Una fábrica hidráulica de cubo: molino de Montosa

El régimen de lluvias escasas e irregulares y la orografía accidentada de Málaga oriental, explica el éxito del sistema hidráulico de cubo en la Axarquía. Basta con liberar el agua acumulada en un depósito vertical de cinco a diez metros de altura para imprimir movimiento a las palas de un rodezno. Con este elemental procedimiento se obtiene la misma fuerza que con otros sistemas, pero con una cantidad mucho menor de agua, además, esta máquina ofrece un mantenimiento muy económico, ya que su versión más sencilla carece de engranajes de linterna como los empleados en las clásicas ruedas verticales o azudas, donde las roturas de los cajales son frecuentes. Desde que empezaron a popularizarse en los siglos XV-XVI, los molinos harineros de cubo de la Axarquía tuvieron escasa competencia tecnológica, pues las tahonas tiradas por fuerza animal y los pequeños molinos de mano eran las únicas alternativas presentes en la zona. Fue con la tímida aparición a finales del siglo XIX de maquinaria a vapor en instalaciones como San Isidro en Vélez-Málaga, y más adelante, la incorporación masiva de motores diésel y eléctricos, cuando estos sistemas hidráulicos se mostraron obsoletos, entrando en una etapa de decadencia irreversible.

Las fábricas hidráulicas de cubo han llegado hasta nuestros días en un estado variado de conservación, al carecer de utilidad, sus propietarios procedieron a reformarlos como viviendas o directamente las desmantelaron o abandonaron. Aun así, hay algunos casos que por simple olvido o tras una decidida restauración se han conservado en un aceptable estado.

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Molino próximo al nacimiento del Guadalmedina, Antequera

 El molino de Montosa

Esta fábrica de cubo situada en Sedella recibe su nombre por el último propietario y molinero, Antonio Montosa Palacios, aunque tradicionalmente también ha sido conocido por los habitantes del pueblo como Molino Alto, ya que se encuentra en la ladera de una colina cercana al núcleo urbano. Sin descartar una antigüedad mayor, encontramos una referencia de este molino en el año 1752, con las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada. Aquí se indica que este molino movido por agua y de un solo juego de piedras, es el único existente en el pueblo, siendo propiedad de Don Julián de Aro.

Durante el siglo XIX, el molino seguía trabajando por la creciente demanda de harinas debido al aumento significativo de la población, y es aquí cuando se abre un segundo molturador harinero en el pueblo, posiblemente una tahona localizada en el núcleo urbano. La aparición de un nuevo molino contrasta con el déficit de trigo y cebada que venía arrastrando el pueblo de Sedella, acentuado por el crecimiento demográfico. La agricultura local era totalmente incapaz de proporcionar los cereales necesarios y había que recurrir a la importación con arriería desde zonas productoras como Alhama de Granada, circunstancias que aún se mantendrían a comienzos de los años 40 del siglo XX.

Más adelante, la fuerte emigración causada por la crisis post-filoxérica y la importación de harinas industriales procedentes de Vélez-Málaga, provocaron que entre los años 1955 y 1960 el obsoleto molino de Montosa cerrara definitivamente, quedando abandonado y en proceso de paulatina ruina, hasta que en julio de 1994, el Ayuntamiento de Sedella decidiera comprar el inmueble a sus últimos propietarios y procediera a su restauración.

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Molino Alto o de Montosa, Sedella

El edificio está asentado sobre un afloramiento esquistoso de una ladera situada al norte del pueblo de Sedella. Su planta conforma un rectángulo de 15m. de largo por 4 m. de ancho, la orientación de la construcción es sur-sureste. En su fachada delantera aparecen con distribución irregular seis vanos a distintos niveles, correspondiendo uno al cárcavo de evacuación, elaborado con un arco rebajado de ladrillos macizos. Los restantes vanos, acceso y ventanas, se ejecutan con dintel de madera. Destacan unos retranqueamientos del muro a lo largo de la fachada. Los muros del edificio están elaborados con fábrica de mampostería del lugar con aparejo irregular, donde se alterna la piedra con ripios cerámicos, no apreciándose el uso del ladrillo macizo más que en el arco del cárcavo. El mortero original de la obra debió tener las proporciones tradicionales en la zona, esto es, cuatro paladas de arena escasamente cribada por una de cal apagada. El revestimiento original de las paredes ha sido picado y sustituido por otro ejecutado con cemento moderno y pintura plástica.

Durante el abandono de la instalación se perdió gran parte de su cubierta, siendo necesario durante la restauración cambiar la totalidad de ella. La cubierta, de un agua, descansa sobre viguería de cuartones de madera nueva que reemplazan a los rollos de roble, madera común en las carpinterías tradicionales del lugar. Sobre las vigas aparece fijado con clavos el tableado de madera barnizada, y sobre este, las tejas árabes. No existe recuerdo sobre si la cubierta original se encontraba protegida por la típica torta o alcatifa de tierra cribada que se aplicaba entre el tableado y el tejado. El alero rematado con un listel de ladrillos macizos dispuestos a tizón y una superposición a doble teja conforma el único elemento decorativo del conjunto.

Ya en el interior del molino encontramos una distribución en planta baja y altillo de madera. La planta baja cuenta con una sala principal con un pequeño hogar. En esta sala se realizaban tareas de diversa índole, como por ejemplo, el peso con romana de los sacos de cereal. Sin salir de esta planta, a una altura de 1,44 m. y accediendo por una pequeña escalera de obra y con cuatro escalones, se encuentra la sala de molturación. Toda la planta baja cuenta con la solería original de mazaríes de 28×28 cms. En un segundo nivel hay un altillo utilizado como almacén de cereales, elaborado con una madera barnizada que sustituye al original.

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Interior del molino

 

Hidraúlicas

El molino de Montosa cuenta con todos los elementos hidráulicos característicos de un sistema de cubo: presa, caz, cubo y rodezno. En general, los únicos materiales empleados en su ejecución son mampuestos de la zona y mortero de cal. Siguiendo el recorrido que realiza el agua a su paso por el molino, el primer elemento que se encuentra es la presa. Esta está situada en la parte trasera del molino y a una altura superior respecto a este de diez metros aproximados. Aquí se embalsan las aguas acequiadas desde el arroyo Encinar, que brota en las rocas calizas de Sierra Tejeda. La presa original conformaba un polígono irregular horadado sobre el suelo de esquistos. Sin ningún tipo de revestimiento en el fondo ni en paredes, la única obra que aparecía era un pequeño muro que contenía la compuerta de comunicación con el caz del molino. Actualmente la presa tiene un revestimiento de cemento para evitar pérdidas.

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El siguiente componente que encontramos es el caz. Esta canalización de 17,92 m. de largo tenía por función llevar el agua desde la presa hasta el cubo manteniendo la altura de aquella, pues hay que recordar que presa y molino se encuentran a niveles distintos de altura. El caz contaba con un aliviadero para controlar el caudal de aguas y evitar que rebosaran, actualmente desaparecido tras las reformas. La estructura también cuenta con mechinales, huecos utilizados para evacuar las perjudiciales filtraciones en el interior de la obra. Todo ello está realizado con la misma fábrica que el resto del edificio, aunque se evidencia una abundante utilización de cemento en la restauración.

