Historia y arquitectura del lagar de Cela, evolución de una alquería medieval.

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Paisaje del partido de Cela, Moclinejo.

El 3 de noviembre de 1493 los repartidores, con el bachiller Serrano a la cabeza, llegaron por un camino rodeado de barrancos y cortados hasta una pequeña alquería situada en la cabecera del arroyo Granadilla, cerca de Moclinejo. Se trataba de la alquería de Salim o Çilim, más tarde conocida bajo su nombre castellanizado de Çela, Zela o Cela. A pesar de que el lugar estaba enmarcado en una loma escondida y de fácil defensa, los repartidores no encontraron más que construcciones arruinadas, casas caídas y solares, pues sus antiguos moradores decidieron incendiar y abandonar la aldea durante la conquista cristiana de Málaga. Contaría Cela, según la documentación que nos ha llegado de mano de los repartidores, de algunas casas distribuidas en dos calles aceradas, una mezquita, una fuente bien surtida de agua, un ejido y un molino de aceite en la parte más baja de la alquería, no hay constancia sin embargo, de la característica torre de defensa con la que si contaban otras alquerías inmediatas como Granadilla, Juncares, Simientes, Totalán, Olías, Gálica o Macharagazpar.

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Panorámica del lagar de Cela, supuesto lugar donde se ubicaba la antigua alquería musulmana.

Después de un infructuoso intento de repoblación, en 1494 la alquería se volvió a repartir a nuevos moradores junto con lotes de viñas, almendrales, morales, perales y manzanos. Según actas del Cabildo de Málaga aportadas por Agustina Aguilar, archivera del AHMM, el siglo XVI sería una época de gran actividad en la alquería de Cela y sus alrededores. Leñadores, carboneros y viñeros trabajarán estas tierras transformando un paisaje agreste y con grandes manchas de bosque virgen en un lugar cultivado y domesticado, aunque bien es cierto que en ocasiones se haría de forma caótica, ya que son muchas las quejas recogidas por la tala desordenada y ocupación ilegal para la siembra de viñas en tierras públicas. Por otro lado, los pobladores de Cela también se vieron afectados por las pestes, el merodeo de animales salvajes (lobos e incluso osos) o los violentos levantamientos moriscos, como el de 1568, que casi terminaron por despoblar la alquería, ya que los campos y bosques inmediatos a Cela se volvieron extremadamente peligrosos. Desde luego no fueron tiempos fáciles.

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Fachada principal del lagar de Cela.

 Durante el siglo XVII, la comarca se beneficia de la expansión de la vid, reflejándose en la presencia de pequeños y medianos propietarios cada vez más prósperos. En este sentido, a finales de siglo José Francisco Guerrero Chavarino, natural de Málaga y propietario por aquel entonces de Cela y sus tierras, recibe por orden y gracia de Carlos II el título de marqués, como agradecimiento por su decidida contribución económica a la defensa de la plaza de Ceuta, que andaba sitiada por fuerzas marroquíes en 1694. Por ironías del destino, este abnegado súbdito de su Católica Majestad, tomará por nombre del marquesado aquel antropónimo de origen árabe; marqués de Çela.

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Declaración de Doña Catalina Chacón, marquesa de Cela. Catastro de Ensenada, Libro de Hacendados. AHMM.

Las averiguaciones fiscales realizadas para el catastro de Ensenada (En Málaga, año 1753), nos muestran, casi como una fotografía, los cultivos, edificios y titulares del marquesado de Cela.

Según esta documentación, el marquesado de Cela, cuya titularidad recaía en ese momento en la viuda Doña Catalina Chacón, estaba constituido por una casa de campo con cuarto bajo, dos salas, cocina, bodega, 44 tinajas con un total de 6.000 @ de capacidad, caballeriza, pajar y un pequeño lagar sin prensa de viga. A continuación, aparece un molino de aceite (que de nuevo, gracias a Agustina Aguilar sabemos de su existencia desde al menos 1564) en el que en tiempos de molienda una mula tiraba de día y de noche una sola piedra. Además, el mayorazgo de Cela contaba con una parcela de regadío regada con agua de “pie” con dos celemines de primera calidad, con 19 naranjos, 18 morales, 5 álamos, y 3 duraznos, seguían las propiedades con doce fanegas de secano de segunda y tercera calidad, que producía una cosecha de trigo o cebada al año, siendo necesarios dos de descanso, además de otros cultivos de secanos como 50 olivos y 150 almendros crecidos y plantones. Finalmente, 120 obradas de viñas de secano, de primera, segunda y tercera calidad. A todo ello hay que sumarle un interesante listado de casas y tiendas en la ciudad, que a mi pesar, no puedo enumerar aquí por no venir al caso. Esta descripción nos muestra una explotación agrícola donde el aceite, el grano y la almendra ocupaban un puesto tan importante como el vino.

