Batanes de papel en el Guadalmedina: El molino de Inca y Horadado.

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A escasos kilómetros de Ciudad Jardín aún podemos observar en la ribera del Guadalmedina los dos batanes de papel que existían en la ciudad Málaga. Estos batanes, conocidos como Molino del Inca y Molino Horadado, realizaban un papel de tipo estraza a base de fibras procedentes de trapos. Para entender la importancia de esta industria, baste decir que la estraza era imprescindible para el soporte y envoltorio de las cajas de pasas que se producían en el término.

Sobre el origen de estos molinos sabemos que uno de ellos, el de Inca, fue construido por José de Inca en la primera década del siglo XVIII, y aunque no dispongo de datos concretos de Horadado, bien es cierto que debió ser anterior al otro, ya que daría nombre al pago donde están situados. El lugar elegido para su construcción contaba siempre con agua incluso en las épocas más secas del año, requisito para una industria que carece de temporadas.

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El molino o batán de Inca pasaría a manos del colegio de Clérigos Menores de Santo Tomás, realizando papel con una producción estimada a mediados de siglo de 3300 reales de vellón. Por lo que respecta a Horadado, este siguió funcionando en manos particulares como Doña Teresa Gallardo, además, a este batán se le añadiría un molino harinero, muy escasos también en la ciudad. Horadado, de menor tamaño, producía 1100 reales de vellón anuales en papel.

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Torre de cubillos del molino Horadado

El destino de ambos batanes cambiaría con la construcción del conocido acueducto de San Telmo, cuya captación de agua estaría inmediata a estos edificios. En 1786 se construyen seis de los doce molinos proyectados de San Telmo y el Consulado, que estaba a cargo de las aguas del  nuevo acueducto, arrendaría Horadado e Inca. Inmediatamente empiezan a aparecer problemas con los pagos del arrendamiento y para el año 1800, ante la paralización por pleitos y discusiones, Horadado acabó arruinado y demolido. Poco después le llegaría el turno a Inca, que terminaría desligándose del acueducto, aunque por suerte este aún permanece en pié como testigo de aquella época.

Uno de los molinos de San Telmo.

Uno de los molinos de San Telmo.

Más complejo es determinar el sistema que utilizaron estos batanes, ya que como hemos visto, hace tiempo que dejaron de producir papel de estraza y su estado actual de ruina y soterramiento por el río (y la autovía) hace complejo imaginar su funcionamiento, pero intentemos ver que sistema pudieron emplear describiendo un batan de papel de la época.

Modelo de batán de trapos extraido de la famosa obra XXI Libros de los Ingenios y Máquinas de Juanelo Turriano.

Modelo de batán de trapos extraído de la famosa obra XXI Libros de los Ingenios y Máquinas de Juanelo Turriano.

El trapo era la materia prima fundamental para elaborar papel y su costo era bastante elevado. Para obtener trapos se recurría a la importación de ropas viejas traídas desde todas partes imaginables, como la misma provincia, Génova o las antiguas colonias americanas, llegando a convertirse en un negocio estratégico y de importancia. Era una materia cara y escasa, y su carencia crónica sería motivo de la búsqueda de nuevas fibras que sustituyeran el trapo, hasta que se llegó a la madera como materia prima en el siglo XIX.

Los batanes hidráulicos de mazos destinados a la fabricación de papel empezaron a generalizarse a partir del siglo XII. De este siglo en adelante los mazos evolucionaron dando diferentes acabados a las hojas de papel, sin embargo, los procedimientos básicos permanecen.

La primera operación que se realizaba para la obtención del papel consistía en el escogido y clasificación de los trapos, dejándose los mejores para la fabricación de los mejores papeles, y los peores para el papel de estraza o la estracilla. Hay que tener en cuenta que en el empleo de agua no sólo era importante por su cantidad, también por su calidad. Un agua con demasiados sedimentos o tierras daría un papel con una tonalidad más oscura, de ahí, que por la poca calidad del agua del río Guadalmedina fuera imposible obtener un papel blanco.

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Cuando la cantidad de tejidos almacenados era suficiente, estos se echaban a un pilón llamado pudridero, donde se le añadía agua para así facilitar una fermentación que duraba un periodo de 5 o 6 semanas. Como dato anecdótico, la graduación de esta fermentación era tal que podía quemar la mano si se metía en este caldo. No hay que decir que esta operación desprendía unos olores bastante desagradables, por lo que estos molinos deberían estar en lugares apartados.

Una vez fermentados los trapos se procedía a trocearlos para facilitar su majado con los mazos. Estos mazos eran accionados mediante una rueda hidráulica vertical con paletas movida por agua corriente de una acequia. Su eje estaría erizado de levas que levantaban los mazos de madera que a su vez golpeaban unas tinas donde se depositaría la materia prima. En el caso del Molino Horadado encontramos una torre de cubillos de tres paradas con unos interesantes recubrimientos cerámicos hechos a medida, por lo que nos puede hacer pensar que el sistema sería de rodeznos horizontales y la disposición de las levas sería diferente. Por desgracia, la completa desaparición de su estructura nos impide hacer un análisis más detallado. En el molino de Inca no se aprecia torre de cubillos, por lo que podemos pensar en una rueda vertical como máquina hidráulica.

Cubillos de Horadado

Cubillos de Horadado

A partir del siglo XVII los mazos llegan a un alto grado de especialización, llegándose a utilizar tres tipos diferenciados en el proceso:

Mazos de madera de punta afilada para deshilachar, otros de madera de punta roma y con clavos para moler y un tercer tipo, también de madera pero de punta roma, cuya función sería la de homogeneizar la pasta, desconocemos si los molinos de Inca y Horadado llegaron a tener estos grupos de mazos o sus sistema era más primitivo.

El tiempo empleado en majar los trapos rondaba entre las 6 y 12 horas, y si el sistema era de tres mazos se empleaba el doble de tiempo.

Una vez obtenida la pasta, el sistema de cuajado para la obtención del papel era bastante sencillo. En un molde rectangular y con rejilla se echaba la pulpa obtenida, esta pasta escurrida y ya con la forma del molde se transfería sobre un fieltro, intercalando de este modo una cantidad de hojas y fieltros, hasta completar una posta que se compone de 261 pliegos de papel. Finalizando el proceso, se prensaban las hojas con sus fieltros y se llevaban a un secadero natural.

Cárcavos u orificios de salida de agua.

Cárcavos u orificios de salida de agua.

Podemos imaginar que este sería el proceso llevado a cabo en estos batanes del Guadalmedina.