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Caz del molino

El caz desemboca en el cubo. Este es un depósito vertical con forma de cilindro cuya misión es suministrar agua a presión al rodezno. El códice de hidráulicas atribuido históricamente a Juanelo Turriano y escrito en la segunda mitad del siglo XVI, 21 libros de los ingenios y máquinas, explica en el capítulo undécimo como debían elaborarse estos cubos para obtener los mejores resultados, ya que volumen y presión hidrostática jugaban una importante relación. El autor especifica que estos cubos debían tener una altura mínima de 30 palmos castellanos (6,26 m.), la boca o entrada debía tener una proporción de cuatro partes y la salida inferior una cuarta parte. En cuanto al espesor de las paredes del cubo, se aconseja tener una relación de una cuarta parte del diámetro del conducto. Recalca el códice la importancia de usar mortero y mampostería, además de la necesidad de insertar mechinales.

Se observa que el cubo de Montosa con una altura de 8m. aproximados, su fábrica de mampostería y mortero, el uso de mechinales y las proporciones de entrada y evacuación cumple con las indicaciones del códice, además destaca el aumento del grosor del cubo en gradiente, a fin de reforzar la estructura de la presión ejercida por el agua. Esta coincidencia entre códice y construcción demuestra que el molino debió ejecutarse por algún alarife que conocía bien las técnicas hidráulicas, por lo que la obra es producto de la autoconstrucción, quedando por saber la procedencia y grado de difusión de los conocimientos en técnica hidráulica, además del desarrollo del oficio de constructor de estos sistemas en la comarca de la Axarquía.

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Torre donde está situado el cubo

El ciclo del agua termina cuando ésta es liberada a través del saetín o saetía, una canaleta de madera que recoge el agua de la parte más baja del cubo y la proyecta a presión contra el rodezno. Conviene que el saetín no apunte al rodezno de forma perpendicular, sino con cierta inclinación sobre las palas para imprimir una mayor fuerza de movimiento, como así sucede en el caso estudiado. Se observa también que el saetín se regulaba manualmente mediante una pequeña tapadera, en la actualidad desaparecida.

El siguiente elemento analizado es el rodezno, este es una rueda horizontal que mueve de manera solidaria la piedra corredera a través de un eje de hierro. El libro 21 libros de los ingenios y máquinas indica que la proporción ideal de estos rodeznos debe ser de 2 m. de diámetro, pero estas medidas presentarían problemas de torsión en el sistema, encontrándose que la gran mayoría de rodeznos de la península Ibérica tienen unas medidas comprendidas entre 0,80m. y 1,5m. de diámetro. En el caso de Montosa es difícil calcular el diámetro del rodezno ya que todas las palas o álabes se encuentran podridos y partidos por el proceso de abandono sufrido, pero cabe suponer una medida que sobrepasaría escasamente 1m. El rodezno tenía 8 álabes de madera, recogidos con un cercillo o fleje de hierro para evitar que estas trabajen en falso. El eje del sistema está elaborado en dos piezas, una de madera llamada maza y situada en la parte más baja, y otra de hierro llamada palahierro, ambas unidas por abrazaderas conocidas por el nombre de sortijas, diseñadas para facilitar el recambio de las dos piezas. El eje estaba unido a la piedra corredera mediante una pieza de enganche llamada lavija.

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Rodezno

El agua sale finalmente a través del cárcavo, una abertura al exterior de 1,40m. de anchura cuyas paredes se encuentran recubiertas de sedimentaciones calcáreas procedentes de siglos de salpicaduras de agua. Una canalización llamada socaz lleva el agua a la acequia principal, que serpentea ladera abajo regando las distintas huertas que se encuentran a su paso. Es interesante mencionar que en la acequia de Sedella se mantiene la arcaica figura del regador o regante, un cargo relacionado con la difícil gestión del agua y que hunde sus raíces en el mundo rural musulmán. Este operario pagado por la comunidad, controla el buen uso de la acequia, de la que molino y huertas se aprovechan. El regador estaba encargado de distribuir según un orden establecido las horas de riegos en las huertas y los cortes para abastecer la presa del molino, que se hacía al caer la tarde. Este cargo servía también para dirimir pequeños pleitos que pudieran surgir entre aquellos que hacían uso del agua.

Las piedras de moltura

La sala de molturación cuenta con la clásica disposición de las piedras de moler. Apoyadas sobre un banco de obra se encuentra la piedra inferior, solera, y la superior, corredera. Las muelas que se encuentran actualmente en el molino tienen un diámetro de 1,30m. y son de tipo La Ferté Expositión, piedras artificiales elaboradas con un conglomerado de sílex procedentes del pueblo francés La Ferté-sous-Juarre. Estas piedras sustituyeron en las últimas décadas de vida de estos molinos a las tradicionales de cantera elaboradas en piedra almendrilla, una roca calcárea que se desgastaba fácilmente. El transporte de las piedras hasta el pueblo de Sedella se realizaba por fuerza de brazos, pues hasta la llegada del camino asfaltado en los años 40 del siglo XX, las vías de comunicación apenas eran aptas para la arriería. Las piedras cuentan en sus caras interiores con unos canales labrados o arroyos para triturar el grano. Estos arroyos recorrían de forma radial la muela y siguiendo el sentido de giro del rodezno. Debido al desgaste, los arroyos debían ser labrados de nuevo cada cierto tiempo, y para ello, el molinero contaba con la ayuda de la cabria, grúa abatible que permitía levantar las piedras y voltearlas. En el caso de Montosa, la cabria se encuentra en perfecto estado y como detalle, cuenta con el arriostramiento que le ofrece un madero anclado en los muros de carga del edificio. Fruto del expolio, casi la totalidad de las piezas y herramientas fundamentales en el proceso de molturación desaparecieron tras el cierre definitivo del molino.

La tolva, donde se vaciaban los sacos de cereales, el levador de las piedras, que permitía regular el grosor de la harina, o el guardapolvo, una funda de madera que colocada encima de las piedras evitaba que durante la molienda la harina se esparciera, son algunos de los ejemplos que se echan en falta.

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Resumen preprint procedente del artículo publicado en la revista SAC de Vélez, publicado en el año 2015. Si te interesa consultar el artículo completo puedes verlo en este enlaceSOCIEDAD / 14 BOLETÍN DE LA SOCIEDAD DE AMIGOS DE LA CULTURA DE VÉLEZ-MÁLAGA / 2015

APUNTES SOBRE LA EVOLUCIÓN Y CARACTERÍSTICAS FUNCIONALES DE LOS LAGARES DE MÁLAGA (PARTE II)

Siguiendo el hilo de la entrada anterior sobre la evolución del lagar de vino durante la Edad Moderna, en esta segunda parte vamos a exponer algunos de los elementos funcionales más comunes de estas edificaciones. El trabajo aquí expuesto es la versión preprint del artículo publicado por el autor en la revista ARQUEOLOGÍA Y TERRITORIO del departamento de Prehistoria y Arqueología y el departamento de Historia Medieval y CC. TT. Historiográficas de la Universidad de Granada.

En concreto, el lagar es el lugar donde se pisa y prensa la uva para convertirla en mosto, y como se puede observar, este lugar clave en el proceso de vinícola terminó por prestar su nombre al edificio completo. El lagar se compone de dos espacios principales; por un lado está la zona de prensado, compuesta por el lagar de pisar y la prensa de viga; y por otro, el tinajero, lugar destinado a albergar grandes tinajas donde fermentaba el mosto. Esta característica diferencia el lagar malagueño de explotaciones agrarias dedicadas a la vitivinicultura de otras zonas de Andalucía.

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Siguiendo este esquema, el primer espacio a analizar sería la zona de prensado. Aquí se encuentra el lagar de pisar, un receptáculo con paredes perimetrales de escasa altura destinado a realizar a la primera pisa y cuyo suelo se realizaba con mazaríes de barro para facilitar la limpieza. Aquí se realizaría la primera pisa, cuyo mosto resultante caería a un pozuelo de decantación conectado a través de una canaleta hecha de teja o atanor. De esta operación saldría el vino conocido como “lágrima”. Los hollejos y escobajos sobrantes se amontonaban en una esquina del lagar de pisar cuya pared estaba protegida también por un triángulo de mazaríes.

