundiciones y talleres dedicados a la producción de utillaje agrícola en general y que configuraron una importante industrialización en Andalucía, latente pero en lenta decadencia hasta que la insensata autarquía de los años 40 del siglo XX acabó con todo el sector, debido a la imposibilidad de importar las tan necesarias piezas y tecnología de Europa para una dinámica modernización acorde a los tiempos.

DSC00521

Arado de vertedera elaborado en metal.

 Algunos de los talleres ferreteros y fundiciones de Málaga

Desde mediados del XIX, bajo el nombre genérico de fundiciones aparecen en Málaga un buen número de talleres que fabricaban a partir de lingotes y planchas de hierro o bronce una gran gama de utillaje agrícola (además de otros productos que no trataremos por salirse de la temática), especialmente prensas e instalaciones completas para molinos aceiteros, harineros, lagares y otras fábricas relacionadas con el sector agroalimentario. No podemos dejar de lado otras piezas y herramientas como pesas, norias, bombas de riego, romanas y básculas, arados y todo aquello que esté relacionado con el mundo agrícola y estuviera elaborado en metal.

11130787_861311767248766_1651268373_o

Plano de la Málaga industrial. Facilitado por la Asociación en Defensa de las Chimeneas,.

Aunque fueron los grandes talleres Giró y Heredia los que abrieron el sector industrial en la Málaga del primer tercio del XIX es a partir de 1880 cuando se observa una explosión de talleres ferreteros, entre los que destacan Trigueros, Eduardo Gaa, Herrero Puente, o la famosa Heaton, todos ellos talleres modernos equipados con hornos para refundir el metal y herramientas necesarias para trabajar el metal. Tras una etapa de pérdida de fuerzas a finales del XIX, relacionada con la crisis finisecular que afectó a toda Europa, vemos aparecer, añadidas a los ya existentes, otras nueve empresas. Aunque es justo decir que la época dorada de los talleres quedaron atrás, el siglo XX contó con una importante red de talleres y fábricas dedicadas a la producción de maquinaria, hasta que como se comentó líneas arriba, la autarquía franquista arrasó con un tejido industrial que daba ya síntomas de agotamiento.

11072307_854955924551017_760431202_n

Altos hornos ” La Constancia”

Dejando a un lado el conocidísimo taller de Heredia, a continuación, algunos de los principales talleres ferreteros y fundiciones dedicados a la fabricación de utillaje agrícola y cuya maquinaria aún podemos encontrar abundantemente por los lagares y almazaras de Málaga. El listado y su descripción proceden del magnífico e indispensable trabajo publicado “Cien años de historia de las fábricas malagueñas” editado por Acento Andaluz.

Fundición Ruperto Heaton y Bradbury.

Abrió sus puertas en 1870 y no cerró hasta los años sesenta del siglo XX. Por sus puertas salían máquinas a vapor, calderas, bombas a vapor, bombas de riego, ruedas hidráulicas y turbinas, prensas hidráulicas, de engranaje y de palanca, molinos harineros y de azúcar, puentes, etc. Tras su cierre en los años 60 del siglo XX sus naves fueron alquiladas a los talleres Taillefer.

11139488_861311947248748_1159357905_n

Fundición Trigueros.

Esta fundición abrió sus puertas en 1840 y estuvo trabajando hasta después de la I Guerra Mundial. Esta empresa estuvo reconocida por diversos premios y distinciones. La familia Trigueros siguió una política de permanente renovación tecnológica, como por ejemplo, que en 1870 dispusiera de una máquina a vapor vertical dotada de una bomba rotatoria Destriz, especialmente adecuada a los hornos de fundición. A partir de principios del siglo XX se especializa en molinos de aceite movidos por motores eléctricos, vapor o caballería, molinos hidráulicos, norias, bombas y calderas.

Imagen1

Prensa de tornillo Trigueros.

Fundición Herrero Puente

Fue creada en 1870 por Antonio Herrero Puente y se mantuvo en funcionamiento hasta 1920. Dedicada a la fundición de hierro y bronce, llegó a convertirse en uno de los establecimientos más importantes del sector. Fabricaba y reparaba todo tipo de maquinaria aunque estaba especializada en utillaje agrícola, norias y molinos. De sus instalaciones salió la monumental farola que adornó la Plaza de la Constitución desde los primeros momentos del siglo XX hasta el año 65.

 DSC_0663

 Fundición Cayetano Ramirez y Pedrosa.

La fundición fue creada en 1916 por dos maestros de taller de la empresa de Tomás Trigueros.Desde un principio se especializó en las construcciones mecánicas, destacando la fabricación de equipos completos para aceiteras y lagares. De sus puertas salieron un gran número de equipamientos completos para fábricas aceiteras. Su fundición estuvo en activo hasta tiempos muy recientes.

DSC09576

Bombín hidráulico Cayetano Ramirez.

Pero la lista continúa, Orueta Hermanos, Eduardo Gaa, Enrique Fazzio, Talleres Benitez, Constructora andaluza, Talleres Martos y no hay que olvidar que la aparición de talleres no fue un fenómeno de Málaga capital, otros núcleos como Velez Málaga o Antequera contaron con sus propios talleres de maquinaria agrícola; hablamos de Mariano Bertrán de Lís, Manuel Alcaide y Luna Perez en Antequera, o Fundiciones Diego Diaz en Velez Málaga.