En cuanto a su obra, el molino de Inca estaba compuesto por dos naves de planta rectangular  paralelas y una tercera en su lateral. Su fábrica es de mampuestos gruesos de la zona con algunas verdugadas de ladrillos macizos  y ripios que equilibran la construcción.

También encontramos aparejos de ladrillos en los cárcavos de salida de agua y en las cadenas formadas en las esquinas de la construcción. Unas interesantes bóvedas de cañón con una cubierta a dos aguas de simple mortero de cal cierra la construcción.

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Es digno mencionar el detalle de los arcos que comunican las naves, con un interesante extradós alrededor de los mismos, única concesión al ornamento, pero a su vez, tan curiosos de ver en un edificio de uso industrial.

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En el caso de Horadado, como ya hemos comentado, su demolición nos impide ver como debió ser este edificio, aunque por el arranque de una bóveda se puede apreciar que debió tener características similares al anterior, si bien es cierto que la mampostería tiene una ejecución diferente. Lo único que queda en pié es la recia torre de tres paradas de cubillos que ni el Guadalmedina en sus peores riadas ha sido capaz de llevarse. Puede apreciarse que uno de los cubillos es un añadido posterior a la obra original, quizá correspondiente a aquel molino harinero mencionado anteriormente.

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Pieza cerámica recubriendo uno de los cubillos de Horadado.

Como siempre, otro edificio cargado de historia aparece abandonado y bandalizado. Es evidente que la peculiaridad, factura, dedicación e historia de los molinos de Inca y Horadado otorga a sus construcciones un gran valor como patrimonio preindustrial. La carencia de cualquier protección una vez más se hace patente con un simple vistazo, ya no nos sorprende. Durante la construcción de la autovía los desechos y sobrantes de hormigón fueron volcados sobre los arcos del molino de Inca, las plantas crecen entre los mampuestos haciendo cada vez las grietas más grandes, las pintadas cubren el interior de las bóvedas, ya se ha perdido una de sus naves y no hay visos de actuación sobre estas construcciónes. Por otra parte cabe preguntarse ¿qué implica una protección? sólo hay que observar como el emblemático acueducto de San Telmo, declarado B.I.C. y cuyo recorrido comparte paisaje con los batanes, carece de cualquier plan de conservación y acondicionamiento para su visita, ¿qué podemos esperar de las administraciones sobre estos “humildes” batanes? y si estos batanes están incluidos en el conjunto B.I.C. otorgado al acueducto, tanto más evidente que en materia de patrimonio, aún queda mucho que hacer en Málaga.

 

Bibliografía:

  • La Industria papelera en tiempos de la Industrialización Malagueña, José Carlos Balmaceda. Artículo disponible aquí.
  • Fábricas hidráulicas Españolas. Gonzalez Tascón, I. CEHOPU.
  • XXI Libros de los Ingenios y Maquinas, Pseudo Juanelo Turriano edición facsimil.
  • Catastro de Ensenada, libros de respuestas particulares de Málaga. Archivo Municipal de Málaga.

 

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Las muelas de almazara

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La provincia de Málaga, como región mediterránea que es, vio aparecer en su geografía infinidad de molinos aceiteros o almazaras donde se trituraba el fruto del olivo con unas técnicas muy simples, que podemos resumir principalmente en dos sistemas: molinos de fricción y molinos rompedores.

El molino de fricción es el sistema más primitivo, observándose los primeros ejemplos en el neolítico. El funcionamiento consistía en friccionar la aceituna entre dos piedras haciendo que esta terminara por descarnarse a la manera de las muelas harineras. Entre estos molinos encontramos el conocido como galerie gouttière (III a. C.) el trapetum de origen griego ( II a.C.) y la mola olearia romana (I a. C.).

Por otro lado, los molinos rompedores machacaban la aceituna por el peso de la piedra, este procedimiento conseguía romper el mesocarpio de la aceituna, verdadera barrera del aceite. Con este sistema encontramos los molinos de piedra vertical y los troncocónicos. Aunque los molinos rompedores son más modernos, en la actualidad también han quedado desfasados pues actualmente el proceso de rotura del fruto se consigue mediante martillos de acero inoxidable, aun así, algunos ejemplos siguen funcionando en producciones artesanales no destinadas a la comercialización.

A falta de ejemplos de los primitivos molinos de fricción, vamos a centrarnos en los molinos rompedores, de los que contamos una abundante presencia en los cortijos malagueños.

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Muela vertical

En primer lugar analizamos el sistema de piedra vertical, evolucionado de la mola olearia. El sistema de piedra vertical permitía el movimiento de rotación y traslación de una o dos piedras cilíndricas sobre una solera. La solera de este molino era una pieza circular que oscila entre 1,50 m. y 2,50 m, elaborado en distintos materiales, aunque era común el uso de piedras basálticas o calizas tipo almendrilla, muy apreciada en la molinería por su textura. Se  puede observar en algunos casos la reutilización en la solera de piedras desgastadas de molinos harineros, siguiendo la máxima del campesino “aquí no se tira nada”. Las piedras verticales están elaboradas en los mismos materiales que los de la solera. Como curiosidad, la mayoría de las almazaras se encontraban desperdigadas en pagos casi inaccesibles y con unos caminos impracticables para las carretas, en semejante situación, llevar una muela de molino a una almazara retirada a decenas de kms era una difícil labor que solo podía hacerse a fuerza de brazos.

En el centro de la solera encontramos una oquedad donde se insertaba el eje vertical, elaborado en madera o hierro, que termina encajado en una viga gruesa empotrada en los muros de carga de la almazara.

El molino de rueda vertical presenta, en proporción con otros sistemas, muy poca superficie de contacto o “batalla” con la solera, para evitar esto, normalmente estos molinos disponían de dos piedras enfrentadas o en forma de L a distintas distancias del eje, obteniéndose así una mayor zona de molturación, por otro lado, al efectuar el movimiento de traslación por la solera la rueda tiene distintos recorridos en su parte externa e interna, sufriendo por tanto un desgaste irregular.

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Esquema de muela vertical. Dibujo propio.

El sistema llevaba adosado al eje una tolva que giraba solidariamente con el sistema, repartiendo el fruto de manera equitativa por toda la solera. Una vez que el molino iba convirtiendo la aceituna en pasta, por fuerza centrífuga esta se iba desplazando a la periferia de la solera depositándose en un canal llamado alfarje, en algunos casos, para facilitar este desplazamiento a la periferia se labraban canales radiales.  Un operario se encargaba de abastecer la tolva y de velar por el buen funcionamiento del molino, además, iba retirando la pasta resultante de los alfarjes para su posterior prensado.

Este sistema se movía por un animal de tiro que sufría turnos de horas interminables y agotadoras, en estas circunstancias era frecuente que los espumarajos que producían los animales por agotamiento caían en la pasta de la molienda, alterando su sabor y calidad.