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Pozuelo de decantación, lagar Lo Rute, Cerro del Moro, Málaga.

A partir de aquí, los operarios insertaban los hollejos de la uva en unos capachos de esparto para realizar una segunda prensada. Estos capachos se colocaban debajo de la viga, cayendo el líquido resultante en otro pozuelo independiente al anterior. La prensa tenía un sistema de funcionamiento bastante elaborado, pues entraba en juego una serie de movimientos de husillo, hembrilla, quintal, etc. Baste decir para esta descripción, que la viga se encontraba fijada a las vírgenes y guiaderas, unos maderos situados en la pared y a mediación de la viga. Para una demostración más visual, recomiendo este vídeo didáctico sobre el funcionamiento de una prensa de almazara, cuyo funcionamiento es similar al de los lagares. La madera utilizada para estos pertrechos solía ser de encina y similares, preferidas por su gran dureza dado el continuo esfuerzo al que estaban sometidas, en el caso de la viga, se utilizaría madera de ciprés, por la flexibilidad y el largo que ofrecen sus troncos. Las vigas fueron sustituidas en su mayoría por prensas de fundición de tipo torre a mediados del siglo XIX, por lo que apenas quedan ejemplo de vigas. Se han podido documentar en el lagar de la Campana, partido de Jaboneros, lagar de Cotrina, en Venta Larga, lagar de lo Rute en Cerro del Moro, y en el lagar de Morales, Vuelta Grande, todos ellos en el término de Málaga.

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Prensa de tipo viga expuesta en la bodega Dimobe, Moclinejo, procedente de un lagar de Cerro del Moro

La viga no dejaba de ser una gran palanca de madera, y la resistencia se realizaba en la torre de contrapeso, uno de los elementos constructivos más visuales de estos lagares. Se trata de un muro de grandes dimensiones cuya función es la de servir de contrapeso a la fuerza ejercida por la prensa de viga. Desde un punto de vista arquitectónico la torre se localizan en un lateral de la nave y se construyen de mampostería, no observándose casos de uso de técnica de tapial en estas construcciones locales, como la existente en el ingenio de San Antonio Abad, en el término de Nerja, cuya fábrica se realiza en su totalidad de tapia. Las dimensiones suelen oscilar entre 1m y el 2,10, como el de lagar de Timoteo, aunque lo más normal es que sus medidas lleguen al 1.20 de anchura. La altura también es variable, dependiendo este hecho de la fuerza que ejerce la viga.

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Lagar de Bracho, Cártama. En primer término, se puede observar el remate de la torre de contrapeso.

Estas estructuras aparecen decoradas con un remate de diversas formas y acabados. Los diferentes estilos pueden responder a una evolución cronológica, que como en otros casos, tiene su máximo apogeo ornamental durante el siglo XVVIII. Los más simples, y quizá los modelos más primitivos, son aquellos que terminan en plano sin ningún tipo de decoración, como el existente en el molino viejo de Santa Tecla o Velarde, partido de Churriana. Algo más evolucionados son aquellas terminaciones con forma semicircular, cuyo ejemplo se puede observar en el lagar del Turco Bajo, y los remates a cuatro aguas como el de la Molineta, partido de Chaperas, Málaga. Con clara influencia del barroco hay algunos ejemplos de interés como el lagar de Jotrón y lagar Nuevo, término de Málaga, y el lagar de Verdugo, término de Totalán, con unos singulares remates de terminaciones mixtilíneas.

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Torre de contrapeso con decoración mixtilínea, lagar de Verdugo, Totalán.

El tinajero era dependencia separada pero inmediata a la prensa, a nivel más bajo para facilitar el transvase desde el depósito de decantación, tenía la función de bodega de fermentación. Estas tinajas se encontraban fijadas y enterradas a 3/4 en el suelo. Los recipientes eran traídos desde los alfares de la capital, de donde también se traían las tejas, mazaríes y ladrillos. Es necesario recordar que estos lagares estaban situados en zonas rurales aisladas, y traer estas grandes tinajas era una empresa bastante costosa, pues ni la orografía ni los caminos facilitaban el porte. El número de recipientes instalados en los lagares era variable dependiendo de la explotación agrícola, por citar un ejemplo, en Pacheco Bajo, en el partido de Chapera, Málaga, se encontraban 20 de estas tinajas, aunque es difícil de determinar en muchos casos su número pues estos edificios fueron transformados al perder importancia la industria del vino. Estas tinajas eran recipientes de gran tamaño, llegando a alcanzar alturas de hasta 2.10 metros de profundidad como las que se han documentado en Monticelli, Almogía.

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Tinajero localizado en un lagar del término de Almogía

Estas tinajas podían albergar hasta 60 @, es decir, 990L. Es reseñable la alusión que hacen algunos documentos de archivo sobre la existencia de una tipología denominada “tinajas moriscas”, de morfología no identificada, pero cuya capacidad rondaría según las descripciones aportadas entre las 50 y 80@. También se ha podido documentar una gran variedad de sellos de alfares y otras inscripciones en las propias tinajas, apuntando la posibilidad de un futuro estudio sobre las tipologías y procedencias de la tinajería empleada en los lagares de la región durante la Edad Moderna.

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Firma de alfarero, tinaja situada en la Venta Galwey, Málaga.

El lagar de Cerrado Victoria.

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Situado en una de las laderas del Cerro de la Matanza, partido rural del arroyo Jaboneros, este lagar era un curioso ejemplo de explotación agrícola en los Montes de Málaga por su histórica localización y por ser una de las fincas más grandes del entorno. Aunque de momento desconocemos datos anteriores al siglo XVIII, sabemos gracias al Catastro de Ensenada (para la ciudad de Málaga, año 1753) que este inmueble adscrito a la división parroquial del Sagrario era una de las innumerables propiedades del convento de Nuestra Señora de la Victoria.

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Según dicha descripción, Cerrado de Victoria o Hacienda de la Victoria era un lagar con horno, caballerizas, despensa, cinco salas altas (que nos hablan de una construcción de importancia), lagar de pisar con viga de husillo y una bodega de 35 tinajas de tipo morisco con 2000@ de capacidad (32.200 litros de vino), calculándose un valor total de la construcción de 275 reales de vellón, además de una capilla donde estaría una imagen de la virgen María realizada en madera y que por fortuna, se conserva, aunque eso, sí, un poco desfigurada tras unas “restauraciones” llevadas a cabo en 1940.

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Tras la restauración, la imagen quedó muy desmejorada. Foto por cortesía de Ignacio Krauel.

La hacienda contaba en aquel siglo XVIII con una de las pocas almazaras de aceites de los montes, ya que albergaba una pequeña molineta con un mortero de piedra movido a caballo. Para el prensado del aceite se utilizaba la misma viga de husillo del lagar de vino, cosa poco frecuente y extraña, ya que por mucho cuidado y limpieza que se dispusiera, la mezcla de productos alteraría notablemente sus sabores.

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Vista general del lagar antes de la reforestación de esta parte de los Montes en 1960. Foto cortesía Ignacio Krauel.

En cuanto a sus tierras agregadas, Cerrado de Victoria contaba con una pieza de secano de 12 fanegas de mediana calidad dedicadas al cereal “de pan llevar”, tierras estas, que fueron cedidas a favor del convento por Maria Teresa de Priego, vecina de Málaga, y por ello, las monjas del lagar realizaban una misa cantada además de dos días de honras al año.