DSC01147

En definitiva, la provincia malagueña (junto con otras provincias andaluzas) contó con un rico y variado abanico de talleres especializados en la fabricación de maquinaria agrícola que hizo posible la mercantilización competitiva en Europa. Incomprensiblemente de aquel tejido industrial poco queda ya en una comunidad autónoma que sigue dependiendo en buena medida de la exportación de la producción agroalimentaria teniendo que recurrir a la importación de maquinaria agrícola europea, pero no es tema a debatir aquí sobre lo descabellado de la situación, lo que si es cierto es que los campos de Málaga cuentan con una gran cantidad de maquinaria abandonada fruto de aquella época dorada, pasto del abandono y del expolio, y ya que perdimos el salto a la industrialización, al menos no nos permitamos el lujo de perder nuestra memoria y nuestro legado histórico.

DSC01022

 – Las fotos procedentes del catálogo de Trigueros han sido facilitadas por la Asociación en Defensa de las chimeneas y el Patrimonio Industrial. 

Si quieres saber más: 

– Cien años de historia de las fábricas malagueñas (1830-1930) Santiago Ramos, A., Bonilla Estébanez I., Guzmán Valdivia A., Editorial Acento Andaluz. 

Cortijo de La Robla

DSC01730

En Almogía, tierra de latifundios y secano, de medianerías y colonatos, aún persisten en pie impresionantes ejemplos de explotaciones agrarias propias de otros tiempos. Cortijos como Pacheco, El Campillo, San Ignacio o el Almendro, se nos presentan como grandes edificaciones rurales dedicadas principalmente al cereal, el olivo y la ganadería, aunque no faltaron cultivos asociados como la viña y los cítricos.

Como no podía ser de otra manera, estos edificios populares están construidos con materiales del entorno, predomina el muro de mampuestos de pizarra rojiza, los morteros se elaboraban principalmente de barro, y en los edificios de mayor poderío se empleaba el ladrillo macizo. Las cubiertas y forjados se realizaban con la técnica tradicional de rollos de madera, cañizo y torta arcillosa. Como nota curiosa, parece ser que la cal por la zona era un producto muy apreciado para la construcción (más de lo habitual) ya que la litología del lugar no es pródiga en piedras calizas. La única manera de conseguir esta materia prima sin tener que recurrir a la importación consistía en merodear los arroyos en busca de bolos calizos arrastrados por las aguas, encareciéndose lógicamente el producto.

DSC01737

Estos edificios cuentan con cabrerizas, almazaras, tinaos, graneros, molinos, lagares e incluso cascareros para secar la piel de los cítricos, pero también eran residencia eventual de propietarios absentistas, y por lo tanto aparecen salas nobles y en algunos casos unas torres miradores que más parecen amenazantes símbolos de poder y dominio que concesiones a la estética y armonía del edificio.

Es el caso del cortijo de la Robla, construido a finales del siglo XIX por la familia Castell- Luna, desde 1940 es propiedad de la familia Antunez, omnipresentes terratenientes de la zona Almogía-Álora. El edificio es de elaborada factura, con abundante ornamentación y de un difuso estilo regionalista. La portada de acceso da a un gran patio empedrado destinado al laboreo, donde se distribuye la zona noble y su torre mirador, la gañanería, el pilón y la zona dedicada a la ganadería, aún en uso.

DSC01741

De la zona noble destaca la torre de planta cuadrangular de tres cuerpos con vanos rematados en arcos rebajados. En el cuerpo más bajo se encuentra la puerta de acceso al interior de la vivienda, en el segundo cuerpo aparece un balcón principal flanqueando por dos blasones de la familia Catell- Luna y por último, en el tercer cuerpo aparece una ventana enrejada enmarcada bajo un curioso arco pintado en bermejo. El tejado es a cuatro aguas con tejas árabes y las tejas de la hilera están vidriadas azules y blancas.

DSC01783

Por desgracia, el interior de la vivienda se encuentra muy deteriorado y gran parte de los forjados se han desplomado amenazando la estabilidad del edificio, pero se pueden apreciar suelos hidráulicos  producidos en Málaga por Hijos de J. Ramos y una gran variedad de molduras en los salones.

DSC01749

Sin embargo, el forjado de algunas de las alas del edificio ha vencido.

 En la gañanería aparece una interesante bóveda de cañón realizada con ladrillos tochos de 30x13x3cms., mortero de cal, y recubierta por una capa de tierra que le da continuidad para el piso superior. No está clara la finalidad de la estancia, pudiendo haberse utilizado en su día como bodega o como cocina de los trabajadores, ya que se puede apreciar un horno cegado en unas de las paredes. Por desgracia la ruina del edificio ha afectado esta bóveda y hoy solo podemos encontrar parte de ella.