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Sistema troncocónico.

El otro sistema es el de piedras de troncocónicas. La disposición de este molino es similar al anterior ya que volvemos a encontrar los mismos materiales y el mismo procedimiento, piedras basálticas y calizas y alfarjes periféricos, aunque se observa en algunos casos la fundición de hierro para las muelas.

Evidentemente la diferencia estriba en las muelas o piedras. Las piedras troncocónicas de este molino ofrecen una evolución técnica respecto a las anteriores ya que tienen mayor superficie de “batalla” y la forma cónica hace que todos sus puntos sufran el mismo índice de desgaste en la traslación. Este sistema permitía acoplar hasta 3 ruedas enfrentadas, minimizando el tiempo necesario de molturación. Resulta curioso que siendo la actividad de almazara algo tan común  y habitual en la economía agraria mediterránea, estas muelas no se popularizaran hasta el siglo XIX.

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Esquema de molino troncocónico. Dibujo propio.

La tracción de los molinos troncocónicos seguía efectuándose mediante fuerza animal, aunque a partir de finales del siglo XIX aparecen los motores conectados por poleas y engranajes en los cortijos de mayor capacidad económica. Un ejemplo de molino mecanizado lo encontramos en el Molino del Hortelano, en el término de Casabermeja, donde el movimiento de las muelas e incluso el suministro de la tolva se efectuaban por medios motorizados.

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Sistema mecanizado con tornillo sin fin.

Estos molinos de muelas han caído en desuso en las últimas décadas debido a los diversos inconvenientes que presentan, la molturación es lenta y discontinua y se hace necesario almacenar la aceituna en atrojes, mermando así la rentabilidad de la explotación, pero precisamente es esta lenta molturación la que permite un mayor control de la molienda, que en manos expertas, consigue un aceite de mayor calidad que el obtenido con las técnicas actuales.

El futuro de estas reliquias es poco halagüeño, la reutilización de estos molinos para producción comercial es bastante dificil bajo unas normas en materia sanitaria establecidas por las administraciones que asfixian o directamente prohíben estas instalaciones, y por otro lado, el sector es incapaz de reivindicar y luchar por una producción artesanal y nacional, destinada a un mercado selecto que dejaría buenos beneficios y que actualmente ocupan los italianos. Esta situación ha provocado que estos molinos centenarios hayan quedado en el olvido y el abandono, pero no podemos permitirnos una mentalidad derrotista, hay maneras de recuperar nuestro patrimonio sin tener que dejar que se convierta en pura arqueología o tener que sacrificarlo en museos poco o nada rentables, ya hablaremos de ello.

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Muela vertical en algún lugar olvidado de Málaga.

 

 

*Artículo basado en la división establecida por Jose Ignacio Rojas Sola en “Estudio histórico tecnológico de prensas para la fabricación de aceite de oliva. Aplicación en la reconstrucción gráfica de una prensa de viga y quintal”, Madrid 1995.

Fotos y dibujos propios, usen y citen.

Las obras hidráulicas en los partidos rurales de Málaga.

DSC09913A comienzos del siglo XVI el Cabildo de Málaga proyectó la canalización de agua desde Arroyo de la Culebra y Almendral del Rey, en las inmediaciones de la actual Colonia Santa Inés. Este acueducto, conocido como Aguas de la Trinidad, pretendía acabar con la dependencia de los pozos de época musulmana que bebían del alto nivel freático del Guadalmedina, que además de ser insuficientes para surtir a una población de 15.000 habitantes, eran una peligrosa fuente de epidemias y enfermedades. Esta obra, de gran interés sanitario e higiénico, no estuvo a la altura de las necesidades y las condiciones de salubridad siguieron empeorando durante los siglos XVI y XVII.

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Acueducto de Aguas de la Trinidad, a su paso por Castañón de Mena.

Es en 1726, al calor de las reformas borbónicas, cuando Felipe V da su consentimiento al proyecto de traída de agua desde Fuente del Rey en Churriana, contando con el decidido apoyo del gobernador de Málaga, Don Jerónimo Solís. Pero la iniciativa se paraliza en 1733. Las dificultades que ocasionaba el costoso cruce del acueducto por el rio Guadalhorce y algunos intereses particulares terminaron por malograr el proyecto, dejando como testimonio un sólido pero inconcluso acueducto que atraviesa la mencionada vega. La situación higiénica seguía siendo desastrosa y la población clamaba por una pronta solución.

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Acueducto de Fuente del Rey a su paso por la barriada de Zapata

Finalmente, el problema se subsana de forma definitiva entre 1782-1786 con la construcción del famoso acueducto de San Telmo. Este acueducto, pagado con las aportaciones personales de Molina Lario primero y del Consulado de Málaga después, trajo un caudal abundante de agua a la capital además de un suministro adecuado de harina gracias a los molinos asociados. Málaga se transformaría en aquel núcleo moderno y dinámico que sería durante el siglo XIX.

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Acueducto de San Telmo, obra de Martín de Aldehuela.

Con este breve resumen de las intervenciones en materia hidráulica, observamos que las actuaciones administrativas y de los grandes grupos económicos, aunque ineficaces en muchas ocasiones, fueron fundamentales para llevar a cabo los distintos proyectos que se sucedieron a lo largo de la Edad Moderna. Construir y mantener un acueducto es una tarea que requiere de grandes sumas de dinero y de constantes cuidados que sólo determinados entes pueden llevar a buen puerto.

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Alcubilla de la aldea de Cotrina. Partido de Venta Larga

Sin embargo, el panorama en los partidos rurales de Málaga era distinto al de la capital. El alejamiento de las explotaciones agrícolas con respecto a la ciudad y la dispersión de la población hacían que cada cortijo y hacienda solucionase de manera particular el necesario suministro de agua para las actividades agrícolas, y por lógica, la existencia de un nucleo lo decidía la presencia de un yacimiento de agua cercano.

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Acueducto del cortijo Almendrales.

La geología pizarrosa que predomina en los partidos rurales de Málaga, tan beneficiosa para el cultivo de la vid, presenta la desventaja de tener una baja permeabilidad, generando unos yacimientos de escaso e irregular caudal de agua, así que se hace necesario aparejar una infraestructura que palie la situación con minas, albercas, alcubillas etc.

Hay un gran abanico de adaptaciones en el modo de suministrar agua en los cortijos, haciendas y lagares de los partidos rurales, aún así se repiten unas constantes que pueden ser analizadas.

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Alcubilla entre adelfas, partido de Verdiales.