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Tierras inmediatas a Cerrado Victoria, ya reforestadas.

En lo referente a sus viñas, la Hacienda de la Victoria tenía 36 obradas de diferentes calidades (una obrada puede contener hasta 500 cepas) y una pieza de seis fanegas inútiles por naturaleza. Sin lugar a dudas, el orgullo de la Hacienda de la Victoria sería una inmensa parcela de 250 fanegas sembradas con distintos árboles que lindaría con los lagares de Garavía (sic) y Milla, sembrada con 900 olivos y 330 acebuches, 1050 almendros, 780 encinas y 36 algarrobos, además de higueras, cerezos, perales, naranjos, cidros, limones, cipreses etc.

Estas parcelas estarían arrendadas a Pedro Melendez, que las explotaría por una cuantía de 225 reales de vellón y con la obligación de entregar cargas de uvas y otros pagos en especie.
Llama poderosamente la atención que al consultar el pliego catastral de Pedro Melendez la cuantía del arrendamiento varía sensiblemente, ya que este último declara pagar una cifra más elevada que la antes mencionada, además, se obvian las huertas regadas del lagar, objeto también de imposición fiscal. Aquí podemos ver el típico caso de ocultación intencionada, ya que por la naturaleza fiscal de estas averiguaciones no era raro que los propietarios declararan cifras inferiores a las reales y se “olvidaran” declarar algunos bienes raíces, a Dios rogando y la cartera vigilando.

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Las viñas se perdieron tras la crisis filoxérica de 1877, dejándo un campo yermo y deforestado. Cabras pastando en la inmediación del lagar alrededor de los años 1940-50. Foto Ignacio Krauel.

El Cerrado Victoria o Hacienda de la Victoría continuaría en manos eclesiásticas hasta las desamortizaciones de Mendizábal en 1836, cuando se incautaron gran cantidad de fincas rústicas y se demolieron muchos de los conventos de la ciudad, incluido el de Nuestra Señora de la Victoria, en este sentido, en los padrones municipales de 1840 y siguientes ya encontramos a un seglar, Don Juan Barrionuevo, que iniciaría una línea sucesoria de propietarios.

El lagar sufriría años más tarde como tantos otros la llegada de la plaga de la filoxera de 1877 y la crisis finisecular que asoló los campos, dando como resultado una agricultura de bajo rendimiento económico.

Finalmente, ya en el siglo XX, durante la repoblación forestal de la Cuenca del Guadalmedina los terrenos fueron expropiados a Pedro Barrionuevo Ruiz-Soldado a finales de la década de los 50.

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Pliego de expropiación de fincas para la reforestación de la cuenca del Guadalmedina.

Es en este momento cuando se borran tantos siglos de historia, ya que el edificio fue expoliado de forma salvaje, se arrancaron las rejerías y los suelos, se cortaron las viguerías y la obra terminó por desplomarse en cuestión de pocos años.DSC09933

Si nos centramos en el edificio, este era de planta cerrada rectangular (18m x 9 m aprox) dividida en tres naves, y con dos naves perpendiculares (14m x 5 m aprox.) en cada extremo del rectángulo, a esta planta planificada y ordenada se le irían adosando construcciones de menor calidad como tinados y un aprisco de animales que posiblemente le daría su nombre de “cerrado”.

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Localización, fuente: https://goo.gl/maps/W47LP

La Hacienda Victoria es un edificio cuya construcción arroja muchas incógnitas, ya que un estudio más pausado de su obra nos muestra que las naves centrales están realizadas con tapia o tierra prensada y zócalos de piedra, y que a estas se le adosaron las naves laterales donde se ubican el lagar y la capilla citados ya en los documentos del siglo XVIII. ¿Era este edificio de tapia una construcción primitiva? Y si es así ¿De qué época es? queda ahí la pregunta.

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Muros de tapia en la estructura principal del edificio.

Dejando a un lado estos muros centrales de tapia, los paramentos del resto del edificio aparecen con un aparejo de hiladas de ladrillos con cajoneras de mampostería trabados con tierra estabilizada con cal. En las construcciones destinadas a ganados aparece un aparejo irregular a piedra seca y ripios.

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Los suelos, viguerías, cubiertas y otros elementos constructivos fueron expoliados tiempo atrás, por lo que poco podemos decir de ellos, aunque por fotos antiguas sabemos que las cumbreras del tejado tenían las características tejas vidriadas a varios colores.

La fachada principal aparece orientada al SO y sus vanos se distribuían de forma ordenada, destaca aquí una espadaña de aparejo de ladrillo con un vano cerrado con un arco de medio punto. DSC06097

Debajo de esta espadaña estaba la capilla, que contaba con un arco de ladrillo enmarcado en un alfiz y molduras en los estribos, actualmente desaparecido, también destaca un ojo de buey y una hornacina donde supuestamente estaría colocada la imagen de madera.

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Detrás de este grupito de muchachas que celebra su comunión, podemos apreciar la capilla del lagar, hoy prácticamente desaparecida. Foto Ignacio Krauel.

En el otro extremo de esta fachada se encontraba un precioso surtidor con cubierta compuesta de tres planos y una cornisa adornada con molduras, todo ello pintado originalmente de almagra, además, una alberca de riego donde también se ha aplicado almagra para evitar la eutrofización de las aguas.

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En esta curiosa foto sacada desde una ventana se puede apreciar el surtidor de aguas, también desaparecido por el desplome de ese ala del edificio. Foto Ignacio Krauel.

En este ala del edificio aparece la torre de contrapeso integrada y de la que apenas quedan unos restos que sobresalen del suelo.

En el interior del edificio encontramos la nave donde estaría la sala principal con la cocina y su caramanchón o campana y donde en tiempos primitivos debió estar la viga de husillo, del resto de estancias, al encontrarse en un estado muy ruinoso poco se puede decir, aunque con seguridad en la nave paralela debió estar la bodega con las tinajas y en las salas altas el señorío del lagar.

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interior de la primera nave, al fondo, el caramanchón o campana de la cocina. Foto cortesía de Ignacio Krauel.

En la parte trasera con orientación NE aparece el cercado de animales, con los tinados, zahúrdas y gallineros, todos ellos con muros de mampostería irregular, destacan los canales de evacuación de los orines.

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Para finalizar, el lagar contaba con huertas regadas por un sistema de atarjeas, atanores cerámicos, alcubillas y distribuidores que traían el agua desde una corta situada en una torrentera cercana. En algún momento de la historia del lagar, ladera abajo se nivelaron nuevos bancales de huertas, regadas con un sistema independiente de atarjeas y albercas emparradas con agua traída desde el arroyo de Los Llanes, estos bancales recibirían la denominación de Huerta Nueva.

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Alberca del Huerto Nuevo, junto al arroyo Jaboneros, pilares para emparrado.

El curso alto y medio del arroyo Jaboneros cuenta con un abanico de construcciones históricas con una gran carga etnográfica semejantes a Cerrado Victoria, y aunque abandonadas en su mayoría, se han conservado en un estado aceptable, pero ¿Por cuánto tiempo? Las administraciones han mostrado una sensibilidad nula por la conservación de este patrimonio cultural tan importante, trabando su adecuada restauración o en el peor de los casos, instando a los propietarios a demoler estas viejas construcciones por peligro de desplome. Por desgracia, Cerrado Victoria ya es un caso perdido, pero ¿Qué pasará con Lo Cea, Sevillano, La Campana, Urbano, Maroto, Lo Muñoz…?DSC00050

Historia y arquitectura del lagar de Cela, evolución de una alquería medieval.

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Paisaje del partido de Cela, Moclinejo.