DSC01766

Bóveda de cañón de la gañanería

 

DSC01770

Detalle de la rotura de la bóveda

De la zona de corrales y tinaos, utilizada aún para la estabulación del vecino cortijo El Campillo, solo destaca una arquería compuesta por tres arcos de medio punto

DSC01780

 

11009530_835751659804777_132776337_o

Alcubilla

DSC01795

Pozo surtido por un arroyo cercano al cortijo de La Robla

Finalmente, el conjunto se surtía de agua potable a través de una canalización de atanores, que cuenta con una alcubilla a poca distancia del edificio. Más abajo, encontramos un gran pozo y abrevadero para dar de beber a los animales.

Como siempre decimos, no podemos permitirnos el lujo de perder este bien catalogado por la Junta de Andalucía en un medio rural cada vez más carente de patrimonio, no podemos conformarnos con inventariar, documentar y despues lamentarnos por la perdida de patrimonio, la elegante factura del edificio permitiría su recuperación para iniciativas turísticas ligadas a actividades ecológicas o para una agricultura orientada a productos de calidad con evidentes beneficios para la zona, ejemplos para ilustrar soluciones de este tipo no faltan, pero también somos conscientes que la inversión privada se hace difícil con una legislación anquilosada, rígida y opresiva en la mayoría de los casos. Las iniciativas particulares o empresariales huyen ante los problemas administrativos que se deben enfrentar solo por el mero hecho de restaurar el edificio, de esta problemática se pueden hacer varias lecturas ¿Cuáles son las soluciones?

DSC01788
Si deseas saber más:

La arquitectura tradicional y otras estructuras de interés singular, Aproximación al Inventario Etnográfico de siete pueblos del Valle del Guadalhorce 2004-2005,  Loringuillo Millán, M.E. 2008.

Twitter: @Lagycor

Facebook: https://www.facebook.com/groups/lagaresycortijos/

Las muelas de almazara

DSC09777

 

La provincia de Málaga, como región mediterránea que es, vio aparecer en su geografía infinidad de molinos aceiteros o almazaras donde se trituraba el fruto del olivo con unas técnicas muy simples, que podemos resumir principalmente en dos sistemas: molinos de fricción y molinos rompedores.

El molino de fricción es el sistema más primitivo, observándose los primeros ejemplos en el neolítico. El funcionamiento consistía en friccionar la aceituna entre dos piedras haciendo que esta terminara por descarnarse a la manera de las muelas harineras. Entre estos molinos encontramos el conocido como galerie gouttière (III a. C.) el trapetum de origen griego ( II a.C.) y la mola olearia romana (I a. C.).

Por otro lado, los molinos rompedores machacaban la aceituna por el peso de la piedra, este procedimiento conseguía romper el mesocarpio de la aceituna, verdadera barrera del aceite. Con este sistema encontramos los molinos de piedra vertical y los troncocónicos. Aunque los molinos rompedores son más modernos, en la actualidad también han quedado desfasados pues actualmente el proceso de rotura del fruto se consigue mediante martillos de acero inoxidable, aun así, algunos ejemplos siguen funcionando en producciones artesanales no destinadas a la comercialización.

A falta de ejemplos de los primitivos molinos de fricción, vamos a centrarnos en los molinos rompedores, de los que contamos una abundante presencia en los cortijos malagueños.

DSC04030

Muela vertical

En primer lugar analizamos el sistema de piedra vertical, evolucionado de la mola olearia. El sistema de piedra vertical permitía el movimiento de rotación y traslación de una o dos piedras cilíndricas sobre una solera. La solera de este molino era una pieza circular que oscila entre 1,50 m. y 2,50 m, elaborado en distintos materiales, aunque era común el uso de piedras basálticas o calizas tipo almendrilla, muy apreciada en la molinería por su textura. Se  puede observar en algunos casos la reutilización en la solera de piedras desgastadas de molinos harineros, siguiendo la máxima del campesino “aquí no se tira nada”. Las piedras verticales están elaboradas en los mismos materiales que los de la solera. Como curiosidad, la mayoría de las almazaras se encontraban desperdigadas en pagos casi inaccesibles y con unos caminos impracticables para las carretas, en semejante situación, llevar una muela de molino a una almazara retirada a decenas de kms era una difícil labor que solo podía hacerse a fuerza de brazos.

En el centro de la solera encontramos una oquedad donde se insertaba el eje vertical, elaborado en madera o hierro, que termina encajado en una viga gruesa empotrada en los muros de carga de la almazara.

El molino de rueda vertical presenta, en proporción con otros sistemas, muy poca superficie de contacto o “batalla” con la solera, para evitar esto, normalmente estos molinos disponían de dos piedras enfrentadas o en forma de L a distintas distancias del eje, obteniéndose así una mayor zona de molturación, por otro lado, al efectuar el movimiento de traslación por la solera la rueda tiene distintos recorridos en su parte externa e interna, sufriendo por tanto un desgaste irregular.

mola

Esquema de muela vertical. Dibujo propio.