En primer lugar tenemos la mina de agua. La mina es un túnel horizontal de grosor y profundidad variable que se orada en la roca en busca de las filtraciones de agua, unas veces con más éxito que otras. El ejemplo de la mina del cortijo Olivera en Campanillas, consta de hasta tres intentos de minado. Esta mina tiene la altura mínima para que entre una persona y realice operaciones de limpia de sedimentos. Puede llegar a alcanzar profundidades considerables si tenemos en cuenta que son estructuras de uso particular. Un ejemplo interesante es la mina del lagar El Ángel, de 14 metros de profundidad y en forma de Y. En los meses de verano, cuando proliferan los insectos y el agua pierde calidad, era costumbre echar un terrón de cal viva en el agua con el objetivo de purificarla para consumo humano.

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Dos de los tres intentos de minado.

El agua de la mina se reconduce mediante embudo hacia los atanores. El atanor es una tubería de barro cocido que debe su nombre a un largo linaje etimológico que se remonta al acadio tinuru, testigo lingüístico de la sempiterna necesidad de agua. Estas piezas cerámicas de diámetro variable según necesidades (alrededor de 10-15 cm para consumo particular) se machihembraban formando una canalización protegida a su vez por una atarjea o cajón de mampostería y ladrillo que daba solidez y estabilidad.

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Restos de una atarjea y sus atanores.

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Depósitos sedimentarios en el interior de un atanor.

El desnivel que se le otorgaba a la canalización para que corriera el agua era un complicado juego entre presión y sedimentación, pues si el agua fluía a demasiada velocidad podía dañar los atanores y si caía de manera relajada propiciaba la sedimentación de lodos. La obra maestra malagueña de canalización con atanores la encontramos en el Acueducto de San Telmo, donde gran parte de sus 11 km de recorrido tiene un desnivel de 8.6 cm cada 100 m.

El depósito de limos y cales en los atanores era un problema de difícil solución ya que era imposible acceder al interior de la canalización. La opción más utilizada se presentaba con las alcubillas. Estas alcubillas eran arquetas que jalonaban el recorrido de la tubería con la función de atrapar los depósitos que se arrastraban mediante un pequeño salto de agua.

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Alcubilla en Campanillas.

La construcción de estas alcubillas era de naturaleza dispar. Las más elaboradas tenían forma de cilindro de 1.5 – 2 m de alto con cúpula, línea de imposta hecha de ladrillo a modo de ornamentación y un pequeño vano para acceder, otras eran una tosca covacha de mampostería con su correspondiente vano y las más simples se resolvían con una orza semienterrada y tapada con una laja de piedra.
En todas ellas el sistema era el mismo. Por un lado entraba el agua a cierta altura, se sedimentaban los arrastres en el fondo de la alcubilla y el agua limpia salía por otro lado continuando su camino. Cada cierto tiempo un operario limpiaba de limos e impurezas el fondo de la alcubilla.

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Sistema de sedimentación en el interior de una alcubilla.

En el tramo final del recorrido estaba la fuente o pilón.

IMG_5462La fuente se encontraba junto a la vivienda y era la construcción más estilizada de todo el cortijo, lagar o hacienda, a juego muchas veces con el remate de la torre de contrapeso del lagar. Presentaba generalmente un pilón adosado y una terminación mixtilínea con remates cerámicos o de piedra labrada, pero al fin y al cabo estas eran de composición libre (mascarones en los caños, placas conmemorativas y variedad en los materiales constructivos empleados).

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Mascarón en el caño de una fuente.

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Detrás de la fuente o pilón podía encontrarse una alberca para uso agrícola que se llenaba con el agua sobrante de la fuente. En algunos casos como en el ya desaparecido lagar de Cristobal Herrera en el arroyo Gálica, se cubría la alberca con una pérgola para evitar la excesiva evaporación. De mampostería, ladrillos, mazaríes y mortero de cal estas albercas se elaboraban con gran técnica, siendo el único elemento constructivo que se mantiene intacto en muchos de estos edificios abandonados.

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Alberca en el lagar de Cristobal Herrera en el arroyo Gálica. Cortesía de Carlos Sanchez

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Alberca en el partido de Vuelta Larga.

 

 

 

 

 

La diferencia de la alberca con el aljibe es que el agua de este se destina para consumo humano y por ello se encuentra a cubierto de la meteorología, pero su presencia es escasa en los partidos de Los Montes, no así en los de la Vega del Guadalhorce.

Si quiere saber más:

⋅ Davó Díaz P. J. (1986) El Acueducto de San Telmo.

⋅ Camacho Martinez R. Los problemas del agua en el siglo XVIII: El Acueducto de San Telmo y su valoración actual.

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Los forjados milenarios de Málaga.

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Hace 11.000 años aparecieron en Oriente Próximo unas extrañas casas de planta rectangular que la Humanidad jamás había visto hasta entonces. Estas casas alargadas y de muros de adobe se mostraron como una evolución de las chozas circulares características hasta el momento. La planta rectangular permitía, entre otras cosas, añadir construcciones adosadas e interconectadas como corrales o almacenes, todo ello bajo una misma cubierta que facilitaba la vida diaria de las personas al poder realizar distintas tareas sin salir de la vivienda.
Pero a la vez esta planta rectangular presentó un reto arquitectónico para aquellos pobladores del neolítico. Había que cerrar la habitación con una cubierta distinta de aquel cónico entramado de ramas propio de las chozas, ya que esta solución no se amoldaba a las nuevas formas rectilíneas.

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Planta rectangular. Lagar de Jotrón.

El problema se solucionó al crear una cubierta plana utilizando viguetas de maderos desbastados con azuela de piedra y sobre ellos, un entrevigado de cañas que soportaba una torta de barro y estiércol secada al sol, rematado todo ello con un enlucido de arcilla blanca. Arreglado el problema de la cubierta era cuestión de tiempo que los habitantes de los primitivos asentamientos neolíticos se decidieran a echar un segundo nivel motivados por la escasez de espacio, ya que los poblados se configuraban con las casas amontonadas para mayor seguridad de los vecinos.
Esta cubierta de maderos, caña y barro pasó entonces a ser el forjado que sujetaba el segundo nivel, y con tan buenos resultados, que 11 milenios después seguimos viéndolo con pocas variantes en la arquitectura popular de todo el Mediterráneo y gran parte de Asia.