El 3 de noviembre de 1493 los repartidores, con el bachiller Serrano a la cabeza, llegaron por un camino rodeado de barrancos y cortados hasta una pequeña alquería situada en la cabecera del arroyo Granadilla, cerca de Moclinejo. Se trataba de la alquería de Salim o Çilim, más tarde conocida bajo su nombre castellanizado de Çela, Zela o Cela. A pesar de que el lugar estaba enmarcado en una loma escondida y de fácil defensa, los repartidores no encontraron más que construcciones arruinadas, casas caídas y solares, pues sus antiguos moradores decidieron incendiar y abandonar la aldea durante la conquista cristiana de Málaga. Contaría Cela, según la documentación que nos ha llegado de mano de los repartidores, de algunas casas distribuidas en dos calles aceradas, una mezquita, una fuente bien surtida de agua, un ejido y un molino de aceite en la parte más baja de la alquería, no hay constancia sin embargo, de la característica torre de defensa con la que si contaban otras alquerías inmediatas como Granadilla, Juncares, Simientes, Totalán, Olías, Gálica o Macharagazpar.

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Panorámica del lagar de Cela, supuesto lugar donde se ubicaba la antigua alquería musulmana.

Después de un infructuoso intento de repoblación, en 1494 la alquería se volvió a repartir a nuevos moradores junto con lotes de viñas, almendrales, morales, perales y manzanos. Según actas del Cabildo de Málaga aportadas por Agustina Aguilar, archivera del AHMM, el siglo XVI sería una época de gran actividad en la alquería de Cela y sus alrededores. Leñadores, carboneros y viñeros trabajarán estas tierras transformando un paisaje agreste y con grandes manchas de bosque virgen en un lugar cultivado y domesticado, aunque bien es cierto que en ocasiones se haría de forma caótica, ya que son muchas las quejas recogidas por la tala desordenada y ocupación ilegal para la siembra de viñas en tierras públicas. Por otro lado, los pobladores de Cela también se vieron afectados por las pestes, el merodeo de animales salvajes (lobos e incluso osos) o los violentos levantamientos moriscos, como el de 1568, que casi terminaron por despoblar la alquería, ya que los campos y bosques inmediatos a Cela se volvieron extremadamente peligrosos. Desde luego no fueron tiempos fáciles.

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Fachada principal del lagar de Cela.

 Durante el siglo XVII, la comarca se beneficia de la expansión de la vid, reflejándose en la presencia de pequeños y medianos propietarios cada vez más prósperos. En este sentido, a finales de siglo José Francisco Guerrero Chavarino, natural de Málaga y propietario por aquel entonces de Cela y sus tierras, recibe por orden y gracia de Carlos II el título de marqués, como agradecimiento por su decidida contribución económica a la defensa de la plaza de Ceuta, que andaba sitiada por fuerzas marroquíes en 1694. Por ironías del destino, este abnegado súbdito de su Católica Majestad, tomará por nombre del marquesado aquel antropónimo de origen árabe; marqués de Çela.

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Declaración de Doña Catalina Chacón, marquesa de Cela. Catastro de Ensenada, Libro de Hacendados. AHMM.

Las averiguaciones fiscales realizadas para el catastro de Ensenada (En Málaga, año 1753), nos muestran, casi como una fotografía, los cultivos, edificios y titulares del marquesado de Cela.

Según esta documentación, el marquesado de Cela, cuya titularidad recaía en ese momento en la viuda Doña Catalina Chacón, estaba constituido por una casa de campo con cuarto bajo, dos salas, cocina, bodega, 44 tinajas con un total de 6.000 @ de capacidad, caballeriza, pajar y un pequeño lagar sin prensa de viga. A continuación, aparece un molino de aceite (que de nuevo, gracias a Agustina Aguilar sabemos de su existencia desde al menos 1564) en el que en tiempos de molienda una mula tiraba de día y de noche una sola piedra. Además, el mayorazgo de Cela contaba con una parcela de regadío regada con agua de “pie” con dos celemines de primera calidad, con 19 naranjos, 18 morales, 5 álamos, y 3 duraznos, seguían las propiedades con doce fanegas de secano de segunda y tercera calidad, que producía una cosecha de trigo o cebada al año, siendo necesarios dos de descanso, además de otros cultivos de secanos como 50 olivos y 150 almendros crecidos y plantones. Finalmente, 120 obradas de viñas de secano, de primera, segunda y tercera calidad. A todo ello hay que sumarle un interesante listado de casas y tiendas en la ciudad, que a mi pesar, no puedo enumerar aquí por no venir al caso. Esta descripción nos muestra una explotación agrícola donde el aceite, el grano y la almendra ocupaban un puesto tan importante como el vino.

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De aquel huerto sembrado de naranjos, duraznos y morales poco queda en el paisaje de Cela. 

Sin entretenernos demasiado, es interesante mencionar que en la linde sur de Cela aparece descrito otro mayorazgo ligado al partido de Cela, se trata del condado de Villa-Alcazar de Sirga.

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Vista de Cela de abajo.

Entre sus propiedades aparece un magnifico lagar con salas altas, prensa de vigas y 43 tinajas con 2000 @ de capacidad, también una pequeña huerta de naranjos chinos, naranjos agrios y limones, 70 fanegas de secano, otra pieza de tierra con olivos, higueras, almendros, alcornoques, nogales, perales, limones y naranjos. En cuanto a viñas, Cela de abajo, como así se conocía, contaba con 100 obradas de primera, segunda y tercera calidad. Por desgracia, actualmente este impresionante lagar se encuentra en un estado de conservación lamentable, una verdadera pérdida para el patrimonio cultural de Moclinejo.

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Viñas

Como es lógico, la historia de las tierras de Cela continúa a lo largo del siglo XIX, apareciendo en censos y padrones sin mayores sobresaltos ni datos relevantes. Con la llegada de la filoxera a Moclinejo en 1877 y los duros golpes asestados a la agricultura de la región durante el siglo XX, los históricos lagares de Cela terminaron por abandonarse, sumándose, como no, a ese creciente listado de patrimonio olvidado y en peligro de desaparecer.

88201359 El Lagar de Cela aparece con planta rectangular orientada al SO, donde un patio cerrado, con acceso desde el SO, se sitúa en el centro del edificio. La vivienda (cocina y dormitorios señoriales) ocupan la construcción principal del conjunto. El resto de estancias destinadas a usos agrícolas y habitación de trabajadores se disponen en las restantes piezas, menores y de peor calidad. En el patio se puede apreciar la construcción de varias piezas desordenadas, posteriores al plan original. Finalmente, algunas casillas de servicios (cabrerizas, zahurdas, etc) aparecen diseminadas por el campo inmediato.

planta rectangular de Cela de arriba. Fuente.

planta rectangular de Cela de arriba.  Fuente.

No hay que olvidar la almazara, de planta rectangular y situada frente a la fachada principal del edificio. Su estado está bastante deteriorado, por lo que a simple vista hay poco que decir de este molino. En las inmediaciones de Cela aún se puede apreciar las piedras desgastadas y desechadas.

Aspecto exterior de la almazara

Aspecto exterior de la almazara

Sus materiales son los característicos de la zona, es decir, muros de mampuestos de pizarra reforzados con cadenas y verdugadas de ladrillos. También se pueden apreciar muros de tapia y adobes con paja, pero siempre en construcciones adosadas y de menor calidad. Suelos de mazaríes en el interior de las piezas y enchinado en el patio central conforman los suelos. En los forjados y cubiertas aparecen los típicos rollos de madera y entrevigado de cañizo, y sobre ellos, la torta de tierra cruda. Nada nuevo en nuestra arquitectura popular. Hay que mencionar que a simple vista no se aprecian estructuras reutilizadas de la antigua alquería. 