El sistema llevaba adosado al eje una tolva que giraba solidariamente con el sistema, repartiendo el fruto de manera equitativa por toda la solera. Una vez que el molino iba convirtiendo la aceituna en pasta, por fuerza centrífuga esta se iba desplazando a la periferia de la solera depositándose en un canal llamado alfarje, en algunos casos, para facilitar este desplazamiento a la periferia se labraban canales radiales.  Un operario se encargaba de abastecer la tolva y de velar por el buen funcionamiento del molino, además, iba retirando la pasta resultante de los alfarjes para su posterior prensado.

Este sistema se movía por un animal de tiro que sufría turnos de horas interminables y agotadoras, en estas circunstancias era frecuente que los espumarajos que producían los animales por agotamiento caían en la pasta de la molienda, alterando su sabor y calidad.

DSC04059

Sistema troncocónico.

El otro sistema es el de piedras de troncocónicas. La disposición de este molino es similar al anterior ya que volvemos a encontrar los mismos materiales y el mismo procedimiento, piedras basálticas y calizas y alfarjes periféricos, aunque se observa en algunos casos la fundición de hierro para las muelas.

Evidentemente la diferencia estriba en las muelas o piedras. Las piedras troncocónicas de este molino ofrecen una evolución técnica respecto a las anteriores ya que tienen mayor superficie de “batalla” y la forma cónica hace que todos sus puntos sufran el mismo índice de desgaste en la traslación. Este sistema permitía acoplar hasta 3 ruedas enfrentadas, minimizando el tiempo necesario de molturación. Resulta curioso que siendo la actividad de almazara algo tan común  y habitual en la economía agraria mediterránea, estas muelas no se popularizaran hasta el siglo XIX.

Escáner_20141126

Esquema de molino troncocónico. Dibujo propio.

La tracción de los molinos troncocónicos seguía efectuándose mediante fuerza animal, aunque a partir de finales del siglo XIX aparecen los motores conectados por poleas y engranajes en los cortijos de mayor capacidad económica. Un ejemplo de molino mecanizado lo encontramos en el Molino del Hortelano, en el término de Casabermeja, donde el movimiento de las muelas e incluso el suministro de la tolva se efectuaban por medios motorizados.

DSC01274

Sistema mecanizado con tornillo sin fin.

Estos molinos de muelas han caído en desuso en las últimas décadas debido a los diversos inconvenientes que presentan, la molturación es lenta y discontinua y se hace necesario almacenar la aceituna en atrojes, mermando así la rentabilidad de la explotación, pero precisamente es esta lenta molturación la que permite un mayor control de la molienda, que en manos expertas, consigue un aceite de mayor calidad que el obtenido con las técnicas actuales.

El futuro de estas reliquias es poco halagüeño, la reutilización de estos molinos para producción comercial es bastante dificil bajo unas normas en materia sanitaria establecidas por las administraciones que asfixian o directamente prohíben estas instalaciones, y por otro lado, el sector es incapaz de reivindicar y luchar por una producción artesanal y nacional, destinada a un mercado selecto que dejaría buenos beneficios y que actualmente ocupan los italianos. Esta situación ha provocado que estos molinos centenarios hayan quedado en el olvido y el abandono, pero no podemos permitirnos una mentalidad derrotista, hay maneras de recuperar nuestro patrimonio sin tener que dejar que se convierta en pura arqueología o tener que sacrificarlo en museos poco o nada rentables, ya hablaremos de ello.

DSC04028

Muela vertical en algún lugar olvidado de Málaga.

 

 

*Artículo basado en la división establecida por Jose Ignacio Rojas Sola en “Estudio histórico tecnológico de prensas para la fabricación de aceite de oliva. Aplicación en la reconstrucción gráfica de una prensa de viga y quintal”, Madrid 1995.

Fotos y dibujos propios, usen y citen.

Las caleras malagueñas y las ordenanzas municipales de 1611

DSC02436

Aunque esta temática se encuentre muy al límite de los asuntos que nos ocupan, me parece oportuno repasar la regulación histórica de unos de los productos fundamentales en la construcción y mantenimiento de los edificios hasta fechas muy recientes, la cal.

Sin entrar en detalles técnicos ni procesos de fabricación, cosa que le dejo al blog De Cal y Canto y Arena, veamos como se regulaba su producción desde 1611.

 

La regulación de la cal viene establecida en el principal cuerpo jurídico de la ciudad, las Ordenanzas Municipales de la Ciudad de Málaga. Estas ordenanzas eran un compendio de leyes para establecer la buena convivencia entre los vecinos y también controlar la calidad y buen hacer de los distintos gremios que trabajan en la ciudad. Las ordenanzas de Málaga, al igual que las de otras ciudades del Reino de Granada, fueron copiadas de las de Sevilla después de un proceso de depuración y adaptación. En Málaga contamos con una espléndida edición de 1611, edición que nos servirá como fuente a la hora de elaborar este artículo.

Antes de meternos en harina (o en cal) me gustaría aclarar que las fotos que se adjuntan son caleras modernas, concretamente del s XIX, que además, son de una tipología más evolucionada. La naturaleza de las explotaciones tradicionales (muchas de ellas se desbarataban al final del proceso de obtención de cal) ha dado como resultado que muchas de ellas no hayan llegado hasta nuestros días.