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En esencia los forjados empleados en los cortijos y lagares de Los Montes de Málaga presentan las mismas características que los utilizados en las prehistóricas casas, pero como es lógico, existen algunos elementos diferenciadores que la evolución técnica ha ido ofreciendo.Veamos entonces los tipos de forjados que se pueden encontrar en las construcciones tradicionales de Los Montes.
Al igual que ocurría con las pares de las cubiertas, las vigas de los forjados hacen acto de presencia en forma de rollos de álamo, encina y eucalipto toscamente desbastados para casas humildes. Los cuartones de pino, mejor labrados, aparecen formando parte de los forjados de viviendas más pudientes.
El paso del tiempo no perdona la vida de estas maderas, así que es normal encontrar reparaciones de viguerías, dejándonos en muchos casos una amalgama de vigas de distintos tipos en un mismo forjado.

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Sobre estas vigas iba el entrevigado. Este estaba constituido por elementos ligeros y que daban continuidad al forjado. Las cañas atadas con tomizas de esparto vienen siempre asociadas a los rollos de maderas. Los ladrillos sujetos con mortero y el tableado fijado con clavos aparecen con los cuartones.

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Vigas y viguetas con ladrillos a panderete.

Como siempre aviso, cada casa es un mundo, y así se constata en las soluciones que se dan al embellecimiento de la parte visible del forjado. Casi siempre aparece el tableado y los cuartones pintados de amarillo (no me pregunten la tonalidad) pero también se encuentra el uso de yeso en enfoscados planos o formando falsas bóvedas como la capilla, o zona de laboreo del lagar, de Cotrina, Málaga.

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Arriba, trampilla para facilitar el trabajo de la prensa del lagar.

La torta es el siguiente elemento a analizar, pues esta se coloca encima del entrevigado. Esta torta de barro y cal al igual que ocurría con las tejas, sirve de asiento a la solería del segundo piso, apareciendo indiscriminadamente en todas las casas aunque no faltan los ejemplos de uso de mortero de cal. En algunos casos podemos encontrar el empleo de elementos de poco peso, como panochas de maíz, integrados en la torta para aligerar la obra, pero estos ejemplos no son propios de la zona de estudio.

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Rollo, tableado con clavos, torta y mazaríes.

Estos forjados eran capaces de soportar grandes cargas, pues hay que recordar que los atrojes (graneros compartimentados por pequeños tabiques de un metro de altura) se encontraban en la parte superior de la vivienda y algunos de ellos alcanzaban una capacidad volumétrica de 10-12 fanegas de trigo o cebada, aparte de otros enseres de gran peso.

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Atroje para almacenar granos.

Finalmente la solería. En las plantas superiores aparece solería de mazaríes de pequeñas dimensiones. También es habitual encontrar unos preciosos suelos de lajas de piedra sedimentaria propia del lugar y fijadas en la misma torta. Otras salidas más sencillas son los emporlados de mortero (palabra derivada del cemento portland) o la utilización del mismo tableado del forjado como suelo. Los suelos de baldosas hidráulicas aparecen a finales del s. XIX hasta mediados del s. XX.
No quiero pasar al siguiente punto sin hablar de los suelos utilizados en las plantas inferiores, ya que estos presentan algunas particularidades.
Aparte de las lajas, emporlados y mazaríes, aparecen en las plantas inferiores suelos de enchinados. Algunos modelos de lagares tienen un patio interior destinado al trabajo y a la estabulación de animales. Este patio central se conectaba a la puerta principal mediante un camino que pasaba por el interior de la vivienda. Este camino se encontraba enchinado con cantos rodados de río, más propio para el paso de animales. Ello no excluye que se utilicen enchinados en otras habitaciones de la planta baja no destinadas a animales.

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Pasillo con enchinado para los animales.

Las escaleras que daban acceso a la segunda planta se presentan en dos tramos con escalones de mazaríes o ladrillos macizos protegidos por mamperlanes (listones de madera puestos en el borde del escalón).

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Mamperlanes en un lagar de Casabermeja.

Las barandillas de las escaleras se realizaban con la misma técnica que los tabiques de separación de las habitaciones y los atrojes, es decir, estructuras de listones de madera que sujetaban un entramado de cañizo, todo ello enfoscado en mortero de cal o yeso. En algunos casos más pudientes podemos encontrar barandillas elaboradas en su totalidad de madera, con un tosco cabezón tallado a modo de remate ornamental.

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La misma técnica empleada en los tabiques interiores.

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Detalle. Fijación de los listones.

Evidentemente en corrales y construcciones adosadas de menor calidad, las escaleras se fabricaban con otros materiales más económicos pero no exentos de encanto, como es esta pequeña escalera de acceso a la cámara alta o almacén en el partido de Chaperas.

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Pero el olvido de las técnicas tradicionales, la especulación urbanística que últimamente asola Los Montes, la falta de medidas protectoras de estos centenarios edificios y una administración ausente, harán que estos históricos forjados herederos de 11 milenios de tradición, sean dentro de poco sólo eso, Historia.

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Entre muros y tabiques del lagar.

 

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En el XVIII, cuando los productos manufacturados se elaboraban bajo las corporaciones gremiales, se seguía una estricta normativa técnica que fijaba las calidades y medidas de aquellos. Así podemos observar como ya mencionamos en la entrada anterior, que las tejas que se encuentran a lo largo y ancho del hinterland de Málaga responden casi siempre a unos determinados parámetros, y lo mismo ocurría con los ladrillos macizos y mazaríes empleados en los edificios. Parámetros que se venían arrastrando desde siglos atrás.

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El ordenamiento técnico del Gremio de cal, teja y ladrillo de Málaga proponía tres tipos de ladrillos: “Mahón”, “de la ciudad” y “fino para solería”, incluso llegaba a especificar la calidad de la pasta de barro necesaria para su elaboración bajo sanción económica por incumplimiento. Pero la realidad era bien otra, se producían más de tres tipos de ladrillos y solerías, incluso por encargo público, y el barro empleado en su fabricación se presentaba con distintos niveles de impurezas y granulometría, dando lugar a un variado abanico de productos.

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Los ladrillos se presentan bajo una gran variedad de medidas y características.

La cal aparecía con una regulación técnica más ligera, pues sólo se pedía que “estuviera regada y bien fecha” pero por el contrario, era una fuente de problemas en la ciudad ya que la naturaleza multiusos de este producto, la importante escasez de material combustible de la zona para los hornos caleros y un crecimiento demográfico que pedía cal a raudales, llegó a imponer al cabildo la necesidad de controlar con lupa las actividades de estos hornos caleros “…por ser tan notorio para el bien público de la ciudad y su tierra y para el ennoblecimiento de sus edificios…” dicen las actas capitulares del cabildo malagueño. La ubicación de estos hornos se encontraba en los extrarradios de la ciudad o dispersos por el campo cercano a la Sierra de Mijas, ya que allí era más fácil encontrar madera y materia prima para la cal.