Detalle de la fachada de la vivienda.

Detalle de la fachada de la vivienda.

Adobes empleados en el interior de la vivienda, poco frecuentes en la arquitectura popular de Los Montes.

Adobes empleados en el interior de la vivienda, poco frecuentes en la arquitectura popular de Los Montes.

Muros de mampostería y cubiertas de rollos de madera

Muros de mampostería y cubiertas de rollos de madera.

Los aleros, de doble hilada de ladrillo macizo dispuesto a tizón, aparecen enfoscados y pintados de bermejo.

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Se aprecian incisiones y pinturas murales de tipo geométrico y arquitectura simulada, tanto en las fachadas de la vivienda como en los muros del patio central, coloreadas con bermejo, añil, ocre y neutro.Los motivos varían en el patio central, donde predomina el ladrillo simulado coloreados con diferentes pigmentos. Este tipo de pinturas nos trasladan a unas fechas entre finales del siglo XVII y mediados de siglo XVIII, momento en el que debieron acometerse reformas de importancia, quizá coincidente a la concesión del marquesado en el año 1694.DSC02444

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Los aleros.

Por definición, el alero es la prolongación en voladizo de un tejado para proteger los paramentos o muros de la lluvia y otros factores climáticos, y además, su estructura ayuda a equilibrar el conjunto de la obra. Pero más allá del punto de vista técnico, el alero en las construcciones rurales es un sutil reflejo de las tradiciones estéticas y culturales amasadas durante siglos, adaptadas sabiamente a las condiciones que ofrece un determinado lugar. Sin embargo, por el propio carácter utilitario y humilde de la arquitectura que nos ocupa y la implantación de nuevas técnicas y materiales hemos visto desaparecer gran parte de este legado etnográfico en las últimas décadas. El alero de la arquitectura popular y tradicional realizado con ladrillos y tejas en distintos aparejos da como resultado vuelos que nos hablan de la calidad de la construcción y sus influencias, aunque en nuestros montes y vegas no encontramos los elaborados aparejos de otras latitudes de la península, vamos a realizar un pequeño resumen por aquellas tipologías más comunes; observar estos humildes aleros, es observar técnicas artesanales y adaptación.

DSC01948Para realizar el alero se utiliza normalmente el ladrillo macizo cerámico colocados a soga, tizón o pico, en hiladas simples, dobles o triples y asentados sobre tierra estabilizada con muy poca cal, aunque tampoco es raro ver morteros de arena y proporciones más ricas en cal. En otros casos pueden encontrarse aleros más elaborados con aparejo de tejas. En la foto superior sección de un alero en el lagar de Cotrina. DSC03634Empezando por los aparejos más sencillos, en esta primera foto observamos la hilada simple con ladrillo colocado a tizón. Lagar en Chapera la baja.

DSC09933Otro ejemplo de alero en hilada simple, lagar Los Negros, antiguo partido de Vallejeras.

DSC03439En este cortijo de Alhaurín el Grande encontramos una infrecuente moldura de la que prácticamente no queda nada cubriendo un alero de hilada simple, mostrándonos a un propietario con capacidad económica y preocupado por la estética del edificio, en algunos paramentos del edificio aparecen restos de pinturas murales. DSC05227Detalles de tejas vidriadas sobre alero de hilada simple, dispuestas como protección para una balconada.

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Pasando a un aparejo más elaborado, en este lagar de Los Montes vemos como se añade una segunda hilera. El mal estado del muro nos permite ver la colocación de las hiladas de ladrillos.

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En esta foto detalle de un lagar de Moclinejo se aprecia la doble hilada coloreadas con almagra, respecto a las tejas, estas aparecen macizadas con mortero de cal para evitar que el viento las levante y genere las consecuentes goteras.

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Relativamente menos abundantes, también podemos encontrar los aleros dispuestos a pico de gorrión como este de Pizarra. En esta construcción bien cuidada aún se mantiene la canalización vidriada, desaparecida ya en muchos de los lagares de la provincia.

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Aparejo de pico de gorrión alternado con hilada simple de ladrillo en un cortijo de Casabermeja.

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En este lagar de Totalán aparece conjugado, en un alero estupendamente conservado, dos hiladas a pico de gorrión encerradas entre dos a tizón.

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Triple hilada en un cortijo de Sierra de Yeguas.

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Pasamos del aparejo de ladrillos macizos a la teja. Hilada a teja simple en Casabermeja.

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En este otro alero, un poco más complejo, se aprecia la utilización de tejas alternadas con ladrillos, creando una curiosa y poco frecuente decoración en el conjunto.

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En el cortijo de Casapalma aparecen canecillos en el alero, muy poco usual en la arquitectura tradicional de nuestros campos.

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Los aleros realizados en madera son los menos utilizados en la arquitectura popular y tradicional de nuestra geografía, y cuando aparece, se limita prácticamente a los balcones. Quizá el motivo sea que la madera empezó a ser un material caro a partir del siglo XVIII por la escasez derivada de la deforestación, aunque lo cierto es que más allá de suposiciones no hay nada asegurado sobre este aspecto. A finales del siglo XIX estos aleros realizados en madera aparecen con fuerza en las viviendas de importancia.

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Esta moldura de un cortijo de finales del siglo XIX nos muestra que con la llegada de los nuevos materiales y técnicas la tipología de aleros se diversificó abriendo aún más el abanico, pero alejándose poco a poco de las adaptaciones vernáculas de la construcción.

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Mención especial a la práctica inexistencia de antepechos como este del partido de Almendrales, apareciendo ya en la arquitectura de finales del XIX y principios del XX.

Los lagares pintados.

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Apuntes y muestrario de pinturas murales en los lagares de Málaga. 

 Aunque parece que la costumbre de decorar las fachadas con pinturas murales entronca con la artesanía mudéjar, es a partir del siglo XVIII cuando encontramos una verdadera explosión decorativa en las iglesias, casas y palacetes de la pujante Málaga comercial del momento. Según fases, encontramos que los tipos de decoraciones fueron evolucionando desde los motivos geométricos de principio de siglo, la arquitectura simulada de mediados y las volutas, rocallas y alegorías de finales de centuria. La técnica empleada en estas pinturas corresponde a la de mezzo-fresco, esta se elabora con distintas capas de morteros de cal dispuestas de mayor a menor espesor. Sobre la última capa ,aún casi fresca, se trazan incisiones que marcan los contornos de un dibujo que será coloreado con una aguada de cal con la pigmentación oportuna. Los principales colores que podemos encontrar son el bermejo, añil, neutro y ocre.

Los lagares y cortijos de nuestros campos no escaparon a esta moda, la burguesía comercial que florecía en el siglo XVIII decoraron sus residencias rurales con estas alegres pinturas, alejándonos del tópico de los cortijos blancos inmaculados que aparecen en el imaginario popular. Hay que decir que estos trabajos eran verdaderas obras de artesanía y requerían de manos muy especializadas que se desplazaban hasta unos lagares situados en predios aislados, quedando por saber los talleres y artesanos que se dedicaron a estos trabajos y que por el momento permanecen en el anonimato.

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Por acuerdo alcanzado en pleno en el Ayuntamiento de Málaga  alcanzado el 27 de septiembre de 2007 todos aquellos edificios que cuenten con este tipo de decoraciones deberán ser catalogados, además deberá promoverse su restauración y conservación, claro está que esto es lo que marca el acuerdo y otra cosa es la realidad, si difícilmente se cumple en el centro de Málaga mucho menos se hace en los recónditos partidos rurales de nuestro término municipal. Aún así, peor destino corren aquellas ubicadas en otros pueblos de la provincia, donde no se contempla su protección.