DSC02127 En primer lugar las ordenanzas comienzan con los exámenes para ingresar en el gremio de los caleros. Para ello los veedores , funcionarios puestos por el cabildo de la ciudad, ponían a prueba los aspirantes. Si la prueba tenía un feliz resultado, los aspirantes ya con licencia de caleros juraban fidelidad a las ordenanzas y buen hacer en su oficio.

Hacer caleras sin licencia estaba penado con sanción de 600 mrs (maravedíes) una suma común en las sanciones municipales.

Las ordenanzas municipales parece que no se preocuparon mucho a la hora de regular la calidad de la producción de cal en la ciudad de Málaga. Más allá de pedir que la cal estuviera “regada y bien fecha” este cuerpo jurídico establecía que las caleras se realizaran bajo tierra y usando piedras y ripios, es decir, cascotes, tejas rotas, trozos de ladrillos…

DSC02128

Se tipifica como obligación un uso controlado del fuego en el horno y que no se alce demasiado la capilla de la calera, esto es, que no sobresalga demasiado de la línea de suelo. Todo esto bajo sanción de 600 mrs. ( pronto pago 300, no, eso es broma).

Es curioso que no se establecen medidas concretas ni datos técnicos para regular mejor el proceso, dejando la puerta abierta a la subjetividad de los funcionarios del cabildo malacitano.

Se pide que los caleros vendan la cal herrada y sellada, es decir, antes de entrar en la ciudad debían pasar por el fielato o puesto aduanero de la ciudad donde se pesaba y se sellaba. Aún podemos encontrar un fielato edificado en tiempos de Carlos III y en un lamentable estado de abandono cerca de la cementera de La Araña.

DSC02627

Fielato de La Araña. Antiguo camino de Velez- Málaga

La cal debía venderse a precios regulados por el cabildo de la ciudad y en las medidas establecidas y acostumbradas en la ciudad. Recordad que para estas fechas y antes de la racionalización de las medidas, cada ciudad tenía unas medidas determinadas, incluso entre ciudades próximas entre Málaga y Velez – Málaga se podía constatar estas diferencias. La equivalencia para la cal era una media fanega de trigo colmada equivale a una media fanega de cal a raso. Para otros usos como la fabricación de jabón se permite llevar la dentro de la ciudad en terrones.

A la hora de distribuirla por la ciudad las ordenanzas establecían que se llevara una tercia parte de la cal al polvero de la ciudad y el resto se vendiera por las calles.

10704911_756448467735097_2001380438_n

Una cosa que si resalta bastante las ordenanzas es que la cal es un bien fundamental para la ciudad dado su valor estratégico para el crecimiento de esta y por ser de utilidad fundamental para fabricar jabones y encurtir cueros, por tal motivo esta no debe faltar nunca. Para ello establece una serie de medidas que resumiremos en que aquellas caleras que se levantasen deben preservarse a toda costa, y que a la hora de abandonarlas debe haber un motivo justificado y de peso.

Igualmente libertad a los caleros a la hora de obtener madera en los campos. Los montes se encontraban sumamente desforestados por el crecimiento de los cultivos, cosa que se intensificaría a los largo del XVIII, la necesidad de carbón para distintos usos y las talas indiscriminadas. Esto supuso que el combustible vegetal estuviera altamente regulado, menos para los caleros, que podían obtenerlo allá donde les pareciera.

DSC02612

Finalmente advierte bajo sanción que los caleros pueden obtener la piedra allá donde la encontraran, pero siempre respetando el estado de las propiedades. Si hicieron hoyos, que los tapasen, y si rompieron vallas, que las rehicieran. Me cuesta creer que a pesar de las sanciones los caleros “asaltafincas” se preocuparan de rehacer las vallas.

Junto a la regulación de los caleros aparece la de las yeserías, pero estas ordenanzas son mucho más escuetas y sólo incide en la prohibición de vender yeso en las propias yeseras y por los campos.

DSC02468

Otra historia es el uso de la cal en la construcción. Dependiendo del fin de la obra esta se aplicaba apagada o sin apagar, ligada con arena, con arcilla, con polvo de ladrillo… y lo mejor es que cada zona de la provincia tenía sus proporciones y costumbres, pero eso es otra entrada que algún día veremos.DSC02509

Las obras hidráulicas en los partidos rurales de Málaga.

DSC09913A comienzos del siglo XVI el Cabildo de Málaga proyectó la canalización de agua desde Arroyo de la Culebra y Almendral del Rey, en las inmediaciones de la actual Colonia Santa Inés. Este acueducto, conocido como Aguas de la Trinidad, pretendía acabar con la dependencia de los pozos de época musulmana que bebían del alto nivel freático del Guadalmedina, que además de ser insuficientes para surtir a una población de 15.000 habitantes, eran una peligrosa fuente de epidemias y enfermedades. Esta obra, de gran interés sanitario e higiénico, no estuvo a la altura de las necesidades y las condiciones de salubridad siguieron empeorando durante los siglos XVI y XVII.

DSC00437

Acueducto de Aguas de la Trinidad, a su paso por Castañón de Mena.