DSC09992Entrados ya en el siglo XIX, el sistema artesanal de producción se mantuvo pero la aparición en escena de la fábrica de Santa Inés, con maquinarias de vapor capaces de producir grandes cantidades de ladrillos, tejas y solería, cambió definitivamente el modelo artesanal, y para 1890 era difícil competir con remesas diarias de 20.000 ladrillos. Por otro lado las caleras mantuvieron su producción tradicional, pero estas poco a poco fueron desapareciendo a lo largo del siglo XX con la llegada del cemento.
Estos materiales para construcción elaborados en la capital malagueña también eran consumidos en las edificaciones del patio trasero de la ciudad, Los Montes. Como es lógico, la edificación de los lagares y casas solariegas de estos pagos requerían de ladrillos y cal, amén de otros elementos más inmediatos de conseguir para levantar los muros.

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Marca de albañil en un muro del lagar de Los Arcones. cortesía de Carlos Sanchez Argüelles

La naturaleza de los materiales empleados es bastante limitada, pudiendo enmarcarse en dos tipos: Mampostería y tapia.
El material por antonomasia utilizado para levantar muros de contención y carga es la mampostería. Nuestros montes están plagados de afloramientos rocosos y por practicidad y economía, este material se encuentra omnipresente en la obra de los muros de casas de todas las condiciones sociales. La única diferencia que puede denotar un estatus económico más acomodado es el empleo de verdugadas de ladrillos macizos a una, dos o tres hiladas para equilibrar la irregularidad de las piedras, además aparece el ladrillo en estos muros de mampostería como remate en vanos de puertas y ventanas creando un característico abocinamiento que ya estudiaremos en su día. Se observa también el empleo de ladrillos en mechinales o cantimploras insertados para la evacuación de aguas en forma de triángulo a 3 ladrillos. Estos muros de mampostería aparecían siempre enfoscados y pintados con cal.

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Verdugadas a dos hileras en el lagar La Tercia

El grosor medio del muro es de 50-60cm utilizando en su elaboración un mortero de barro con una pequeña proporción en cal. Este mortero tan humilde aparece indiscriminadamente en edificios de distintas condiciones económicas, aunque no faltan ejemplos de uso de mortero de cal y arena en casos más modernos. La construcción a piedra seca se observa en construcciones menores y de escasa calidad como corrales, cochiqueras y tinados.
Se dan casos curiosos de reparaciones con tapia. Ante la longevidad de estos inmuebles era inevitable que en algún u otro momento los muros necesitaran de una inmediata reparación por peligro de desplome. Para ello el albañil realizaba una reconstrucción con técnica de tapial o tierra apisonada. Así se constata en ejemplos como Cerrado Victoria o Ave María, donde podemos ver pequeños parches de tapia insertados en el muro de mampostería.

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Tapia y mampostería en una reparación de Cerrado Victoria

Estas reparaciones nos enlaza con otra modalidad de construcción menos frecuente y relacionados con la naturaleza del terreno, como los preciosos ejemplos de Los Chanos y Chacón, en la linde entre Almogía y Casabermeja, zona donde predominan unas vetas de tierras óptimas para esta técnica. Hablamos de la tapia.

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En los casos que encontramos tapia, la tierra aparece poco cribada y reforzada con mampostería formando zócalos, verdugadas y esquinas, dando como resultado un sólido edificio capaz de mantenerse en pie durante décadas incluso después de haberse abandonado. El grosor del muro es de 50 cm (similar al de mampostería) y la altura del zócalo es de casi 1 metro. Era de vital importancia cubrir el resultado con un enfoscado a fin de evitar el contacto con el agua, gran enemigo de esta técnica. En algunas construcciones como el casi desaparecido Molino de Vareno en Totalán, se alternan los muros de tapia con los de mampostería.

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La temperatura se mantenía constante en el interior de estas casas de tapia. Perfecto para veranos calurosos.

Los muros que soportaban las armaduras de cubierta de par e hilera debían ser reforzados por tirantes de madera o en tiempos más modernos de hierro, lanzados de un extremo a otro de la crujía para contrarrestar el empuje que se ejercian sobre aquellos.

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Tirantes lanzados de un muro a otro para contrarrestar las fuerzas que ejercen la armadura de la cubierta

Por último los tabiques que separan las estancias y dormitorios interiores.
Predomina la utilización de cañizo dispuesto en horizontal y amarrado con tomizas de esparto a unas guías o listones de madera. Este cañizo se cubría con cal para generar una mayor continuidad en el entramado, dando como resultado una elaboración sencilla y eficaz de tabiquería. Las varetas de adelfas aparecen eventualmente sustituyendo a estos cañizos. Las rasillas a panderete, era otra solución constructiva habitual.

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Entramado de cañizos en tabiques de separación.

Hay que subrayar que estas modalidades se presentan como los casos más generales donde no faltan excepciones y ejemplos puntuales, además de que la evolución del arte de la albañilería a lo largo del siglo XX modificó con nuevos materiales y técnicas más modernas la presentación de los muros y tabiques de estos entrañables lagares.DSC09606

Hablando de muros y tabiques de lagares, De cal y canto y arena es un entretenido blog sobre el uso y aplicación práctica de materiales tradicionales en edificios históricos.

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Sigue Lagares y Cortijos en Twitter: @lagycor

Para saber más:

– Villas Tinoco S. Los gremios malagueños durante el reinado de Felipe V.

– Santiago Ramos A., Bonilla Estébanez I., Guzmán Valdivia A. Cien años de historia de las fábricas malagueñas.

 

 

El Lagar de la Axarquía

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…Que se den todas las franquicias de pleno derecho para los vinos de esa clase que llegaran a las fronteras de Rusia, logrando allí el vino puro de Málaga un éxito inmenso, pues la aristocracia lo puso de moda…

Así se leía en el folleto editado en 1933 por unas bodegas malagueñas recordando la vez que a finales del siglo XVIII, la mediación del ministro de origen malagueño Miguel de Gálvez y Gallardo, hizo que la mismísima emperatriz de Rusia, Catalina, mandara poner todas las facilidades para importar el vino de Málaga, que tanto le agradaba y tanto puso de moda.¹

La fama internacional que gozaba el vino de Málaga llegaba desde Londres a San Petersburgo. Conocido como Málaga, Pedro Ximénez o Moscatel este vino era consumido por aristócratas y burgueses de toda Europa, que demandaban un caldo con personalidad y que era sinónimo de refinamiento. Hoy todo eso, son vagos recuerdos.

Todos hemos visitado alguna vez las pocas bodegas del vino Málaga que quedan en la capital, estas evocan el ambiente del XIX y de principios del XX. Hemos consumido su vino y nos hemos levantado con una resaca monumental cuando se nos ha ido la mano pero poco sabemos de la producción en su forma más tradicional, el lagar de la Axarquía.