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De aquel huerto sembrado de naranjos, duraznos y morales poco queda en el paisaje de Cela. 

Sin entretenernos demasiado, es interesante mencionar que en la linde sur de Cela aparece descrito otro mayorazgo ligado al partido de Cela, se trata del condado de Villa-Alcazar de Sirga.

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Vista de Cela de abajo.

Entre sus propiedades aparece un magnifico lagar con salas altas, prensa de vigas y 43 tinajas con 2000 @ de capacidad, también una pequeña huerta de naranjos chinos, naranjos agrios y limones, 70 fanegas de secano, otra pieza de tierra con olivos, higueras, almendros, alcornoques, nogales, perales, limones y naranjos. En cuanto a viñas, Cela de abajo, como así se conocía, contaba con 100 obradas de primera, segunda y tercera calidad. Por desgracia, actualmente este impresionante lagar se encuentra en un estado de conservación lamentable, una verdadera pérdida para el patrimonio cultural de Moclinejo.

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Viñas

Como es lógico, la historia de las tierras de Cela continúa a lo largo del siglo XIX, apareciendo en censos y padrones sin mayores sobresaltos ni datos relevantes. Con la llegada de la filoxera a Moclinejo en 1877 y los duros golpes asestados a la agricultura de la región durante el siglo XX, los históricos lagares de Cela terminaron por abandonarse, sumándose, como no, a ese creciente listado de patrimonio olvidado y en peligro de desaparecer.

88201359 El Lagar de Cela aparece con planta rectangular orientada al SO, donde un patio cerrado, con acceso desde el SO, se sitúa en el centro del edificio. La vivienda (cocina y dormitorios señoriales) ocupan la construcción principal del conjunto. El resto de estancias destinadas a usos agrícolas y habitación de trabajadores se disponen en las restantes piezas, menores y de peor calidad. En el patio se puede apreciar la construcción de varias piezas desordenadas, posteriores al plan original. Finalmente, algunas casillas de servicios (cabrerizas, zahurdas, etc) aparecen diseminadas por el campo inmediato.

planta rectangular de Cela de arriba. Fuente.

planta rectangular de Cela de arriba.  Fuente.

No hay que olvidar la almazara, de planta rectangular y situada frente a la fachada principal del edificio. Su estado está bastante deteriorado, por lo que a simple vista hay poco que decir de este molino. En las inmediaciones de Cela aún se puede apreciar las piedras desgastadas y desechadas.

Aspecto exterior de la almazara

Aspecto exterior de la almazara

Sus materiales son los característicos de la zona, es decir, muros de mampuestos de pizarra reforzados con cadenas y verdugadas de ladrillos. También se pueden apreciar muros de tapia y adobes con paja, pero siempre en construcciones adosadas y de menor calidad. Suelos de mazaríes en el interior de las piezas y enchinado en el patio central conforman los suelos. En los forjados y cubiertas aparecen los típicos rollos de madera y entrevigado de cañizo, y sobre ellos, la torta de tierra cruda. Nada nuevo en nuestra arquitectura popular. Hay que mencionar que a simple vista no se aprecian estructuras reutilizadas de la antigua alquería. 

Detalle de la fachada de la vivienda.

Detalle de la fachada de la vivienda.

Adobes empleados en el interior de la vivienda, poco frecuentes en la arquitectura popular de Los Montes.

Adobes empleados en el interior de la vivienda, poco frecuentes en la arquitectura popular de Los Montes.

Muros de mampostería y cubiertas de rollos de madera

Muros de mampostería y cubiertas de rollos de madera.

Los aleros, de doble hilada de ladrillo macizo dispuesto a tizón, aparecen enfoscados y pintados de bermejo.

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Se aprecian incisiones y pinturas murales de tipo geométrico y arquitectura simulada, tanto en las fachadas de la vivienda como en los muros del patio central, coloreadas con bermejo, añil, ocre y neutro.Los motivos varían en el patio central, donde predomina el ladrillo simulado coloreados con diferentes pigmentos. Este tipo de pinturas nos trasladan a unas fechas entre finales del siglo XVII y mediados de siglo XVIII, momento en el que debieron acometerse reformas de importancia, quizá coincidente a la concesión del marquesado en el año 1694.DSC02444

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Los lagares pintados.