Es en 1726, al calor de las reformas borbónicas, cuando Felipe V da su consentimiento al proyecto de traída de agua desde Fuente del Rey en Churriana, contando con el decidido apoyo del gobernador de Málaga, Don Jerónimo Solís. Pero la iniciativa se paraliza en 1733. Las dificultades que ocasionaba el costoso cruce del acueducto por el rio Guadalhorce y algunos intereses particulares terminaron por malograr el proyecto, dejando como testimonio un sólido pero inconcluso acueducto que atraviesa la mencionada vega. La situación higiénica seguía siendo desastrosa y la población clamaba por una pronta solución.

IMG_0784

Acueducto de Fuente del Rey a su paso por la barriada de Zapata

Finalmente, el problema se subsana de forma definitiva entre 1782-1786 con la construcción del famoso acueducto de San Telmo. Este acueducto, pagado con las aportaciones personales de Molina Lario primero y del Consulado de Málaga después, trajo un caudal abundante de agua a la capital además de un suministro adecuado de harina gracias a los molinos asociados. Málaga se transformaría en aquel núcleo moderno y dinámico que sería durante el siglo XIX.

DSC_0008

Acueducto de San Telmo, obra de Martín de Aldehuela.

Con este breve resumen de las intervenciones en materia hidráulica, observamos que las actuaciones administrativas y de los grandes grupos económicos, aunque ineficaces en muchas ocasiones, fueron fundamentales para llevar a cabo los distintos proyectos que se sucedieron a lo largo de la Edad Moderna. Construir y mantener un acueducto es una tarea que requiere de grandes sumas de dinero y de constantes cuidados que sólo determinados entes pueden llevar a buen puerto.

DSC_0749

Alcubilla de la aldea de Cotrina. Partido de Venta Larga

Sin embargo, el panorama en los partidos rurales de Málaga era distinto al de la capital. El alejamiento de las explotaciones agrícolas con respecto a la ciudad y la dispersión de la población hacían que cada cortijo y hacienda solucionase de manera particular el necesario suministro de agua para las actividades agrícolas, y por lógica, la existencia de un nucleo lo decidía la presencia de un yacimiento de agua cercano.

DSC09916

Acueducto del cortijo Almendrales.

La geología pizarrosa que predomina en los partidos rurales de Málaga, tan beneficiosa para el cultivo de la vid, presenta la desventaja de tener una baja permeabilidad, generando unos yacimientos de escaso e irregular caudal de agua, así que se hace necesario aparejar una infraestructura que palie la situación con minas, albercas, alcubillas etc.

Hay un gran abanico de adaptaciones en el modo de suministrar agua en los cortijos, haciendas y lagares de los partidos rurales, aún así se repiten unas constantes que pueden ser analizadas.

DSC01611

Alcubilla entre adelfas, partido de Verdiales.

En primer lugar tenemos la mina de agua. La mina es un túnel horizontal de grosor y profundidad variable que se orada en la roca en busca de las filtraciones de agua, unas veces con más éxito que otras. El ejemplo de la mina del cortijo Olivera en Campanillas, consta de hasta tres intentos de minado. Esta mina tiene la altura mínima para que entre una persona y realice operaciones de limpia de sedimentos. Puede llegar a alcanzar profundidades considerables si tenemos en cuenta que son estructuras de uso particular. Un ejemplo interesante es la mina del lagar El Ángel, de 14 metros de profundidad y en forma de Y. En los meses de verano, cuando proliferan los insectos y el agua pierde calidad, era costumbre echar un terrón de cal viva en el agua con el objetivo de purificarla para consumo humano.

DSC01523

Dos de los tres intentos de minado.

El agua de la mina se reconduce mediante embudo hacia los atanores. El atanor es una tubería de barro cocido que debe su nombre a un largo linaje etimológico que se remonta al acadio tinuru, testigo lingüístico de la sempiterna necesidad de agua. Estas piezas cerámicas de diámetro variable según necesidades (alrededor de 10-15 cm para consumo particular) se machihembraban formando una canalización protegida a su vez por una atarjea o cajón de mampostería y ladrillo que daba solidez y estabilidad.

DSC01013

Restos de una atarjea y sus atanores.

DSC01617

Depósitos sedimentarios en el interior de un atanor.

El desnivel que se le otorgaba a la canalización para que corriera el agua era un complicado juego entre presión y sedimentación, pues si el agua fluía a demasiada velocidad podía dañar los atanores y si caía de manera relajada propiciaba la sedimentación de lodos. La obra maestra malagueña de canalización con atanores la encontramos en el Acueducto de San Telmo, donde gran parte de sus 11 km de recorrido tiene un desnivel de 8.6 cm cada 100 m.

El depósito de limos y cales en los atanores era un problema de difícil solución ya que era imposible acceder al interior de la canalización. La opción más utilizada se presentaba con las alcubillas. Estas alcubillas eran arquetas que jalonaban el recorrido de la tubería con la función de atrapar los depósitos que se arrastraban mediante un pequeño salto de agua.

DSC01519

Alcubilla en Campanillas.