Estamos perdiendo un legado artístico singular de nuestra sociedad en el más triste de los desconocimientos y su solución de momento es bastante compleja. Baste decir que en la mayoría de los casos son edificios prácticamente incomunicados o con difícil acceso, dificultando una posible salida económica que haga viable su conservación y mantenimiento, por otro lado, actualmente el medio rural se encuentra en una tortuosa situación de crisis económica que dificulta cualquier planteamiento empresarial.

Muchas de las pinturas siguen aún ocultas bajo capas de cal por lo que se desconoce el alcance total de este fenómeno del siglo dieciocho, dándose la curiosidad que en el momento que estos lagares entran en estado de ruina y se desprenden las capas de cal posteriores en el tiempo (siglo XIX y XX) es cuando podemos apreciar su tesoro escondido.

Sirva este pequeño muestreo de pinturas para dar a conocer a los lectores otro trozo de Málaga que se nos va. Sirva también como foro de soluciones a esta pérdida tan dolorosa, ya que con la resignación no se consigue nada.

Mención especial al blog Pinturas Murales de Málaga por su fantástica labor de divulgación en materia de pinturas murales.

Muestrario de pinturas ubicadas en lagares del término municipal de Málaga y aledaños:

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El cortijo-palacio de Villanueva de Cauche.

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Villanueva de Cauche es una pequeña pedanía próxima a Antequera situada en el corredor natural que ofrece Las Pedrizas. Con una posición predominante, este lugar ha sido una zona habitada desde tiempos remotos, y como prueba contundente, muy próximo a la pedanía encontramos el famoso yacimiento romano de Arastipi o Cauche el Viejo.

Sin embargo el poblado actual tiene su origen en el castillo medieval que vigilaba la estratégica zona, y al que andando el tiempo se le irían agregando las casillas de servicios y de trabajadores dependientes del señor feudal. Ya en plena Edad Moderna, concretamente en el año 1679, Carlos II creo por Real Decreto el Marquesado de Cauche a favor de Pedro de Arreses y Aspillaga, VII señor del Castillo de Cauche

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Blasones nobiliarios en el interior del palacio.

La economía de la Villanueva del Castillo de Cauche, como se conocía por aquel tiempo, se basaba en la producción y venta de excedente de trigo, cebada, garbanzos y maíz, completado con cabañas de ganado vacuno, lanar y cabrío, y es seguro que a finales del XIX  y principios del XX la producción de aceite cobrara importancia en la zona, dejándonos como testigo de aquella actividad olivarera una maravillosa almazara. Un molino hidráulico de cubo y rodezno, próximo a la población, realizaba la molienda de los cereales y leguminosas.

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En la foto se aprecia los muros de la vivienda realizados con tapia y sillares bien labrados en la estructura del cubo.

Mención aparte merece este molino hidráulico de Cauche. El edificio está realizado con sillares reutilizados procedentes del yacimiento romano, y además también se aprecia obra de tapia en la vivienda del molino, muy característica en las construcciones populares del contorno. Por lo que respecta a los cubos, estos se encuentran realizados con piezas de cerámica que otorgan estanqueidad a la canalización. Sobre la disposición de estos canales vemos una solución atípica, ya que caen en diagonal, algo raro de ver en este tipo de estructuras hidráulicas. Por desgracia, este molino, pieza casi única en la provincia de Málaga por su fábrica y composición, se encuentra ahogado por la autovía y en un estado lamentable de conservación.

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Incomprensible estado de abandono de este molino fabricado con sillares romanos procedentes del inmediato yacimiento de Arastipi.

Volviendo al cortijo-palacio, parece ser que en el año 1849 un incendio arrasó el castillo, aunque seguramente por aquel tiempo el edificio estaría bastante transformado fruto de siglos de modificaciones, aún así sobre sus muros calcinados se volvió a levantar el palacio encalado que hoy en día conocemos. La zona de vivienda, cocina y servicios está configurada alrededor de un gran patio central con fuente, y en otro patio anejo aparecen almacenes, construcciones destinadas a los animales y la almazara. Adosada, la impresionante iglesia capilla con torre, donde se aprecian fácilmente estelas romanas reutilizadas, completa el conjunto. La fachada principal aparece con un portón de acceso rematado por un frontis muy singular. De aquel castillo medieval queda de forma visible una torre de planta cuadrada y unos gruesos muros encalados que dan buena cuenta de un pasado militar.

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Fachada principal del cortijo-palacio. Al fondo, la torre de la capilla.

Entre los históricos propietarios de Villanueva de Cauche encontramos a un conocido linaje de la comarca de Antequera, ya que a finales del XVIII el marquesado de Cauche recayó sobre Vicente Domingo Pareja Obregón y Galvez, que ostentaba los títulos de III Conde de la Sierra de la Camorra, Gentil Hombre de Cámara de su Majestad, Maestrante de la Real de Sevilla, Alcaide Perpetuo del Castillo y Fortaleza de Archidona, Teniente Alférez Mayor de dicha ciudad por el Santo Tribunal de la Inquisición, y casado con Isabel María de los Remedios de Rojas Teruel de Arrese Quesada y Toledo, heredera del Marquesado de Cauche.

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En cuanto a la aldea, esta se compone de un total de 35 casas alrededor de tres calles y que por suerte aún conserva un genuino aire andaluz apenas desfigurado por zócalos de azulejos o por pinturas que rompan la armonía del blanco. Estas casas albergaban a los trabajadores dependientes del marquesado, que alojados en régimen feudal pagaban una escasa cantidad de dinero junto a gallina o gallina y media por casa al marqués. Este régimen se mantuvo vigente hasta que en año 2002 mueren las últimas marquesas de Cauche, Carmen y Teresa Rojas Arrese, pasando entonces el patrimonio del marquesado a manos de su sobrino Jose Luís Moreno de Rojas, administrándolos por medio de una sociedad.

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Calles como esta de “Málaga” conservan aún un genuino sabor andaluz que cada vez se ve menos en nuestros pueblos y aldeas.

Aunque en un principio la situación pudiera parecer anacrónica (y de hecho Cauche se considera el último feudo existente en Europa) los inquilinos salían beneficiados al pagar tan exigua cantidad. Actualmente el alquiler y titularidad de las viviendas, administrado por José Luis Moreno de Rojas, camina por otros cauces, pero eso se nos escapa de la temática.

Una de las estelas romanas reutilizadas en la torre de la capilla.

Una de las estelas romanas reutilizadas en la torre de la capilla.

La situación actual del cortijo de Cauche es otra historia. Declarado Bien de Interés cultural por la Junta de Andalucía, el edificio tras estos últimos años ha sufrido un intenso abandono y una falta de cuidados notable. Las cubiertas han empezado a desmoronarse y las goteras abundan, situación que anuncia un deterioro acelerado en los próximos años

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En el patio de laboreo y la capilla la situación ya se hace evidente, aunque se ha intentado mitigar ciertos desperfectos con parches mínimos, parte de un almacén se ha venido abajo dejando entrever su elaborada cubierta de rollos y cañizo, aunque más grave parece la situación de la capilla, cuya cúpula se ha perdido, siendo restaurada de prisa y corriendo con bloques de cemento que desfiguran la estructura. Mantener un edificio de estas características es caro, pero si se abandona restaurarlo lo es más.