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Apuntes y muestrario de pinturas murales en los lagares de Málaga. 

 Aunque parece que la costumbre de decorar las fachadas con pinturas murales entronca con la artesanía mudéjar, es a partir del siglo XVIII cuando encontramos una verdadera explosión decorativa en las iglesias, casas y palacetes de la pujante Málaga comercial del momento. Según fases, encontramos que los tipos de decoraciones fueron evolucionando desde los motivos geométricos de principio de siglo, la arquitectura simulada de mediados y las volutas, rocallas y alegorías de finales de centuria. La técnica empleada en estas pinturas corresponde a la de mezzo-fresco, esta se elabora con distintas capas de morteros de cal dispuestas de mayor a menor espesor. Sobre la última capa ,aún casi fresca, se trazan incisiones que marcan los contornos de un dibujo que será coloreado con una aguada de cal con la pigmentación oportuna. Los principales colores que podemos encontrar son el bermejo, añil, neutro y ocre.

Los lagares y cortijos de nuestros campos no escaparon a esta moda, la burguesía comercial que florecía en el siglo XVIII decoraron sus residencias rurales con estas alegres pinturas, alejándonos del tópico de los cortijos blancos inmaculados que aparecen en el imaginario popular. Hay que decir que estos trabajos eran verdaderas obras de artesanía y requerían de manos muy especializadas que se desplazaban hasta unos lagares situados en predios aislados, quedando por saber los talleres y artesanos que se dedicaron a estos trabajos y que por el momento permanecen en el anonimato.

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Por acuerdo alcanzado en pleno en el Ayuntamiento de Málaga  alcanzado el 27 de septiembre de 2007 todos aquellos edificios que cuenten con este tipo de decoraciones deberán ser catalogados, además deberá promoverse su restauración y conservación, claro está que esto es lo que marca el acuerdo y otra cosa es la realidad, si difícilmente se cumple en el centro de Málaga mucho menos se hace en los recónditos partidos rurales de nuestro término municipal. Aún así, peor destino corren aquellas ubicadas en otros pueblos de la provincia, donde no se contempla su protección.

Estamos perdiendo un legado artístico singular de nuestra sociedad en el más triste de los desconocimientos y su solución de momento es bastante compleja. Baste decir que en la mayoría de los casos son edificios prácticamente incomunicados o con difícil acceso, dificultando una posible salida económica que haga viable su conservación y mantenimiento, por otro lado, actualmente el medio rural se encuentra en una tortuosa situación de crisis económica que dificulta cualquier planteamiento empresarial.

Muchas de las pinturas siguen aún ocultas bajo capas de cal por lo que se desconoce el alcance total de este fenómeno del siglo dieciocho, dándose la curiosidad que en el momento que estos lagares entran en estado de ruina y se desprenden las capas de cal posteriores en el tiempo (siglo XIX y XX) es cuando podemos apreciar su tesoro escondido.

Sirva este pequeño muestreo de pinturas para dar a conocer a los lectores otro trozo de Málaga que se nos va. Sirva también como foro de soluciones a esta pérdida tan dolorosa, ya que con la resignación no se consigue nada.

Mención especial al blog Pinturas Murales de Málaga por su fantástica labor de divulgación en materia de pinturas murales.

Muestrario de pinturas ubicadas en lagares del término municipal de Málaga y aledaños:

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La alegoría perdida de Jotrón.

Mucho se ha escrito del lagar de Jotrón, y no es para menos, pues representa uno de los primeros modelos de residencia veraniega de la burguesía comercial malagueña. Aunque la antigüedad de este edificio es mayor, este enorme lagar situado junto al arroyo de Los Frailes, en pleno corazón del P.N. Montes de Málaga, aparece referenciado en el Catastro de Ensenada y sus revisiones de 1771. Se describe para la época como una casa con finca, con una extensión de 120 obradas destinadas a viñas, 200 olivos, 10 almendros, 12 higueras, 20 fanegas para cereales, 20 colmenas para miel, un huerto de frutales y un gran encinar dedicado a la producción de bellotas, y por si fuera poco, andando el siglo XIX esta explotación aumentaría significativamente de tamaño. Estamos hablando sin lugar a dudas de una de las fincas más importantes de estos pagos, a la altura del lagar de las Avemarías o Almendrales, pero no podemos entender Jotrón sin explicar la historia de uno de sus más insignes inquilinos, Juan Bautista Maury.

Lagar de Jotrón, fachada principal.

Lagar de Jotrón, fachada principal.