La construcción de estas alcubillas era de naturaleza dispar. Las más elaboradas tenían forma de cilindro de 1.5 – 2 m de alto con cúpula, línea de imposta hecha de ladrillo a modo de ornamentación y un pequeño vano para acceder, otras eran una tosca covacha de mampostería con su correspondiente vano y las más simples se resolvían con una orza semienterrada y tapada con una laja de piedra.
En todas ellas el sistema era el mismo. Por un lado entraba el agua a cierta altura, se sedimentaban los arrastres en el fondo de la alcubilla y el agua limpia salía por otro lado continuando su camino. Cada cierto tiempo un operario limpiaba de limos e impurezas el fondo de la alcubilla.

DSC01609

Sistema de sedimentación en el interior de una alcubilla.

En el tramo final del recorrido estaba la fuente o pilón.

IMG_5462La fuente se encontraba junto a la vivienda y era la construcción más estilizada de todo el cortijo, lagar o hacienda, a juego muchas veces con el remate de la torre de contrapeso del lagar. Presentaba generalmente un pilón adosado y una terminación mixtilínea con remates cerámicos o de piedra labrada, pero al fin y al cabo estas eran de composición libre (mascarones en los caños, placas conmemorativas y variedad en los materiales constructivos empleados).

DSC01422

Mascarón en el caño de una fuente.

IMG_5570

 

 

 

 

 

Detrás de la fuente o pilón podía encontrarse una alberca para uso agrícola que se llenaba con el agua sobrante de la fuente. En algunos casos como en el ya desaparecido lagar de Cristobal Herrera en el arroyo Gálica, se cubría la alberca con una pérgola para evitar la excesiva evaporación. De mampostería, ladrillos, mazaríes y mortero de cal estas albercas se elaboraban con gran técnica, siendo el único elemento constructivo que se mantiene intacto en muchos de estos edificios abandonados.

83843422

Alberca en el lagar de Cristobal Herrera en el arroyo Gálica. Cortesía de Carlos Sanchez

IMG_5586

Alberca en el partido de Vuelta Larga.

 

 

 

 

 

La diferencia de la alberca con el aljibe es que el agua de este se destina para consumo humano y por ello se encuentra a cubierto de la meteorología, pero su presencia es escasa en los partidos de Los Montes, no así en los de la Vega del Guadalhorce.

Si quiere saber más:

⋅ Davó Díaz P. J. (1986) El Acueducto de San Telmo.

⋅ Camacho Martinez R. Los problemas del agua en el siglo XVIII: El Acueducto de San Telmo y su valoración actual.

Sigue a Lagares y Cortijos en Twitter: @lagycor

 

 

 

 

Entre muros y tabiques del lagar.

 

DSC09986
En el XVIII, cuando los productos manufacturados se elaboraban bajo las corporaciones gremiales, se seguía una estricta normativa técnica que fijaba las calidades y medidas de aquellos. Así podemos observar como ya mencionamos en la entrada anterior, que las tejas que se encuentran a lo largo y ancho del hinterland de Málaga responden casi siempre a unos determinados parámetros, y lo mismo ocurría con los ladrillos macizos y mazaríes empleados en los edificios. Parámetros que se venían arrastrando desde siglos atrás.

DSC00922
El ordenamiento técnico del Gremio de cal, teja y ladrillo de Málaga proponía tres tipos de ladrillos: “Mahón”, “de la ciudad” y “fino para solería”, incluso llegaba a especificar la calidad de la pasta de barro necesaria para su elaboración bajo sanción económica por incumplimiento. Pero la realidad era bien otra, se producían más de tres tipos de ladrillos y solerías, incluso por encargo público, y el barro empleado en su fabricación se presentaba con distintos niveles de impurezas y granulometría, dando lugar a un variado abanico de productos.

DSC00973

Los ladrillos se presentan bajo una gran variedad de medidas y características.

La cal aparecía con una regulación técnica más ligera, pues sólo se pedía que “estuviera regada y bien fecha” pero por el contrario, era una fuente de problemas en la ciudad ya que la naturaleza multiusos de este producto, la importante escasez de material combustible de la zona para los hornos caleros y un crecimiento demográfico que pedía cal a raudales, llegó a imponer al cabildo la necesidad de controlar con lupa las actividades de estos hornos caleros “…por ser tan notorio para el bien público de la ciudad y su tierra y para el ennoblecimiento de sus edificios…” dicen las actas capitulares del cabildo malagueño. La ubicación de estos hornos se encontraba en los extrarradios de la ciudad o dispersos por el campo cercano a la Sierra de Mijas, ya que allí era más fácil encontrar madera y materia prima para la cal.