A lo largo de los siglos XVIII y XIX, gracias al aumento de las exportaciones comerciales impulsadas por las reformas ilustradas, en las zonas montuosas de la Axarquía original ² empezaron a intensificarse las explotaciones dedicadas al cultivo de la vid, de tal manera que para la mitad del XIX no había zona perdida y recóndita de nuestros montes que no quedara por cultivar.

Haciendo un rápido (y tan rápido) resumen, dependiendo del propietario de la explotación y su capacidad económica, los lagares, centros donde se producía el vino, podían tener diversos tamaños y formas, unos disponían de una arquitectura más culta y planeada, otros iban ampliándose conforme a sus necesidades…clasificaciones y ejemplos que ya veremos en su momento. Ahora me interesa para tener una base mínima, ir al corazón del lagar, esto es, la prensa, el tinajero y su funcionamiento,

EL LAGAR DE PISAR Y EL TINAJERO.

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La producción del vino se realizaba en las dependencias principales del lagar. Esta era la única parte del edificio que en todos los casos debía construirse de manera planeada pues era necesario que las diferentes partes se dispusieran en gradiente para que el mosto circulara. Podemos diferenciar dos elementos, el lagar de pisar y el tinajero.

  • El lagar de pisar. Es la zona que da nombre a toda la infraestructura. Es la parte a mayor altura, aprovechando muchas veces la geografía del terreno para su ubicación. Es aquí donde se exprimian las uvas para sacarle el jugo. Esta zona se construía estanca, normalmente empleándose mazaríes (el uso durante años del lagar hacía que la porosidad de los mazaríes se sellara) permitiendo así la canalización posterior del mosto a un deposito de decantación que se encontraba adosado. El lote de uvas se introducía en el lagar de pisar por una piquera que daba al exterior (para que nos entendamos, algo parecido a un ventanuco). A continuación las uvas se disponían en redondos esteros de esparto o rodeado por una pleita de palmito para evitar el desparrame de estas al prensarse. Una vez colocado todo el conjunto debajo de la viga, se cubría todo con una tablazón (llamada cama) para repartir la presión de la prensa.
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Maqueta del Lagar de Torrijos, que para el caso nos viene muy bien.

El prensado de las uvas se realizaba mediante una viga de madera de gran peso y tamaño variable (pueden ser incluso de 8 o 9 metros) que por un extremo estaba anclado a la pared mediante un sistema de maderos o vírgenes y al otro, a un husillo o tornillo conectado al quintal. Este quintal era una piedra de gran peso que ejercía la fuerza de palanca una vez elevada a cierta altura.

La viga como he indicado, anclada a la pared mediante dos maderos llamados vírgenes, se podía regular con unos travesaños llamados marranas, para así facilitar el laborioso juego de movimientos que había que realizar con la viga a la hora de prensar. A mediación del cuerpo de la viga estaban las lavijas, que repartían el peso de esta.

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Al fondo, cama, vírgenes y marranas…(eviten el cachondeo)

Girando la hembrilla en el husillo (como una tuerca en un tornillo) el quintal iba descenciendo desde un punto elevado e iba actuando como una palanca para que finalmente las uvas fueran prensadas. Evidentemente como toda ley de la palanca, en el otro extremo de la viga se creaba una fuerza que normalmente se contrapesaba reforzando el muro con una torre de mampostería, pero para eso dedicaremos otra entrada que también da para largo, ya que hay múltiples variantes arquitectónicas según zonas.

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Horquilla, husillo y hembrilla

  • El tinajero. Estaba a un nivel más bajo para facilitar el transvase desde el depósito de decantación. Normalmente es una dependencia separada pero inmediata a la prensa y hacía la función de bodega de fermentación. Estas tinajas se encontraban fijadas y enterradas a 2/3 en el suelo. Los recipientes eran traidos desde los abundantes alfares  de la capital, de donde también se traían las tejas, mazaríes y ladrillos, ya que las tierras de la Axarquía, generalmente pizarrosas, no son aptas para esta industria. Es necesario recordar que este es un mundo que tendía al autoabastecimiento como todos los medios rurales semi aislados,  y traer estas grandes tinajas era una empresa bastante costosa pues ni la orografía ni los caminos facilitaban el porte. El número de recipientes instalados en los lagares era variable dependiendo de la explotación agrícola, por citar un ejemplo, en Pacheco Bajo podemos encontrar 20 de estas tinajas, aunque es difícil de determinar en muchos casos ya que estos edificios fueron transformados al perder importancia la industria del vino o se encuentran en estado ruinoso. Finalmente, el vino desde aquí se trasladaba a las bodegas de la capital donde, una vez embarricados, se almacenarían para que el vino tomara solera.
Tinajeros fijados al suelo. Estos recipientes eran de gran capacidad

Tinajeros fijados al suelo. Estos recipientes eran de gran capacidad

Con la llegada de la filoxera, y en general, la crisis agraria europea de finales del XIX, muchos de estos lagares se tuvieron que reinventar. Unos cambiaron la técnica a formas más industrializadas, como prensas elaboradas en fundiciones industriales, otros se convirtieron en almazaras de aceites al desaparecer las viñas, y otros sencillamente se abandonaron. Poco a poco iremos viendo todos estos casos.

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Viga de lagar en Lo Rute.

Las imágenes explicativas fueron tomadas en el Lagar Torrijos de los Montes de Málaga, que gracias a su estado de conservación, es perfecto para ver el funcionamiento de un lagar. Lagar de Torrijos

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¹ Elena Ruiz Romero de la Cruz. Historia económica de la casa López Hermanos. Tradición y futuro de los vinos de Málaga (1896-1960) Editorial Miramar, 1998.

² Totalán, Olias, El Borge, Benamargosa, Cutar, Moclinejo, Benaque, Macharaviaya, Benagalbón, Almáchar, Comares, Riogordo, Colmenar y Casabermeja. Madoz, Pascual: Op. cit, pag 65.

Si te interesa saber más:

– María asunción Sivera Tejerina. Los Cambios Técnicos de la Agricultura en el Término Rural de Málaga: Siglos XVIII-XIX, Biblioteca Popular Malagueña, Edición de Bolsillo, 1988.

– Rafael Blanco Sepulveda. Un Modelo de Habitat Rural: El Lagar de los Montes de Málaga, Biblioteca Popular Malagueña, 1997

Lagares y Cortijos

cropped-1939472_10202255378798123_39797508_o.jpg         Introducción temática

 Es sabido por todos que el paisaje de la Andalucía occidental, con su característica geología y su clima mediterraneo, ha determinado, como no podría ser de otra manera, la adaptación del hombre a su medio. La agricultura y la arquitectura, actividades inseparables del ser humano, comparten a su vez, esta adaptación al entorno que en ocasiones se presenta adverso y hostil.