La familia.

Juan Bautista Maury (1740-1804), fue un comerciante nacido en Olorón, Francia. Su trayectoria profesional fue tomada por los malagueños del momento como modelo de éxito empresarial, y es que este joven inmigrante empezó siendo aprendiz de mercader de ropas a los 12 años, pero pronto iría escalando puestos al calor de la bonanza económica de aquellos años, hasta tal punto que en 1784 lo vemos como promotor y socio fundador de la Compañía de Caracas de Málaga, y en 1791 ya estaba al frente de su propia compañía comercial “Juan Bautista Maury, hermanos y Cía”. Al morir, había dejado una herencia de 800.000 reales de vellón, una estupenda posición social a sus hijos (que seguirían con el negocio comercial) e importantes propiedades en la ciudad y el campo.

Uno de sus hijos, Jose María Maury,  llegó a ser un reconocido poeta. Fuente fotográfica.

Uno de sus hijos, Jose María Maury, llegó a ser un reconocido poeta. Fuente fotográfica.

Pasada la Guerra de Independencia, los bienes raíces de la familia Maury fueron expropiados, pues como comerciantes descendientes de franceses se situaron en el punto de mira de los sentimientos revanchistas de la población local. Su famosa casa de la Alameda, una finca junto al hospital de San Lázaro y otra de regadío en Torremolinos pasaron a manos españolas, sin embargo, Jotrón siguió ligado por el momento a la familia Maury.

Arquitectura del lagar.

La descripción más amplia de la finca la encontramos en el testamento postmortem de Juan Bautista, ya que ahí se describe y contabiliza la construcción, el lagar, el huerto, los aperos, las barricas destinadas al vino, muebles y un largo etc. aportándonos interesantes datos sobre el patrimonio mueble e inmueble de la burguesía malagueña de finales del XVIII. Como curiosidad, dentro de la explotación lo más valorado son las tinajas de barro y las barricas de vino, con una tasación de unos 17.000 rs v., y la viga del lagar, con una tasación de 3.500 reales de vellón. Estos datos, basados en los completísimos estudios de Mª Begoña Villar García sobre la familia Maury, arrojan también la posibilidad de que el aspecto conocido de Jotrón se deba a unas reformas llevadas a cabo alrededor de 1775, pues hay que recordar que el edificio ya existía tiempo atrás.

Pocos son los restos que van quedando de este enorme lagar.

Pocos son los restos que van quedando de este enorme lagar.

En cuanto al edificio en sí, es de planta cuadrangular de 37×30 ms. aprox. con un gran patio interior, a diferencia de otros lagares de nuestros hinterland, Jotrón aparece construido como fruto de una planificación arquitectónica, pues su planta y sus salas presentan un correcto orden y  división de funcionalidades. Su fábrica está realizada con los materiales de la típica construcción de Los Montes, mampostería para los muros, ladrillos en verdugadas, cadenas y jambas, y un mortero de barro pobre en cal, que si aparece con mayor prodigalidad en enfoscados y enjalbegados. Las viguerías de forjados están realizadas en cuartones de madera, y por desgracia, poco podemos decir de su cubierta y suelos, ya que se han perdido en su totalidad. El edificio contaba con las instalaciones propias de un lagar de montes; bodega, lagar de pisar y viga de husillo, tinajas para la fermentación, pajar, almacenes, cocina, señorío para los propietarios e incluso una capilla. Mención especial a un horno enorme que posiblemente fue utilizado para la fabricación de ladrillos.

La fachada aparece con una distribución ordenada de grandes vanos, como es característico en una construcción noble como esta, donde el esparcimiento ocupaba una posición tan importante como la producción de vino. La torre de contrapeso, de unos 15 metros aprox de altura y situada en el lado este del edificio, cuenta con un preciosa terminación mixtilínea de líneas barrocas, rematado todo ello por tres jarras de cerámica.

Hay quien sostiene que el edificio fue diseñado por el propio Martín del Aldehuela, artífice entre otras obras del Acueducto de San Telmo, y en cierto modo podemos observar que el remate de su torre de contrapeso recuerda a la decoración de las fuentes como la de Calle Los Cristos o la desaparecida de Fuente Olletas, pero la verdad es que difícilmente podemos afirmar tal relación, ya que no existen evidencias documentales de ello.

Comparativa de la Fuente Olletas y la torre de contrapeso.

Comparativa de la Fuente Olleta y la torre de contrapeso. Foto de Fuente Olleta. 

Las pinturas murales.