Este Bien de Interés Cultural engrosa la lista de patrimonio que se pierde, y en este caso no se puede alegar insostenibilidad económica. Su situación inmejorable en las inmediaciones de la autovía y a poca distancia de Antequera, Casabermeja o Málaga, su idílico entorno y una historia que lo impregna todo, hacen de este lugar un sitio perfecto para negocios dedicados al turismo, el ocio o la hostelería, reactivándose así una zona ciertamente deprimida, pero como siempre, cuando se actúe será demasiado tarde. DSC00961

Ruta por los lagares del Chaperas, en los Montes de Málaga.

El pasado domingo día 12 hicimos junto con Cultopía Gestión Cultural nuestra primera ruta senderista visitando algunos lagares en el curso del Chaperas, en los Montes. Hablamos un poco de todo, historia, arquitectura y la producción de vino y aceite. Muchas gracias por participar y dar tan buena acogida a este proyecto, y al Lagar de Torrijos por su atención y sus migas. Por si quereis apuntaros a la próxima, repetiremos el próximo día 10 de mayo. ¡Os esperamos!. 10463622_864303800282896_2083859787156925621_o11146469_10153340628359636_2779435057390120167_o11148540_10153340629774636_7983298260801722241_o

Ruta senderista: ” Los Montes de Málaga antes de la filoxera”

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Los Montes de Málaga, antes de ser parque natural, tuvieron vocación viticultora.  Desde la Edad Media hasta finales del siglo XIX las laderas de los Montes estuvieron sembradas de extensos viñedos, produciendo un vino cuya fama llegaría hasta la corte de los zares Rusia. Hoy en día cuesta imaginarse que los pinares que pueblan este agreste paisaje fue hace más de un siglo una tierra salpicada de parcelas labradas intensivamente, de lagares, de majestuosas casas señoriales y de pequeñas aldeas.

¿Pero cómo surgió todo esto? ¿Cómo era la vida y las casas de aquellas gentes? ¿Qué queda de todo aquello?

Fruto de aquel pasado agrícola nos ha quedado un patrimonio etnológico y arquitectónico hoy apenas conocido por los malagueños, en un agradable paseo siguiendo el curso del arroyo Chaperas visitaremos algunos lagares de los siglos XVIII y XIX haciendo una mirada distinta a la agricultura, la sociedad rural, la arquitectura popular y la crisis que acabó con un mundo tan viejo como los propios Montes.

Comenzaremos nuestra ruta visitando el Lagar de Torrijos, en pleno Parque Natural Montes de Málaga, un precioso edificio de la primera mitad del siglo XIX dedicado a una producción mixta de vino y aceite. La explotación alberga entre otros muchos elementos de interés una de las últimas prensas de vino tipo viga de la provincia, tinajas de fermentación y una interesante almazara de aceite. Seguiremos caminando por un sendero de fácil recorrido visitando y conociendo los restos de otros lagares como Benefique, Pacheco bajo, Santillana, Chinchilla y Serranillo. De vuelta, a las 14:00h. aquellos que lo deseen tendrán oportunidad de degustar en el lagar de Torrijos unas migas y un poco de vino dulce de la zona.

  •  ¡¡¡ESTRENAMOS el domingo 12 de abril !!!
  • RESERVA TUS PLAZAS en el 692.717.612 o en info@cultopia.es indicando tu nombre, el número de plazas que necesitas, y un teléfono de contacto
  • Precio: 6€/persona [sólo ruta], o 12€/persona [ruta y migas]
  • Punto de encuentro: A las 10:00 am, en el parking del Ecomuseo Lagar de Torrijos [Ctra. C-345 Málaga-Colmenar] Para acceder tomamos un carril que encontramos en la A-7000, pasado un kilómetro de la Fuente de la Reina, en sentido Málaga-Colmenar y a unos 20 kilómetros de la capital
  • Duración: aproximadamente de cuatro horas. Se recomienda ropa y calzado cómodos, y que vayan provistos de agua

Más información en Cultopía Gestión Cultural.

Contenidos e itinerario a cargo de Álvaro Amaya Ríos, historiador interesado en las explotaciones agrícolas de la Edad Moderna, ha realizado cursos de documentación y catalogación de arquitectura popular española. Actualmente realiza estudios en el catastro de Ensenada sobre la división administrativa del mundo rural malacitano en el siglo XVIII. Colabora con la Asociación Amigos Montes de Málaga en la preparación de un catálogo de arquitectura popular en Málaga, además, gestiona el grupo de divulgación “Lagares y Cortijos” en el blog, Facebook y Twitter .

El destino natural de San Félix

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San Félix, era en tiempos una villa peri-urbana en el Tomillar, a los pies de la almenara del Puerto de la Torre.

La casa, cargada de historia y muy conocida por los vecinos de la zona, fue residencia y consulta del ginecólogo Félix Gomez de la Cruz. Se construyó según el estilo regionalista que imperaba en los años 20 del pasado siglo y en sus más de 200 m² de construcción, encontramos paredes pintadas con exquisito gusto, cumbreras con remates cerámicos, aleros de madera y rosetones para los respiraderos entre otros elementos decorativos. Además, el conjunto contaba con una gran zona ajardinada y un establo, en definitiva, un ejemplo de vivienda de la burguesía malagueña de principios de siglo similar, al hoy maltratado palacete de La Virreina.

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Estado de la vivienda en 1929 Foto archivo familiar Antonio Checa

Pues bien, este edificio que se encontraba en perfecto estado allá por el año 2.000, no pudo resistir la inoperancia de la administración local. Tras la aprobación del Plan Parcial para la ordenación de la zona, el Tomillar se urbaniza y el Ayuntamiento de Málaga se queda con San Félix para la instalación de equipamientos públicos, como así lo prometería el programa electoral del Partido Popular en el año 2009, pero como todos sabemos, a veces, las promesas se las lleva el viento.

Cerrado durante años y sin las oportunas medidas de seguridad como un buen vallado, el edificio se convirtió en un elegante refugio para aquellos que no tienen donde pasar la noche, sus rejerías fueron expoliadas y al poco tiempo San Félix fue pasto de las llamas. Ardieron las cubiertas de madera y los sólidos muros que aún quedan en pie sirven de lienzo para las pintadas de los grafiteros.

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Ante tanto desastre, el puntillazo final llegaría, según apuntan algunos medios, el miércoles 17 de Septiembre, cuando la Comisión de la Gerencia Municipal de Urbanismo presidida por Francisco Pomares, firmó la decisión de derribo de aquella preciosa villa de San Félix, alegando cínicamente en mi opinión, que así se corrige un “error material”  del PERI y que según los informes su “destino natural es la demolición”, contradiciendo así años de promesas electorales y perdiendo una magnífica oportunidad de equipar de instalaciones de uso público a un Puerto de la Torre carente cada vez más de legado histórico.

Añadido a la pérdida de un edificio con historia, si tenemos suerte, después de demoler se construirá unas instalaciones de nueva planta con el consecuente gasto innecesario de dinero público.

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Aunque su aspecto sea ruinoso, el buen estado de los muros permitiría la recuperación del edificio.

A pesar de esta ansia por parte de Urbanismo por desarraigarnos y malgastar el erario público, aún quedan esperanzas. Los muros de ladrillo y mampostería del edificio se mantienen firmes y sin atisbo de derrumbe, muchos de los elementos decorativos permanecen, como las pinturas interiores, los rosetones y sus viejos azulejos pintados a mano. Debemos exigir a la administración, atendiendo a nuestro derecho y a nuestro deber, que se proteja nuestro acervo histórico.  Lejos de lamentarnos, con la presión de la ciudadanía y de los distintos colectivos vecinales, podemos paralizar este desaguisado municipal que borraría para siempre la memoria del ilustre  malagueño Félix Gomez de la Cruz.

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Fotos:  Lagares y Cortijos