DSC09992Entrados ya en el siglo XIX, el sistema artesanal de producción se mantuvo pero la aparición en escena de la fábrica de Santa Inés, con maquinarias de vapor capaces de producir grandes cantidades de ladrillos, tejas y solería, cambió definitivamente el modelo artesanal, y para 1890 era difícil competir con remesas diarias de 20.000 ladrillos. Por otro lado las caleras mantuvieron su producción tradicional, pero estas poco a poco fueron desapareciendo a lo largo del siglo XX con la llegada del cemento.
Estos materiales para construcción elaborados en la capital malagueña también eran consumidos en las edificaciones del patio trasero de la ciudad, Los Montes. Como es lógico, la edificación de los lagares y casas solariegas de estos pagos requerían de ladrillos y cal, amén de otros elementos más inmediatos de conseguir para levantar los muros.

marcasdealbañiles1

Marca de albañil en un muro del lagar de Los Arcones. cortesía de Carlos Sanchez Argüelles

La naturaleza de los materiales empleados es bastante limitada, pudiendo enmarcarse en dos tipos: Mampostería y tapia.
El material por antonomasia utilizado para levantar muros de contención y carga es la mampostería. Nuestros montes están plagados de afloramientos rocosos y por practicidad y economía, este material se encuentra omnipresente en la obra de los muros de casas de todas las condiciones sociales. La única diferencia que puede denotar un estatus económico más acomodado es el empleo de verdugadas de ladrillos macizos a una, dos o tres hiladas para equilibrar la irregularidad de las piedras, además aparece el ladrillo en estos muros de mampostería como remate en vanos de puertas y ventanas creando un característico abocinamiento que ya estudiaremos en su día. Se observa también el empleo de ladrillos en mechinales o cantimploras insertados para la evacuación de aguas en forma de triángulo a 3 ladrillos. Estos muros de mampostería aparecían siempre enfoscados y pintados con cal.

DSC00423

Verdugadas a dos hileras en el lagar La Tercia

El grosor medio del muro es de 50-60cm utilizando en su elaboración un mortero de barro con una pequeña proporción en cal. Este mortero tan humilde aparece indiscriminadamente en edificios de distintas condiciones económicas, aunque no faltan ejemplos de uso de mortero de cal y arena en casos más modernos. La construcción a piedra seca se observa en construcciones menores y de escasa calidad como corrales, cochiqueras y tinados.
Se dan casos curiosos de reparaciones con tapia. Ante la longevidad de estos inmuebles era inevitable que en algún u otro momento los muros necesitaran de una inmediata reparación por peligro de desplome. Para ello el albañil realizaba una reconstrucción con técnica de tapial o tierra apisonada. Así se constata en ejemplos como Cerrado Victoria o Ave María, donde podemos ver pequeños parches de tapia insertados en el muro de mampostería.

DSC09941

Tapia y mampostería en una reparación de Cerrado Victoria

Estas reparaciones nos enlaza con otra modalidad de construcción menos frecuente y relacionados con la naturaleza del terreno, como los preciosos ejemplos de Los Chanos y Chacón, en la linde entre Almogía y Casabermeja, zona donde predominan unas vetas de tierras óptimas para esta técnica. Hablamos de la tapia.

DSC01319
En los casos que encontramos tapia, la tierra aparece poco cribada y reforzada con mampostería formando zócalos, verdugadas y esquinas, dando como resultado un sólido edificio capaz de mantenerse en pie durante décadas incluso después de haberse abandonado. El grosor del muro es de 50 cm (similar al de mampostería) y la altura del zócalo es de casi 1 metro. Era de vital importancia cubrir el resultado con un enfoscado a fin de evitar el contacto con el agua, gran enemigo de esta técnica. En algunas construcciones como el casi desaparecido Molino de Vareno en Totalán, se alternan los muros de tapia con los de mampostería.

DSC01324

La temperatura se mantenía constante en el interior de estas casas de tapia. Perfecto para veranos calurosos.

Los muros que soportaban las armaduras de cubierta de par e hilera debían ser reforzados por tirantes de madera o en tiempos más modernos de hierro, lanzados de un extremo a otro de la crujía para contrarrestar el empuje que se ejercian sobre aquellos.

tirantes

Tirantes lanzados de un muro a otro para contrarrestar las fuerzas que ejercen la armadura de la cubierta

Por último los tabiques que separan las estancias y dormitorios interiores.
Predomina la utilización de cañizo dispuesto en horizontal y amarrado con tomizas de esparto a unas guías o listones de madera. Este cañizo se cubría con cal para generar una mayor continuidad en el entramado, dando como resultado una elaboración sencilla y eficaz de tabiquería. Las varetas de adelfas aparecen eventualmente sustituyendo a estos cañizos. Las rasillas a panderete, era otra solución constructiva habitual.

DSC01334

Entramado de cañizos en tabiques de separación.

Hay que subrayar que estas modalidades se presentan como los casos más generales donde no faltan excepciones y ejemplos puntuales, además de que la evolución del arte de la albañilería a lo largo del siglo XX modificó con nuevos materiales y técnicas más modernas la presentación de los muros y tabiques de estos entrañables lagares.DSC09606

Hablando de muros y tabiques de lagares, De cal y canto y arena es un entretenido blog sobre el uso y aplicación práctica de materiales tradicionales en edificios históricos.

DSC00004—————————————————————————-

Sigue Lagares y Cortijos en Twitter: @lagycor

Para saber más:

– Villas Tinoco S. Los gremios malagueños durante el reinado de Felipe V.

– Santiago Ramos A., Bonilla Estébanez I., Guzmán Valdivia A. Cien años de historia de las fábricas malagueñas.