 Los distintos suelos y microclimas que presenta la geografía malagueña son tan variados como comarcas encontramos dentro de la provincia, y en consecuencia,  encontramos una gran variedad de especializaciones agrícolas. Así, son bien diferentes las condiciones geoclimáticas de las tierras de llanura de la vega antequerana dedicadas al cereal y el olivo de las las feraces tierras de regadío del valle del Guadalhorce orientadas a los cítricos, por no hablar del accidentado terreno rocoso de los Montes de Málaga y Axarquía, donde la explotación agrícola requiere un alto nivel de dedicación.

Estas adaptaciones no se limitan a los cultivos como es lógico. Las viviendas y unidades de explotación que van asociadas a la agricultura también se encuentran determinadas por el clima y suelo, e incluso en términos geográficos tan limitados como es la provincia de Málaga, se presentan altamente diferenciadas según la comarca que analicemos.

Tomemos como ejemplo los pequeños lagares de las inmediaciones de Málaga capital, bien estudiados por Rafael Blanco Sepulveda, con  sus gruesos muros enjalbegados, ventanas de pequeños vanos y  distribución habitacional característica, anuncian unas soluciones constructivas adaptadas al lugar. Los grandes cortijos señoriales de las llanuras de cereales y olivos del norte de la provincia por contra, más acordes a la imagen estereotípada de la arquitectura rural andaluza, aparecen igualmente adaptados a su entorno, pero con la añadidura de elementos arquitectónicos decorativos como ventanas de amplios vanos con elaboradas rejerías, patios centrales con arcadas, grandes y amplias dependencias y blasones señoriales sobre los dinteles, constatando una obra diseñada para la explotación pero sin olvidar que a la vez, es residencia de grandes propietarios.

Otros elementos a tener en cuenta a la hora de analizar nuestros campos son los factores sociales e históricos. Las explotaciones agrarias y sus edificaciones están influenciadas por las distintas culturas que han pasado por nuestra provincia. Esto se hace patente en la arquitectura de la Axarquía, valle del Genal, los Montes y en definitiva todas aquellas zonas relativamente aisladas y de difícil acceso donde aún pervive la arquitectura volcada al interior de la vivienda y  de fachadas sencillas propias del mundo musulmán. De igual manera el tamaño de las explotaciones, casi siempre minifundios, evocan una tradición agraria bien diferenciada de las zonas abiertas y llanas de Antequera, donde la influencia castellana con sus latifundios y su arquitectura señorial es notoria dada su mayor relación histórica con esta zona al ser frontera cristiana tiempo atrás.

              La situación actual del patrimonio agrario.

Almacenes de Jotrón

Almacén de Jotrón

La situación de las explotaciones agrarias tradicionales en la provincia de Málaga es variada. El modelo económico basado en el turismo, por el que se ha apostado en las últimas décadas, ha creado también fuertes contrastes en la provincia. Respecto al tema que nos ocupa, podemos dividir el panorama en dos zonas principales, la costa y el interior.

Practicamente la totalidad de las zonas costeras se han visto influenciadas por este turismo arrollador que lo impregna todo. Comarcas que tradicionalmente se han dedicado a la producción agrícola de clima subtropical propio de nuestras costas, como por ejemplo la caña de azucar en Marbella, San Pedro de Alcántara o Velez Málaga, padecen un cambio traumático que no se termina de asimilar. Los propietarios y trabajadores abandonan los cultivos tradicionales, y por ende, los centros de explotación que van asociados a ellos, para dedicarse a una actividad turística que deja mayores rendimientos económicos. Consecuentemente nos encontramos con un campo desarticulado, abandonado y con sus elementos arquitectónicos en ruinas, perdiendose para siempre un modelo de habitat que se ha ido forjando durante siglos.

Recorriendo la costa podemos encontrar cerca de las autovías, desafiando al tiempo, los restos de antiguas edificaciones, que señoreando antes el campo, ahora quedan como meros espectadores de la evolución desenfrenada de los tiempos.

Prensa de viga

Prensa de viga

En los montes de Málaga, la creación del parque natural,  donde se encontraban  las antiguas explotaciones dedicadas al cultivo de la vid hasta la llegada de la filoxera a finales del XIX, han sido expropiadas, encontrándose todas ellas salvo algunas excepciones como Torrijos y Cotrinas, en estado de avanzada ruina, perdiendose para siempre lugares tan cargados de vivencias, como el lagar de Jotrón, Chinchilla o Santillana.

En las comarcas del interior de la provincia la situación es bastante diferente. En estas zonas la agricultura aún sigue manteniendo el peso que ha tenido históricamente, y aunque muchas edificaciones agrarias tradicionales se han ido remodelando conforme las necesidades de habitación y de explotación actuales con técnicas constructivas inapropiadas, el contexto de conservación es más saludable que en la costa.

Molinos harinero del Guadalmedina

Molino harinero del Guadalmedina

Las diferentes administraciones cumplen un papel para variar, ineficiente. Bien es cierto que muchas de estas edificaciones tradicionales están protegidas arquitectónicamente como son los ejemplos del Lagar Lo Rute en la carretera de Colmenar o el cortijo palaciego de Jurado en Campanillas, pero la falta de actuación por dejadez o incapacidad económica hace que estas protecciones queden en muchos de los casos en papel mojado, viendose como los muros y techumbres de estos edificios se desploman de manera irreparable.

Pero rompiendo una lanza a favor de la administración hay que decir que el medio agrario malagueño esta salpicado de infinidad de explotaciones y edificios tradicionales, pudiendose contar estos por cientos (sólo en el inventario realizado por la Junta de Andalucía para la provincia de Málaga en su publicacion Cortijos, Haciendas y Lagares se contabilizan 130 edificios inventariados y 1204 registrados). Es lógico pensar que la administración autonómica y local no puede hacerse cargo de todo lo que nos rodea. Es fundamental en estos casos, el papel que jugamos los ciudadanos, impidiendo en la manera de lo posible, que desaparezca nuestra arquitectura vernácula y nuestra cultura local para siempre.

Y es por todo lo anterior por lo que nace este blog, lugar donde se publicará, a modo de guía, las explotaciones agrarias tradicionales, sus usos y costumbres, que poco a poco van desapareciendo de la provincia malagueña. Pretendiendose así, recuperar entre todos, un patrimonio y una historia local tan rico y variado que como legado de nuestra cultura no deberíamos permitir que desaparezca.

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Almacén de tinajas