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Alegoría de Jotrón, olvidada en el altillo de un conocido museo.

Como sabemos, durante el siglo XVIII fue costumbre extendida decorar los paramentos de los edificios con pinturas que hacían alusiones religiosas, mitológicas, heráldicas o simplemente simulaba elementos arquitectónicos o geométricos. Al parecer tal moda pudo estar incentivada por los descubrimientos de Herculano y Pompeya en la década de 1740, cuyas pinturas revolucionaron el mundo de las artes decorativas del XVIII.  Los lagares pudientes de Los Montes no escaparon a esta moda y muchas de sus fachadas y capillas se adornaron con estas alegres pinturas, legado que por desgracia se están perdiendo irremediablemente en el más triste de los anonimatos. Queda aún mucho por saber del mundo de las pinturas murales en la Málaga del XVIII, y en concreto su difusión en Los Montes, pues la gran mayoría de estas pinturas no se encuentran ni catalogadas, y mucho menos se sabe de sus autores y talleres artísticos.

Detalle de la cabeza.

Detalle de la cabeza.

Jotrón también contaba con una serie de pinturas murales repartidas en sus paramentos. De autoría desconocida, tres alegorías y unas guirnaldas decoraban la fachada principal y la torre de contrapeso del lagar.

En la fachada principal y situadas a media altura, aparecían enfrentadas dos alegorías, cada una a un lado del vano de acceso. Representadas por dos figuras femeninas la primera de ellas, desaparecida por la ruina del edificio, vestía un gorro frigio y portaba una canasta con frutas, la otra, que por suerte fue retirada y restaurada por el equipo dirigido por Estrella Arcos Von Haartman en el año 1996,  se presenta sosteniendo un cántaro que vierte agua y vistiendo una túnica. Ambas alegorías estaban unidas por una guirnalda, también desaparecida por el derrumbe del muro.

La tercera figura, que estaba en un estado aceptable en el año 1996,  representaba a un Mercurio con un caduceo, símbolo ligado al comercio y con seguridad a la profesión de la familia Maury. Por desgracia el Mercurio ha desaparecido por completo en los últimos años, vislumbrándose a duras penas el caduceo con las serpientes.

Del Mercurio a duras penas es visible una parte del caduceo.

Estado lamentable del Mercurio.

La simbología de las figuras no está en absoluto clara, aunque es posible que hicieran referencia a la fertilidad, la riqueza y el comercio antes que a las estaciones del año como se ha llegado a sugerir.

La alegoría del cántaro de agua

La figura femenina, coloreada en tonos rojizos y sombreados, aparece vestida con una túnica y sosteniendo en su mano izquierda un cántaro que vierte agua, su mano derecha recoge con delicadeza la túnica. La cabeza girada a su derecha, luce un peinado adornado con cintas.

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Según Estrella Arcos la alegoría, al igual que las otras desaparecidas, está realizada en mezzo fresco, esta técnica se aplica sobre la clásica secuencia “intonaco” y “arricio”  (revocos superpuestos y de diferente granulometría), el contorno de la figura se marcaba o rasgaba cuando el revoco estaba aún fresco sobre un modelo de dibujo prediseñado. Cuando el  revoco endurecía, se coloreaba en seco con pigmentos mezclados con una aguada de cal para asegurar su fijación, el pigmento rojo o almagra se sacaba del óxido de hierro. Esta técnica ofrecía una mayor elasticidad a la hora de realizar figuras humanas, pues permitía sombreados y la fácil corrección de errores, el mal estado de la parte inferior de la pintura hizo imposible la conservación de las piernas de la alegoría.

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Detalle de las cintas, donde es perfectamente visible las incisiones sobre el revoco y las tonalidades de la almagra.

Incomprensiblemente la pintura se encuentra guardada en un altillo fuera de la vista del público general. Despues de la trabajosa labor de recuperación y restauración no se entiende que esta interesante alegoría duerma el sueño de los justos sin ocupar un merecido lugar en el Museo de Artes Populares de Málaga o en el museo etnográfico de Torrijos. Por ahí está, olvidada, testigo mudo de una época de la que poco a poco va quedando menos.

Las fotos de las pinturas pertenecen al archivo personal.

Fuentes:

Catastro de Ensenada, Libros de Hacendados. AMM. Leg 95-110.

– Villar García, Mª. B. El lagar de Jotrón, testimonio simbólico de la movilidad social de un comerciante francés instalado en la Málaga del XVIII. 

– Muñoz Martín, M. De Viñedo a Pinar, El Parque Natural Montes de Málaga.